viernes, 23 de junio de 2017

una situación difícil que todavía no sé cómo resolver



Una persona que aprecio mucho ha pasado tres semanas en el hospital. El otro día hablando con él por teléfono lloré por dentro. Haber aprendido tanto me ha ayudado mucho más a mí que lo que puede ayudar a los demás. Soy muy consciente pero me cuesta aceptar que hay cosas que no puedo evitar. Cuando tengo la oportunidad de decirle algo importante a alguien, ya no me callo. En la última reunión de Esperanza Bipolar de esta semana, le comenté a una persona la manera en que yo he aprendido a evitar caer en la psicosis. Sé que es efectiva porque la he probado en mi propio cuerpo y mi salud ya no depende tanto de lo que me rodea. No vivo blindado ni estoy más atento de lo que está una persona cualquiera en su vida diaria. He pasado la prueba más difícil hasta ahora y seguiré intentando ayudar a otros mientras pueda hacerlo.

Si las reacciones de nuestro cuerpo fuesen previsibles, no pasaría lo que pasa. Yo tengo muchas claves que me guían y estoy convencido de que son claves que pueden ayudar a cualquiera. Si no fuese así, no llevaría ocho años escribiendo en este blog ni hubiera empezado a grabar vídeos para el canal de Youtube de Esperanza Bipolar. Tampoco seguiría reuniendo a personas en Bilbao ni seguiría escribiendo libros sobre el trastorno bipolar. Hay días que escucho cosas que dicen algunos psiquiatras que ya ni me molestan. Se trata de una buena señal de salud, sigo mejorando día a día. Si algunos psiquiatras hablaran menos e hicieran mejor su trabajo, la salud de sus pacientes mejoraría de manera radical. Cada día estoy más convencido de que gran parte de ellos tienen pocas posibilidades de mejorar la salud de muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar. Viven en una ilusión que se refleja en unas estadísticas muy mejorables. Su trabajo no es fácil. La salud mental requiere muchas habilidades de las que carecen muchos. Si la mayoría cuidara los detalles en su atención y su forma de trabajar, muchas personas mejorarían. Yo es lo que hago cuando me relaciono con personas con trastorno bipolar, y lo logro con la mayoría.

Antes me hacía tanto daño mi propia mediocridad que cuando la superé apareció un nuevo problema: no soportaba la mediocridad de los demás. Un día me di cuenta de algo importante. Si yo no era responsable de ser un ingeniero mediocre, los psiquiatras mediocres tampoco lo son. También me he dado cuenta que ser mediocre es lo normal. El problema es cuando uno sufre por ser normal. Yo quise ser excepcional en lo que hacía antes y no lo logré. Mis resultados ahora son bastante excepcionales y me siento muy bien. Hay cosas que son muy difíciles de cambiar en uno. Deben estar escritas en esa complicada espiral que obsesiona a los científicos. Mientras sigan buscando en el cajón equivocado, las cosas no cambiarán. Se acercan meses de descanso que voy a disfrutar al máximo.




martes, 13 de junio de 2017

volver a ver a mis hijos es un placer





Mis hijos han regresado para pasar el verano con nosotros. Yo no he sufrido el síndrome del nido vacío porque nadie me había hablado antes de él. Es una broma. No los he echado tanto de menos porque los hemos podido ver en Navidades y también en Semana Santa. Me hace feliz verles disfrutar y espero que sigan así durante mucho tiempo. Este verano los dos tienen que pasar por el quirófano para unas intervenciones en sus injertos.

Dicen que educar a unos hijos es la asignatura más difícil de la vida. Para muchos lo es, para mí no. Como soy bastante juguetón, me entiendo muy bien con ellos. Además todo lo que he sufrido en la vida intento que sea la fuente que les da de beber. Aunque nadie escarmienta en cabeza ajena, tengo bastante claro lo que tengo que hacer y lo que no en cada momento. Todos nacemos con unas cualidades innatas y otras podemos aprenderlas- o no!- con el tiempo. Yo tuve la suerte de nacer con estrella en este sentido. En otros muchos, nací estrellado. Raquel tiene diecinueve años y Roberto quince. Con un poco de suerte, con  mucha vida por delante. 

Hace tiempo que me dedico sólo a aquellas cosas que son importantes para mí. Con trastorno bipolar, la base del bienestar puede estar en esta sencilla regla. Sólo necesitas añadirle una segunda: antes de volcar tus energías en algo tienes que haber comprobado que no te hace daño. Esta segunda regla es más importante todavía para evitar los síntomas del trastorno bipolar. En especial, la hipomanía o la manía. Si reduces tu lista de cosas importantes a tres, mucho mejor. Yo podría estar haciendo mil y una cosas y sigo centrado en tres. Esperanza Bipolar, la escritura y mi familia. La música, los libros y caminar llenan el resto de huecos. Me levanto todos los días con la ilusión que me faltó durante los peores años de mi vida. No me siento un afortunado, sé que soy un afortunado. Tengo lo que necesito y no busco nada en particular. Como ya lo encontré, ya no tiene sentido buscar para mí. Durante años me dediqué a demostrarme a mí mismo que valía. Cuando me lo demostré, empecé a hacer algo nuevo. Han pasado más de diez años desde aquel momento y me alegro mucho del camino elegido. Quizás fuese el mejor entre los posibles. Visto lo visto, me cuesta imaginar uno mejor. Todo ha sido ganar. De momento, seguiré.


miércoles, 7 de junio de 2017

otro logro conseguido después de mucho insistir





Hace menos de una hora un policía municipal ha dudado de mi tarjeta de aparcamiento para discapacitados.

-Esta tarjeta no es válida. -me dijo
-Sí lo es. -le contesté.
-Está muy deteriorada. Le faltan datos. -insistió.

La manera de hablarme era digna de un policía que persigue narcotraficantes. Hace menos de un año, para devolver una multa indebida por el mismo motivo, me tuvieron una hora en una comisaría. Cosas sin importancia. Hace no tanto tiempo hubiera escupido fuego como un dragón. Ya no. Después de lo que he vivido este último año, ya no soy el mismo. Por suerte para mí, y para quienes se me clavan vaya usted a saber por qué motivo.

He llegado a este punto después de vivir tres situaciones críticas que me han enseñado mucho. Me han mostrado mi peor parte y me han permitido mejorarla. La primera fue con uno de mis hermanos, quien estalló un día y decidí cambiar mi manera de relacionarme con él. Volvió a estallar una segunda vez sin ningún motivo, y tuve que ponerle un límite porque en esta segunda ocasión no venía a cuento. Le perdoné porque sí había un motivo: mi hermano últimamente suda estrés. En otra ocasión fui yo quien le estalló a una persona y venía a cuento. El problema es que una cosa es el cuento, y otra muy diferente es herir a alguien en lo profundo. Esa vez lo hice y me di cuenta de que no se podía volver a repetir esa situación nunca más en mi vida. Suelo cumplir las promesas que me hago a mí mismo y ojalá esta vez no me falle. No me voy a permitir reaccionar con agresividad verbal nunca más. 

LLegar a este punto no sé si está a tu alcance o no. Con tiempo, quizás todos podamos acercarnos a una serenidad a prueba de bomba. Mientras tanto hay mil trucos. Evitar situaciones o evitar personas. Salir o alejarse antes de que se produzca el vómito de bilis. Yo he pasado por todas las etapas. Incluso con mi mujer hubo una época en que salía a la calle a tomar el sol de noche. El aire, quise decir. A veces, el cuerpo es sabio cuando la cabeza está caliente. En la redes sociales, la palabra neurotransmisores arde cuando las personas hablan del trastorno bipolar. Si tradujera este artículo al lenguaje de la química perdería todo el encanto. Si es que lo ha tenido.