lunes, 24 de febrero de 2014

¿piensas diferente a los demás?



Enhorabuena.
¿No piensas diferente a los demás? También enhorabuena.
Ahora voy a hablar más en serio sobre esta cuestión que puede influir en la forma en que convivas con el trastorno bipolar. Lo que piensas influye en lo que tu cuerpo decide por ti, y lo que decide tu cuerpo por ti, influye en lo que tú piensas.

Hace más de diez años que dejé de pensar como pensaba. Y menos mal. Si nunca hubiera cambiado, nada hubiera cambiado. Tu manera de pensar puede suponer un freno en tu vida y conllevar riesgos en tu salud. Algunos pensamientos te limitan - no siempre para mal - y otros te exponen. Encontrar el equilibrio no siempre es fácil porque la palabra equilibrio también supone perder algo en el camino. Y casi nadie está dispuesto a perder, a juzgar por la última conversación caliente que tuvimos en la asociación Esperanza Bipolar de Bilbao. Si estás diagnosticado con trastorno bipolar, perder muchas veces es ganar. Yo llevo "ganando" casi cinco años y te puedo asegurar de que no me he perdido casi nada.

Conozco muchas personas que son muy diferentes a los demás. Aunque todos tenemos mucho en común, todos pensamos diferente. Sin embargo, entre todas las personas que conozco con trastorno bipolar puedo distinguir algunos patrones que se repiten casi tanto como los discursos de inauguración de un acto. En este comentario no voy a hablar de patrones, pero sí de aquellas maneras de pensar no tan convencionales. Si piensas diferente a los demás, vivir como viven los demás no es fácil. Adaptarse a las circunstancias por cuestión de supervivencia es el único motivo que encuentro como razonable para vivir como los demás, a pesar de pensar diferente a los demás. ¿Riesgo? Morir en el intento por haber intentado sobrevivir a toda costa.

Estoy convencido de que si pudiera regresar a mi vida anterior -la vida del hombre de empresa.- me apagaría como lo hacen las televisiones con temporizador. No tardaría horas, en cuestión de días estaría la pantalla en negro. Deprimido, vamos. Y hablando de depresiones, todavía hay quien cree en las depresiones endógenas y exógenas. Me sorprende que quien lo cree, haya leído algo sobre el inconsciente. Y me sorprende más todavía, que habiendo leído algo sobre el inconsciente, alguien siga creyendo en las depresiones exógenas. He llegado a la conclusión de que para nuestro cerebro no existe lo endógeno. Una televisión sin enchufar está siempre apagada.

Pienso muy diferente porque siento muy diferente. Mi vida es muy diferente porque pienso y siento muy diferente. Soy muy feliz porque llevo una vida que encaja conmigo como anillo al dedo.
Empecé el comentario con una pregunta, y lo acabo con otra: ¿Has pensado alguna vez en hacer algo y no lo has hecho? Yo lo pensé y lo hice. Aquello marcó una gran diferencia en mi vida.


domingo, 16 de febrero de 2014

¿Te cuesta centrarte?




Como ya he hablado de muchas cosas diferentes en este blog sobre el trastorno bipolar, ahora voy a aprovechar problemas comunes que escucho a personas en la asociación y en las redes sociales. Yo sufrí la mayoría de los problemas que todavía muchos sufren, y te voy a contar cómo ha sido mi experiencia. Aunque estoy seguro de que puede ser de ayuda en tu vida, tú lo comprobarás con tu propia experiencia.

La mayoría de los problemas que dificultan la vida de muchos, tienen que ver con su propia naturaleza. Sin embargo, aunque la biología muchas veces impone, es mucho más maleable de lo que algunos piensan. Yo no soy como era hace quince años. De hecho, he cambiado en casi todo. Lo curioso es que tampoco soy como era hace tres años, y hace ya cuatro que no sufro la enfermedad. A pesar de que los cambios cada vez son menos llamativos, hay pequeños cambios en mi que me siguen permitiendo muchos avances. Por ejemplo, cuando creo que no puedo disfrutar más de la vida, aparecen nuevos trucos que me ayudan a sacarle más chispa. De todos los cambios hoy voy a hablar de uno de los más importantes y que me hizo sufrir especialmente: ya no me cuesta centrarme.

El proceso para haber llegado hasta aquí ha sido muy natural y nada forzado. Si te dijera que me ha supuesto mucho esfuerzo, te mentiría. Me he dejado llevar por la curiosidad, el interés y el disfrute. A decir verdad, ha sido una verdadera suerte que haya encontrado los tres en la misma enfermedad que tanto me hizo sufrir: el trastorno bipolar. Encontrar una pasión no tiene una fórmula mágica. La ventaja de dar con ella es que nunca más tendrás problemas para centrarte. Ella te lleva de la mano de un lado a otro sin cruzar ninguna palabra contigo. Igual que una persona saca a su perro a pasear. Además, cualquier pasión cuenta con la ventaja importante de dar un sabor especial a tu vida.

Abogado o voluntario, sin pasión o con pasión, pueden tener casi el mismo valor para la sociedad. La principal diferencia está en el nivel de satisfacción y disfrute del apasionado. Las personas que necesitan pasión en sus vidas, normalmente viven la vida con sueños alcanzables o no tan alcanzables. Van a por ellos. Se frustran o no. Fracasan y triunfan. Disfrutan y padecen. En el otro extremo, si no has encontrado tu pasión, y estás diagnosticado con trastorno bipolar, es muy posible que te pases la vida, con suerte, bostezando. En el peor de los casos, de depresión en depresión. No creo que te cuente nada nuevo porque yo sufrí esta vida y los síntomas del trastorno bipolar durante diez años. Sigo conociendo personas que  no pueden vivir sin chispa. Su cuerpo no responde, como no respondía el mío.

En este comentario, hay mucha tela que cortar. Deja tu comentario, y la seguimos cortando juntos :)

domingo, 9 de febrero de 2014

¿Si no lo dices revientas?




Yo también. En realidad, todos. Aunque esta semana terminó peor que empezó, la próxima empezará mejor que terminó ésta. Explicaré el motivo más adelante, algo que tiene mucho que ver con el trastorno bipolar. Puede que haya quien piense que a todos nos afecta por igual, yo he llegado a la conclusión de que no es exactamente así.

Conozco muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar que tienen muchos problemas en sus relaciones con los demás. Lógicamente no con todo el mundo, pero sí con determinadas personas y en determinadas circunstancias. Yo también soy uno de ellos y voy a hablar de cómo voy aprendiendo a no dejarme llevar por esta reacción tan humana que es el cabreo. Si eres latinoamericano y no conoces esta palabra -desconozco si se utiliza en todos los países de habla hispana- el cabreo es el enojo desmedido. Lo que también aquí se conoce como "reventar". Yo, como casi todo el mundo, también reviento. Pocas veces, pero reviento. Y algo que estoy aprendiendo todavía es que en realidad reventar es más que sano. Si no lo haces nunca, el día que lo hagas se te va a ver hasta el esqueleto. Recuerdo una graciosa imagen de la película "La gran comilona", y trágica a la vez, en la que una persona revienta de tanto comer. Todos hemos reventado más de una vez con el estómago vacío.

Para aprender a reventar, has de hacerlo con frecuencia. Exactamente igual que cualquier otra cosa que quieras aprender. Después de reventar, tienes que pensar y pensar bien. No es lo mismo reventar con el jefe, que reventar con tu padre. Ni reventar por una pequeña diferencia que reventar por una diferencia insalvable. Tampoco es lo mismo reventar por haber acumulado cansancio que reventar por haber acumulado ofensas. Ni reventar por una opinión que reventar por un hecho. Ni se aprende lo mismo en cada situación, ni siempre sirve el aprendizaje para el próximo reventón. Yo reviento, tú revientas, él revienta. Todos reventamos, la cuestión principal la dejo sin responder: ¿Merece la pena reventar? :)