miércoles, 28 de enero de 2015

sentir y pensar



Hace mucho tiempo tenía un problema con mi profesión que no sabía cómo resolver. Me costó tiempo y mucho sufrimiento llegar a adaptarme a una vida que no era para mí, y nunca terminé de hacerlo del todo. Si lo hubiera hecho no hubiera abandonado mi profesión un día muy señalado: el uno de mayo.

En aquellos años llegué a convertirme en una máquina desajustada que se dedicaba exclusivamente a pensar. Por otro lado, me sentía como un pájaro en una jaula: fuera de lugar. Para colmo de males, acabé convirtiéndome en un adicto a aquello que me hacía daño: algo que no debe ser tan raro en situaciones donde uno acaba por olvidar para qué vivimos. Cuanto peor me sentía, más necesitaba agarrarme a algo y las huidas eran siempre un viaje a la casilla de salida. Tuve que dejar el Monopoly para volver a sentir y reencontrarme con la persona que era antes de empezar a sufrir.

Si no sabes lo que sientes, de nada te servirá pensar. Aunque yo pensaba mucho, no tenía ni idea de los problemas a los que me enfrentaba. En realidad, estaba ciego y no me daba cuenta. En general, no me sentía bien, tenía falta de ilusión y sentía vida cuesta arriba. Esas dos sensaciones me llevaron a la depresión más de una vez. A veces, un mismo problema pueden conducir a una depresión recurrente. Así me sucedió a mí. Dicen que muerto el perro se acaba la rabia. Una lástima que no sea tan sencillo encontrar el perro. Y más difícil sacrificarlo.

miércoles, 21 de enero de 2015

¿redes sociales?




El otro día leí un artículo en un periódico digital que hablaba del uso de las redes sociales por parte de quienes sufren cualquier enfermedad. Un profesional de la salud hacía referencia concretamente a quienes padecen trastorno bipolar u otras enfermedades mentales y me quedé sorprendido por su comentario. Afirmaba que eran positivas en el sentido de que podían servir de contención a los enfermos. 

LLevo años participando en grupos donde personas con trastorno bipolar comparten información y experiencias. Mi opinión es que la mayoría de ellos son de gran valor para las personas que participan. Aunque tienen muchas limitaciones, hay personas que no tienen acceso a una asociación o prefieren comunicarse cómodamente desde su casa con otras personas con las que tienen algo en común. Con la perspectiva que me ha dado el tiempo, pienso que las redes sociales tienen demasiadas limitaciones para una verdadera comunicación. No he visto pero he leído conflictos y malentendidos. También es verdad que han sido pocos en relación a todo lo publicado.

Las redes sociales no me parecen un medio de contención. Su principal virtud es que son un medio de comprensión. Muchas personas han comprendido cosas relativas al trastorno bipolar gracias a las redes sociales. Yo también he aprendido mucho gracias a ellas. La cuestión importante es saber poner límites. En todos los sentidos, unas de las claves para dejar de sufrir esta enfermedad.

martes, 13 de enero de 2015

año nuevo, sensaciones muy nuevas




Acabé el año muy bien, y empecé éste con una gripe que me ha dejado hecho polvo. Ahora me estoy recuperando poco a poco, y pronto volverá mi cuerpo a estar en su sitio. El año ha empezado con más novedades, en este caso, muy positivas.

No sé cómo, como suele ocurrir con estas cosas, pero he sentido un cambio muy importante en mi últimamente. Ya no necesito nada para disfrutar de la vida, y te puedo asegurar que es la primera vez que tengo una sensación tan agradable. También tengo la sensación de que los últimos seis años que me he dedicado a los demás han sido sobre todo una necesidad que me llevaba a hacer lo que he estado haciendo. Ahora todo es diferente.

Hace poco, un amigo me dijo que me había quemado y que quería salvar el mundo. Aunque ni lo uno, ni lo otro, sí es verdad que un algo de razón había en su diagnóstico. Ya no soy bipolar, no me siento bipolar ni sufro el trastorno bipolar. Si sigo dedicándome a quien sufre no necesita motivos. Ni lo haré durante toda mi vida, ni es toda mi vida. Mañana mismo puedo dejar de hacerlo, sin sentir que algo me falta. Es el final de un proceso largo donde uno no tiene ninguna garantía de llegar. Siento una tranquilidad que nunca antes había sentido.

Tengo una docena de libros por leer y tampoco necesito ya leerlos. Todo lo que tenía que aprender respecto al trastorno bipolar ya lo aprendí. Ha sido la mejor inversión de mi vida. Ahora toca disfrutar de la vida de una manera diferente. Quizás algún día vuelva a ellos por el simple placer de aprender. Muchas de las cosas de mi vida de antes, eran una necesidad, En mi vida de ahora, simplemente hay querer. Quiero pasear, respirar, estar. Siento y ya no padezco. Disfruto y ya no necesito.