domingo, 26 de octubre de 2014

¿y tú qué haces con tus emociones?





La semana pasada estuve en una jornada del Consorcio de Inteligencia Emocional de Bilbao en Ikashub y conocí a algunas personas que me enseñaron cosas nuevas. Cuando has aprendido mucho, cuesta más trabajo adquirir conocimiento. Si te fijas lo suficiente, puedes aprender de quien menos te lo esperas. Y no conozco mejor manera de aprender que dudar de lo que ya has admitido alguna vez como válido.

Se habla mucho de gestionar las emociones como si fuesen empresas. Gestionar es una palabra que no me gusta especialmente, como tampoco me gusta el pollo en la paella. Todos sentimos emociones y, a veces, las padecemos. Casi siempre, los demás sienten y padecen nuestras emociones. Los expertos llaman gestionar a aprender qué hacer con nuestras emociones, e inteligencia emocional, a hacerlo de una manera adecuada y saludable. Pido disculpas si hay falta de precisión. Como todo me parece frío como el gazpacho, vamos a ver algo más caliente. 

Hace poco, aprendí una lección importante que me faltaba por aprender. Siento profundamente haber hecho sufrir a una persona para poder aprenderla. Aquel día, todo sucedió a la velocidad con la que sale un disparo de una pistola, como suele suceder con aquello de lo que después nos arrepentimos. Sin querer, hice daño a esa persona con mi voz y mis palabras. Ella, al recordar lo que le dije, lloró frente a mi. Después de pedirle perdón por segunda vez - la primera lo hice por teléfono- me di cuenta de algo muy importante respecto al trastorno bipolar: cuando lo que ve, escucha o siente una persona diagnosticada está muy alejado de lo que espera, ya no hay nadie al volante y todos son víctimas.  Estoy tan agradecido a esa persona que no olvidaré nunca su reacción, Tampoco olvidaré la que yo tuve aquel día porque ya no soy el mismo. El próximo día que la vea, se lo diré.

Lo he visto tantas veces en mi, y en otras personas, que cazo las situaciones al vuelo. Aunque nadie escapamos a esta reacción tan natural, te invito a que pienses en la última vez que te sucedió algo parecido. 

¿Ya lo has hecho? ¿Te atreves a contar lo que has aprendido?  :)

miércoles, 22 de octubre de 2014

la manía




Este año, como el pasado, estoy asistiendo a un taller de escritura en la librería Kattigara. Disfruto mucho con todo lo que nos enseña Javier. Aunque no siempre le hago caso, me gusta su pasión en lo que hace, El primer microcuento, que no lo es, tiene mucho que ver con el trastorno bipolar. Voy a escribir un libro de microrelatos para enseñar de una manera diferente lo que he aprendido en los últimos años. Me encantaría que dejaras aquí tu opinión sobre lo que te parece éste de hoy.

"Aquella ascensión fue la más dura de todas. Tras diez largos días con sus breves noches, la fatiga se veía aliviada por una cumbre cada vez más cercana y luminosa. El sendero, delimitado por flores silvestres que ignoraba, dejaba atrás las primeras piedras de la travesía. Para mi fortuna, no sentía sed en mi boca seca ni cansancio en mis músculos doloridos. Más cerca del sol, la luz resplandecía sobre la superficie de los arroyos y la nieve de las cimas con un brillo anestesiante.

Deslumbrado por tanta intensidad, me vi obligado a desviar la mirada hacia la tierra ocre que alfombraba mis pasos mientras avanzaba. Los troncos secos de los árboles observaban la ligereza de mi ascensión con expresión de asombro. La misma que dibujaba el rostro de mi mujer una semana más tarde; sentada junto a mi en el borde de una cama de hospital.

Durante aquel verano fui el hombre más feliz del mundo; aquel otoño fue el más triste de mi vida"

Espero que ya no tengas ninguna duda de que sé cómo se vive la euforia. Esta semana tendrás otro comentario menos lírico. Así que estáte atento :))



viernes, 17 de octubre de 2014

¿una vida aburrida?





Uno de los recuerdos que guardo de mi vida de "antes" tiene forma de pensamiento. De vez en cuando, solía pensar que mi vida iba a ser siempre demasiado previsible y aburrida. Años después me di cuenta de lo estúpido que era este pensamiento.

Dejó de ser aburrida casi en el momento que abandoné mi profesión. Lo peor vino después. Dejó de ser previsible en el momento en que una explosión en el piso donde veraneábamos dio la vuelta a la vida de toda mi familia con la misma facilidad con la que uno da la vuelta un calcetín. Un instalador cometió una imprudencia con un tubo de goma en nuestra cocina de gas y la balanza se inclinó por el lado de la vida para mis hijos y para mi. Mi mujer y varios vecinos no tuvieron la misma suerte. Si no fuera por ellos, podría recordar aquel día de otra manera muy diferente.

Después de tanto dolor, mi vida ha cambiado a mejor. He recuperado toda la salud que podía recuperar y ahora estoy dedicándome a facilitar que otros aprovechen de mi experiencia lo que puedan. Si mi vida ahora es más estimulante que la que nunca pude imaginar, es por este sencillo motivo. La vida es como el agua de esta fuente. Parece que nunca va a dejar de correr, y, sin embargo, puede dejar de hacerlo en cualquier momento. Habiendo aprendido esta lección de tan mala manera, todo deja de importar realmente. La mejor vacuna para dejar de sufrir.

Aburrirse no es lo contrario de divertirse. En realidad, significa no tener motivación hacia algo o no ser capaz de enfocarse en algo. En mi profesión sufrí las dos dificultades al mismo tiempo. Ahora, ninguna de las dos. Si eres capaz de encontrar un algo que cambie tu vida en este sentido, habrás dado un gran paso. Quizás un paso decisivo en la dirección de la salud. Siempre y cuando no olvides que ese algo, en realidad, no es tan importante como puedas creer. Lo importante es justamente todo lo demás.

jueves, 9 de octubre de 2014

una entrevista sobre Esperanza Bipolar




Hoy voy a aprovechar una entrevista que me ha realizado esta tarde la Universidad Autónoma de Barcelona con objeto de una investigación centrada en el uso de las nuevas tecnologías por parte de los pacientes de cualquier enfermedad. Aunque tenía, como siempre, un tema preparado para el comentario de hoy relacionando mi experiencia con el trastorno bipolar, lo dejaré para la próxima semana.

Si es la primera vez que entras en este blog o llevas tiempo haciéndolo, te recomiendo que escuches la entrevista hasta el final. Te servirá para conocerme mejor, saber a lo que me dedico y comprender mejor mi forma de hacer. Muchos han recuperado la salud gracias al aprendizaje dentro del grupo de Bilbao y espero que otros también lo logren con el tiempo. Todos los comentarios aquí escritos, que son muchos, pueden servirte como punto de partida para reflexionar sobre tu propia experiencia. Lo importante no es tanto lo que te cuento sino aquello que te inspira lo que te cuento.

Tú puedes aprender de tu vida de la misma manera que yo aprendí de la mía. Con este blog personal sólo pretendo facilitarte lo que está en mis manos;  las mismas que teclean cada semana mis conclusiones personales sobre el trastorno bipolar. La mayoría apoyadas por la ciencia aunque no hable a menudo de ella. Algunas pueden parecerte evidentes, las más importantes no lo son tanto. Son el resultado de miles de horas de dedicación y millones de neuronas. Espero no aburrirte. 

Si quieres escuchar la entrevista dále al play :))

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿puedes elegir?




Hace algún tiempo, en una reunión de la asociación, comenté algo a lo que me respondió una mujer cargada de buenas razones:

-"Sí, claro. Pero hay ocasiones en las que uno no puede elegir"

Puedes suponer una pregunta o inventarte la que quieras porque lo importante es tu experiencia, no la mía. Más de una vez te habrás encontrado en una situación en la que has decidido no hacer nada o hacer algo con alguna intención. En más de una ocasión, pensé que elegía cuando no hacía otra cosa que huir o dejarme arrastrar por una ilusión entonces inalcanzable. Cuando recuerdo algunas cosas, me sorprende darme cuenta de la ceguera en la que estaba instalado.

Me da la sensación de que la primera vez que elegí en mucho tiempo fue el día en que dejé mi profesión. Mi padre, cuando yo tenía dieciocho años, me dijo: "Tú estudias ingeniería y después haces lo que quieras". Tuvieron que pasar veinte años hasta que llegó el día en que le hice caso, sin saberlo ni recordarlo en aquel momento. Después de siete años trabajando como ingeniero me diagnosticaron con trastorno bipolar: la profesión tenía premio. Los padres siempre tienen razón, incluso cuando se equivocan. Hace tiempo que no elijo porque dejarme llevar me ha llevado más lejos de lo que nunca imaginé. Me rompí la cabeza tantas veces que hoy prefiero simplemente mover los pies. 

Todavía no está del todo claro si tenemos la capacidad real de elegir. Los científicos se dividen en dos grupos: los más escépticos y quienes creen que tenemos cierto margen de maniobra. Yo me inclino por el escepticismo más radical. En unas circunstancias determinadas, hacemos lo único que podemos hacer. Cuando te diste contra una pared o cuando amaste a alguien que, con el tiempo, terminaste por odiar. Cuando te empachaste a dulces sabiendo que te sientan mal. Cuando confiaste en alguien que se quedó con tu regalo y te devolvió la caja vacía. Nunca elegiste mal. Siempre elegiste lo único que podías elegir. Así que puedes olvidarte del arrepentimiento o la culpa. Ambas son carreteras que, con suerte, conducen a ninguna parte :)