martes, 13 de junio de 2017

volver a ver a mis hijos es un placer





Mis hijos han regresado para pasar el verano con nosotros. Yo no he sufrido el síndrome del nido vacío porque nadie me había hablado antes de él. Es una broma. No los he echado tanto de menos porque los hemos podido ver en Navidades y también en Semana Santa. Me hace feliz verles disfrutar y espero que sigan así durante mucho tiempo. Este verano los dos tienen que pasar por el quirófano para unas intervenciones en sus injertos.

Dicen que educar a unos hijos es la asignatura más difícil de la vida. Para muchos lo es, para mí no. Como soy bastante juguetón, me entiendo muy bien con ellos. Además todo lo que he sufrido en la vida intento que sea la fuente que les da de beber. Aunque nadie escarmienta en cabeza ajena, tengo bastante claro lo que tengo que hacer y lo que no en cada momento. Todos nacemos con unas cualidades innatas y otras podemos aprenderlas- o no!- con el tiempo. Yo tuve la suerte de nacer con estrella en este sentido. En otros muchos, nací estrellado. Raquel tiene diecinueve años y Roberto quince. Con un poco de suerte, con  mucha vida por delante. 

Hace tiempo que me dedico sólo a aquellas cosas que son importantes para mí. Con trastorno bipolar, la base del bienestar puede estar en esta sencilla regla. Sólo necesitas añadirle una segunda: antes de volcar tus energías en algo tienes que haber comprobado que no te hace daño. Esta segunda regla es más importante todavía para evitar los síntomas del trastorno bipolar. En especial, la hipomanía o la manía. Si reduces tu lista de cosas importantes a tres, mucho mejor. Yo podría estar haciendo mil y una cosas y sigo centrado en tres. Esperanza Bipolar, la escritura y mi familia. La música, los libros y caminar llenan el resto de huecos. Me levanto todos los días con la ilusión que me faltó durante los peores años de mi vida. No me siento un afortunado, sé que soy un afortunado. Tengo lo que necesito y no busco nada en particular. Como ya lo encontré, ya no tiene sentido buscar para mí. Durante años me dediqué a demostrarme a mí mismo que valía. Cuando me lo demostré, empecé a hacer algo nuevo. Han pasado más de diez años desde aquel momento y me alegro mucho del camino elegido. Quizás fuese el mejor entre los posibles. Visto lo visto, me cuesta imaginar uno mejor. Todo ha sido ganar. De momento, seguiré.


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