martes, 31 de diciembre de 2013

y con éste van tres!



Hace algunos años, saqué esta fotografía en una excursión al Teide, el gran volcán de Tenerife. Esta imagen significa mucho para mi porque transmite una sensación que me acompaña desde hace tiempo. Los últimos tres años han sido muy especiales y muy intensos a la vez. Aunque no me parece fácil mejorar mi situación, cada año que pasa tengo una mejor calidad de vida y disfruto todavía más de lo que me regala todos los días.

Las nubes están muy lejos. tan lejos como el año 1999, año en que toqué fondo. Algún día escribiré sobre la experiencia que viví -y sufrí- hace ya tanto tiempo. Hoy puedo contemplar aquellos días y el año 2006 -año de una tragedia familiar de un sufrimiento extremo- con la serenidad que me transmite este mar de nubes. Mi vida desde hace tiempo es maravillosa, y lo seguirá siendo mientras me respete. Me sacudió demasiado fuerte, y quién soy y lo que hago no deja de ser una excepción en muchos sentidos. No soy una persona excepcional , pero sí mi vida ha sido demasiado excepcional.

En realidad, eso es lo de menos hoy mismo y desde hace mucho tiempo. Lo que realmente me importa es convertir lo amargo en dulce. No en mi vida, que ya lo logré hace tres años, sino en la vida de los demás.  También lo he logrado con algunas personas que me aprecian y confían en mi, todos ellos ya son más que amigos. Sé cómo hacerlo y lo voy a seguir haciendo muy posiblemente mientras viva y tenga la salud suficiente para continuar.

Como tú hay personas que han visitado este blog muchas veces. Muchísimas diría yo. Como es el último día del año, te voy a pedir un favor, si eres uno de los lectores que han encontrado utilidad a este blog que es mucho más que un diario. Un comentario de tres líneas, o más si estás hoy expansivo :)), contando qué te ha parecido más útil de lo aquí escrito para que los demás puedan leerlo.

Aquí hay ciencia. Se puede hacer ciencia sin ser un científico de la misma forma que uno puede cocinar muy bien sin ser un cocinero profesional. Lo que distingue la ciencia son los resultados. La asociación Esperanza Bipolar de Bilbao es un buen ejemplo de lo que he logrado con mi trabajo enfocado a las personas que sufren o padecen el trastorno bipolar. No todo es de color de rosa, desgraciadamente también hay personas en el hospital. Sin embargo, te puedo contar que a una de cada dos personas, pasar por la asociacion les ha cambiado la vida. Teniendo en cuenta que el trastorno bipolar está considerada como una enfermedad mental grave, yo estoy mucho más que satisfecho. En realidad, estoy muy ilusionado y con ganas de continuar mejorando la vida de los demás.

Y, antes de que se me olvide, feliz año nuevo :))

martes, 24 de diciembre de 2013

un año más de blog contigo



Escribir en este blog, para mi es un placer. Uno de tantos. Aunque no te conozco, ya me puedes considerar casi un amigo. Hace mucho tiempo dejé un comentario invitándote a conocernos, y ahora vuelvo a invitarte. En verano o vacaciones, si vienes al norte y te apetece, podemos charlar de lo que quieras. Si tienes alguna duda o quieres que te cuente qué es para mi lo más importante que he aprendido respecto a esta enfermedad que ya no padezco, yo encantado de pasar unas horas contigo y charlar sobre el tema. Ya habrás visto que aquí voy dejando muchas de las cosas que considero más importantes respecto al trastorno bipolar. Algunas de ellas puede que no te hayan ayudado, espero que otras sí lo hayan hecho.

Cuando termina un año, todos estamos predispuestos a hacer balance. Yo ya no suelo pensar demasiado en si el año que termina ha sido bueno o podría ser mejor. Tal y como está mi salud física, mejorar mi situación es bastante difícil. Psicológicamente y emocionalmente me encuentro como nunca. Cuando tenía salud física, andaba como vaca sin cencerro. Ahora que me siento bien, el cuerpo no está al cien por cien. Aunque ya no lo estará nunca, he aprendido a vivir con lo que tengo y le saco chispas. En los últimos años, siempre pienso que es difícil que me sienta mejor, y, sin embargo, cada año gano un poco más en calidad de vida. Hay tantas cosas de las que disfruto en la vida, que aquellas que no puedo disfrutar ni las veo. Pasear y ver el mar, cuando pensé que nunca más podría volver a hacerlo, es uno de los mayores placeres que disfruto todos los días. La música, que también me apasiona, es otro de mis grandes placeres. Hace no tanto tiempo que he decidido que no voy a dedicar ni un día de mi vida a algo que no tenga ningún aliciente para mi. Fueron demasiados los años que me dediqué, sin darme cuenta, a un trabajo que tenía el sabor de una sopa sosa. Ahora toca disfrutar de muchas ocupaciones que me saben muy bien.

Me gustaría saber cuál es tu situación ahora mismo. Y más me gustaría que tu situación haya mejorado en este último año. He visto en la asociación de Bilbao personas diagnosticadas con trastorno bipolar que han  mejorado mucho en los tres últimos años, pero también conozco otras con limitaciones o que siguen sin sentirse bien. Sé que a todos no nos afecta, o ha afectado, por igual la enfermedad. A pesar de ello, soy muy optimista con todos ellos. He visto a algunos que estaban sufriendo mucho y han dejado de hacerlo y empiezan a disfrutar de la vida. Si ellos han podido, muchos otros pueden hacerlo. Y, cómo no, tú también.




lunes, 16 de diciembre de 2013

¿te has sentido alguna vez fracasado o fracasada?




La pregunta no tiene mala intención. He pensado en hacer la pregunta para explicar que yo sí me sentí un fracasado durante mucho tiempo y que las depresiones que sufrí tuvieron mucho que ver con el fracaso y la sensación de que no había ninguna salida a mi situación. Cuando leo que la depresión bipolar está relacionada con problemas en los mecanismos reguladores del estado de ánimo de una persona diagnosticada, me pregunto: ¿Y quienes no están diagnosticados con trastorno bipolar? ¿Ellos sí se deprimen por motivos objetivos? Una vez que uno tiene un diagnóstico parece que ya no tiene ni derecho a tener motivos para deprimirse. Se deprime porque la biología lo determina.

Después de sufrir una primera depresión, es muy frecuente sufrir nuevas depresiones. Esto lo desvelan las estadísticas, que son datos moderadamente objetivos. Tampoco es tan raro acabar deprimido sin saber porqué cuando uno lleva mucho tiempo sufriendo. Yo también me he deprimido en alguna ocasión sin saber muy bien porqué. Incluso cuando me ha sucedido, me he tomado la molestia de pensar un tiempo después qué me pudo llevar otra vez allí y siempre he encontrado algo. No siempre ayuda mirar atrás pero muchas veces ayuda a no caer en los mismos errores.

Mi vida profesional podría calificarse de fracaso. Aunque suelo pensar que mejor me hubiera ahorrado algunas cosas, hay quien me dice que seguramente todo lo que he hecho en mi vida me ha ayudado a estar donde estoy y a hacer lo que hago. Y tienen razón. Esforzarme durante mucho tiempo aunque fuese un viaje a ninguna parte, también es parte importante del viaje. Fracasé muchas veces, y busqué otras tantas una salida al fracaso. No acerté ni a la segunda ni a la tercera. Acerté cuando tiré la toalla y me di cuenta de que la vida era algo más que nadar contracorriente. Podría decir que mi vida, en cierta manera, fue un fracaso hasta hace bien poco. Después de conocer el fracaso y su reverso, el bienestar, reconozco que gran parte de lo vivido también tuvo su origen en malas elecciones. Cuando uno anda perdido, no le queda más remedio que hacer elecciones continuamente en busca de algo nuevo a lo que agarrarse. Que yo recuerde, me agarré en falso a tres salvavidas. Ninguno me ayudó a flotar. Me hundí otras tantas veces. Sufrimiento, y hospital y fármacos como mecanismos de rescate. Todo quedó atrás. Ahora ya no necesito más que lo que tengo que es mucho. Siempre tuve mucho, pero tenía la sensación de que me faltaba algo. Si tienes lo que necesitas no te faltará nunca nada. Yo pensaba que necesitaba mucho más que aquello que realmente necesitaba.


domingo, 8 de diciembre de 2013

lo positivo de haber padecido el trastorno bipolar



Sé que para muchos, el trastorno bipolar resulta una condena o, como mínimo, el origen de muchos problemas que nada tienen que ver con la enfermedad en sí, pero afectan a la vida haciéndola más difícil. Yo viví y sufrí muchos de ellos. Si me he decidido a escribir este comentario ha sido por el contraste de la opinión de dos personas en la asociación. Una de ellas, agradecía a la enfermedad el haberla convertido en una persona más comprensiva, más humana según sus propias palabras. La otra, al contrario, comentaba que le había convertido en una persona más desconfiada con los demás. De alguna manera le había llevado a aislarse a pesar de ser una persona aparentemente muy sociable.

Dicen que sólo aquellos que son capaces de encontrar sentido a su sufrimiento, pueden salir fortalecidos de él. Hoy es el día en que le he encontrado tanto sentido que ni siquiera me duele haber sufrido los síntomas. El tiempo diluye los recuerdos y la memoria contribuye a borrar lo más doloroso. Interpretar lo que te ha ocurrido puede ayudarte a dar forma a los recuerdos para suavizar lo menos agradable hasta que a uno mismo deja de parecerle tan agrio como seguramente fue. No se logra en una primera revisión, se necesita recordar la experiencia vivida y expresarlo en voz alta con alguien de confianza varias veces. También lo puede hacer uno a solas sentado en un parque o mirando al mar. En la asociación he visto como personas, después de haberlo hecho durante días, han dejado de sufrir y han vuelto a su vida más ligeros y más felices. Algunos no han vuelto porque ya no lo necesitan.

He podido sacar tantas cosas positivas de la enfermedad que ahora voy a nombrar las primeras que me vienen sin pensar. Quizás la más importante sea que me ha permitido conocerme a mi mismo mucho mejor de como me conocía antes. Si no te conoces, estás perdido. Yo lo estuve durante mucho tiempo, y lo peor de todo, es que iba en la búsqueda del bienestar y la felicidad en la dirección equivocada. Cada vez me sentía peor y cada vez era más infeliz.

La segunda, y más importante quizás, es que la enfermedad me permitió cambiar de vida y encontrar una pasión cuando mi vida había sido una vida de insatisfacción crónica. La insatisfacción deprime. Y la tercera, la oportunidad de poder cambiar la vida de personas como yo, es una motivación que me hace sentir muy bien y me permite seguir aprendiendo. Uno de los motores de mi vida de hoy.

Si quieres dejar un comentario explicando lo que has sacado de positivo de esta enfermedad que tanto puede hacer sufrir, les servirá a otros para pensar sobre su propia experiencia y preguntarse si ellos también podrían encontrar algo que compense tanto sufrimiento vivido.

domingo, 1 de diciembre de 2013

cuando pierdo los estribos



Esta semana me he dado cuenta de que no soy una balsa de aceite. Aunque normalmente soy capaz de mantener la paciencia, no siempre lo consigo. Cuando hago daño a alguien, aunque sea sin intención, después suelo sentirme mal. Aunque cuido mucho las palabras, el tono de mi voz puede resultar agresivo y ofensivo si hay algo que me indigna o me siento muy frustrado. Algo que tiene mucho que ver con las expectativas que pongo en algo o en alguien, aún sin quererlo. Todos somos así, y aunque pretendamos controlar nuestras reacciones muchas son imprevisibles e incontrolables.

De todas formas, hay algo que me ayuda a calmarme y a no preocuparme tanto por mis reacciones. Ser capaz de pedir disculpas si es necesario y, al momento, me ayuda. Darme cuenta de los motivos de mis reacciones también me sirve para no culpabilizarme. No pretendo convertirme en un robot que oye sin escuchar o que ve sin sentir. La verdad es que me encantaría poder reaccionar de forma impasible con todo y con cualquiera. Tratando de sacar lo positivo de mi último calentón he aprendido dos cosas muy importantes. La primera es el tiempo que tardo en recuperar la tranquilidad. No me cuesta más de un par de días. La segunda es tener la oportunidad de aprender algo para la próxima vez, que espero que sea más tarde que pronto.

Nadie tiene la misma paciencia con todo el mundo con el que se relaciona. Puedes consentir mucho a tus hijos y nada a tu pareja o viceversa. Aceptar a un compañero de trabajo lo que no permitirías nunca a tu jefe, o viceversa. Depende de tantas circunstancias, que pensar en ellas puede ayudarte. No todos tenemos las mismas debilidades, ni todos nos desenvolvemos cómodamente en todos los entornos. Hay quien se sube por las paredes cuando cruza la puerta de su casa,  y quien lo hace cuando cruza la puerta de un despacho. O al cruzar cualquier puerta. Tu nivel de exigencia y de tolerancia con los demás, a veces, también dependen de tu nivel de exigencia y tolerancia contigo mismo. Mi nivel de exigencia profesional no era muy saludable, y sin embargo, me costaba mucho ser exigente con las personas con las que trabajaba. Pocas veces tuve problemas en conseguir de los demás aquello que también era mi responsabilidad. El respeto, por lo general, ha sido una de mis virtudes. Sin embargo, me doy cuenta de que todavía hay cosas que me hacen saltar. Quizás afortunadamente, porque reconozco que el día que deje de saltar me habré convertido en una persona que lo traga todo, o en un monje budista. Y no me veo en ninguno de los dos papeles.