miércoles, 28 de mayo de 2014

lo que no es el tratamiento




Aunque el tratamiento farmacológico ayuda a prevenir los síntomas y los alivia cuando éstos aparecen, no siempre es suficiente. Conozco y he conocido tantas personas a quienes la asociación Esperanza Bipolar ha cambiado la vida, que hoy voy a escribir pensando en ellos. Todos ellos contaban con la ayuda farmacológica y, sin embargo, la mayoría se sentían muy mal cuando aparecieron por primera vez en el centro cívico de Deusto. Algunos, después de salir de un ingreso hospitalario, otros muchos, después de llevar muchos años padeciendo la enfermedad.

Tengo la impresión de que muchos psiquiatras se curan en salud con sus pacientes. Me refiero a que tratan de evitar los mayores riesgos asociados al trastorno bipolar siendo éste su principal trabajo. Comprendo su actitud porque sé que el remedio puede no ser peor que la enfermedad, dando la vuelta al conocido refrán. El remedio, palabra latina para nombrar a los psicofármacos, permite a muchos llevar una vida alejada de los síntomas y del sufrimiento emocional que conlleva la enfermedad. Mi experiencia personal me obliga a pensar que pueden no ser lo más importante, ni imprescindibles en todos los casos. Supongo que la ciencia ha determinado la cronicidad de la enfermedad porque la estadística confirma lo que la tecnologia todavía no puede confirmar. Conozco personas que por haber abandonado el tratamiento recayeron. Otras acabaron en el hospital.

He dedicado a aprender en los últimos cinco años todo lo que puede llegar a aprender una persona con los recursos a mi alcance, y la experiencia vivida en primera persona de la enfermedad. El conocimiento es accesible con las nuevas tecnologías y las publicaciones de expertos. Precisamente, puedo cambiar la vida de los demás a mejor gracias a todo lo aprendido. Agradezco especialmente a los expertos en neurociencias su trabajo. LLevo el laboratorio encima las veinticuatro horas del día y sigo aprendiendo. Aunque cada vez menos, siempre hay cosas por aprender. He puesto toda mi inteligencia al servicio de una buena causa. Todo lo que he aprendido me ha ayudado mucho personalmente, y me siento muy afortunado por haber encontrado la salud. Mi especialidad no son los fármacos, sino todo lo demás. En este blog puedes encontrar parte de lo aprendido, que espero te sea útil de alguna manera.

¿Y qué es lo que no es el tratamiento? Lo que hagas con tu vida.

martes, 20 de mayo de 2014

los elefantes blancos




Cuando has sufrido el trastorno bipolar, tu vida cambia, y cambia para siempre. Aunque puede que a peor, o incluso a mucho peor, también hay quien ha sido capaz de encontrar algo positivo en la enfermedad. Una de las muchas secuelas psicológicas que nos pueden quedar tienen que ver con el miedo propio a volver a sufrir. De todas formas, no voy a hablar de este miedo hoy, sino del miedo ajeno. Tu entorno más cercano, y los profesionales de la salud pueden transmitir su miedo como un virus invisible a la persona diagnosticada con trastorno bipolar. Si cuesta llevar una maleta pesada, cargar con dos es siempre mucho peor. Afortunadamente yo ya no cargo con ninguna de ellas.

Los elefantes blancos son aquellas señales que muchos ven a tu alrededor por llevar en la mano una lupa con más aumento que unos prismáticos. Estás más irritable de lo normal o más sociable de lo que acostumbras a ser. Quieres tomar una decisión importante en tu vida o dar un cambio de rumbo que los demás no esperan de ti. Su alerta, no siempre justificada, puede perjudicarte de distintas formas. Una cualquiera, haciéndote subir por las paredes; otra que me tocó sufrir, obligándote a ir al psiquiatra cuando tú no lo  crees necesario.

Aunque se trata de un tema delicado, me voy a mojar como suelo hacerlo siempre. La enfermedad es dura, y puede llegar a ser una condena al sufrimiento si uno no aprende a manejarla. Yo aprendí a hacerlo, y trato de enseñar lo que he aprendido a los demás en la asociación Esperanza Bipolar y a través de este blog. Por ejemplo, entre las muchas cosas importantes a aprender hay una de ellas vital: saber en quien confiar y en quien no. Me refiero a que la opinión de cualquiera no sirve para llevar una vida saludable con trastorno bipolar. Normalmente, la gente que te quiere y te conoce bien tratará de hacer lo que esté en su mano por ayudarte, incluso cuando se equivoque.

Hace ya cinco años tuve que soportar una situación que describe muy bien la frase anterior. Aunque me dolió la reacción de las personas que me quieren, les hice caso y visité a mi psiquiatra cuando no lo necesitaba. Eso es exactamente lo que te recomiendo hacer. Ni más ni menos. Si te gusta ver a tu médico, como es mi caso, con mayor motivo. Evitarás de esta forma algunos riesgos importantes y, de paso, calmarás a las personas que te quieren y te entienden. No es necesario que sean muchas, basta con que sean las suficientes :)

martes, 13 de mayo de 2014

la vida te da sorpresas



La playa del Sardinero con buen tiempo compensa todas las sorpresas de mi vida. Las de ayer y las de hoy. Cada día que pasa, descubro más personas que son una caja de sorpresas. Y no me alegra haberlo descubierto porque no todas las sorpresas son agradables. Hoy tuve dos agradables y un puñado de desagradables. Muchos días en tu vida se parecerán a mi día de hoy.

Si no hubiera sufrido tanto, no me daría hoy cuenta de lo mal que andan del "piso de arriba" personas que yo pensé que eran normales. Ni están diagnosticadas con trastorno bipolar -que yo sepa- ni aparentemente llaman la atención a los demás. Me dejan tan frío como un granizado de limón a la garganta. A veces, hasta me dan dolor. Con objeto de evitar en la medida de lo posible las sorpresas desagradables, he tenido que aprender algunas cosas a marchas forzadas y de muy mala manera. Demasiadas sorpresas desagradables de la vida son gratis como para comprar las opcionales.

Uno de mis últimos aprendizajes, con cuarenta y siete años, responde a la siguiente regla: "No des una tercera oportunidad a quien no parezca merecerla porque no suele haber tres (sorpresas desagradables) sin dos"

Prefiero equivocarme diez veces a hacerlo cien. Pensar que los demás van a responder como tú esperas que respondan es una de las ilusiones más desilusionantes que conozco. No es necesario desear nada especial de los demás, aunque sea imposible evitarlo al cien por cien. Cuando crees que vas a sacar una paloma de la chistera, sale el sapo. Cuando esperas el as de corazones, el siete de picas.

El que espera desespera, el que no espera disfruta. El que confía como norma juega a la lotería de las desgracias con premio demasiados días al año. El mundo es un lugar agradable cuando uno aprende a distinguir el grano de la paja. El mundo se parece a un regalo cuando uno eliges bien a quién invitar a tu fiesta :)

martes, 6 de mayo de 2014

saliendo del armario




El otro día le comenté a una persona de mi nueva familia que estoy diagnosticado con trastorno bipolar y a lo que me dedico. Aunque él algo ya sabía, no es lo mismo que te digan las cosas de tú a tú. Me sorprendió mucho la forma en que reaccionó. Muchas veces no sucede nada de lo que nos esperamos. Respondió contándome algunas cosas muy íntimas sobre su vida, algunas muy sorprendentes. Tanto como le sorprenderían las reacciones de una persona en hipomanía o manía a alguien que desconozca lo que es el trastorno bipolar.

Cuando hablamos del estigma o de salir del armario en la asociación de Bilbao, suelen surgir muchas dudas y las conversaciones se calientan un poco. Yo siempre digo lo mismo. Me resulta fácil salir de armario porque me siento bien y no me siento muy diferente a nadie. Además dedicarme a lo que me dedico y de la forma en que lo hago, sin salir del armario sería imposible. Así todo cuesta menos. Cuando sufría los síntomas mi vida era más parecida a una novela fantástica o de terror que a un relato. Ocultaba todo lo ocultable. Trataba de aparentar que me sentía bien cuando no lo estaba. Por este motivo, sufría el doble. Nunca más he tenido que volver a hacerlo. La última, hace ya cinco años, nadie pareció darse cuenta de que estaba deprimido aunque quizás todos los que me conocen bien se dieron cuenta.

Otra de las cosas que me ha ocurrido recientemente tiene que ver con este comentario. Tengo la sensación de que todo el mundo sabe mucho más de lo que parece aunque uno se empeñe en pasar desapercibido. Seas homosexual, paciente de la salud mental - o enfermo para los profesionales de la salud mental- o aficionado a coleccionar cromos de la liga de fútbol con cincuenta años. Muchos enfermamos de más, o nos sentimos mucho peor, al ocultar lo que la sociedad parece ver como demasiado diferente. Lo curioso es que cuando alguien rasca un poco, nadie es lo que parece. El motivo para tratar de aparentar lo que uno no es puede ser de lo más variado. Hoy en día te pueden discriminar hasta por ser pelirrojo. Aunque no te dirán nada, te mirarán más de la cuenta por tus pecas o el color de tu pelo.

La discriminación no es un problema sólo de derechos sino de igualdad de trato. Estamos muy lejos de conseguir acercarnos a una situación más propia del siglo veintiuno. Vivimos en la Edad Media de la igualdad de trato. Carlos Mañas, autor del libro "Cuando mi cabeza me hace trampas"  llama "cacheo visual" a la mirada diferente al diferente. Este libro del autor gallego está en mi lista de libros pendientes.

¿Quieres enriquecer este blog? ¿Has salido o te gustaría salir del armario? Puedes empezar a hacerlo dejando aquí tu comentario :))