miércoles, 25 de febrero de 2015

la decepción viaja en e-mail



Hace poco, una persona de la asociación me escribió para decirme que retrocediera el cargo de la cuota anual en su cuenta bancaria. Un hombre que conocí hace tiempo y a quien le cambió la vida venir a las reuniones. Cuando llegó por primera vez, sufría. No podía hablar porque no podía pensar. Los psicólogos lo llaman deterioro cognitivo. Cuando dejó de venir lo hizo por varios motivos que conozco y otros que desconozco. Podía pensar y hablar con fluidez. Y también sonreír y disfrutar de su familia. Todos resumidos en uno solo: dejó de venir porque ya no lo necesitaba. 

Me escribió molesto, como uno escribe a su compañía de teléfono cuando se ha dado de baja y le cobran un recibo que no corresponde. En ese momento, me pareció increíble que me escribiera de esa forma y en ese tono. La misma  persona que hace tiempo me envió una fotografía con una sonrisa en su boca y una corona de papel en su cabeza. Soplaba una bonita tarta de cumpleaños con su hija; una imagen que me acompañó junto al ordenador durante años. Yo puse mi dedicación durante cinco. A él le costó poco más que una consulta de veinte minutos con un psiquiatra. 

El trastorno bipolar no sé lo que es. Desgraciadamente, muchos médicos tampoco lo saben. Lo que sí sé es que, salvo excepciones, la enfermedad no está bien tratada. He sentido una ligera decepción con lo que hizo este hombre. No con él porque lo que hacemos no siempre nos define. El mismo hombre que me ofreció mil euros cuando empezó a recobrar su salud para poner en valor mi trabajo se olvidó de  todo. Un dinero que rechacé y volvería a rechazar. En realidad, hago lo que hago por muchos motivos. Si lo hiciera por dinero, puede que no hubiera cambiado su vida ni la de otros. 


lunes, 23 de febrero de 2015

novedades para el 2015




A partir de hoy publicaré en este blog un comentario semanal con enlaces relacionados con el trastorno bipolar y la neurociencia. Y otros que comentaré con su posible influencia y relación con la enfermedad. De ellos, tú podrás sacar también tus propias conclusiones. Hasta ahora me he dedicado a hablar de mi experiencia y de lo que he cambiado para dejar atrás la enfermedad. Detrás de algunos posts hay mucha ciencia traducida al lenguaje de calle.

Si llevas tiempo leyendo este blog, habrás encontrado valor en él. Te doy las gracias por mostrar interés en aquello que publico y por seguir visitándome. Si hasta el día de hoy no me has dejado ningún comentario, me haría ilusión leerte. Seguro que te gustaría que escribiera sobre algo que todavía no he escrito. Yo encantado de hacerlo. Aunque ideas no me faltan, estoy aquí por ti.

martes, 17 de febrero de 2015

las redes sociales con cuerpo



Ya casi nadie habla de las redes sociales con cuerpo. Facebook, Twitter, Instagram o futuras redes sociales digitales, ocupan la telaraña sin araña de internet y una buena parte de nuestras cabezas. Las redes sociales con cuerpo son aquellas que tienen cabeza, tronco y extremidades. Respiran, miran, gustan o disgustan. Llevan corbata, vaqueros, camiseta o bufanda. Personas que nos atraen y enamoran. También las que nos provocan rechazo o desprecio.

Las consecuencias de algunos patrones de la biología del trastorno bipolar pueden dificultar las relaciones con los demás y complicarte mucho la vida. En este sentido, yo no tuve grandes problemas porque no nací con el interruptor flojo: el interruptor que enciende el enfado o la ira. Para su mala fortuna, mi padre no podría decir lo mismo. Me sobraron motivos para haber reaccionado contra él y no lo hice ni lo haré nunca porque nadie es culpable de ser como es. Además, en el fondo mi padre es un buen hombre. Ha pasado los ochenta calendarios. El otro día me preguntó, con el corazón, qué tal estaba. Me hizo sentir algo que nunca había sentido y no lo olvidaré nunca. La cercanía del final de la vida es el mejor maestro. A mi me llegó sin haber cumplido los cuarenta.

Si sufres la enfermedad o la padeces, lo mejor que puedes hacer es mejorar tu relación con los demás. Dicho así parece una tontería más escrita en todos los idiomas. Una de tantas que puede costar una vida aprender. Apreciar a los iguales no tiene misterios. Aceptar al diferente requiere de magia. Pequeños trucos que tendrás que aprender sobre la marcha, como todas las lecciones que necesitamos en esta vida para convertirla en una oportunidad. La asociación Esperanza Bipolar de Bilbao es la mejor escuela que he encontrado. Y me siento especialmente bien por haber sido quien puso el primer ladrillo.





jueves, 12 de febrero de 2015

hoy y mañana




Lo que hagas hoy cambiará tu mañana. Hoy es el día que me he dado cuenta de lo importante que es lo que haces todos los días, Desde que cambié mi vida por otra muy diferente, mi cuerpo empezó a reaccionar al cambio y a las nuevas experiencias. Hasta tal punto, que la persona que soy hoy no tiene mucho que ver con la persona que fui cuando sufría la enfermedad. 

El trastorno bipolar obliga a cambiar. Hay quien cree que, una vez diagnosticado o diagnosticada, hagas lo que hagas te vas a subir al cohete o vas a bajar al pozo. Nada de eso. Justamente todo lo contrario. Aprendiendo de tus propias experiencias podrás empezar a pisar suelo firme. Caminar despacio o incluso correr. Nunca volar. Ya no sufro ni depresiones ni manías porque mi día a día hace que mi vida esté anclada a la tierra. Y la tierra, aunque gira y gira, pocas veces te hace caer. 

Alguna vez he comentado que nunca volveré a sufrir la enfermedad, y personas que lo han escuchado, han sentido cierto miedo por mi. Yo no tengo ninguno a volver a recaer. Y si algún día lo hago, me volveré a levantar. He salido adelante en situaciones mucho más difíciles y también he aprendido que los miedos paralizan. Me cuido y digo no a muchas cosas. En realidad, a muchas más que a las que digo sí. 

Lo que hagas hoy tendrá efecto en tu mañana. Tu mañana puede ser mejor, o incluso mucho mejor, dependiendo de lo que hagas hoy. La única seguridad que tienes es que mañana te encontrarás de nuevo con una hoja en blanco. No olvides nunca pintarla de colores.


miércoles, 4 de febrero de 2015

ser libre




El significado de ser libre depende de quién lo diga tanto como de a qué se refiere uno con la palabra libertad. Hoy me he decidido a escribir sobre este tema porque me recuerda a una persona que conocí ya hace algún tiempo. Para dar un cambio bastante radical en su vida, la mayor dificultad a la que se enfrentó en aquel momento según sus propias palabras fue "la presión social". 

Todos tenemos obligaciones que atender que hacemos con mayor o menor gusto. El problema surge cuando la vida se compone sólo de obligaciones. Cuando uno deja de tener margen para el disfrute porque sí, los días se tiñen del color de la ceniza. LLevar una vida como los demás cuando uno es muy diferente a los demás, se complica bastante. Las personas emotivas, emocionales o más sensibles a las emociones pueden encontrar dificultades en determinados entornos. La palabra sociedad, a pesar de representar a una fauna tan variopinta como la nuestra, implica una importante influencia a nivel individual. 

Ser uno mismo no tiene riesgos. Tratar de ser como los demás, muchos. Decidir por uno mismo lo que te conviene, y lo que no, no es una forma de egoísmo. Si además tu salud puede verse muy perjudicada por tratar de encajar, los riesgos crecen. Recuerdo a una persona pensionista con trastorno bipolar que se sentía muy mal porque era joven y los vecinos del pueblo que le veían a diario le miraban mal. O eso pensaba él. Presión social otra vez. 

Ser libre, a veces significa liberarse. Liberarse de los otros, de sus opiniones y sus preferencias. En ese sentido, me considero una persona libre. Liberado uno vive mucho más tranquilo.