martes, 28 de mayo de 2019

lo que me desvelaba ya no me desvela




Ahora que duermo bien, aunque poco, quiero hablarte de cosas que me desvelaron en el pasado. Querer dormir y no poder, es un gran problema si estás diagnosticado con trastorno bipolar.

Hay dos cosas que desvelan a todo el mundo, y son el miedo y el deseo. Piensa en tu experiencia. 

El estrés puede venir de casi cualquier parte y dormir estresado es imposible sin fármacos. Hace muchos años, dormía mucho estando deprimido y me costaba despertar. No deseaba lo que me esperaba al día siguiente o me daba miedo no poder afrontarlo.

También la ira me desveló en situaciones esporádicas. Recuerdo algunos problemas de convivencia con mi mujer, unos pocos conflictos con mis hijos, o el estrés de querer protegerles cuando veía algunos riesgos en su vida. Que yo recuerde, han pasado casi cinco años desde la última vez que algo presionó mi sueño. 

También tuve una época en que Esperanza Bipolar me desvelaba. El exceso de ilusión me hizo pasar por alguna que otra noche de mal dormir y tuve que tomar decisiones radicales para recuperar mi sueño. 

Hoy quería hablar de sueño porque estoy durmiendo como nunca. Haber aprendido a no estresarme  ha sido la clave. Diez años en los que he perseguido este momento sin descanso para poder descansar bien. 

lunes, 20 de mayo de 2019

romper con tu pareja



Hoy he leído que casi una de cada cuatro parejas jóvenes se separan por diferencias políticas. No sé por qué pero me ha dado por pensar en mi pareja. Si juntamos nuestras diferencias hacemos un pleno al quince. Alcanzar la remision me ha costado mucho, en darle al coco y también en tiempo. Lograr una convivencia sin calentones mutuos es el reto más difícil que me puedo poner ahora mismo.

Para algunas personas diagnosticadas con trastono bipolar, mantener una relación de pareja es complicado. Aunque nunca fue mi caso, ahora lo es más que antes. Kanye West hablará de sus calentones - no sé si de pareja- en el próximo programa de televisión de David Letterman. Y ahora viene lo práctico.

Lo que más me ayudó hasta ahora en mi relación de pareja fue aprender a evitar controlar las situaciones que antes tendía a controlar. Para eso, antes he tenido que perder casi todos mis miedos, y eso ha sido clave. Las experiencias que vives hacen que controles cada vez más -o cada vez menos- la próxima vez que te enfrentes a algo que te "huela" al mismo plato. No es fácil darse cuenta a la primera, pero conviene tener los ojos, los oídos y las neuronas bien abiertas.

Si no tienes pareja y quieres tenerla puede que esto te sirva en el futuro. Depende del grado de control con el que funciones en tu vida en general. Yo nunca me ha sentido ¨controlador¨, sin embargo, el tiempo me ha hecho ver que todos en algún momento podemos serlo. Y mucho. 

Y lo de siempre. Si dejas tu comentario, enriquecerás este espacio para sus lectores.

martes, 14 de mayo de 2019

muerta la rabia...



Se acabó el perro. Y menos mal que pocas veces tengo tan mala suerte como para tener que perder la calma. Ojalá nunca más me vea en una parecida porque me temo que reaccionaría igual. Cuando hay algo demasiado importante en juego ya no dejo que decidan los demás por mí. Eso lo aprendí de una mala manera que todavía estoy sufriendo parte de las consecuencias.

Estoy pidiendo a mi cuerpo un poco más en lo físico y me está sentando bien. Mientras haga buen tiempo, y pueda hacerlo, continuaré. Me da la sensación de que ahora duermo un poco mejor. También estoy preparando algunas cosas para ofrecer lo aprendido a profesionales de la salud que puedan y quieran aprovechar mi conocimiento. Después del verano contactaré con personas que saben a qué me dedico y te contare si avanzo algo.

Después de la ira viene la rabia. Es el poso del daño y conviene sentirla porque es pasajera. Si retienes la ira cuando hace falta que salga, el día que saques todo de golpe el daño será mayor. Aunque es mejor no perder nunca la calma, es peor acabar explotando hacia adentro. Yo tengo claro que no voy a ser el que acabe otra vez en el psicólogo o empastillado por aguantar demasiado. Eso ya lo conocí, y si voy a cometer algún error, que sea nuevo, por favor. 

lunes, 6 de mayo de 2019

tres grandes mierdas




Tengo un amigo que dice que la vida va a rachas. Esta semana me tocó la cruz de la moneda. Así que voy a listar mis tres grandes mierdas de hoy. 

Tengo una enfermedad que se llama dolor neuropático crónico en las piernas y los pies. No tiene tratamiento y sé que no voy a mejorar. Me impide andar sin dolor y dormir sin dolor. Al día siguiente, sé que el dolor va a seguir ahí y a veces me acaba por desgastar. Mi mierda número 1 me acompañará mientras viva, morir será un descanso.

La mierda número 2 es la clásica mierda familiar. No es tan raro que te toque entre una y tres mierdas familiares dependiendo de infinitos factores. Como decidí hace tiempo respetar la intimidad de los demás no voy a escribir los detalles. Tiene pinta de que va a ser una mierda de largo plazo, vamos que hay mierda para rato.

Y por no empalagar, acabo con la última. Mi hijo Roberto nació con un aneurisma en su cerebro. Está sano y es feliz, pero la malformación está ahí. Este mes los astros se han alineado para dibujar una nueva mierda. Como consecuencia, me han amargado la semana.

Si la probabilidad de ser feliz es uno entre cien, la probabilidad de ser feliz rodeado de personas con buenas intenciones puede ser de uno entre un millón.

Una persona con buenas intenciones, aunque te quiera, puede hacerte mucho daño. Si se juntan dos en la misma semana, el doble. Eso me pasó esta misma semana. Menos mal que aprendí a no callar y solté. Lo siento pero la salud bien entendida empieza por uno mismo.
Hace poco, una amiga me dijo que había aprendido a no callar en su trabajo con dos compañeras petardas. Lo decía con cierto tono de satisfacción.

De aquí sólo podemos ir a mejor. O quien sabe. Comparte aquí tus mierdas en forma de comentario si te apetece. En Internet ya hay toneladas, así que por una más nadie va a preocuparse.