martes, 29 de diciembre de 2015

2016





Ya queda menos para estrenar año, y cuando termina el anterior, me gusta pensar en cómo ha ido todo en mi vida. Antes tenía la sensación de que cada año era un poco mejor que el anterior, éste ha sido tan bueno como los tres últimos. Me he sentido bien y he podido seguir haciendo lo que me gusta y lo que quiero hacer. Algo tan sencillo, y a la vez tan complejo, como mejorar la situación de las personas que conozco en la asociación de Bilbao. Después de haber visto recuperarse a muchos, mi ilusión sigue casi como el primer día.

Quizás lo más importante que he aprendido este año tiene que ver con el estrés, un viejo conocido de mi vida profesional. Estuve a punto de quemarme y supe retirarme a tiempo sin salir tocado. Algunos hablan de un estrés bueno. Yo necesito que me lo presenten porque todavía no le conozco.

Esto último me conduce a pensar que no todos nacemos con la misma capacidad para manejar determinadas situaciones. Y si no es así, las circunstancias de nuestra vida pueden habernos marcado para siempre. Yo estoy convencido de que hay cosas que son imposibles para mi y lo seguirán siendo mientras viva. La buena noticia es que hay muchas más que son posibles, y en ellas me centro.

Hoy no tenía conexión de internet y la he buscado para escribirte. Cuando uno quiere algo de verdad, encuentra la "conexión". De internet, o de lo que sea :))



martes, 22 de diciembre de 2015

bipolar sin trastorno





El otro día una amiga me hizo una pregunta en la asociación.

-¿Cómo se puede ser bipolar sin serlo?

Buena pregunta. Le expliqué lo que voy a escribir ahora de otra manera. Cuando un médico te ha diagnosticado la enfermedad, y no se ha equivocado, ya eres bipolar. O estás diagnosticado con trastorno bipolar como algunos prefieren decir. Cuando dejas de sufrir la enfermedad y no estás en tratamiento ya no lo eres en el sentido literal. Yo lo soy porque mi naturaleza desde el momento en que me deprimí y conocí la euforia es más vulnerable a la enfermedad. O, al menos, eso dice la estadística. Y además me gusta decir que soy bipolar para romper el estigma de la sociedad.

Como ya sabes -o no- tengo dolor crónico. Hay días que tomo una pastilla para dormir porque, a veces, me resulta imposible regular el sueño. Antes del accidente no me había pasado nunca durante tanto tiempo porque ya son nueve años de dolor. Visito la farmacia mucho menos que otras muchas personas sin ninguna enfermedad mental. He aprendido a no sufrir los síntomas del trastorno bipolar. Sí, así como suena. 

Este año que termina ha sido un buen año para mi. Ya han sido tantos que no puedo decirte si mejor o igual que los anteriores. Antes de que termine el año, si tengo conexión, te contaré lo mejor del 2015 en mi vida. Ojalá tú puedas contarme lo mejor de la tuya.



sábado, 19 de diciembre de 2015

politi ¿qué?



No me interesa mucho la política y creo que cada vez menos. Y no es que piense que sea inútil. Como otras muchas cosas creo que es un pequeño bien necesario. Puede que te preguntes qué tiene que ver el comentario de hoy con el trastorno bipolar. Puede que para ti nada, o puede que para ti mucho.

Tengo intención de escribir sobre temas que no he escrito nunca, al menos, una vez. Me parece que es bueno que todo lo que nos influye quede reflejado en este blog, porque no es más que un espejo que me refleja. Y aprovecho como siempre la corriente subterránea para acabar hablando del trastorno bipolar. La política nunca me ha parecido algo muy importante y me alegro por ello. Es una gran ventaja para poder ver el circo desde la grada.

Mañana no voy a votar. Cuando no veo algo claro prefiero no hacerlo. Y ahora ya no estoy hablando de política. Si creo que algo no es importante no le presto mucha atención. Hay cosas que me dolerían si dejara que me atravesaran como le pasa a cualquiera. Y aunque me considero una persona sensible, intento que pasen de largo porque he aprendido a sufrir solamente con las cosas que me tocan muy en el fondo. Las demás me rozan.

La política hace cosquillas a la realidad. Y la realidad se ríe mientras nosotros lloramos.

jueves, 10 de diciembre de 2015

¿das miedo?



Ojalá no. Hace algún tiempo pensé en escribir sobre el miedo. No el miedo que podemos tener a algo, sino el miedo que podemos provocar en alguien. Como suelo escuchar a mi mujer con atención, un día me dijo que estaba dejando de hacer o decirme algo por mi posible reacción. No mencionó la palabra miedo, pero el miedo estaba ahí. Ese día tuve que pensar un poco sobre mi, y el porqué me decía lo que me decía.

Ayer me di cuenta de una cosa que me ha llevado a escribir este comentario. Muy pocas veces me enfado mucho, y cuando lo hago puedo llegar a dar miedo. Como regalo, mi hija Raquel esta semana me hizo una ensalada para cenar con la intención de apaciguarme. Raquel y Roberto me dan las lecciones más grandes. También estos días un camarero notó que yo estaba cabreado por fuera y por dentro. Al explicarle un poco de donde venía la tormenta me dijo:

-me cuesta imaginarte enfadado. 

Dar miedo tiene mucho que ver con las explosiones de las que ya he escrito más de una vez aquí. Extinguirlas es uno de los mayores retos de las personas que podemos aprender a controlarlas. Estaría muy bien que encontraras tu manera. La más efectiva en situaciones en las que puedes sentir tu descontrol es alejarte del detonante. Si te da tiempo.




jueves, 3 de diciembre de 2015

las pastillas ¿mágicas?



Hace poco me encontré con una amiga de la asociación. La encontré como nunca y me dijo que se encontraba muy bien. Para celebrarlo, ha decidido dejar de venir y de contribuir con su cuota al mantenimiento de la asociación.

-mi psiquiatra ha dado con el tratamiento y estoy muy estable. -me dijo.

Mi amiga ha venido durante algún tiempo a Esperanza Bipolar. No a menudo, quizás media docena de veces. La recuerdo realmente mal el primer día que llegó, como a la mayoría de los que vienen. Es la segunda vez que una persona me dice algo parecido. La primera vez me sorprendió; ésta ya no tanto. De todas formas, creo que muchos sobrevaloran el tratamiento. El motivo es que la psiquiatría difunde este mensaje y poco más. 

Lo que realmente me llama la atención es darme cuenta de que las personas que me lo han dicho llevaban cerca de veinte años sufriendo la enfermedad. Y yo me pregunto: -¿no estaban bien tratadas hasta entonces? Veinte años son muchos años como para dar con el tratamiento correcto. Pocos profesionales cuentan con tanto margen de acción.

Algunos también pasan por el hospital a pesar de estar en tratamiento. La explicación de los expertos es que la enfermedad es compleja e imprevisible. Con lo primero estoy de acuerdo. Lo segundo es una tontería. Cuando escuchas -de verdad- a media docena de personas hablar sobre sus experiencias, lo que les ha sucedido parece bastante previsible, a pesar de lo doloroso y llamativo.

La mayoría de los psiquiatras piensan que no hay recetas mágicas contra el trastorno bipolar. Piensan que la receta de farmacia es casi la única receta, y así pocas cosas cambiarán. Yo tengo más de cuarenta recetas que no tienen nada que ver con la receta de una farmacia. Y ninguna de ellas tiene nada de mágico.