jueves, 26 de noviembre de 2015

lo duro




Hoy he recibido una llamada de teléfono dura. Un familiar de una persona me contaba lo que estaba sufriendo ella y la persona. Una lástima que no se diera cuenta de que al otro lado del teléfono también había una persona.

Comprendo casi todo. Hago lo mejor que puedo y lo mejor que sé. De momento, tengo la intención de continuar haciéndolo. Si escribo este comentario es para hablar de algo que considero importante. Sólo puedes soportar lo duro cuando hay algo grande que lo compensa. A lo que me dedico desde hace tiempo tiene una cara también amarga. Si no viera cómo evolucionan y se sienten muchas personas que vienen a Esperanza Bipolar, habría dejado de hacer esto hace tiempo. 

Hagas lo que hagas, todo tiene un lado oscuro. Lo que no te gusta o incluso lo que te puede hacer daño en ocasiones. Siempre tiene que ser un daño soportable y esporádico. Si el daño es insoportable o frecuente, abandona. La vida ya es a veces lo suficientemente dificil para complicártela más. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

soltar presión



Somos como olas. De cuando en cuando rompemos. El otro día quedé a tomar algo con un amigo de la asociación y vomitó todos sus problemas en menos de cinco minutos. Se quedó tranquilo como un niño. Al menos, de momento.

Cuando tenemos problemas, acumulamos presión hasta explotar. Con trastorno bipolar, las explosiones suelen ser como suenan: explosiones. Yo no puedo decir que ya no pase por alguna de vez en cuando. Lo que sí puedo decir es que cuando exploto intento no hacer daño a mi alrededor. Y lo consigo. He tenido la suerte de no haber sido nunca agresivo con las palabras, y eso es mucho. Ahora, además he aprendido a no acumular demasiada mierda antes de esparcirla a mi alrededor.

Como todo lo difícil, lleva su tiempo. Como tengo muy claro lo que quiero y a dónde quiero llegar, al final lo logro. Cada vez me queda menos por pulir, y cuando miro a mi alrededor me doy cuenta de que soy una persona más estable que muchas otras que conozco. Con o sin trastorno bipolar. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

la suerte



Ayer por la noche me caí en casa. No me estaba duchando, volvía a la cama a oscuras y tomé la curva del pasillo un paso más tarde: en el baño. Caí de rodillas dentro de la bañera y no vi las estrellas porque nuestro baño no está en una buhardilla. Eso sí, me hice tanto daño y me pegué tal susto que me temblaba todo el cuerpo. 

Me metí en la cama pensando en toda la mala suerte que he tenido en mis casi cincuenta años. Si creyera en la reencarnación, preferiría no pensar en el monstruo que hubiera sido en mi anterior vida. Aunque si llevas tiempo leyendo este blog te darás cuenta de que también he sido muy afortunado. Hay quien cree que la vida es cuestión de rachas. La realidad es que los días blancos y los días negros se alternan al azar en la vida de todos. Y uno no es quien saca la papeleta de la urna con el color que viene mañana.

Después de estar a punto de morir hace diez años también aprendí algo muy importante. Tener buena suerte es no tener mala suerte. Así de simple. Y que estar vivo y no sufrir es la mayor de las suertes.



miércoles, 4 de noviembre de 2015

extremos




Hace ya tiempo llegué a una conclusión que no sé si se cumplirá en todos los casos; pero quizá sí en muchos. Voy a escribir este comentario porque tú misma o tú mismo descubriréis si puede tener algo que ver con vuestra vida. 

Cuando sufres de una manera tan extrema como sucede con el trastorno bipolar, me da la sensación de que necesitas también cambios extremos para recuperar la salud. Para dejar atrás los síntomas hacen falta otras muchas cosas que ya he escrito en este blog. Si es necesario cambiar tu situación, es obligado cambiar algo dentro o fuera de ti. Yo tuve que cambiar todo lo que estaba fuera de mi, para empezar a cambiar lo que sentía dentro de mi. Dejé el trabajo en el mundo de la empresa para dedicarme a leer y a escribir. Imagínate que lo que yo hacía y dónde lo hacía ya no tiene nada que ver con lo que hago ahora y dónde lo hago. Tuve la suerte de elegir algo que me ayudó a sentirme bien, a recuperar mi salud, y a aprender otras habilidades que llegaron después. Adiós a la ansiedad, al estrés, a la desilusión y al aburrimiento.

Muchos dicen: "tienes que cambiar". Como si tuviésemos un cuerpo y una cabeza de repuesto. Mi cuerpo y mi cabeza no funcionaban bien con mi profesión de ingeniero. Ahora lo sé. Tenía la sensación de andar en una bicicleta con las ruedes cuadradas. Ahora todo rueda muy suave :))