lunes, 28 de abril de 2014

sol, sol, sol




"Sol, sol, sol, calienta por favor..." Decía la letra de una canción que cantaba mi hija Raquel cuando era pequeña. He pasado una semana de vacaciones al sol con mi familia, y me ha sentado muy bien. Calor, sandalias, y descanso. Nada mejor después de unos años bastante intensos. Si pudieras ver mi vida por un agujero te preguntarías dónde está la intensidad. La respuesta: "En todo lo que hago".

LLegar a este punto en mi vida, ha sido posible gracias a un gran número de casualidades. Lo más importante suele llegar de esta manera: de casualidad. Así que no te rompas la cabeza pensando en qué tienes que hacer mañana o el mes que viene. Simplemente estate bien atento a lo que cada día te trae porque siempre encontrarás algo a lo que agarrarte y de lo que disfrutar. Eso sí, no te agarres muy fuerte porque no nos conviene llegar al punto en que ya no seamos capaces de soltar. No es una adivinanza, es un consejo. Un consejo que me doy también a mi mismo. Si no te gustan los consejos, haz una excepción con éste. De bipolar a bipolar.

El título de este comentario tiene un motivo concreto. El sol afecta al estado de ánimo de cualquiera, y a quienes estamos diagnosticados con trastorno bipolar especialmente. En verano y con sol uno siempre se activa más y tiende a ver todo en colores. Por este motivo, resulta útil no dejarse engañar por el buen tiempo. Estos días de vacaciones en el sur, y algún que otro verano que todavía recuerdo, me han ayudado a darme cuenta de lo que puede influir el buen tiempo. Tengo que estar especialmente atento a los pequeños cambios porque no tengo intención de dejarme llevar para que luego me tengan que recoger. Hay que hilar muy fino con esta enfermedad. LLevo años haciéndolo y lo seguiré haciendo toda mi vida. Si no lo hiciera me llamaría tonto después. Además de todo lo que sufriría antes de llamarme tonto. El año que viene tengo algunas nuevas actividades que comenzar y tengo que estar fresco y descansado. Después de las vacaciones siempre me pasa lo mismo. Con el dolor y el ir y venir, necesito otras vacaciones. :)




martes, 15 de abril de 2014

la ilusión por vivir



La espuma del mar en la orilla es una de mis ilusiones por vivir. Hoy me voy a dar un paseo para disfrutarla aunque el agua esté helada.

Hace tiempo llegué al extremo de perder la ilusión por vivir. Conozco muchas personas que viven sin grandes ilusiones y parecen felices. También conozco algunos bipolares que perdieron la ilusión por el camino y ya han empezado a recuperarla. Otros que siguen sufriendo por este motivo u otros muy diferentes. Tengo la sensación de que yo mismo, sin ilusión, estaría malviviendo otra vez.

Aunque haya aprendido a disfrutar de la vida porque hace casi ocho años estuve a punto de perderla, siento haber tenido que sufrir tanto para aprender una lección tan importante. Una explosión de madrugada hizo desaparecer mi mundo para despertar en un planeta de horror donde ya nada era como lo dejé al apagar la luz de nuestra habitación. Desperté a una pesadilla con una pesadilla aún mayor que duró casi dos años. Perdí a mi mujer y encontré mi propio cuerpo y el de mis hijos envuelto en cicatrices, heridas e injertos. Mi mujer y madre de mis dos hijos, a quien amé desde los dieciocho años y hasta el mismo momento en que se fue para siempre. Desperté de un coma inducido en una habitación de cristal días después de que ella abandonara una habitación de cristal contigua sin haber tenido la oportunidad de despedirnos.

Cumplí los cuarenta en silla de ruedas con la ilusión de un niño y me enamoré de nuevo como un adolescente para volver a perder el amor. Conocí a una mujer maravillosa, me volví a casar y me volví a enamorar. Todo por este orden; un orden menos frecuente que seguramente te llamará la atención.

Los motivos de mi felicidad son muchos y de lo más variados. Ver crecer a mis hijos sanos y felices, disfrutar de una familia que se quiere por encima de todo y de la vida que es mucho más que un regalo. Pasear todos los días con dolor sin apenas sentirlo porque el mundo que mis ojos me regala compensa todo lo sufrido, el dolor que me queda por vivir y mucho más. Las sonrisas de mis hijos, las palabras de las personas a quienes quiero y el rumor de las olas. La música, los libros y aprender. Enseñar y seguir aprendiendo. Cocinar y comer. Invitar y ser invitado. Imaginar y crear. Crear imaginando. Vivir la vida a tope con el pie en el freno. Volar sin levantar los pies del sueño. Sacar chispas a lo que tengo porque lo que ya no tengo, ni tendré, ni lo veo. Regalar lo que disfruto porque hacerlo me permite disfrutar el doble. Como las palabras de hoy, un regalo envuelto en lágrimas de dolor y felicidad.

jueves, 10 de abril de 2014

¿tienes que soportar a todo el mundo?




La primera vez sí, o incluso la segunda. La tercera ya no.

Claro que sí. Vivimos todos en el mismo planeta. Y claro que no. Las calles tienen dos aceras. Y aunque podemos saludar, también podemos decir adiós.

El otro día me encontré una persona por tercera vez y en la segunda decidí que no habría una tercera como la segunda.

La primera vez estuve escuchando sus penas bastante tiempo. Algo que me supone estar de pie, parado, y con dolor. A veces, ser educado no es bueno para uno. La segunda, después de escuchar otra vez más de lo mismo me dijo:
-"Bueno... los creativos en Estados Unidos también van así..." -señalando mis sandalias.

Primer aviso. A continuación vino lo mejor (peor).
-"¿Entonces qué? ¿Pipa no?" - me dijo con una sonrisa.

Aquí ya me cortocircuité. Cuando alguien ve a una persona con unos auriculares colgados al cuello se confunde. Quizás mi sonrisa desconcierte. No pienso dejar de sonreír.

Recuerdo que, hace tiempo, cuando yo iba en bicicleta una persona me dijo:
-"¡Qué deportista!"  -no iba andando porque no llegaba a la panadería de la esquina-

Un tiempo después, cuando me daba un masaje a la semana para aliviar el dolor, hubo quien me dijo:
-"Tú que tienes tiempo..."-y dolor-

Cuando me casé hace dos años en sandalias alguien me dijo:
-"¡Qué moderno!" -toda mi vida llevé zapatos como casi todo el mundo que tiene pies y zapatos-

Darme cuenta de que los demás ven por un agujero del tamaño de una moneda, a veces, era desesperante. Pero ya no. Se acabó. Me da exactamente lo mismo lo que la gente piense o deje de pensar. Hay quien juzga con una simple sonrisa, y quien lo hace con una simple mirada. Quien lo hace con una pregunta y quien lo hace con un tono  de voz. A mi ya me da la risa. Con mi salud, muchos estarían en casa viendo la televisión. Otros estarían haciendo otras cosas. Otros muchos estarían deprimidos. Quienes trabajan me alegro por ellos. Yo no les juzgo.

Quien no tiene que darme ningún ejemplo que se ahorre su tiempo conmigo. El que tenga alguna duda, que busque en google trastorno bipolar y dolor neuropático crónico. Mi trabajo es tener que llevar una vida con unos hábitos muy saludables para sentirme bien. Así soy feliz y hago felices a quienes quiero.