jueves, 25 de diciembre de 2014

el mundo en una mesa de Navidad









Hace tiempo escribí un comentario titulado "el mundo en un vagón de metro". Aquel no fue un buen día para mi, hoy sí lo ha sido. He recordado aquel comentario para escribir el de hoy porque estos días suelen ser días en los que el mundo se refleja alrededor de una mesa. Hombres y mujeres de la misma familia nos juntamos para celebrar y disfrutar de la Navidad. Para algunos significan mucho, para otros significan regalos, buen comer y mejor beber.

Unos prefieren el verano a la Navidad porque no se ven "obligados" a compartir tiempo y espacio con personas de este mundo que parecen de otro planeta. Puede que ya te hayas imaginado a tu hermana, padre, cuñado o tía, en cuanto hayas leído esta frase. Mal rollo y peor película. Alrededor de una reunión familiar revolotean mil y un problemas más o menos ocultos También muchos malentendidos. Algún que otro bienentendido que nunca tuvo que suceder y nada fácil de resolver. Una historia detrás de todos ellos de lo más variopinta. En algunas casas, buen ambiente y mucho amor. En otras, aire contaminado y mucho rencor. Depende del cajón en el que entre la tuya, disfrutarás de estos días o los querrás saltar del calendario. En este apartado he sido afortunado. En otros muchos también.

Si eres de los que aman los retos, la Navidad puede ser uno digno de las Olimpiadas. Para la noche de fin de año, elige a una persona de la mesa que habite en un planeta diferente al tuyo. Siéntate junto a él o ella. Es sufciente por este año. Los retos se vencen peldaño a peldaño. Este año yo he conseguido superar algunos que nunca antes había logrado. Un reto requiere primero apertura al cambio. Un cambio significa aprender: aquello que querías aprender, necesitabas aprender y te ha merecido la pena aprender. 



lunes, 15 de diciembre de 2014

¿tienes problemas?





Algunos dicen que sin problemas no se puede alcanzar la felicidad. Hay frases que me hacen reír en cuanto las leo. Yo la corregiría de la manera siguiente: sin problemas la felicidad no tiene tanto mérito. Bueno, quizás tenga también mucho mérito teniendo en cuenta lo escurridiza que parece ser.

Aunque ya hablé algo sobre esto hace algún tiempo, vuelvo al tema. También dicen que las crisis son oportunidades encubiertas. Afortunados son quienes han llegado a esa conclusión. Las crisis, con trastorno bipolar o no, son oportunidades para aprender. Y si aprendes poco a poco, mucho a mucho, o golpe a golpe, aprovechas lo positivo que pueden tener. Mi última crisis sucedió en el año 1999, una manera de terminar el milenio muy dolorosa. Aquello fue como romperme en pedazos por dentro. Aunque la experiencia es historia, nunca es historia pasada. En términos médicos, brote psicótico. En mis propias palabras, tocar fondo. Algún día te contaré detalles importantes sobre lo que recuerdo de aquellos días que hoy recuerdo.

Dicen que todo problema tiene su solución. Viva el optimismo. Aunque yo hoy puedo hablar con el mismo optimismo, hace veinte años la frase me hubiera sonado vacía. Después de todo lo vivido, depresiones y manías, una de las cosas más importantes que he aprendido es que la solución de muchos problemas se llaman alternativas. Aquí entra la intuición de cada uno. Si tienes desengrasada esa parte de tu cuerpo, empieza a agitar las neuronas. Seguro que algo útil sacas haciéndolo ahora mismo.

La solución al problema del hambre es comer. La alternativa, encontrar la manera de poder alimentarse. Piensa en tus problemas de esta manera. Encontrarás salidas donde nunca antes las habías visto. Y descárgate el libro. Te va a encantar :))


martes, 9 de diciembre de 2014

¿adaptarse para sobrevivir?




Dicen que hay que adaptarse para sobrevivir. Yo tuve que hacer justamente lo contrario. Me llama mucho la atención escuchar o leer a quien dice que una persona con trastorno bipolar puede tener una vida como los demás. Yo ni la tengo ni la quiero. Mi vida es muy diferente, porque soy muy diferente. Sé que algunas cosas tienen que ver con mi propia naturaleza y me obligan con gusto a renunciar a ellas para mantener mi salud y disfrutar de la vida como lo hago ahora.

Si tuviera que volver a mi vida de antes, necesitaría pastillas. Tengo dolor crónico y las necesito de cuando en cuando para dormir. Y el problema no es ése, precisamente. El problema es que, con mi vida de antes, sufriría lo mismo que sufría antes. Las pastillas para encajar no siempre funcionan. Si así fuese, no llegarían tantas personas a la asociación que dirijo.  No me refiero a que todo el mundo con trastorno bipolar tiene problemas para adaptarse. Pero muchos sí. Algunos de los motivos que no me permiten llevar la misma vida que los demás tienen que ver con mi naturaleza. Soy bipolar y ser consciente de ello me ayuda a no cometer viejos errores. El aprendizaje ha sido lo que me mantiene a salvo de síntomas y otros dolores. Puedo cambiar la vida de los demás a mejor porque sé que aquello que me viene bien no le puede ir mal a nadie. Otra cosa diferente es que todos seamos capaces de llegar a renunciar a algunas cosas muy importantes para no sufrir la enfermedad.

Desde que no soy un engranaje de esta sociedad, que gira siempre en el mismo sentido y a las mismas horas, siento que mi vida se parece mucho a la de quienes no están diagnosticados con trastorno bipolar. En muchos sentidos, disfruto de muchas cosas que no están al alcance de cualquiera. Mi vida ha sido tan radical que mi situación personal es excepcional. He sufrido hasta el extremo, y no sólo por la enfermedad. Me tocó vivir una experiencia tan dura que ahora lo dulce es todavía mucho más dulce. Lo único que hago es transmitir a los demás la sensación que tengo. Exactamente igual que lo acabo de hacer en este blog con mis palabras :)

miércoles, 3 de diciembre de 2014

200 comentarios sobre el trastorno bipolar



Está a punto de terminar el año y este blog ya ha cumplido los doscientos comentarios. Si eres de las personas que lleva años leyendo, te habrás dado cuenta de lo mucho que he cambiado. Tengo más confianza en lo que escribo y en lo que hago porque he aprendido mucho sobre la enfermedad que, antes, no sabía. El próximo año me voy a dedicar a hacer más y a pensar menos. Ya pensé lo suficiente sobre la enfermedad para cambiar la vida de los demás en los próximos cincuenta años. Y como no creo que llegue a los cien, es hora de enseñar. 

He podido aprender tanto gracias al trabajo de muchos. Científicos reconocidos y no reconocidos; como filósofos, psicólogos, creativos o personas curiosas como yo. Casi todos, expertos en algo. A la ciencia le debo mucho: las lecciones más importantes que aprendí fueron corroboradas después por ella. La ciencia las aprendió antes, yo las aprendí después en los libros. Otras me han ayudado a tener una perspectiva más amplia sobre la enfermedad. Si otros se dedicaran a hacer lo mismo, esta enfermedad ya no estaría considerada como crónica. Si voy por delante de la ciencia con mi dedicación, mi responsabilidad es ponerla al servicio de las personas que sufren. Lo que llevo haciendo desde hace más de cinco años en la asociación de Bilbao. He logrado muchas cosas que otros no han sido capaces porque hago cosas con lo que sé. La ciencia sabe mucho y hace poco con lo que sabe: un grave problema.

El comentario de hoy iba a hablar de adaptarse. Tendré que dejarlo para la próxima semana. Si no has leído este blog antes te recomiendo que eches un vistazo a los comentarios que llamen tu atención. Algunos lo llevan haciendo desde hace tiempo y siguen aquí junto a mi lado. De alguna manera, vivimos juntos. Aunque en camas separadas :))




viernes, 28 de noviembre de 2014

21 motivos para descargarte mi libro




En el canal de Youtube de Esperanza Bipolar verás hasta el día de Navidad los 21 motivos que he encontrado para que te descargues mi libro. Las personas que ya lo han leído, o están con él, me han dicho que les ha parecido muy útil. Estoy muy satisfecho teniendo en cuenta el conocimiento que hemos tenido a nuestra disposición respecto a esta enfermedad con los avances de la ciencia. Lo más novedoso ahora es hablar de alimentación y hábitos saludables. A este paso no llegaremos nunca al destino. Yo me dedico a allanar el camino a los demás con todo lo que he aprendido.

No sois muchos todavía. El libro ha llegado a Mérida, Castellón, Madrid y Chile. Sin olvidar Baracaldo, lo pequeño también tiene su encanto. Una madre de un chico diagnosticado con trastorno bipolar de Santander también lo ha leído. No es la primera persona que me hace el mismo comentario: el libro es útil para cualquier persona. Aunque no está dirigido a los familiares, si es tu caso, te ayudará a comprender mejor ciertas cosas y a ayudar mejor a la persona que quieres. 

Mucho estás tardando :))




martes, 25 de noviembre de 2014

a vista de pájaro





Mi dedicación en la asociación Esperanza Bipolar me permite contemplar algunos problemas desde arriba y desde fuera. A veces, me doy cuenta de algunas cosas que no puedo ni pretendo evitar. El otro día, un buen amigo que tiene mucha experiencia con los caballos, vio cómo una compañera de la asociación se caía de su yegua. Antes de caerse, él lo vio venir. Me pasa lo mismo con algunas personas y siento no poder hacer nada por evitarlo. La única manera de aprender ciertas cosas es cayéndose. Es una lección que no hay otra manera de aprender.

El libro que ya puedes descargarte es un mapa de un territorio que conocí bien y no era ningún paraíso. Ahora vivo haciendo turismo sin caer en pozos ni viajando a otros planetas. Me gusta lo que veo y disfruto de la compañía de todas las personas con trastorno bipolar que conozco, aunque algunas no estén en su mejor momento. Aquellas que todavía sufren me hacen valorar más lo que tengo. Nunca antes me he sentido tan bien y quizás no sea consciente de todo lo que he logrado, Este año, ha sido especialmente bueno y, el próximo, pinta mejor.

Y hablando de pájaros. Imagina que tú eres uno de ellos. Tienes alas y no puedes volar todo lo alto que te gustaría. Hay pájaros que caminan y saltan. Parecen muy felices y tú puedes hacer lo mismo sin mucho esfuerzo. Volar requiere de una energía que no todos tienen, y las alturas tienen sus riesgos. Yo llevo cinco años caminando y he llegado allí donde quería llegar. He cumplido tres grandes ilusiones, lo que otros muchos llamarían sueños. A partir de aquí mi mayor ilusión es seguir contribuyendo a que los demás se sientan cada día mejor. He visto que algunos sufrían y ya han dejado de sufrir. Otros que no disfrutaban de la vida y ahora lo hacen. Me he dado cuenta de que no hay nada comparable a lo que hago ahora. Y que había muchos motivos para que antes sufriera como ellos. 

¿Conoces tú los tuyos? Aquí hay espacio para escribir tu comentario :))

lunes, 17 de noviembre de 2014

pensar poco





Todavía no se sabe exactamente qué es un pensamiento. En realidad, la ciencia está preocupada en otras cosas y no tiene mucho interés en esta cuestión. Los grandes proyectos internacionales, centrados en descubrir más sobre la caja negra de nuestro cerebro, tienen otras prioridades.

Cuando los antiguos inventaron la rueda, no sabían porqué era tan útil, pero sabían que giraba sobre el suelo con facilidad. En el siglo XXI, la psiquiatría se desplaza en carro de caballos cuando las demás disciplinas de la medicina viajan a la velocidad de la luz. El motivo es simple: se trata de la única especialidad no basada en la evidencia. Además utiliza, principalmente, un único recurso: la química. El último juguete tecnológico, la resonancia magnética funcional, les servirá para seguir avanzando en futuras investigaciones sobre fármacos, No hay otro futuro cercano y lo lamento mucho: la salida no está en el interior.

Al grano. Antes pensaba mucho porque no podía hacer con facilidad. Ahora pienso mucho para hacer mejor. No se trata de pensar mucho o poco, sino de pensar bien. Cuando has tenido problemas graves de salud mental, resulta difícil pensar con claridad. Los fármacos, en muchas ocasiones, perjudican a quien tiene que tomar sus propias decisiones para tener una vida digna y saludable. Conozco muchas personas inteligentes con trastorno bipolar que no piensan bien. Me refiero a que toman decisiones que les perjudican sin darse cuenta. También a que no aprenden de su propia experiencia, o aprenden un poco al revés. Tampoco me extraña porque yo estuve aprendiendo al revés durante casi una década. 

Con trastorno bipolar, para pensar poco y pensar bien es necesario haber pensado antes mucho. Yo puedo mejorar la vida de los demás porque he recorrido el desierto y conozco bien el terreno. Cuando alguien necesita agua, le ayudo a que encuentre dónde beber. Me siento un privilegiado y disfruto mucho de la vida. Me doy cuenta de todo lo que ignoran muchos profesionales de la salud y del daño que hacen a algunas personas sin mala intención. Lo vi con mis propios ojos y lo sufrí en mi propio cuerpo. Me dedico a lo que me dedico por muchos motivos. Uno de ellos es que no puedo soportar ver el sufrimiento en los demás con todo lo que he aprendido. Tú harías lo mismo o te dedicarías simplemente a disfrutar de tu nueva vida. Por cierto, no se me ocurre mejor consejo :))










lunes, 10 de noviembre de 2014

¿quieres descargarte mi primer libro?




Hoy me hace ilusión anunciarte algo. Durante los últimos seis años me he dedicado a aprender todo lo posible sobre el trastorno bipolar y mi propia experiencia para compartirla con los demás a través de un libro. Por fin, lo tienes disponible en formato digital. Las aportaciones a la asociación Esperanza Bipolar servirán para difundirlo en Internet. Después de intentar publicarlo a través de dos editoriales durante el último año, y muchos problemas, he decidido hacerlo directamente porque quiero que llegue al mayor número de personas. Decidí que me dedicaría a ayudar a otros antes incluso de sufrir el accidente que casi me cuesta la vida.

Mi libro "Bipolar. Los 21 malos hábitos" llegará a ti a través de la página web de la asociación que dirijo. Si lees este blog desde hace tiempo, no sólo te gustará, también te sorprenderá. No tiene ni más ni menos valor que los artículos que encuentras aquí. Un libro es algo diferente porque supone una dedicación especial a quien lo escribe hasta que lo termina. Cuando uno ya no sufre la enfermedad como es mi caso, es más importante aquello que debes evitar que aquello que debes hacer. Aunque todavía la padezcas, aprenderás mucho leyendo los veintiún malos hábitos porque te verás reflejado en muchos de ellos. Aunque no resulte sencillo reconocer lo que te perjudica, merece la pena intentar aprender de tu experiencia. Comparto en este libro aquello que tanto daño me hizo, porque estoy convencido de que es precisamente lo que me une a ti. Aunque para mi ya no sea una enfermedad, sí tenemos muchas cosas en común.


Haz  click en la asociación Esperanza Bipolar y tendrás acceso al libro esta misma semana. Con tu aportación podremos también imprimir libros para distribuir a quienes le interesen. La semana que viene tendrás aquí un nuevo comentario sobre el trastorno bipolar. Con todos los que encuentras aquí ya hay doscientas páginas: el mismo número de páginas de mi primer libro :))

domingo, 2 de noviembre de 2014

Pienso que tú piensas que él piensa



Hace algún tiempo un amigo me contó algo que me hizo pensar. Había tenido problemas con su mujer y aprovechaba el fin de semana para relajarse. Tumbado al sol con unos auriculares en el borde de la piscina, pensaba que todos le miraban y sabían porqué estaba allí solo. Ese día, él pensaba que los demás pensaban que era un vivalavida. Aunque no todos mis amigos tienen trastorno bipolar, aprendo también de ellos.

¿Cuántas veces has pensado que otro ha pensado algo que quizás nunca haya pensado? Demasiado pensar, ¿no te parece?


Cada día pienso menos, y te puedo asegurar que es un reto para mi no hacerlo. Nací pensador y moriré pensador. Lo que intento no hacer es pensar en lo que pensarán los demás: estoy en ello. Si cargar a cuestas con un cerebro ya resulta pesado, hacerlo con más de uno ni te cuento. ¿Has pensado alguna vez que tu madre ha pensado que es mejor que tu hermano deje de preocuparse tanto por tu novia?. Quizás lo gracioso sea que tu madre puede estar pensando en porqué estás tan raro y que tu hermano esté más preocupado por la camarera de la discoteca que por su novia. Mientras tanto, tú dándole a la batidora.

Lo que tú piensas de los demás o cómo reaccionas ante los demás depende sobre todo de ti. De cómo ves la vida, de cómo la vives y cómo la sientes. No de cómo lo hacen los demás, sino tú mismo. Filtramos en función de nuestros propios prejuicios. Si te ves como un enfermo, muchos te verán como un enfermo. Te sentirás como un enfermo y puedes acabar por enfermar. Sólo es un ejemplo cualquiera, Si te sientes menos que los demás, sentirás que los demás te menosprecian. Si piensas que todo el mundo está pendiente de lo que haces, tú estarás más pendiente de lo que hagan los demás.

Si te ha parecido un poco trabalenguas, intentaré aligerar la próxima vez. No te preocupes, quizás la cosa no sea para tanto. Mi intención sólo era hacerte pensar un poco. Como siempre :))


domingo, 26 de octubre de 2014

¿y tú qué haces con tus emociones?





La semana pasada estuve en una jornada del Consorcio de Inteligencia Emocional de Bilbao en Ikashub y conocí a algunas personas que me enseñaron cosas nuevas. Cuando has aprendido mucho, cuesta más trabajo adquirir conocimiento. Si te fijas lo suficiente, puedes aprender de quien menos te lo esperas. Y no conozco mejor manera de aprender que dudar de lo que ya has admitido alguna vez como válido.

Se habla mucho de gestionar las emociones como si fuesen empresas. Gestionar es una palabra que no me gusta especialmente, como tampoco me gusta el pollo en la paella. Todos sentimos emociones y, a veces, las padecemos. Casi siempre, los demás sienten y padecen nuestras emociones. Los expertos llaman gestionar a aprender qué hacer con nuestras emociones, e inteligencia emocional, a hacerlo de una manera adecuada y saludable. Pido disculpas si hay falta de precisión. Como todo me parece frío como el gazpacho, vamos a ver algo más caliente. 

Hace poco, aprendí una lección importante que me faltaba por aprender. Siento profundamente haber hecho sufrir a una persona para poder aprenderla. Aquel día, todo sucedió a la velocidad con la que sale un disparo de una pistola, como suele suceder con aquello de lo que después nos arrepentimos. Sin querer, hice daño a esa persona con mi voz y mis palabras. Ella, al recordar lo que le dije, lloró frente a mi. Después de pedirle perdón por segunda vez - la primera lo hice por teléfono- me di cuenta de algo muy importante respecto al trastorno bipolar: cuando lo que ve, escucha o siente una persona diagnosticada está muy alejado de lo que espera, ya no hay nadie al volante y todos son víctimas.  Estoy tan agradecido a esa persona que no olvidaré nunca su reacción, Tampoco olvidaré la que yo tuve aquel día porque ya no soy el mismo. El próximo día que la vea, se lo diré.

Lo he visto tantas veces en mi, y en otras personas, que cazo las situaciones al vuelo. Aunque nadie escapamos a esta reacción tan natural, te invito a que pienses en la última vez que te sucedió algo parecido. 

¿Ya lo has hecho? ¿Te atreves a contar lo que has aprendido?  :)

miércoles, 22 de octubre de 2014

la manía




Este año, como el pasado, estoy asistiendo a un taller de escritura en la librería Kattigara. Disfruto mucho con todo lo que nos enseña Javier. Aunque no siempre le hago caso, me gusta su pasión en lo que hace, El primer microcuento, que no lo es, tiene mucho que ver con el trastorno bipolar. Voy a escribir un libro de microrelatos para enseñar de una manera diferente lo que he aprendido en los últimos años. Me encantaría que dejaras aquí tu opinión sobre lo que te parece éste de hoy.

"Aquella ascensión fue la más dura de todas. Tras diez largos días con sus breves noches, la fatiga se veía aliviada por una cumbre cada vez más cercana y luminosa. El sendero, delimitado por flores silvestres que ignoraba, dejaba atrás las primeras piedras de la travesía. Para mi fortuna, no sentía sed en mi boca seca ni cansancio en mis músculos doloridos. Más cerca del sol, la luz resplandecía sobre la superficie de los arroyos y la nieve de las cimas con un brillo anestesiante.

Deslumbrado por tanta intensidad, me vi obligado a desviar la mirada hacia la tierra ocre que alfombraba mis pasos mientras avanzaba. Los troncos secos de los árboles observaban la ligereza de mi ascensión con expresión de asombro. La misma que dibujaba el rostro de mi mujer una semana más tarde; sentada junto a mi en el borde de una cama de hospital.

Durante aquel verano fui el hombre más feliz del mundo; aquel otoño fue el más triste de mi vida"

Espero que ya no tengas ninguna duda de que sé cómo se vive la euforia. Esta semana tendrás otro comentario menos lírico. Así que estáte atento :))



viernes, 17 de octubre de 2014

¿una vida aburrida?





Uno de los recuerdos que guardo de mi vida de "antes" tiene forma de pensamiento. De vez en cuando, solía pensar que mi vida iba a ser siempre demasiado previsible y aburrida. Años después me di cuenta de lo estúpido que era este pensamiento.

Dejó de ser aburrida casi en el momento que abandoné mi profesión. Lo peor vino después. Dejó de ser previsible en el momento en que una explosión en el piso donde veraneábamos dio la vuelta a la vida de toda mi familia con la misma facilidad con la que uno da la vuelta un calcetín. Un instalador cometió una imprudencia con un tubo de goma en nuestra cocina de gas y la balanza se inclinó por el lado de la vida para mis hijos y para mi. Mi mujer y varios vecinos no tuvieron la misma suerte. Si no fuera por ellos, podría recordar aquel día de otra manera muy diferente.

Después de tanto dolor, mi vida ha cambiado a mejor. He recuperado toda la salud que podía recuperar y ahora estoy dedicándome a facilitar que otros aprovechen de mi experiencia lo que puedan. Si mi vida ahora es más estimulante que la que nunca pude imaginar, es por este sencillo motivo. La vida es como el agua de esta fuente. Parece que nunca va a dejar de correr, y, sin embargo, puede dejar de hacerlo en cualquier momento. Habiendo aprendido esta lección de tan mala manera, todo deja de importar realmente. La mejor vacuna para dejar de sufrir.

Aburrirse no es lo contrario de divertirse. En realidad, significa no tener motivación hacia algo o no ser capaz de enfocarse en algo. En mi profesión sufrí las dos dificultades al mismo tiempo. Ahora, ninguna de las dos. Si eres capaz de encontrar un algo que cambie tu vida en este sentido, habrás dado un gran paso. Quizás un paso decisivo en la dirección de la salud. Siempre y cuando no olvides que ese algo, en realidad, no es tan importante como puedas creer. Lo importante es justamente todo lo demás.

jueves, 9 de octubre de 2014

una entrevista sobre Esperanza Bipolar




Hoy voy a aprovechar una entrevista que me ha realizado esta tarde la Universidad Autónoma de Barcelona con objeto de una investigación centrada en el uso de las nuevas tecnologías por parte de los pacientes de cualquier enfermedad. Aunque tenía, como siempre, un tema preparado para el comentario de hoy relacionando mi experiencia con el trastorno bipolar, lo dejaré para la próxima semana.

Si es la primera vez que entras en este blog o llevas tiempo haciéndolo, te recomiendo que escuches la entrevista hasta el final. Te servirá para conocerme mejor, saber a lo que me dedico y comprender mejor mi forma de hacer. Muchos han recuperado la salud gracias al aprendizaje dentro del grupo de Bilbao y espero que otros también lo logren con el tiempo. Todos los comentarios aquí escritos, que son muchos, pueden servirte como punto de partida para reflexionar sobre tu propia experiencia. Lo importante no es tanto lo que te cuento sino aquello que te inspira lo que te cuento.

Tú puedes aprender de tu vida de la misma manera que yo aprendí de la mía. Con este blog personal sólo pretendo facilitarte lo que está en mis manos;  las mismas que teclean cada semana mis conclusiones personales sobre el trastorno bipolar. La mayoría apoyadas por la ciencia aunque no hable a menudo de ella. Algunas pueden parecerte evidentes, las más importantes no lo son tanto. Son el resultado de miles de horas de dedicación y millones de neuronas. Espero no aburrirte. 

Si quieres escuchar la entrevista dále al play :))

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿puedes elegir?




Hace algún tiempo, en una reunión de la asociación, comenté algo a lo que me respondió una mujer cargada de buenas razones:

-"Sí, claro. Pero hay ocasiones en las que uno no puede elegir"

Puedes suponer una pregunta o inventarte la que quieras porque lo importante es tu experiencia, no la mía. Más de una vez te habrás encontrado en una situación en la que has decidido no hacer nada o hacer algo con alguna intención. En más de una ocasión, pensé que elegía cuando no hacía otra cosa que huir o dejarme arrastrar por una ilusión entonces inalcanzable. Cuando recuerdo algunas cosas, me sorprende darme cuenta de la ceguera en la que estaba instalado.

Me da la sensación de que la primera vez que elegí en mucho tiempo fue el día en que dejé mi profesión. Mi padre, cuando yo tenía dieciocho años, me dijo: "Tú estudias ingeniería y después haces lo que quieras". Tuvieron que pasar veinte años hasta que llegó el día en que le hice caso, sin saberlo ni recordarlo en aquel momento. Después de siete años trabajando como ingeniero me diagnosticaron con trastorno bipolar: la profesión tenía premio. Los padres siempre tienen razón, incluso cuando se equivocan. Hace tiempo que no elijo porque dejarme llevar me ha llevado más lejos de lo que nunca imaginé. Me rompí la cabeza tantas veces que hoy prefiero simplemente mover los pies. 

Todavía no está del todo claro si tenemos la capacidad real de elegir. Los científicos se dividen en dos grupos: los más escépticos y quienes creen que tenemos cierto margen de maniobra. Yo me inclino por el escepticismo más radical. En unas circunstancias determinadas, hacemos lo único que podemos hacer. Cuando te diste contra una pared o cuando amaste a alguien que, con el tiempo, terminaste por odiar. Cuando te empachaste a dulces sabiendo que te sientan mal. Cuando confiaste en alguien que se quedó con tu regalo y te devolvió la caja vacía. Nunca elegiste mal. Siempre elegiste lo único que podías elegir. Así que puedes olvidarte del arrepentimiento o la culpa. Ambas son carreteras que, con suerte, conducen a ninguna parte :)





  

jueves, 25 de septiembre de 2014

¿mariposeas?



Las preguntas que introducen cada comentario no son realmente preguntas que tengan un sí como respuesta. Suelo tomarlas prestadas de conversaciones con personas diagnosticadas con trastorno bipolar como yo, o de otras conversaciones que he mantenido con personas cercanas que no tienen nada que ver con la enfermedad.

Hace algún tiempo, unos amigos me invitaron a cenar a su casa. Después del postre, le comenté a la mujer de mi amigo -buena amiga también- uno de los problemas que arrastré durante mucho tiempo. Después de explicárselo de una manera que no recuerdo, ella me dijo algo que me sorprendió:

        -"Así que lo que te gusta a ti es mariposear"

La verdad es que no me molestó pero tampoco me sonó muy bien. Como nos suele sonar todo que lleva una buena carga de razón. Mi amigo le quitó importancia a la palabra porque es una persona que no se siente cómodo con las palabras que pueden decir muchas cosas y ninguna al mismo tiempo. Cuando les comenté que tuve muchas dificultades para centrarme en algo y la necesidad de hacer cosas muy diferentes en mi propio trabajo, una mariposa se posó en la mente de ella. Muy curioso y muy significativo. Antes de encontrar aquello que me mantiene enfocado, di más vueltas que un molino. Y acabé por terminar un poco a lo "Don Quijote". Aunque ahora puedo reírme de mi mismo, nada de lo que me pasó tuvo ninguna gracia.

Hay personas con trastorno bipolar que se quejan a menudo de que no encuentran en lo que centrarse. Encontrar algo que te mantenga permanentemente centrado tiene un único nombre: pasión. Exactamente lo que siento desde hace cinco años. El mismo tiempo que llevo dedicándome a lo que me dedico y que ya bien sabes si lees este blog con regularidad. En otros comentarios encontrarás otras cosas que tienen que ver con éste. Sin embargo, en el de hoy encontrarás una imagen con la que te puedes identificar o no. La imagen de una mariposa que no para quieta.



sábado, 20 de septiembre de 2014

¿quieres evitar sorpresas desagradables?





Estos días he andado peor de tiempo y no he encontrado el momento y la tranquilidad para escribirte. Que sepas que no me olvido de ti.

Evitar una crisis no debe ser tan fácil cuando, según los expertos, las estadísticas de recurrencia de la depresión y la manía - o hipomanía- obligan a referirse al trastorno bipolar como una enfermedad altamente recurrente. Bien tratada se espera un buen pronóstico, también afirman. Mejor tratada, opino yo, para muchos dejaría de ser una enfermedad crónica. El problema es doble: ni se cuenta con los recursos necesarios, ni se apunta en la dirección correcta. Aunque hay iniciativas y proyectos de investigación que tienen mucho interés, a nivel práctico, los psiquiatras parecen tener dificultades para convertir conocimiento en competencia. Aunque admiro cómo hacen su trabajo algunos, no me gustaría estar en su piel. Cambiar la vida de una persona con dos conversaciones al año y un talonario de recetas es misión imposible en demasiados casos.

Pensando en lo que sí depende de ti te voy a comentar algo importante.Tiene que ver con una capacidad que todos tenemos y no siempre aprovechamos: la capacidad de prever. Aunque es mejor que hayas aprendido mucho sobre ti antes de pulir esta capacidad, puedes empezar a ponerla en práctica desde hoy mismo. Personalmente, no la utilizo a diario, Sin embargo, cuando pienso en las consecuencias que algo puede atraer a mi vida, me cuido mucho de valorar los riesgos. La última gran lección en este sentido la tuve hace ya varios años. Después de aprendida la dejé escrita en un post-it que está en mi escritorio para no olvidarla. Ahora mismo puedes escribir una nota si este comentario te ha traído algún recuerdo a tu memoria.

Algo que me hace sentir especialmente bien es saber que soy competente en lo que hago. En el año 2012, cuatro de cada diez personas que habían pasado por la asociación Esperanza Bipolar se sentían mucho mejor que en el momento en que llegaron al grupo. Conozco muchos de los porqués y voy a seguir trabajando en la misma dirección. Al menos, durante los próximos dos años. Más adelante, ya veremos :)

martes, 9 de septiembre de 2014

nunca voy a...?




El otro día una persona dijo en la asociación "nunca voy a..." con tanta seguridad que me llamó la atención. Unos minutos después de comentarlo con ella salió de sus labios la misma frase exactamente: "yo nunca voy a...". Lo que venía a continuación no es que no fuera importante, me interesa especialmente hablar de este "nunca" que se nos clava hasta hacernos sentir que se cumplirá "siempre".

Sé que cuando una persona habla así, lo hace desde el inconsciente verbalizando algo que ha quedado grabado a fuego en su cabeza.  Sufrir o seguir sufriendo planta "nuncas" en la tierra de nuestra vida. La tierra de los "nuncas" es difícil que dé frutos. Además uno sufre el doble y la sensación de incapacidad puede volverse crónica. Hace casi diez años, yo estuve a un paso de darme de baja de la vida por incapaz. Y no me refiero a suicidarme, sino a vivir muerto. Recuerdo que en los peores momentos de mi enfermedad pude llegar a pensar en términos de nunca, aunque quizás sólo como pregunta: ¿Nunca en la vida me volveré a sentir bien?

Aunque parece lo mismo, no lo es. Una vez que uno afirma, niega preguntas. El problema es que también puede negar actitudes. Con el trastorno bipolar, preguntas y actitudes son igual de necesarias para la recuperación. Yo sigo trabajando las dos porqué sé que el aprendizaje necesario para salir adelante requiere de curiosidad y actitud. Antes de introducir un cambio en mi vida, me hago varias preguntas aunque mi actitud siempre sea la de avanzar. Aunque en realidad estoy en un momento de mi vida en que me gustaría simplemente mantenerme, debo llevar escrito en los genes el verbo "avanzar". El trastorno bipolar no lo sé, esta predisposición sí.

Me gustaría que pensaras ahora aquello que "nunca vas a...". Escríbelo en una hoja y piensa cinco minutos en ello, te enseñará mucho sobre ti. Si quieres compartirlo en este blog con todos los lectores enriquecerás este espacio con tu experiencia. Exactamente lo que trato de hacer en la asociación Esperanza Bipolar de Bilbao. Te contestaré hablándote desde mi experiencia :))

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿has encontrado la chispa de tu vida?




Con trastorno bipolar la chispa es imprescindible. Hace años mi vida no tenia chispa y salía de una depresión para entrar en otra.  Desde que he encontrado la manera de disfrutar, mi vida no se parece en nada a mi vida de antes. Han pasado ocho años desde que sufrí el accidente y me costó recuperarme tres, tiempo que dediqué a pensar sobre mi experiencia y a leer libros que me enseñaron a comprender. Llegué a las conclusiones más importantes sobre el trastorno bipolar reflexionando sobre mi vida, y me sorprendió descubrir que las neurociencias corroboraban mis conclusiones. He aprendido de aquí y de allí la manera de vivir siendo bipolar sin sufrir los síntomas.

A nivel teórico y práctico, he aprendido tanto sobre el trastorno bipolar que apenas leo sobre el tema. Sin embargo, mi curiosidad me empuja a seguir pensando en él. De vez en cuando lo hago para enterarme de los últimos avances y no perder la perspectiva sobre esta enfermedad que puede convertirse en un problema de salud muy grave. Yo, de momento, me he librado. Ya son cinco años los que llevo disfrutando de la vida. Ahora me dedico a facilitar que otros no sufran con la enfermedad que tanto me hizo sufrir.

Me siento muy afortunado porque sé que hay muchas personas, con trastorno bipolar o sin él, que dejan este mundo sin encontrar su chispa. Como todo en la vida, también influye el azar. Aunque me ha costado miles de horas encender mi chispa, ha merecido la pena y he disfrutado del proceso. Ahora se trata de disfrutar con la tarea de intentar cambiar la vida de los demás a mejor, una parte importante de mi vida desde hace tiempo.

En realidad, tú también puedes encontrar la chispa que cambie tu vida a mejor. A decir verdad, ni siquiera es necesaria para no sufrir. Yo estoy tranquilo porque sé que, si algún día tengo que vivir sin ella, podré encender otra chispa en otro lado. Lo único que puedo asegurarte es que mi único mérito fue no tirar nunca la toalla. Sabía que podía cambiar mi vida a mejor, y hice todo lo posible por que así fuera. Pensaba que podía hacer mucho por encontrarme cada día mejor, y lo hice. Hoy es el día que todavía sigo haciéndolo para mantenerme. Si la salud me acompaña tengo chispa y calor para los próximos cuarenta años :)

martes, 26 de agosto de 2014

yo juzgo, tú juzgas, él juzga...




Aunque el comentario de hoy parezca un trabalenguas, no lo es. Juzgar es algo tan difícil de evitar que nos perdemos mucho al hacerlo. Yo, aunque no tuve muchos problemas con este tema, cada vez lo hago menos. Aunque tiendo a juntarme con personas que tienen cosas en común conmigo, trato de no prejuzgar a quien no conozco. Quizás me pierda mucho cuando me he formado ya una opinión sobre alguien, ya que me resulta difícil cambiarla. A muchos nos gusta ir sobre seguro, es decir, juntarnos con aquellos con quienes coincidimos para evitar discusiones que pensamos no conducen a ninguna parte.

Incluso de aquellas personas que siento habitan en otro planeta, intento aprender algo. Muchas veces las escucho de una forma imparcial, como un juez que trata de hacer lo propio con los testigos. Para poder ponerme en esa posición tan difícil, antes tengo que haber echado por tierra todo prejuicio y, lo que es más difícil para cualquiera, todo juicio.  Suspender lo máximo posible juicio y prejuicio me resulta imprescindible para escuchar a personas que parecen hablar un idioma distinto al mío. Esta semana he tenido que hacerlo con mi padre y lo he conseguido. Te puedo asegurar que últimamente me sorprendo a mi mismo.

Hace algún tiempo una persona me juzgó muy duramente en público y sin venir a cuento. Aunque pareció no hacerme daño al momento, el veneno hizo su efecto al día siguiente. Me costó recordar la última vez que alguien me juzgó con tanta agresividad pero al final lo hice. Tenía dieciocho años, y fue mi padre quien se quedó, como se suele decir, más ancho que largo. El veredicto fue de culpable sin delito. Aquella vez tragué, lloré y me envenené. Años después me mordió con su veneno más de una vez hasta que dejé de sentir. Treinta años después todavía me estoy curando del veneno.

No olvidaré nunca la lección que aprendí de tan mala manera. No tolero ni toleraré la agresividad o el mal trato a nadie. Quien quiera juzgarme que aprenda a hacerlo con educación. Si, por algún motivo tiendes a buscar la paz, no confundas nunca la buena educación o las buenas maneras con el silencio. Puede que te acabes por convertir en el vertedero de la basura de los demás.





miércoles, 20 de agosto de 2014

un ataque de aburrimiento




La semana pasada me dio un ataque de aburrimiento repentino que me pilló desprevenido, mezclado con una sensación de cansancio físico que aparece muy de vez en cuando por el dolor. No fue una sensación normal y me bloqueó de una manera especial. Cuando me quise dar cuenta ya estaba dando vueltas a la cabeza y sin ser capaz de prestar atención a lo que me decía mi mujer. Como si, de repente, se cerrara un grifo y yo mismo viera que ha dejado de caer agua. Y con dificultades para volver a abrirlo.

Me he decidido a escribir este comentario por lo excepcional de la situación. La última vez que me ocurrió fue hace cinco años y pasé por una depresión que me duró seis meses. Supongo que la sensación fue tan llamativa que llegó a bloquearme porque durante cinco años no había sentido nada parecido. En menos de veinticuatro horas logré quitármela de encima. Cómo lo hice ha sido muy importante para mi porque, muchas veces, lo que uno es capaz de hacer una vez lo puede volver a repetir.

Al día siguiente llamé a un amigo de la asociación y le vomité lo que me estaba ocurriendo. No se lo conté simplemente porque era como un alien que necesitaba expulsar de golpe. Al hacerlo, el bloqueo casi desapareció al momento. La depresión suele comenzar de una manera tan sutil que cuando uno quiere darse cuenta ya se ha instalado en todo el cuerpo. Atajarla cuanto antes no resulta nada fácil. De hecho, es la primera vez que lo logro en mi vida. 

Aunque tengo la suerte de contar con una rutina diaria que me encanta, la rutina siempre es rutina y desgasta. Hubo otro pequeño truco que me funcionó. En lugar de hacer lo que llevo haciendo casi como un robot durante los últimos días, hice una pausa diferente en mi paseo diario en bicicleta. En lugar de ir directo al periódico de la mañana, me senté en un banco a contemplar la playa. Simplemente aquello me volvió a mi estado natural. Volví a sentirme bien y todo quedó en un susto. 

martes, 12 de agosto de 2014

¿te mueres de ganas?




Aunque las vacaciones son para descansar, este verano he pasado alguna tarde con amigos de la asociación con los que me gusta estar también fuera de las reuniones de Bilbao. Para mi son una oportunidad para seguir aprendiendo y un placer enseñarles lo que ya he aprendido. Dos placeres que se complementan muy bien y me hacen disfrutar especialmente de cada rato que paso con ellos. Les aprecio, y creo que ellos a mi también.

En una de las conversaciones, un amigo reciente me dijo que se moría de ganas por hacer algo que tiraba de él como tiran diez perros alaskianos de un trineo de nieve. Yo le dije tranquilamente:

 "Una de las muchas cosas que he aprendido sobre el trastorno bipolar es que cuando te mueres de ganas por hacer algo, tienes que aprender a no hacerlo". Al rato, mi amigo lo hizo.

Quizás ésta sea una de las mayores dificultades de una persona que todavía no tiene el suficiente control sobre sí misma y sus impulsos, y se siente muy vivo. Yo, aunque me siento muy vivo, no hago cosas que me moriría de ganas de hacer. Y me refiero a cosas aparentemente saludables y muy bien vistas socialmente. No las hago porque realmente no las necesito, y hacerlas podría poner en riesgo todo lo ganado. He aprendido lo suficiente para saber que con el trastorno bipolar dejar de ganar, a veces, es ganar el doble.

Mi naturaleza no es como la de los demás. Un médico puede hablar de enfermedad si quiere, yo simplemente diría que mi naturaleza condiciona mi vida de una forma diferente. Pero quizás no sea tan diferente de la de aquella persona que, sin haber pasado nunca por la consulta de un psiquiatra, cuida de sus hijos después de salir del trabajo o sale en el periódico por cualquier motivo. No hay ninguna persona en el mundo que no esté condicionada por su naturaleza. Con trastorno bipolar o sin él. En nuestro caso particular, hay determinadas cosas que yo me prohíbo hacer con placer. Aunque parezca una contradicción, puedo hacerlo porque me siento muy bien y como pez en el agua. De momento seguiré nadando mientras pueda. Y, si necesito algún día patas para reptar, ya veré cómo lo hago. Si me he reinventado una vez, puedo hacerlo más veces.

lunes, 4 de agosto de 2014

¿puede la enfermedad cambiar?




El otro día una persona diagnosticada con trastorno bipolar decía en un guasap que la enfermedad no iba a cambiar. Ojalá se equivoque. La enfermedad puede cambiar o no. Puede cambiar a mejor o a peor. Y puede hacerlo porque el cerebro puede cambiar a través del aprendizaje y la experiencia. Justamente mi aprendizaje y mi experiencia es lo que comparto en este blog contigo. La enfermedad puede cambiar porque el cerebro puede cambiar.

Aunque no me gustaría utilizar este blog para hablar de ciencia con frecuencia, no puedo evitar hacerlo. Ya que los profesionales de la salud no lo hacen a menudo, lo haré yo de vez en cuando. El trastorno bipolar puede llegar a ser una enfermedad grave y crónicamente grave. Por este simple motivo, nunca relativizo la posible gravedad de la enfermedad. Como eso ya lo sabemos casi todos, me gusta ir más al grano. Aquí tienes mucho más de lo que se puede encontrar en una web que hable de síntomas. Si tiene algún valor no lo decido yo, lo decides tú. A mi me sirve tener en cuenta todavía muchos de los comentarios aquí escritos. Algunos estoy seguro de que son determinantes para seguir sintiéndome bien y disfrutando de la vida. 

Si la enfermedad no cambiara no hubiera podido ser testigo del cambio de muchas personas en la asociación de Bilbao. Ni yo podría sentirme como me siento hoy en día y desde hace cinco años. Y no hablo de pequeñas mejorías, sino de cambios radicales. Tan radicales, que algunos ya no necesitan aparecer por las reuniones de Esperanza Bipolar. Si la enfermedad no pudiera cambiar, ellos no podrían sentirse como se sienten ni hacer la vida que hacen. La enfermedad no es algo ajeno a tu vida. Cambia y se transforma con ella. Hay tantas cosas que se desconocen como otras cosas que se dan por sentado sin conocerse de verdad. Evidentemente el trastorno bipolar tiene una base biológica y no es una invención del los psiquiatras. De ahí a que la consideren como la diabetes sin tener mucho en común con ella me parece un ejercicio de imaginación que sólo puede servir para que los pacientes se la tomen en serio. Algo que, por cierto, no me parece nada mal.




viernes, 25 de julio de 2014

¿sobrellevar el trastorno bipolar?



Hace unos días he recibido un correo electrónico que hablaba de estrategias para sobrellevar el trastorno bipolar correspondiente a la investigación del post anterior. La palabra sobrellevar no es una palabra que invite a superar o dejar atrás los síntomas, quizás simplemente no me guste por este motivo. Además, sobrellevar suele ir acompañado de la palabra "carga" o "problema", y estoy convencido de que no todos tenemos que sobrellevar la enfermedad. Aunque desgraciadamente algunos sí, pienso que la utilización de este tipo de palabras por los profesionales de la salud es una equivocación más importante de lo que pueda parecer.

Afortunadamente, leo, escucho, veo y observo cosas que no me gustan pero no me afectan. Ni sobrellevo ni padezco los síntomas, con lo que la enfermedad ya no es enfermedad para mi. He visto y conocido otras personas, muy pocas, que se encuentran en la misma situación. Aunque puede no servirte de mucho saberlo, puede ayudarte a darte cuenta de que es posible. Yo escribo en este espacio desde hace tiempo, para contarte cosas que sí pueden servirte. Si me he decidido a escribir este comentario no ha sido tanto por el e-mail que llamó mi atención, sino porque sé que hay muchas personas que hoy en día están obligadas a sobrellevar la enfermedad.

Mi actitud nunca fue la de sobrellevar sino la de superar el trastorno bipolar. Aunque sé que la actitud no siempre es suficiente, sin ella hay cosas que resultan imposibles. Dejar atrás la enfermedad es una de ellas. Es una verdadera lástima que sea una de muchas otras, igual de importantes o incluso más. Sin embargo, hablo hoy de ella porque me parece importante hacerlo. Y no se trata simplemente de una actitud positiva. Se trata de una actitud determinada a sentirse bien y mantener el bienestar. Cuanto más tiempo, mejor. Y cuanto mejor te sientas, más fácil te resultará mantener lo ganado porque no querrás perderlo nunca. Llevo en esta situación cinco años y la sensación es un auténtico placer :))


viernes, 18 de julio de 2014

quiero pedirte algo...



Hoy algo diferente. Tiene que ver con el trastorno bipolar, algo que ya no creo que te extrañe si lees este blog desde hace tiempo. Una psicóloga, Ainara, está preparando su doctorado en la Universidad de Deusto y necesita colaboración. Si no la conociera lo suficiente, no escribiría este comentario para pedirte que la ayudes rellenando un cuestionario en el siguiente enlace http://www.encuestafacil.com/RespWeb/Qn.aspx?EID=1739709.

La contraseña es estudioresiliencia, aunque no te llevará mucho tiempo rellenarlo, tienes que tener un poco de paciencia y tomártelo con tranquilidad. La confidencialidad es absoluta. Si lo harías por mi, por favor, házlo por ella.

No utilizaría este espacio para apoyar una iniciativa en la que no creyera. Aunque se están destinando grandes recursos a la investigación de nuevos fármacos para las personas diagnosticadas con trastorno bipolar, la iniciativa de Ainara Echezarraga también cuenta con el apoyo de la investigación sanitaria sobre la enfermedad. Para completar la muestra necesita personas mayores de edad diagnosticadas con trastorno bipolar para sacar algunas conclusiones que serían de utilidad en un futuro para el avance de la ciencia. Aunque no esté muy de acuerdo con la manera de hacer ciencia de algunos, la ilusión y dedicación de Ainara compensó el tiempo que dediqué a rellenar el cuestionario. Para que la ciencia avance, necesita de la colaboración de todos. Yo, aunque haga las cosas a mi manera, no voy a entorpecer a la ciencia. Ainara está unida a la enfermedad aunque no la padezca. Como muchas personas cercanas a quienes la sufren o la han sufrido. Ese motivo es suficiente para que la dedique mi tiempo :))

miércoles, 9 de julio de 2014

¿cómo es tu vida?


Recuerdo la época en que mi vida era plana como una hoja de papel. Solía pensar que mi vida era demasiado normal cuando, en realidad, el pensamiento lo único que reflejaba era una sensación de falta de estímulos, de ilusiones, o de intensidad. Momentos demasiado frecuentes en los que echaba en falta una chispa que convirtiera mi vida en algo diferente, más valioso, una vida más satisfactoria en cierta manera. Cuando no estaba deprimido, me sentía apagado o con poca vida. Muchos de mis males tenían que ver con mi profesión. Algunos con el mundo de la empresa o las actividades profesionales que desempeñaba. Tuve que bajarme de un autobús que me conducía a ninguna parte para volver a vivir. Con treinta y ocho años, una edad en la que muchos ya tienen la vida más que enfocada.

Reinventarse, más que una palabra, es una experiencia que merece la pena vivir. Si aciertas, como casi todo en la vida. Después de equivocarme tantas veces, aunque podría decir que lo dificíl hubiera sido no acertar, no lo es. En realidad, no es tan difícil no encontrar aquello que te da la vida. Dicen que, en el terreno profesional, ocho de cada diez no lo encuentran nunca. No todos enferman, afortunadamente. Yo sí lo hice. Abandonar me acabó por alejar de los síntomas del trastorno bipolar, y puso tanta distancia entre ellos y yo, que la enfermedad ya no supone nada para mi en los últimos cinco años.

Para alcanzar mucho más que la salud se tienen que dar varias circunstancias al mismo tiempo. Una sola circunstancia muy desfavorable puede echar por tierra todo en un abrir y cerrar de ojos. Ahora mismo siento que la vida es un gran regalo. A pesar de ello, no creo que lo merezca especialmente porque tampoco creo haberme merecido las desgracias que me tocó sufrir. Quien crea que uno tiene lo que se merece, o ha tenido mucha suerte en la vida, o no ha vivido lo suficiente. Siento todo lo ganado en los últimos años como un aprendizaje que me ha cambiado la vida y me permite cambiar la vida de otros. Quizás simplemente sea esta oportunidad lo que convierte mi vida en algo muy estimulante. Para una persona diagnosticada con trastorno bipolar, una vida poco estimulante puede convertirse en una sufrimiento perpetuo. Lo he visto ya muchas veces, y lo he sufrido en primera persona. Así que si crees que algo te falta, búscalo allí donde puedas encontrarlo :)


martes, 1 de julio de 2014

¿piensas mucho?




Conozco personas que piensan mucho y hacen poco y otras que hacen sin pensar. Yo tuve que pensar mucho para no volver a caer ni en la depresión ni en la euforia. Lo más importante no es pensar mucho, sino pensar bien. Todo lo que encuentres en este blog no es más que mi manera de pensar. A mi me ha permitido dejar atrás la enfermedad durante los últimos cinco años. Para empezar a pensar bien hay que ir aprendiendo con la experiencia vivida, y sacar todas las conclusiones útiles posibles.

Cada día pienso menos, aunque nací pensador y moriré pensador. He aprovechado esta cualidad para dejar de sufrir, y ahora la empleo para intentar que otros también dejen de hacerlo. Con algunos lo estoy consiguiendo o lo he conseguido, con otros no. Haber dedicado tanto tiempo a pensar y a aprender me ha permitido hacer las cosas como las hago. Cada día doy lo mejor de mi mismo, y trato de hacerlo lo mejor posible. Pase lo que pase o haga lo que haga. me permito errores porque son inevitables. Intento, al menos, no repetirlos.

Pensar mucho no es bueno. Suele provocar estancamiento, dudas e inseguridad. Más vale dar un paso, que pensar diez. Mejor todavía, pensar un poco antes de dar un paso, sobre todo, si éste puede traer consecuencias importantes a tu vida. Pensar después de equivocarse, la mejor manera de aprender. Pensar después de haber acertado, la mejor manera de seguir aprendiendo. Tengo la sensación de que cada día me equivoco menos y de pisar terreno firme. Hace años caminaba sobre un barrizal. 

Desgraciadamente, las lecciones más importantes de la vida me llegaron de la peor manera posible. Si no fuese por todo lo que se perdió en aquella trágica noche, estaría muy agradecido a la vida. A pesar de estar vivo y poder contarlo, será muy difícil que llegue el día en que pueda agradecer con convicción todo lo que tengo. Especialmente por lo que perdieron mis hijos y los que no están.

Puedes disfrutar de la vida aunque haya heridas en ti que no curen nunca del todo. Todos vivimos heridos. Quien diga lo contrario, o tiene mala memoria, o prefiere no recordar. En este blog  podría hablar sobre todo el sufrimiento que el trastorno bipolar trajo a mi vida. Sin embargo, prefiero contarte lo maravillosa que es mi vida ahora. Porque, en realidad, el ahora es lo único que cuenta :)   

martes, 24 de junio de 2014

¿te fijas en los detalles?




No hay ninguna manera de dejar atrás el trastorno bipolar sin aprendizaje. El tratamiento es un airbag químico y no garantiza siempre la seguridad ni en todos los casos. Aunque no esté totalmente de acuerdo con la teoría de la avería que la ciencia propone, pueden influir tantos factores en la enfermedad que hoy me voy a centrar en una manera sencilla de mejorar tu salud. Poco a poco o a saltos. Al principio, poco a poco. Con el tiempo, con la sensación de ir subiendo peldaños de una pequeña escalera.

Hace falta sentirse bien para empezar a ir extrayendo de los detalles de tu vida y de tu bienestar, conclusiones que te sirvan para seguir adelante. Yo, a pesar de llevar una trayectoria bastante atípica, sigo aprendiendo. Tengo la inmensa fortuna de hacerlo gracias a mis compañeros de la asociación, un espejo en el que reconozco a la persona que yo mismo era hace tiempo. De todas formas, quedan todavía quedan muchos detalles del "Alberto de antes" que no veo la necesidad de cambiar. Otros, aunque quisiera no podría cambiarlos. Además tengo poco que ganar y demasiado que perder. Firmaría hoy mismo mi vida para el resto de mis días. Auque solamente sea una forma de hablar, espero que lo entiendas.

Hablando de lo importante: los detalles. Hoy mismo, me he dado cuenta de un pequeño detalle que te voy a regalar. Suelo andar en bicicleta en la ciudad en la que vivo, Santander. Como tengo dolor crónico, es mi silla con ruedas. Siempre observo a los niños que encuentro en mi camino y, hace un rato, un niño avanzaba en dirección a mi bicicleta con sus dos pequeños puños hacia adelante. Un diminuto Superman que se dirigía hacia mi como si no hubiera más mundo que su fantasía. Una buena imagen que refleja muy bien a  una persona diagnosticada con trastorno bipolar que se ha subido al cohete de la hipomanía o la manía. Hace más de doce años yo era el niño que me he cruzado hoy. Un niño con más de treinta años. Piensa en tu último viaje e imagina al pequeño superhéroe. Mi pequeña lección de hoy :))



miércoles, 18 de junio de 2014

¿eres capaz de emocionarte?




Hace algún tiempo leí que una investigación revelaba que aquellos capaces de emocionarse a través de los demás, probablemente, tendrían un mejor pronóstico que aquellos que no sentían lo mismo por el otro. Me refiero a personas diagnosticadas con trastorno bipolar. He conocido personas en la asociación que han dejado de venir porque se contagiaban con las emociones de los demás. Otros, que después de tres años dejándose contagiar, no han vuelto porque ya no lo necesitan. Se sienten bien y hacen su vida. Me gusta recibir mensajes del tipo: "Me encantaría ir pero no puedo...". La asociación Esperanza Bipolar logró con algunos lo que nadie antes había logrado con ellos durante muchos años. Ni psiquiatras, ni psicólogos, ni tratamiento farmacológico. Saberlo y ver la evolución de muchos que todavía siguen viniendo es uno de mis mayores placeres de hoy.

La cuestión del comentario de hoy es muy sencilla de comprender. Si eres capaz de emocionarte con una película triste, alégrate. Si eres capaz de enfadarte con el cabreo de tu vecino, celébralo. Si eres capaz de sonreír con la alegría de tu pareja, invítala a comer un día. Si te contagia la tristeza de alguien, mucho mejor que si no lo hiciera. Déjate traspasar, haz un esfuerzo por sentir lo que el otro siente. Aunque haya quien todavía crea que se trata de debilidad, es todo lo contrario. Una fortaleza para tu salud.

Cuando uno vive en la cabeza, y no tanto en el corazón, está embotado. Los sentidos están tan adormecidos a cualquier hora del día como después de una paella en verano. Yo, sigo trabajando para estar cada día más conectado con mis emociones. No analizo, siento. Veo y saboreo. Escucho y amo. Nunca antes me había sentido tan bien. Ahora mismo me siento tan feliz que todo lo demás sobra. Esta tarde voy a dirigir un taller de escritura en la asociación y tengo una sorpresa para quienes cambien este día de verano por una tarde con las palabras. Las palabras son muy buena compañía. Te lo dice un escritor :)

miércoles, 11 de junio de 2014

¿te empeñas en ser tú mismo?




¿Sí?

Lo siento, no te puedo dar la enhorabuena. Voy a intentar explicarme. Sufrir o padecer el trastorno bipolar obliga a dejar de ser uno mismo para dejar de sufrir. Empeñarte en ser tú mismo entorpece el aprendizaje, y quieras o no, serás una persona diferente el año que viene, dentro de cinco años o después de la última discusión con tu pareja. Además, dejar de ser tú mismo será bueno para ti y para ella. Si no tienes pareja, aplícate el cuento con tu entorno más cercano.

Yo no soy el mismo que era antes de sufrir la enfermedad ni la misma persona que la sufría. Incluso sin padecerla sigo cambiando. Ni tampoco soy la persona que era antes de sufrir el accidente que casi nos cuesta la vida a toda mi familia. Ni el mismo que antes de vivir con dolor crónico y las limitaciones físicas que supone. Si me lees desde hace tiempo, te habrás dado cuenta de que tampoco soy el mismo que abrió para ti esta ventana a mi vida. Las reuniones de la Asociación Esperanza Bipolar en Bilbao me han cambiado tanto que me veo como una persona completamente diferente. Los demás me han permitido aprender sobre la enfermedad aquello que mi propia experiencia no me habría enseñado nunca.

Todo lo que hacemos nos cambia. Con quien estás, a quien escuchas o a quien lees también te cambia. Sólo se necesita una condición por tu parte: dejarse cambiar. Aprender no es más que eso. El aprendizaje nos cambia y nos ayuda a sentirnos mejor. Al principio, los cambios pueden no ser llamativos. Con el tiempo, pueden ser impresionantes. He visto personas rotas por dentro volver a sonreír. También he visto personas rotas por fuera volver a disfrutar. Personas antes abatidas, con nuevos proyectos. Personas sin vida, sintiendo de nuevo.

Espero que este blog te haya cambiado de alguna forma y te esté ayudando a dejar de padecer o sufrir los síntomas del trastorno bipolar. Aprender es la única manera de dejar de padecer el trastorno bipolar. Aunque te hablaría de plasticidad neuronal, me voy a contener. Mi mujer, la última vez que le invité a un helado, me dijo que no me acompañaba porque le iba a hablar de neurociencias. Pequeños conflictos de pareja :))

martes, 3 de junio de 2014

sex o no sex...




Ya lo decía Shakespeare: "Sex o no sex. He ahí el dilema". ¿Bipolar? Dilema difícil de resolver.

Ya ha llegado el buen tiempo, y con él, la alegría de vivir. Seas hombre o mujer, si te sientes bien no te escaparás a la influencia de la luz, el calor, los tirantes o la piel morena. Ni a lo que ilumina la luz o calienta el sol, lo que muestran los tirantes o lo que brilla la piel morena. Bienvenido al verano.

Aunque ahora estoy pensando en alguien que conozco al escribir este comentario, me aplico el cuento. O mejor dicho, me aplica el cuento. Cuando uno empieza a encontrar cierto atractivo a la farolas, o una padece la misma enfermedad con los semáforos, algo ha cambiado dentro de nosotros. Si te preguntas cómo lo llevo, te diré que de muy mala manera. Mente sana en cuerpo vivo, como una bombilla que lleva días encendida. Que todos los males sean como éste. He sufrido casi todos y no me voy a quejar. El sexo es tan natural como la vida y la vida sin sexo es como un jardín sin flores. Aunque puede ser muy bonito, parece que le falta algo.

A algunos nos da bastante pudor hablar de sexo. Como yo llevo ya más de tres años desnudándome ante ti no iba a hacer una excepción con este tema. Tampoco me gustaría que alguien creyera que quien está al otro lado del ordenador es una máquina muy bien programada. Soy humano. Exactamente igual que tú. Tengo muchos temas pendientes sobre los que escribir y éste no podía quedarse en el tintero. Y como es un tema muy íntimo y personal, hoy no hay conclusiones ni recetas mágicas. Soluciones muchas, eficaces no sé si tantas :)


miércoles, 28 de mayo de 2014

lo que no es el tratamiento




Aunque el tratamiento farmacológico ayuda a prevenir los síntomas y los alivia cuando éstos aparecen, no siempre es suficiente. Conozco y he conocido tantas personas a quienes la asociación Esperanza Bipolar ha cambiado la vida, que hoy voy a escribir pensando en ellos. Todos ellos contaban con la ayuda farmacológica y, sin embargo, la mayoría se sentían muy mal cuando aparecieron por primera vez en el centro cívico de Deusto. Algunos, después de salir de un ingreso hospitalario, otros muchos, después de llevar muchos años padeciendo la enfermedad.

Tengo la impresión de que muchos psiquiatras se curan en salud con sus pacientes. Me refiero a que tratan de evitar los mayores riesgos asociados al trastorno bipolar siendo éste su principal trabajo. Comprendo su actitud porque sé que el remedio puede no ser peor que la enfermedad, dando la vuelta al conocido refrán. El remedio, palabra latina para nombrar a los psicofármacos, permite a muchos llevar una vida alejada de los síntomas y del sufrimiento emocional que conlleva la enfermedad. Mi experiencia personal me obliga a pensar que pueden no ser lo más importante, ni imprescindibles en todos los casos. Supongo que la ciencia ha determinado la cronicidad de la enfermedad porque la estadística confirma lo que la tecnologia todavía no puede confirmar. Conozco personas que por haber abandonado el tratamiento recayeron. Otras acabaron en el hospital.

He dedicado a aprender en los últimos cinco años todo lo que puede llegar a aprender una persona con los recursos a mi alcance, y la experiencia vivida en primera persona de la enfermedad. El conocimiento es accesible con las nuevas tecnologías y las publicaciones de expertos. Precisamente, puedo cambiar la vida de los demás a mejor gracias a todo lo aprendido. Agradezco especialmente a los expertos en neurociencias su trabajo. LLevo el laboratorio encima las veinticuatro horas del día y sigo aprendiendo. Aunque cada vez menos, siempre hay cosas por aprender. He puesto toda mi inteligencia al servicio de una buena causa. Todo lo que he aprendido me ha ayudado mucho personalmente, y me siento muy afortunado por haber encontrado la salud. Mi especialidad no son los fármacos, sino todo lo demás. En este blog puedes encontrar parte de lo aprendido, que espero te sea útil de alguna manera.

¿Y qué es lo que no es el tratamiento? Lo que hagas con tu vida.

martes, 20 de mayo de 2014

los elefantes blancos




Cuando has sufrido el trastorno bipolar, tu vida cambia, y cambia para siempre. Aunque puede que a peor, o incluso a mucho peor, también hay quien ha sido capaz de encontrar algo positivo en la enfermedad. Una de las muchas secuelas psicológicas que nos pueden quedar tienen que ver con el miedo propio a volver a sufrir. De todas formas, no voy a hablar de este miedo hoy, sino del miedo ajeno. Tu entorno más cercano, y los profesionales de la salud pueden transmitir su miedo como un virus invisible a la persona diagnosticada con trastorno bipolar. Si cuesta llevar una maleta pesada, cargar con dos es siempre mucho peor. Afortunadamente yo ya no cargo con ninguna de ellas.

Los elefantes blancos son aquellas señales que muchos ven a tu alrededor por llevar en la mano una lupa con más aumento que unos prismáticos. Estás más irritable de lo normal o más sociable de lo que acostumbras a ser. Quieres tomar una decisión importante en tu vida o dar un cambio de rumbo que los demás no esperan de ti. Su alerta, no siempre justificada, puede perjudicarte de distintas formas. Una cualquiera, haciéndote subir por las paredes; otra que me tocó sufrir, obligándote a ir al psiquiatra cuando tú no lo  crees necesario.

Aunque se trata de un tema delicado, me voy a mojar como suelo hacerlo siempre. La enfermedad es dura, y puede llegar a ser una condena al sufrimiento si uno no aprende a manejarla. Yo aprendí a hacerlo, y trato de enseñar lo que he aprendido a los demás en la asociación Esperanza Bipolar y a través de este blog. Por ejemplo, entre las muchas cosas importantes a aprender hay una de ellas vital: saber en quien confiar y en quien no. Me refiero a que la opinión de cualquiera no sirve para llevar una vida saludable con trastorno bipolar. Normalmente, la gente que te quiere y te conoce bien tratará de hacer lo que esté en su mano por ayudarte, incluso cuando se equivoque.

Hace ya cinco años tuve que soportar una situación que describe muy bien la frase anterior. Aunque me dolió la reacción de las personas que me quieren, les hice caso y visité a mi psiquiatra cuando no lo necesitaba. Eso es exactamente lo que te recomiendo hacer. Ni más ni menos. Si te gusta ver a tu médico, como es mi caso, con mayor motivo. Evitarás de esta forma algunos riesgos importantes y, de paso, calmarás a las personas que te quieren y te entienden. No es necesario que sean muchas, basta con que sean las suficientes :)

martes, 13 de mayo de 2014

la vida te da sorpresas



La playa del Sardinero con buen tiempo compensa todas las sorpresas de mi vida. Las de ayer y las de hoy. Cada día que pasa, descubro más personas que son una caja de sorpresas. Y no me alegra haberlo descubierto porque no todas las sorpresas son agradables. Hoy tuve dos agradables y un puñado de desagradables. Muchos días en tu vida se parecerán a mi día de hoy.

Si no hubiera sufrido tanto, no me daría hoy cuenta de lo mal que andan del "piso de arriba" personas que yo pensé que eran normales. Ni están diagnosticadas con trastorno bipolar -que yo sepa- ni aparentemente llaman la atención a los demás. Me dejan tan frío como un granizado de limón a la garganta. A veces, hasta me dan dolor. Con objeto de evitar en la medida de lo posible las sorpresas desagradables, he tenido que aprender algunas cosas a marchas forzadas y de muy mala manera. Demasiadas sorpresas desagradables de la vida son gratis como para comprar las opcionales.

Uno de mis últimos aprendizajes, con cuarenta y siete años, responde a la siguiente regla: "No des una tercera oportunidad a quien no parezca merecerla porque no suele haber tres (sorpresas desagradables) sin dos"

Prefiero equivocarme diez veces a hacerlo cien. Pensar que los demás van a responder como tú esperas que respondan es una de las ilusiones más desilusionantes que conozco. No es necesario desear nada especial de los demás, aunque sea imposible evitarlo al cien por cien. Cuando crees que vas a sacar una paloma de la chistera, sale el sapo. Cuando esperas el as de corazones, el siete de picas.

El que espera desespera, el que no espera disfruta. El que confía como norma juega a la lotería de las desgracias con premio demasiados días al año. El mundo es un lugar agradable cuando uno aprende a distinguir el grano de la paja. El mundo se parece a un regalo cuando uno eliges bien a quién invitar a tu fiesta :)

martes, 6 de mayo de 2014

saliendo del armario




El otro día le comenté a una persona de mi nueva familia que estoy diagnosticado con trastorno bipolar y a lo que me dedico. Aunque él algo ya sabía, no es lo mismo que te digan las cosas de tú a tú. Me sorprendió mucho la forma en que reaccionó. Muchas veces no sucede nada de lo que nos esperamos. Respondió contándome algunas cosas muy íntimas sobre su vida, algunas muy sorprendentes. Tanto como le sorprenderían las reacciones de una persona en hipomanía o manía a alguien que desconozca lo que es el trastorno bipolar.

Cuando hablamos del estigma o de salir del armario en la asociación de Bilbao, suelen surgir muchas dudas y las conversaciones se calientan un poco. Yo siempre digo lo mismo. Me resulta fácil salir de armario porque me siento bien y no me siento muy diferente a nadie. Además dedicarme a lo que me dedico y de la forma en que lo hago, sin salir del armario sería imposible. Así todo cuesta menos. Cuando sufría los síntomas mi vida era más parecida a una novela fantástica o de terror que a un relato. Ocultaba todo lo ocultable. Trataba de aparentar que me sentía bien cuando no lo estaba. Por este motivo, sufría el doble. Nunca más he tenido que volver a hacerlo. La última, hace ya cinco años, nadie pareció darse cuenta de que estaba deprimido aunque quizás todos los que me conocen bien se dieron cuenta.

Otra de las cosas que me ha ocurrido recientemente tiene que ver con este comentario. Tengo la sensación de que todo el mundo sabe mucho más de lo que parece aunque uno se empeñe en pasar desapercibido. Seas homosexual, paciente de la salud mental - o enfermo para los profesionales de la salud mental- o aficionado a coleccionar cromos de la liga de fútbol con cincuenta años. Muchos enfermamos de más, o nos sentimos mucho peor, al ocultar lo que la sociedad parece ver como demasiado diferente. Lo curioso es que cuando alguien rasca un poco, nadie es lo que parece. El motivo para tratar de aparentar lo que uno no es puede ser de lo más variado. Hoy en día te pueden discriminar hasta por ser pelirrojo. Aunque no te dirán nada, te mirarán más de la cuenta por tus pecas o el color de tu pelo.

La discriminación no es un problema sólo de derechos sino de igualdad de trato. Estamos muy lejos de conseguir acercarnos a una situación más propia del siglo veintiuno. Vivimos en la Edad Media de la igualdad de trato. Carlos Mañas, autor del libro "Cuando mi cabeza me hace trampas"  llama "cacheo visual" a la mirada diferente al diferente. Este libro del autor gallego está en mi lista de libros pendientes.

¿Quieres enriquecer este blog? ¿Has salido o te gustaría salir del armario? Puedes empezar a hacerlo dejando aquí tu comentario :))

lunes, 28 de abril de 2014

sol, sol, sol




"Sol, sol, sol, calienta por favor..." Decía la letra de una canción que cantaba mi hija Raquel cuando era pequeña. He pasado una semana de vacaciones al sol con mi familia, y me ha sentado muy bien. Calor, sandalias, y descanso. Nada mejor después de unos años bastante intensos. Si pudieras ver mi vida por un agujero te preguntarías dónde está la intensidad. La respuesta: "En todo lo que hago".

LLegar a este punto en mi vida, ha sido posible gracias a un gran número de casualidades. Lo más importante suele llegar de esta manera: de casualidad. Así que no te rompas la cabeza pensando en qué tienes que hacer mañana o el mes que viene. Simplemente estate bien atento a lo que cada día te trae porque siempre encontrarás algo a lo que agarrarte y de lo que disfrutar. Eso sí, no te agarres muy fuerte porque no nos conviene llegar al punto en que ya no seamos capaces de soltar. No es una adivinanza, es un consejo. Un consejo que me doy también a mi mismo. Si no te gustan los consejos, haz una excepción con éste. De bipolar a bipolar.

El título de este comentario tiene un motivo concreto. El sol afecta al estado de ánimo de cualquiera, y a quienes estamos diagnosticados con trastorno bipolar especialmente. En verano y con sol uno siempre se activa más y tiende a ver todo en colores. Por este motivo, resulta útil no dejarse engañar por el buen tiempo. Estos días de vacaciones en el sur, y algún que otro verano que todavía recuerdo, me han ayudado a darme cuenta de lo que puede influir el buen tiempo. Tengo que estar especialmente atento a los pequeños cambios porque no tengo intención de dejarme llevar para que luego me tengan que recoger. Hay que hilar muy fino con esta enfermedad. LLevo años haciéndolo y lo seguiré haciendo toda mi vida. Si no lo hiciera me llamaría tonto después. Además de todo lo que sufriría antes de llamarme tonto. El año que viene tengo algunas nuevas actividades que comenzar y tengo que estar fresco y descansado. Después de las vacaciones siempre me pasa lo mismo. Con el dolor y el ir y venir, necesito otras vacaciones. :)




martes, 15 de abril de 2014

la ilusión por vivir



La espuma del mar en la orilla es una de mis ilusiones por vivir. Hoy me voy a dar un paseo para disfrutarla aunque el agua esté helada.

Hace tiempo llegué al extremo de perder la ilusión por vivir. Conozco muchas personas que viven sin grandes ilusiones y parecen felices. También conozco algunos bipolares que perdieron la ilusión por el camino y ya han empezado a recuperarla. Otros que siguen sufriendo por este motivo u otros muy diferentes. Tengo la sensación de que yo mismo, sin ilusión, estaría malviviendo otra vez.

Aunque haya aprendido a disfrutar de la vida porque hace casi ocho años estuve a punto de perderla, siento haber tenido que sufrir tanto para aprender una lección tan importante. Una explosión de madrugada hizo desaparecer mi mundo para despertar en un planeta de horror donde ya nada era como lo dejé al apagar la luz de nuestra habitación. Desperté a una pesadilla con una pesadilla aún mayor que duró casi dos años. Perdí a mi mujer y encontré mi propio cuerpo y el de mis hijos envuelto en cicatrices, heridas e injertos. Mi mujer y madre de mis dos hijos, a quien amé desde los dieciocho años y hasta el mismo momento en que se fue para siempre. Desperté de un coma inducido en una habitación de cristal días después de que ella abandonara una habitación de cristal contigua sin haber tenido la oportunidad de despedirnos.

Cumplí los cuarenta en silla de ruedas con la ilusión de un niño y me enamoré de nuevo como un adolescente para volver a perder el amor. Conocí a una mujer maravillosa, me volví a casar y me volví a enamorar. Todo por este orden; un orden menos frecuente que seguramente te llamará la atención.

Los motivos de mi felicidad son muchos y de lo más variados. Ver crecer a mis hijos sanos y felices, disfrutar de una familia que se quiere por encima de todo y de la vida que es mucho más que un regalo. Pasear todos los días con dolor sin apenas sentirlo porque el mundo que mis ojos me regala compensa todo lo sufrido, el dolor que me queda por vivir y mucho más. Las sonrisas de mis hijos, las palabras de las personas a quienes quiero y el rumor de las olas. La música, los libros y aprender. Enseñar y seguir aprendiendo. Cocinar y comer. Invitar y ser invitado. Imaginar y crear. Crear imaginando. Vivir la vida a tope con el pie en el freno. Volar sin levantar los pies del sueño. Sacar chispas a lo que tengo porque lo que ya no tengo, ni tendré, ni lo veo. Regalar lo que disfruto porque hacerlo me permite disfrutar el doble. Como las palabras de hoy, un regalo envuelto en lágrimas de dolor y felicidad.

jueves, 10 de abril de 2014

¿tienes que soportar a todo el mundo?




La primera vez sí, o incluso la segunda. La tercera ya no.

Claro que sí. Vivimos todos en el mismo planeta. Y claro que no. Las calles tienen dos aceras. Y aunque podemos saludar, también podemos decir adiós.

El otro día me encontré una persona por tercera vez y en la segunda decidí que no habría una tercera como la segunda.

La primera vez estuve escuchando sus penas bastante tiempo. Algo que me supone estar de pie, parado, y con dolor. A veces, ser educado no es bueno para uno. La segunda, después de escuchar otra vez más de lo mismo me dijo:
-"Bueno... los creativos en Estados Unidos también van así..." -señalando mis sandalias.

Primer aviso. A continuación vino lo mejor (peor).
-"¿Entonces qué? ¿Pipa no?" - me dijo con una sonrisa.

Aquí ya me cortocircuité. Cuando alguien ve a una persona con unos auriculares colgados al cuello se confunde. Quizás mi sonrisa desconcierte. No pienso dejar de sonreír.

Recuerdo que, hace tiempo, cuando yo iba en bicicleta una persona me dijo:
-"¡Qué deportista!"  -no iba andando porque no llegaba a la panadería de la esquina-

Un tiempo después, cuando me daba un masaje a la semana para aliviar el dolor, hubo quien me dijo:
-"Tú que tienes tiempo..."-y dolor-

Cuando me casé hace dos años en sandalias alguien me dijo:
-"¡Qué moderno!" -toda mi vida llevé zapatos como casi todo el mundo que tiene pies y zapatos-

Darme cuenta de que los demás ven por un agujero del tamaño de una moneda, a veces, era desesperante. Pero ya no. Se acabó. Me da exactamente lo mismo lo que la gente piense o deje de pensar. Hay quien juzga con una simple sonrisa, y quien lo hace con una simple mirada. Quien lo hace con una pregunta y quien lo hace con un tono  de voz. A mi ya me da la risa. Con mi salud, muchos estarían en casa viendo la televisión. Otros estarían haciendo otras cosas. Otros muchos estarían deprimidos. Quienes trabajan me alegro por ellos. Yo no les juzgo.

Quien no tiene que darme ningún ejemplo que se ahorre su tiempo conmigo. El que tenga alguna duda, que busque en google trastorno bipolar y dolor neuropático crónico. Mi trabajo es tener que llevar una vida con unos hábitos muy saludables para sentirme bien. Así soy feliz y hago felices a quienes quiero.