viernes, 31 de enero de 2014

¿has renunciado a las cosas más emocionantes de la vida?



El trastorno bipolar da mucho que hablar. Con todo lo aprendido no podría dejar de hacerlo. Especialmente cuando leo por ahí cosas que me chirrían. Hay quien cree que con esta enfermedad no es necesario renunciar a las cosas más emocionantes de la vida. Para valorar esta recomendación antes habría que definir la palabra "emocionantes". Como aquí hay tengo que ajustarme a un espacio, y para no aburrirte, voy a simplificar un poco.

Desde que me siento muy bien, todos los días renuncio a muchas cosas muy emocionantes. Incluso hago otras muchas menos emocionantes que me hacen sentir muy bien. Estoy convencido de que ese es uno de los muchos motivos por los que me siento tan bien. Mi vida es muy emocionante ahora mismo, aunque quizás no sea la más emocionante que pudiera tener. ¿Por qué? Porque es muy difícil de mejorar ahora mismo. He vivido experiencias muy emocionantes, algunas de ellas con pasaporte al hospital. A decir verdad, no elegiría volver a vivir ninguna experiencia tan intensa. De hecho, elijo no vivirlas todos los días del año. Hay muchos otros motivos por los que te recomendaría más la calidad que la intensidad pero también son aburridos de explicar.

Me da la sensación de que todavía se dan muchos palos de ciego, y me apena darme cuenta de que algunas recomendaciones pueden ser muy perjudiciales y suponer muchos riesgos si se toman en cuenta. En realidad, lo que más me entristece es saber que algunas recomendaciones proceden de fuentes expertas. Cada día creo menos en los expertos. Aunque siento tener que decir esto, me encantaría que la realidad fuera bien distinta. Trabajo por cambiar la realidad de mi entorno más próximo y sólo puedo seguir haciéndolo a mi manera. Exactamente igual que los demás, espero que los demás logren el propósito que, supongo, nos une. Que las personas diagnosticadas con trastorno bipolar tengan cada día una mejor calidad de vida.

¿Quieres vivir experiencias muy emocionantes? Adelante. Vívelas y luego me cuentas. Yo, de momento, disfruto viendo al Puppy del museo Guggenheim de Bilbao. Me resulta una experiencia muy intensa :)

miércoles, 22 de enero de 2014

la enfermedad que da vueltas alrededor de ti




No tengo ni la más mínima idea de cómo vives con la enfermedad. Puede que convivas con ella como quien lo hace con una pareja a la que, simplemente, soporta. También puede que todavía te sientas maltratada por ella. O que signifique poco más que una caja de farmacia. Sea cual sea tu situación, escribo para ti con la convicción de que lo que te cuento te puede servir para recuperar tu vida o construir una nueva. ¿Pretencioso? No lo creo. Si yo lo he logrado, tú también puedes hacerlo. Muchos ya están empezando a sentirlo.

Hace tiempo, en la asociación, una persona dijo que estando ocupada evitaba que la enfermedad diera vueltas alrededor de ella. Al mismo tiempo que contaba su experiencia, hacía girar una mano alrededor de su cabeza. Me sorprendió mucho verla hacer un gesto tan expresivo. Tener la sensación de que algo fuera de tu control te acecha tiene que ser bastante angustioso. Conozco personas que se encuentran en esta situación, y leo muchos comentarios en redes sociales de otras que se sienten a la deriva con la enfermedad. Hace muchos años, yo me sentía igual. Como se suele decir: no sabía por dónde me daba el aire. La verdad es que han pasado muchas cosas en mi vida durante este tiempo, y he tenido que comenzar de nuevo, al menos, dos veces. Aunque siempre hay algo nuevo en mi vida que me permite disfrutarla al máximo, ya no hay grandes cambios porque no los necesito.

Estar ocupado es muy importante. Estar ocupado para evitar algo es un error. Especialmente cuando ese "algo" te hace sufrir y crees que en la distracción está la solución. Todavía recuerdo esa sensación de necesitar estar siempre ocupado y desgasta tanto como una sobredosis de informativos. Los gimnasios urbanos  y los centros de yoga viven de semejante necesidad. Por no hablar de muchos profesionales de la salud mental. Se me ocurren otras muchas maneras de estresarme, pero ninguna me haría sufrir tanto como volver a necesitar estar siempre ocupado. Sólo de pensarlo, me dan escalofríos. Y te lo dice alguien que está siempre ocupado y a quien le cuesta estar sin hacer nada.

¿El secreto? Todo lo que hago me motiva. Y si dejara de hacerlo, mi vida no tendría el valor que tiene desde hace mucho tiempo. El tiempo que llevo disfrutando de la vida.


jueves, 16 de enero de 2014

lo que fue una enfermedad



Ya no pienso mucho en lo que viví y supuso el trastorno bipolar para mí, pero puedo ver cómo afecta a los demás todavía la enfermedad o lo que supone la enfermedad a quien no la ha dejado todavía atrás. Muchas veces, me doy cuenta de que los síntomas no siempre son lo más importante, porque, la enfermedad, desgraciadamente, supone demasiados problemas añadidos que hacen más difícil sentirse bien.

Haberlo logrado me permite fijarme en quienes todavía la sufren para aprender de ellos. Esta tarde veré a muchos de mis amigos en la asociación de Bilbao. Tengo muchos más amigos bipolares que sin historial y veo en ellos muchas más virtudes que en la población sana. Algún día escribiré sobre lo que me gusta tanto de muchos de ellos. A algunos he dejado ya de verlos porque han vuelto a la vida y no necesitan venir como lo hacían antes.

Aunque no empecé muy bien el año, no dejo que las personas que no significan nada para mí puedan estropear lo que me ha costado tanto tiempo disfrutar. He reducido mucho la capacidad que otros puedan tener de aguarme la fiesta, incluso sin quererlo, y no hay ninguna otra manera que sacando chispas a las neuronas. El libro que voy a publicar próximamente se ha retrasado demasiado por motivos que nada tienen que ver conmigo, lo que me lleva a una conclusión nada precipitada: "Todo lo que puede salir mal, suele salir peor". Yo, por mi parte, recuerdo todos los días que "sólo se vive una vez", así que el libro puede esperar. Me sorprende mucho la eficacia de algunas empresas y reconozco haber sido un estúpido durante años. Lo que a mí me hacía sufrir tanto - el trabajo bien hecho- a muchos le importa tres pimientos por no hablar de parejas. LLevo esperando más de cinco meses un trabajo que alguien me aseguró se hacía en uno, y parece no llegar al final. Viva la fiesta.

Lo que fue una enfermedad son ahora recuerdos. Muchos me hacen sonreír y otros todavía no dejan de sorprenderme a mi mismo. Ya voy por el quinto sueño cumplido y ahora me dedico en cuerpo y alma a hacer posible que se puedan cumplir los sueños de los demás. No lo consigo con todos, pero de momento ya se acercan a la docena. El sueño de muchas personas bipolares es sentirse bien, y, a juzgar por las estadísticas, no parece fácil lograrlo. Susan Sontag dice que el sueño útil es el más complejo. Debe ser que yo disfruto con la complejidad :)


miércoles, 8 de enero de 2014

el mundo en un vagón de metro



Un hombre con sandalias y los pies desnudos cubiertos de injertos, en pleno mes de Enero, entró en el último vagón de metro. Con auriculares colgados al cuello, y una sonrisa, invitó a un niño pequeño a que le dejara libre el asiento para sentarse en uno de los tres asientos reservados para discapacitados, mujeres embarazadas, personas mayores, y sillas de bebé.

Al cabo de un rato, el padre del niño, molesto, le dijo con muy poca educación:

- No hay derecho a quitar a un niño de su asiento...

El hombre de las sandalias, también molesto, evitó perder la educación y tragó bilis. Al cabo de un rato, un hombre de avanzada edad, empezó a hablarle con un tono agresivo, mirándole desde arriba como si estuviera reprendiendo a su hijo:

-Tú lo que no tienes es vergüenza. Levantar a un niño de su asiento...- vociferó haciendo equipo con el padre ofendido.

El hombre de las sandalias, al comenzar a saborear la amargura de la bilis, le contestó, ya menos tranquilo:

-Usted lo que no tiene es educación. ¿Sabe lo que significa esto? -le preguntó señalándole la pegatina que representaba a un discapacitado sobre la ventana del vagón.

-Un carro de niños -contestó él para asombro de los espectadores, y, en especial, del hombre de las sandalias.

-Por esa regla de tres, un niño que comienza a hablar por el móvil... -comenzó a argumentar el padre recuperando las matemáticas del colegio o la universidad.

Afortunadamente, el hombre de las sandalias había ya dejado de escuchar cuando se dio cuenta de la estupidez que estaba a punto de verse obligado a escuchar.

-dáme tu cuenta de correo que voy a enviarte la ley... -le dijo para desahogarse sin tener que faltarle el respeto.

De repente, una mujer desde otro extremo del vagón, empezó a gritar:

-dejádle en paz. Algún motivo tendrá. Parece mentira cómo empezamos el año...-comentó en voz alta dejando evidencia de vida inteligente dentro del vagón.

-tú andas mejor que yo!!! -le gritó el hombre amargado de avanzada edad al hombre de las sandalias.

-usted qué sabrá cómo ando yo! -levantó la voz el hombre de las sandalias por primera vez.

En ese momento, una mujer que contemplaba con serenidad la escena justo enfrente del asiento reservado, se acercó al hombre discapacitado y le dijo casi susurrándole al oído:

-no te disgustes...- la inteligencia femenina, en aquel momento, ganaba por goleada.

El hombre de las sandalias, al quedar libre dos asientos, se cambió para alejarse de los hombres equivocados. Deseó que el padre de aquel niño no sufriera alguna desgracia que discapacitara a su hijo. También deseó que nadie le tratara de esa forma a su hijo si llegara el caso. Maldijo, tragó insultos y volvió a su casa todavía encendido por dentro.

De haber sido un hombre de piedra, hubiera ignorado la ignorancia de los demás. Incluso la imbecilidad, la agresividad o la falta de educación. De haber sido un hombre violento, allí habría habido más que palabras. Afortunadamente, era un hombre educado que, desde hacía mucho tiempo, sabía que el mundo responde a cualquier adjetivo menos al de ideal. Hoy es el día en que desearía que hubiera otro planeta habitable exclusivo para ser habitado por vida no inteligente.

Adivina quién era el hombre de las sandalias. No hay premio, demasiado fácil.