miércoles, 21 de febrero de 2018

un paso de gigante en el estrés diagnosticado con trastorno bipolar



Saqué esta fotografía del mar de nubes de Tenerife hace mucho años y hoy vuelve al blog en una semana en que yo he vuelto a la isla. Para hablarte del estrés desde un lugar bonito y tranquilo.

El estrés puede aparecer en el mayor paraíso del planeta. Con enterarte de algo que no te esperabas es suficiente. Basta una llamada de teléfono o una conversación cualquiera. Ayer me enteré de algo que hace años me hubiera puesto como una moto. Como en toda familia, las noticias inesperadas se convierten en costumbre pero nunca dejan de sorprendernos. 

Al grano. El estrés casi siempre nace del miedo. Del miedo a perder algo perdemos la tranquilidad. Si te das cuenta de lo que puedes perder y piensas sobre ello, a veces, te sorprendes a ti mismo. Igual lo que puedes perder en el fondo te importe poco y lo que te molesta es de quién viene lo que te ha dolido. O cómo te ha llegado y te hubiera gustado que te hubiera llegado. 

No quiero hablarte en chino, sólo traduzco las situaciones que nos suelen pasar bastante a menudo cuando se junta algo que queremos y el miedo a perderlo. A partir de ahí, haz lo que puedas con ello. Si no te das cuenta de lo que se esconde detrás del velo, no podrás tomar decisiones inteligentes. Y todo lo que decidas para sentir menos estrés con trastorno bipolar es una decisión inteligente.

martes, 13 de febrero de 2018

otro día ganado a la tranquilidad es casi una garantía con trastorno bipolar





Una de mis prioridades es la tranquilidad. Con trastorno bipolar, la tranquilidad no significa aburrimiento, es algo muy diferente. He aprendido a mantener la tranquilidad casi todos los días del año y me ha costado media vida conseguirlo.

Antes había tres cosas que me hacían perder la tranquilidad. Tener que hacer algo que me sentía incapaz de hacer me afectó durante años. De esa enfermedad me curé. La segunda situación que me hacía perder la tranquilidad es más típica: cuando algo te hace mucho daño y te saca de quicio. De esa enfermedad estoy curado trescientos sesenta días al año. Creo que los cinco en los que se me va la olla están por debajo de la media del neurotípico (por decir algo). La tercera y más difícil es la pérdida de la tranquilidad derivada del miedo. De esa enfermedad me curé el año pasado.

Ganar la tranquilidad es ganar la salud. Hay mil maneras de ganar un poco de tranquilidad. En pequeños detalles de tu vida puedes ganar grandes dosis de tranquilidad. Yo desde hace mucho tiempo cuido mucho los detalles en mi vida. De no hacerlo, habría sufrido otra vez más los síntomas del trastorno bipolar. Tampoco habría podido escribirte durante los últimos nueve años en este blog sobre la manera en que he logrado recuperarme de la enfermedad. Una buena noticia para mí y otra buena noticia para ti. O dos buenas noticias para los dos :))