lunes, 28 de octubre de 2019

lo que no puedes adivinar



Lo que no puedes adivinar se llama futuro. La cabeza funciona de una manera muy curiosa: cuando las cosas van a peor, imaginas lo peor. Cuando las cosas van a mejor, imaginas lo mejor. Pero imaginar no es adivinar.

Saberlo está muy bien, aunque no sé si servirá de mucho. Tengo dolor crónico desde hace trece años y este mes ha sucedido algo que nunca pude imaginar: puedo ponerme calcetines y zapatos en invierno cuando llueve. Si alguien me lo hubiera dicho antes, le hubiera tomado por inocente. Algo en mi sistema nervioso ha cambiado. He perseguido por todos los medios no necesitar pastillas para dormir y por fin lo he logrado. La verdad es que no estaba seguro de que lo lograría.

Este mes es el mejor de mi vida desde que sufrimos el accidente. He aprendido a tratar a mi hijo sin perder la cabeza ni dejar de "enseñarle", y he aprendido a no juzgar a mi hija. Dicho así, no parece gran cosa. En la práctica ha sido un mundo. Por cierto: un mundo que he tenido que construir en los últimos años muy poco a poco.

La semana pasada no te escribí porque estaba tan ilusionado con poder salir a la calle con zapatos y ver llover que aproveché para disfrutar de la nueva sensación. Del trastorno bipolar te seguiré contando cosas que me han ayudado mucho. Hoy quería contarte algo personal que me ha hecho saborear un poco más la vida. 


jueves, 17 de octubre de 2019

lo que no me cuesta



En los últimos años, me he dedicado a recuperarme y a hacer cosas que no me costaba hacer. Lo que suele llamarse "dejarse llevar". En este dejarme llevar me encontré con dificultades, pero nada comparado con las que tuve que sufrir cuando me esforzaba. Mi recomendación si estás pasando por momentos difíciles es clara: "Déjate llevar".

Tengo un muy buen amigo que lleva mucho tiempo pasándolo mal. Sé que para él no es nada fácil, pero me veo en la obligación de contar aquí lo que me sirvió. Intuyo que una manera de no deprimirse con trastorno bipolar es dejándose llevar. Si te dejas llevar puede que encuentres cosas que te den cierto placer. Obligándote es imposible.

La ley del mínimo esfuerzo está mal vista. Ni todos los que llegan lejos, ni todas las personas satisfechas con sus vidas, se han esforzado como actitud vital. Es más, puede que sean relativamente pocos los que han seguido ese camino para alcanzar esa meta. Yo nunca me apliqué la ley del mínimo esfuerzo hasta que me di cuenta de algo importante. Cuando empecé a dejar de esforzarme, vi que los resultados fueron positivos. No significa no hacer nada, sino hacer lo que no te cuesta. Ahora he dejado de hacer algunas cosas que me requieren más esfuerzo que antes. Algún día las retomaré pero ahora no es mi momento. 

Las depresiones me dejaron una huella que ya está borrada. Antes, cada vez me frustraba más y veía que tenía menos salidas a mi situación. Sentía que vivía en un fracaso continuo y no sabía lo que necesitaba. Ahora que lo sé, todo es mucho más fácil.


jueves, 10 de octubre de 2019

hoy no siento limitaciones




Hace un tiempo le comentaba a un amigo cosas que yo no podía hacer. Le hablaba de Esperanza Bipolar y él me proponía hacer lo que pensaba que era lo mejor.

Cuando yo intentaba explicarle, me dijo sorprendido:

-sólo piensas en limitaciones.

No comprendió que sentía limitaciones.

Intuyo que mi amigo es racionalista: la clase de persona que no ha profundizado lo suficiente en algunas áreas. Si fuésemos lo que pensamos, seríamos máquinas, no humanos.


Al grano. Hoy es el día que no siento limitaciones. Tengo muchas, como muchos, pero ya no las siento. Antes, la mayoría de las limitaciones chillaban en mi cabeza en forma de estrés. 

Ahora pienso que, con cincuenta y dos años, estoy en la situación de otros con veinte respecto al estrés. Hay personas que mueren sin saber lo que es el estrés en negrita. Suelen hacer bromas respecto a llevar una vida tranquila y sin prisas. No te molestes con él o ella, no sabe lo que ES. Si le escuchas, o le lees, te darás cuenta pronto.

Trastorno bipolar y estrés son dos líneas que se cruzan. Si intentas que se mantengan paralelas vas por buen camino.

jueves, 3 de octubre de 2019

¿Quién es Alberto?





Diciembre de 2017:

Tras mi n-ésimo ingreso en la planta de psiquatría de otro hospital más, recién salido del horno y abatido física, mental, emocional y psicológicamente, una muy buena amiga encuentra a Alberto a través sus respuestas acerca del trastorno bipolar en la página quora.com. Así es como localiza también la asociación Esperanza Bipolar, en Bilbao (España).

Una fría pero soleada mañana de invierno quedo con Alberto en la puerta del Ayuntamiento de mi ciudad. A la hora fijada aparece un tipo muy alto con una bicicleta y unas sandalias que dejaban ver unas cicatrices. En pleno invierno, sí. Recuerdo haber pensado: este hombre ha debido de sufrir mucho. Después descubrí, con dolor, que así había sido:
Así que, sabiéndome acompañado y muy especialmente escuchado en el sufrimiento, empecé a soltar lastre...y, entre los dos, a construir y cimentar sin darnos cuenta y poco a poco, entre paseo y paseo mojándonos los pies por la playa, tomando té Rooibos mientras nos echábamos el Tarot de Marsella mutuamente o sacando fotos de todo tipo de Realidades, construyendo piedra a piedra una sólida Catedral de aprecio, respeto y confraternidad.

Se lo he dicho muchas veces: "eres el tío más Zen que he conocido". Un tío sin miedo. O los pocos que tenga —todos los tenemos y en mi caso particular, muchos: el principal de ellos miedo a No Ser quien Soy—, los "camufla" muy bien.

Alberto es un Ser Humano excepcional, sin temor a la hipérbole y en el sentido estricto de la palabra: alguien de quien, tras conocerle, puedes decir que estás ante una excepción y no ante una norma.

Y Alberto es excepcional en su capacidad de entrega a los demás. En su capacidad de escucha atenta sin juicio. En su empatía. En su aguda percepción de lo que llevan los otros por dentro y en sus medidos tempos para lanzarles/nos misiles que van directos al Centro. Ese tipo de misiles que pueden llegar a cambiarle la vida a alguien: yo he sido testigo, en mi persona, de un par de ellos.

Excepcional en su saber Ser y Estar. Poca, poquita, muy poquita gente sabe Ser y Estar. Alberto sabe.

Excepcional en su ge-ne-ro-si-dad: porque, como el tío supremamente inteligente que es sabe que Dar es Recibir. Y lo practica.

Alberto es un tío de los que van por la Vida con su Estrella: es decir, sembrando su Verdad y cambiando El Mundo de uno en uno y pasito a pasito, desde el círculo más interno, barriendo el patio de tu casa primero —que es como se cambian los Mundos—. Su Verdad, sí: y luego ya vendrán otros que la cosechen...

Octubre de 2019:

Ni el más leve síntoma de mi Trastorno Bipolar desde Diciembre de 2017. Ahí lo llevas.

Quien tiene un amigo tiene un tesORO.

Yo tengo uno.

Gracias Amigo.




















ahora ya somos dos



Hace tiempo pensé en invitar a otra persona a escribir en Esperanza Bipolar. La idea era convertir mi blog personal en un blog coral. Hace no tanto tiempo conocí a Jose y me atravesó. Me inundó con su bondad, como haría una Buena Hermana con un Hermano Cualquiera. 

Nos encontramos un día y no era él. Mejor dicho, sí era él pero no era el que es ahora. Acababa de salir del hospital y estaba roto. Juntos empezamos a recomponer sus añicos y juntamos algunos de mis trozos. Ahora es un **Gran Amigo**. Si piensas que hay algo más valioso en el mundo, escribe aquí debajo tu comentario. 

Mi amigozepam me curó los pocos dolores que me quedaban. Varios, menos el dolor físico. Cuando nos vemos, me muestra para no enseñarme, me escucha y me explica. Me hace reír y me sorprende. A veces, cuando se calla y me mira de una manera diferente, intuyo que no está de acuerdo y su silencio es mi lección. Es una de las personas más brillantes que he conocido en Esperanza Bipolar, pero lo que más brilla es su corazón.

Hace años sentía esperanza. Ahora siento mi realidad del último año. Hace unos días registré el dominio www.remisionbipolar.org. Pronto te contaré lo que haré cuando haga la mudanza con parte de mis muebles allí.

Tuve a mi lado -y tengo- la ayuda de un equipo médico muy profesional que fue siempre mi apoyo incondicional. Nunca podré agradecer lo suficiente a mi neuropsiquiatra, Javier Aizpiri, ni a quien fue mi psicóloga, Norma Larrea, lo que hicieron por mí. 

El día que no estén, la salud mental habrá perdido a dos profesionales excepcionales que no se dejaron llevar por la corriente. Y a dos personas que ejercieron su profesión con responsabilidad y no se equivocaron en la manera de actuar conmigo.