domingo, 24 de noviembre de 2013

¿piensas alguna vez sobre lo que te ha sucedido?





Me encanta pensar y no me cuesta de vez en cuando mirar para atrás para revisar mi historia. Haberlo hecho me ha permitido aprender mucho y conocerme mejor, dos ingredientes entre otros muchos que han hecho posible mi recuperación. Aunque no tengas mucho tiempo para pensar, no hacerlo puede costarte caro. Además, no es necesario llegar hasta el fondo de un problema cualquiera para evitar caer en los mismos errores.

Cuanto mejor te conozcas, mejor podrás elegir y tomar decisiones que te lleven a sentirte mejor. No hay nada como perder el norte, porque con él uno se olvida de quién es, dónde está o hacia dónde quiere ir. Yo llegué a un punto en el que iba en dirección a un precipicio y, después de caer en él, volvía a caer en uno mayor. En realidad, el precipicio era el mismo pero cada vez me hacía más daño. Si has leído muchos comentarios de este blog, ya sabrás de qué hablo.

No siempre es fácil llegar a las respuestas, pero si no te planteas ninguna pregunta, es imposible aprender de tu propia experiencia. Las preguntas que más ayudan son las más difíciles. Son aquellas en las que te cuestionas lo que piensas o de lo que estás convencido. Muchas veces creemos saber lo que nos conviene. Estamos convencidos de querer algo que nos perjudica y creemos que necesitamos. Yo estuve muy equivocado durante mucho tiempo, pero también también estaba convencido de que quería hacer algo diferente con mi vida. Algo que me devolviera la ilusión por la vida, me motivara y me hiciera disfrutar. Lo encontré después de buscar durante años en la caja equivocada.

A pesar de que ya no necesito aprender de la experiencia vivida, sigo rescatando algunos recuerdos para aprender más sobre el trastorno bipolar. Me sorprende descubrir todavía algunas cosas cuando leo algunos detalles sobre cómo funciona el cerebro y cómo puede condicionar nuestra vida. Con lo aprendido puedo ayudar a personas que sufren o padecen la enfermedad que yo también sufrí y padecí. Y también a los que se sienten lo suficientemente bien como para mejorar más todavía. Es mi ocupación actual y se ha convertido en una verdadera pasión. Disfruto tanto haciéndolo que cada día pienso en nuevas maneras de aprovechar lo aprendido. La asociación y mi relación fuera de ella con buenos amigos me sirve para seguir aprendiendo y facilitando la recuperación de algunos de ellos. El próximo año he decidido volcarme especialmente en dos personas a las que aprecio como ya he hecho antes con otras.

Si tienes Facebook puedes hacerte amigo de la página Esperanza Bipolar. Allí dejo citas que pueden ayudarte mucho. Todas ellas guardan alguna relación con nuestra forma especial de sentir y de ver el mundo. Una forma que puede conducirnos a sufrir los síntomas si nos dejamos llevar o no aprendemos a cambiar de alguna forma. Ya no pienso como antes ni siento como antes. Pienso mejor y me siento mucho mejor :))


viernes, 15 de noviembre de 2013

las ventajas de ser un "sinvergüenza"



Esta semana he hablado con una persona que aprecio mucho. Aunque no la conozco personalmente, sé que después de llevar bastante tiempo sufriendo ahora es feliz. No lo digo yo, me lo contó ella.
No suelo encontrarme muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar que me digan que son felices, más bien lo contrario. Ser feliz no está al alcance de todos porque, además de muchos recursos, se necesitan circunstancias más o menos favorables. Pocos son quienes, a pesar de un entorno o una situación difícil, son capaces de encontrar la manera de ser felices "a pesar de".

Cuando ella me lo contó, me hizo mucha ilusión. No pude evitar una pregunta después de recibir tan buena noticia: -¿Qué es lo que ha hecho posible un cambio tan radical en tu vida?

Ella se había abierto a sus amigos, perdido la vergüenza, y había sido sincera. Quizás por primera vez.
Cuando alguien logra dar un salto en su vida con un pequeño paso -convertido en un paso de gigante- me sorprende el avance que puede suponer algo aparentemente tan sencillo, y no tan fácil en la práctica.
La vergüenza tiene mucho que ver con el miedo. El miedo a perder algo o a alguien hace que ocultemos algunas cosas a los demás, y aunque no todos los miedos son infundados, muchos sí lo son. Desde mi punto de vista, el miedo más comprensible para ocultar un diagnóstico es el miedo a perder, o a no encontrar, un empleo. Todos los demás no sólo limitan tu vida, te hacen daño. Conozco personas que se avergüenzan de la enfermedad y la mantienen oculta por miedo al rechazo. Aunque lo entiendo perfectamente, veo una ligera tristeza en ellas. Me da la impresión que parte de esa tristeza tiene mucho que ver con no poder mostrarse a los demás sin miedo ni vergüenza.
A mi nunca me ha importado demasiado lo que piensen los demás aunque sentí vergüenza de mi mismo cuando sufría la enfermedad. Me avergonzaba del sufrimiento, no de la enfermedad. Me sentía incapaz de hacer algunas cosas que los demás hacían sin esfuerzo aparente. No avanzaba a pesar de mi esfuerzo, o cuando lo hacía, necesitaba mantener el esfuerzo como si no hubiera avanzado nada en realidad. Perdía la motivación con demasiada frecuencia, y pensaba que rehuía la responsabilidad. Todo aquello quedó atrás hace tiempo.

Ahora sonrío todos los días, y me levanto con ilusión de la cama una vez que dejo el dolor en ella. No me avergüenzo de mi condición, ni de cómo soy, ni de lo que hago. Cuanto mejor me siento, más motivado estoy, y cuanto más motivado estoy, mejor me siento. Cuando logro algo lo disfruto mucho, lo que no logro ni lo veo. He conocido personas que "se crecen" con los logros de los demás cuando son ellas quienes los facilitan. Con el tiempo me he dado cuenta de que soy una de ellas. Crezco y "me crezco" con los logros de los demás. Si te identificas conmigo en cierta manera, podrás aprovechar mucho de este comentario.

En resumen, pierde la vergüenza con quien puedas y quieras perderla. Te sentirás mucho mejor siendo un "sinvergüenza" :)

viernes, 8 de noviembre de 2013

¿causas o desencadenantes del trastorno bipolar?




El otro día leí en el periódico un artículo que me llamó la atención. Un profesional de la salud mental afirmaba que el desahucio no era la causa, sino más bien es el desencadenante del suicidio. No voy a comentar mucho sobre esta afirmación porque creo que no merece la pena entrar en diferencias tan sutiles. Supongo que no es la causa porque uno no quiere establecer una relación directa entre causa y efecto. No todos los desahuciados se suicidan afortunadamente. Ni todas las personas han sufrido los síntomas del trastorno bipolar, también afortunadamente.

Hace ya algún tiempo me llamó la atención un comentario muy parecido. Una persona, profesional de la salud, insistió de tal forma en no relacionar el trastorno bipolar con ninguna causa en concreto que no se me olvidará nunca. Aunque me imagino los motivos, no los comprendo. Si se desconocen las causas, no entiendo porqué se afirma que no hay causas con tanta convicción. Si se conocieran las causas, eliminando las causas se eliminarían los efectos. Me pregunto si hay un interés real y general en que se eliminen los efectos. En pleno siglo veintiuno, con todo lo que se sabe y conoce sobre la enfermedad y sobre el cerebro, ésta no debería estar considerada ni tratada como crónica.

En mi situación tan particular me dedico a hacer lo que puedo con lo que sé. No trabajo con profesionales de la salud porque no coincido con ellos en algo demasiado importante. Para mi, la enfermedad no tiene porqué que ser crónica en todos los casos. Sin embargo, las personas a las que me dedico necesitan tanto de los psiquiatras que les atienden como de la asociación de Bilbao. Trabajo en la misma dirección que ellos sin ellos, con distintos medios y distintos recursos. Así todo, me sorprende que la asociación Esperanza Bipolar marque una gran diferencia en la vida de muchos con un largo historial médico.

El problema no es si existen causas objetivas o no que desencadenan la enfermedad. El verdadero problema es descubrir si uno mismo puede dejar atrás la enfermedad conociendo dichas causas o sin llegar nunca a conocerlas.  Aunque creo que es posible en los dos casos, yo recomiendo dedicarle unas neuronas a los problemas que han complicado tu vida. También hay responsables de la salud que invitan a todo lo contrario, como si pudiera tener efectos secundarios. Son demasiadas cosas las que no comprendo y, lo peor de todo, es que la situación de la mayoría de las personas que conozco es muy mejorable. El único motivo que me anima a seguir haciendo lo que hago.

Déjame un comentario con tu opinión. No sólo a mi, sino a todos los lectores que son muchos :))