miércoles, 30 de septiembre de 2015

los miedos del mundo




La semana pasada de madrugada, oí a Roberto llorar en su cama. Me levanté a ver qué le pasaba y me preguntó:

-tengo miedo. ¿Qué pasa si un día ya no estáis?

Esa fue la primera pregunta. Detrás vinieron otras que nos hacemos la mayoría de adultos. Pensaba en el día en que tendría que buscar trabajo por ejemplo. Me sorprende la inteligencia de mi hijo y cuando le explico algo lo entiende bien. Le abracé y le expliqué bajito lo que es el miedo. También que la mayoría de las cosas que esperamos y nos dan miedo acaban por no cumplirse. Una pesadilla le había despertado y le cayeron todos los miedos del mundo encima.

Hace ocho años yo mismo pensé que nunca más volvería a andar. No sentía miedo pero sufría. Fui al hospital a aprender a subir las aceras con mi silla de ruedas. Compré un coche en el que cabía la silla en el maletero y ya estaba mentalizado para lo peor. Cada día sentía más dolor y veía el futuro cada vez más oscuro. LLegué a pensar en amputarme un pie. Me dijo la doctora que me podía doler el pie sin tenerlo. Por suerte, aunque me duele todos los días sigo con mis dos pies.

Llegué al extremo de ver un programa en la televisión de un doctor que te ayudaba a morir por si algún día lo necesitaba. Sin miedo, con toda la tranquilidad que podía tener en aquel momento. Hoy en día puedo andar más de media hora sin sentarme. 

Esto te lo cuento a ti. A Roberto le conté todo lo que hago hoy y nunca pensé que podría hacer. Tantas cosas que no caben aquí. Hoy Roberto no tiene miedo y sigue sonriendo. Como aquel verano en Lanzarote :))


martes, 22 de septiembre de 2015

¿quieres conocerme?



Este sábado presento el libro "Cómo superar el trastorno bipolar. Los 21 malos hábitos" en Santander. Si vives cerca y quieres conocerme lo tienes fácil. Aunque ya me conoces muy bien si me lees a menudo, en la librería Gil habrá tiempo para las preguntas. 

Dediqué más de cinco años para aprender todo lo que contiene este libro. En realidad, éste es un libro con mucha ciencia. Los científicos pueden hablar de pseudociencia, yo no me ofendo. A algunos les encanta esta palabra. Casi tanto como las terapias alternativas. Es verdad que yo he bebido de todas las fuentes para llegar donde he llegado. Si no lo hubiera hecho, no hubiera aprendido todo lo que he aprendido. Además, me encanta la ciencia y sigo aprendiendo cosas sobre el trastorno bipolar. A decir verdad, cada vez menos y últimamente, desde fuera de la ciencia. Llega un punto en el que resulta más difícil aprender de lo que ya se sabe.

Este blog ya ha cumplido más de cien mil páginas leídas. Chin-chin :))


miércoles, 16 de septiembre de 2015

estimulantes



No voy a hablar del café ahora, lo dejaré para el final. De lo evidente no me gusta escribir porque, o ya se sabe, o es lo que dice la psiquiatría oficial y se puede encontrar en muchas otras partes. Además de lo que te puede decir tu propio médico si tienes la suerte de tener uno de los que explican.

Para una persona bipolar, una vida sin estímulo es una depresión llamando a la puerta. No es la única posible causa de la depresión, hay muchas más. La falta de estímulos suele acabar en cansancio físico, agotamiento y apatía. Muchas veces me sentí así y mucho peor. Hace seis años que ya no siento nada parecido, sino todo lo contrario. Aunque ahora perdiera lo que tengo, tengo la sensación de que sabría también cómo buscar una alternativa. 

Ni todo el mundo necesita muchos estímulos para vivir, ni todos necesitamos los mismos estímulos para disfrutar de la vida. Los míos son demasiado particulares como para recomendártelos. Así que lo mejor es que encuentres los tuyos. No hace falta que sean nada espectaculares. Si vieras mi vida por un agujero, te daría la risa. Puede que te pareciera la vida más aburrida del mundo.

Y el café que tomo con cafeína lo limito a las mañanas. Por una buena causa :))

miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿la clave son los genes?



Las uñas de Raquel cuando era una niña tenían piedras preciosas, aunque de plástico.

A partir de ahora dejaré de escribir dos comentarios semanales y volveré a uno. El año pasado acabé más que saturado del tema y voy a empezar a poner límites a las horas que le dedico. Siendo bipolar, ningún exceso es bueno.

El otro día leí un artículo en el periódico que me hizo cierta gracia. Hablaba de los motivos por los que nos pican los mosquitos y en letras grandes decía "La clave son los genes". El periodismo resume siempre mucho en titulares. Leyendo la letra más pequeña te informaba de que también te pican más si te huelen los pies, no te has duchado o has bebido cerveza. 

Con trastorno bipolar algunos expertos dicen lo mismo. Hay quien llega a afirmar que se nace con la enfermedad. No sé porqué no hablan más de lo que saben y hacen más con lo que saben. Yo es lo único que hago. Si estás diagnosticado yo reflexionaría sobre qué es lo que te ha hecho sufrir otras veces. A partir de ahí, se puede extraer mucho. Yo es lo que hice y me siento muy bien desde hace tiempo. Y cuando no me siento tan bien, también pienso en si me he duchado, me huelen los pies o he bebido cerveza. Vamos, en aquello que puede haber tenido algo que ver :))


martes, 1 de septiembre de 2015

un pollo



Ayer monté un pollo a Raquel. Con diecisiete años y su forma de ser siempre me pasa igual. Cuando acumulo mucha porquería de los demás acabo por estallar. Aunque sea en mi propia casa. No soporto el mal ambiente y trato siempre de poner de mi parte para vivir sin gritos ni malas caras. A veces pienso que soy la persona más estable de mi familia de cuatro. Estoy empezando a cansarme.

Ültimamente estoy pensando que me preocupo más de la cuenta por que los demás estén bien. Un problema bastante gordo que tengo que empezar a ponerme con él. No me gusta montar pollos ni me siento bien después de haber montado uno. Aunque no se puede evitar siempre, algo tendré que hacer. Estoy un poco cansado de la sensibilidad de los demás a ciertas cosas y no puedo ser el "arreglatodo".

Esta semana se acabaron las vacaciones y he disfrutado mucho. Ojalá hubiera podido contagiar un poco más a mi alrededor. Como me dicen últimamente: no se puede ser feliz todos los días. Vivir para ver.