lunes, 16 de octubre de 2017

8 años dirigiendo grupos



A veces me gusta echar un vistazo a mis agendas. El otro día encontré una en la que estaba anotada la fecha de mi primera reunión con personas diagnosticadas con trastorno bipolar. Todavía no había fundado Esperanza Bipolar y no tenía mucho conocimiento respecto a la enfermedad. Simplemente quería hacer algo por los demás y con eso fue más que suficiente. De las personas que empezaron conmigo, ya sólo quedan dos que todavía vienen a algunas reuniones. El resto, unas diez personas, son grupos establecidos ya hace tiempo. Este año han comenzado a venir algunas por primera vez. 

Ocho años han dado para mucho, pero son sólo el principio de lo que me gustaría hacer en el futuro. Para algunos ha sido el final, porque han dejado de venir en el momento en que ya no lo necesitaban. Para los que sigan viniendo tengo intención de seguir reforzando algunas cosas y compartiendo otras nuevas que he aprendido en los últimos años. No conozco mayor placer que ver cómo muchos se han recuperado gracias a lo que hacemos en las reuniones. Personas de todas las edades. Algunas que llevaban sufriendo media vida. Otras que acababan de salir del hospital. Me acuerdo de todas y me siento muy feliz de haber podido hacer algo por ellas.

Si cuando empecé sabía poco, ahora he aprendido mucho más de lo que nunca esperé. Tampoco me extraña porque he dedicado muchas horas al tema. Dicen que hay que dedicar más de diez mil para dominar cualquier cosa. Aunque no deja de ser una referencia, yo me he pasado ya de largo de esa cantidad. Ahora es el momento de ir reposando todo lo aprendido y de continuar permitiendo que tú lo aproveches si lo encuentras útil.

Soy muy consciente de que también he sido muy afortunado en el proceso de aprendizaje. He llegado a conclusiones que es muy difícil que otra persona pueda llegar. Ni bipolar ni neurotípica. LLevar el laboratorio encima y tener la luz de mi oficina encendida todos los días está al alcance de pocos. Nací pensador, curioso y observador. Las tres cualidades han permitido mi remisión, junto con otras muchas cosas que me facilitan tener una vida sana.  

lunes, 9 de octubre de 2017

¿cómo te levantas de la cama?



Hoy comentaba una persona en las redes sociales que estaba durmiendo mucho y se levantaba cansada. Me ha hecho recordar la época en que me costaba levantarme porque no me gustaba lo que me esperaba. No odiaba mi trabajo porque yo nunca he sido de odiar, pero mi trabajo me gustaba menos que los callos o los morros. Si a ti te gustan, mi cuerpo los rechazan. Igual con mi trabajo de oficina me pasaba lo mismo, véte tú a saber.

Desde hace tiempo me levanto todos los días sin despertador y duermo entre seis y ocho horas. Bailo un poco después de ducharme. Tranquilo, con la puerta del baño cerrada para que no me vea nadie. No quiero que mi mujer se alarme de mi buen humor todas las mañanas. Dice que no se puede ser feliz todos los días y me convertiría en sospechoso de algo. Todos conocemos las suspicacias familiares en torno a la bipolaridad, y no es cuestión de jugársela por hacer un poco el tonto en tu propia casa. Estoy convencido de que mucho tiene que ver con que todo lo que me espera en el día me sabe a magdalenas. Los que estudian dicen que el cerebro anticipa lo que está por venir. Pues va a ser que sí. Como me hace ilusión lo que me espera, otro mundo nada parecido al gris de mis peores años. Este años cumplo diez años de color y quiero celebrarlo contigo.

La rutina de la mañana tiene mucho que ver con el estado de ánimo general del día. Algún día te hablaré de lo que me funciona. Esta semana leí que algunos somos alondras, otras búhos y otros colibríes en función del cronotipo. Los que están más despiertos de día, los que prefieren la noche o los que funcionan bien de día y de noche. Yo creo que a algunos les gusta madrugar para dar un paseo por la playa y a otros ver la película de la televisión por la noche. Queda menos científico que hablar de cronotipos, pero me parece más científico con todo lo leído. Viva las clasificaciones dentro y fuera del fútbol. No sirven de mucho pero estamos mejor informados. Y estar informado da gustito pero yo prefiero hablarte de algo más útil: la experiencia.

domingo, 1 de octubre de 2017

cómo respiras para reducir la ansiedad con trastorno bipolar




Investigadores de la universidad de Stanford han descubierto en ratones que la respiración tiene una conexión directa con el centro de excitación cerebral. En humanos, habrá que esperar. Yo, que no soy nadie, te lo adelanto: si aprendes a respirar reducirás tu nivel de excitación.

Casi nunca siento ansiedad. Cuando noto una pequeña sensación desagradable en la garganta, respiro profundamente cinco veces bajando el aire hasta el estómago. La sensación se me pasa y me doy cuenta de que la mente se aquieta. Parar los pensamientos, a veces, puede ser tan sencillo como eso. Con un nivel de ansiedad muy elevado las cosas no son tan fáciles. Aprender a respirar puede ser tan fácil como buscar un vídeo en YouTube o ir a clases de relajación. No voy a contarte cómo lo hago yo porque hay muchos otros lugares donde lo puedes encontrar.

La ansiedad siempre está relacionada con un exceso intelectual que puede estar relacionado, o no, con una situación que te desborda. También con la anticipación de una desgracia, una pérdida o con el miedo en estado puro. No poder construirse un futuro también genera ansiedad. El futuro se construye en el cerebro y no hay cerebro que pueda funcionar bien sin una anticipación de futuro consciente o inconsciente. Si no hay mañana, el presente es la depresión. Cualquier futuro puede ser bueno. Al menos, un futuro genera una mínima sensación de tranquilidad. No hay nada que genere mayor nerviosismo ni mayor ansiedad que no saber qué puedes hacer mañana. Si no sabes qué hacer, haz cualquier cosa, pero haz algo. El futuro se construye muchas veces de una manera así de sencilla. Uno empieza cogiendo un pincel, y uno acaba pintando mil cuadros.

Para salir de la depresión, todos recomiendan no ceder al abandono. Yo estoy de acuerdo, pero le añadiría una sola cosa: no te fuerces a hacer nada que suponga un esfuerzo intelectual. La depresión tiene su origen en un exceso de intelectualización, y el esfuerzo intelectual, cuando el piso de arriba no está en condiciones, es contraproducente. Al cuerpo sí que puedes obligarle un poco dentro de tus posibilidades. Con el cuerpo en resposo, la depresión se solidifica. Estos últimos párrafos se los dedico a mi amigo José. Deseo que te recuperes.