lunes, 21 de enero de 2019

mi última visita el médico



Hace poco he estado visitando a mi médico. Siempre es un placer hablar con él y le encanta enseñarme cosas importantes. Es como un libro abierto.

Ya han pasado muchos años desde que me ofrecí para ayudarle en su equipo de investigación. Mi interés sobre el trastorno bipolar viene de muy lejos. Supongo que por este motivo, y otros más importantes, he llegado tan lejos. En aquel momento, él no aceptó mi propuesta. Poco después, mi regalo fue contarle de qué parte del cerebro yo intuía que se empezaba a gestar la enfermedad. Creo que se sorprendió bastante. Además de psiquiatra es neurólogo.

Con mi psicóloga hice algo parecido. Traduje la enfermedad en términos más "psicológicos" y la hice pensar.  Me parece que eso quiere decir que también la sorprendí. Siete años después sé mucho más sobre el trastorno bipolar. He llegado a un punto en que apenas ya me interesa la enfermedad desde un punto de vista intelectual. Para una persona como yo, eso significa mucho. Llegué donde quería llegar.

Le comenté a mi médico que me parecía que, de alguna manera, estaba desperdiciando su valioso tiempo. Desde hace no tanto tiempo, me he dado cuenta de algo: sería una pena que otra persona que esté sufriendo no aproveche su saber hacer. Como me dijo que me gusta verme, continuaré con mis dos visitas al año. No me importa, son siempre muy agradables.

sábado, 5 de enero de 2019

dificultades del año que empieza



Este año 2019 que comienza se me presenta con algunas dificultades, aunque ninguna tenga que ver con el trastorno bipolar. A pesar de que el año pasado no fue del todo bueno, mi balance es bastante positivo. Si algo he aprendido en los últimos años es que, a veces, merece la pena "la pena". Lo difícil siempre es saber dónde está el límite.

Ya no escribo aquí sobre mis problemas personales por preservar la intimidad de las personas que quiero. Supongo que antes lo hacía para desahogarme. Otras veces también soy consciente de haberlo hecho para enseñar algo a través de mi vida. Ahora que ya no necesito desahogarme, me siento mucho más tranquilo. Tengo varios amigos de confianza que me ayudan cuando tengo problemas. Algunos saben escuchar, y otros me ayudan de otras maneras. Ayer mi amigo Jose utilizó su inteligencia, que es mucha, para echarme una mano. Y además sabe escuchar, una auténtica rareza.

La foto corresponde a un seto del jardín en el que me casé hace siete años. El tiempo pasa a su ritmo. Como tengo dolor crónico, la sensación de que el tiempo vuela no es la misma para mí. Sin embargo, pasa bastante rápido y cada vez más. Es una buena señal porque significa que cada día me siento mejor.