jueves, 25 de julio de 2013

airear



Últimamente pienso sobre conversaciones recientes que he mantenido con amigos que están diagnosticados con trastorno bipolar y me doy cuenta de muchas cosas que, aunque muchos saben, para otros pueden pasar desapercibidas. Aunque todos sabemos que es importante no guardar aquello que nos puede hacer daño no ventilando el "piso de arriba", tampoco es tan raro encontrar situaciones en las que podemos llegar a no hacerlo por motivos personales que justifican, muchas veces equivocadamente, nuestro silencio.

Hace tiempo tuve un problema grave que duró años y no sabía cómo solucionar. Aunque yo conocía muy bien cuál era el problema, no lo comentaba con nadie a pesar de que el desgaste cada vez era mayor y la solución no parecía llegar nunca. El problema tenía nombre y apellidos: "insatisfacción laboral". Emocionalmente me sentía vacío en el terreno profesional y mi relación con el trabajo tenía el mismo sabor que el de un matrimonio o pareja que comparte techo y nada más. Desde entonces, nunca más he vuelto a "guardarme" algo con la intención de no molestar o preocupar a alguien. Si lo piensas bien, la mayoría de las personas emocionalmente equilibradas suelen ser extrovertidas y no suelen vivir hacia dentro. Por algo será. Nuestro mundo emocional se regula en la interacción y quien no comparte acaba convirtiendo un maravilloso estanque en agua turbia y estancada. Los niveles de estrés y la posibilidad de perder el control sobre uno mismo crecen cuando uno evita una conversación no siempre agradable. No se trata simplemente de desahogarse, aunque hacerlo tampoco es ningún delito. Se trata de expresar abiertamente y en palabras lo que ebulle dentro y puede acabar por reventar en el momento más inoportuno. No enfrentarse a las situaciones o las personas aunque parezca una garantía para permanecer en puerto seguro resulta ser todo lo contrario. Suele suponer preparar una tormenta cuando la lluvia siempre moja menos.

Pocas veces en los últimos años he visto la "luz amarilla" de precaución. Si he llegado a verla o he intuido que algo me podría acercar a una situación de riesgo, no he dudado en comentarlo rápidamente con una persona de confianza. La última vez fue hace más de un año,  y tomé una decisión con la ayuda de un amigo que me quiere y sabe bien cómo cuidarme. Si no me hubiera preocupado de "airear" quizás estaría otra vez sufriendo los síntomas del trastorno bipolar. Además he encontrado el placer en confiar mis dudas con las personas que quiero y me quieren, cuando algo me huele a riesgo. Tengo muchas personas que me conocen bien y saben cómo cuidar de mi. No me siento más débil que los demás ni un incapacitado por hacerlo. Al contrario, me siento muy bien y tengo la sensación de que las personas en las que confío se sienten bien ayudándome. Te lo recomiendo. Busca un equipo de tres. Si son personas con cualidades diferentes, mucho mejor. Así podrás ver y preveer desde distintos puntos de vista.

martes, 16 de julio de 2013

mi experiencia



Hoy he puesto mi foto de Facebook porque quería comentar algo respecto a mi experiencia. He leído en un blog que también se llama Esperanza Bipolar y que han actualizado recientemente lo siguiente:
"Manteniendo la intención de comprender la enfermedad desde la experiencia subjetiva".

En realidad, no me importa quién está detrás de este blog ni su intención. Sólo voy a aprovechar su comentario para hablar de mi experiencia para aclarar quién es el blogger que te escribe y a qué se dedica. Las experiencias no son objetivas ni subjetivas, son experiencias. Sin embargo, sí que es verdad que traté de comprender qué se escondía detrás de mi enfermedad y encontré muchos porqués. Para saber lo que realmente importa hay que escuchar a quien padece la enfermedad. Pocos lo hacen. Durante el mismo tiempo me dediqué a leer y aprender a través de la lectura y las personas diagnosticadas con trastorno bipolar. Lectura de libros de neurociencia, entre otros muchos. Me siento un aprendiz y el interés por aprender me llevó a la fuente. Más tarde me dediqué, y sigo haciéndolo, a ayudar a personas que padecen o sufren la enfermedad.

Hablar de experiencia subjetiva huele a "ciencia". A veces, la ciencia también tiene sus miedos. Miedo a lo que no lo es, y puede ser tan útil como lo que sí lo es. Incluso más. En nombre de la ciencia, también se hacen muchas cosas todavía al revés. Evidentemente no es mi responsabilidad, cada cual ejerce la suya. Quien tiene miedo no evoluciona. La ciencia no debería tener miedo si quiere evolucionar. Ni soy médico ni voy a curar a nadie. Hablar de curación en una enfermedad mental es como hablar de las magdalenas con mayonesa. No sirve de mucho y es imposible sacar un buen sabor de ese debate. Siendo más práctico, me dedico a sacar muy buenos sabores de lo que hago y de las personas que me rodean diagnosticadas con esta enfermedad.

Hablar de experiencia subjetiva es como hablar de enfermedad mental objetiva. ¿Sirve de algo? Me temo que no. Sólo para ahuyentar miedos. Hay muchas frases de este comentario que sí puedes considerar como opiniones subjetivas. Leo a diario en prensa tantas opiniones subjetivas de expertos sobre la enfermedad, que no voy a dedicar este blog a comentarlas. Soy constructivo. Simplemente me he permitido el lujo de dejar aquí un comentario más personal. ¿Subjetivo? La subjetividad la valora siempre el lector. Es decir, tú :)

miércoles, 10 de julio de 2013

sobrecargarse



Hace un mes estuve con una persona que no me conoce mucho, pero quizás más de lo que yo creo. No es tan raro que las intuiciones o sensaciones que tienen los demás sobre uno mismo sean más objetivas que las que uno mismo tiene sobre su "mecanismo". Aprovecho la oportunidad para recomendarte que aproveches siempre que puedas la oportunidad de aprender de lo que los demás ven en ti. No es difícil descubrir siempre algo nuevo, especialmente con las personas que te conocen bien y tienen mucha relación contigo. Yo lo acabo de hacer con mi mujer, y aunque ella no lo sepa todavía, suelo tener en cuenta lo que me dice cuando me ve enfadado y tengo que soltar presión.

Volviendo a la persona que me ha provocado escribir este comentario, su frase decía algo así como: "Ah, tienes que evitar sobrecargarte". Cuando la escuché me sorprendió y pensé, como suelo hacer a menudo, que sobrecargarse es una expresión demasiado genérica. Sin embargo, pensándolo bien, creo que se comprende muy bien y seguro que la entiendes. Mi "sobrecarga" siempre vino por una mezcla de ansiedad por disfrutar de lo que hacía al límite - o al menos intentarlo- y las muchas dificultades que acababa siempre por encontrarme. Ir ciego a por el logro sin disfrutar del día a día. Aunque si volviera a mi profesión, sé que seguiría siendo incapaz de disfrutar de la actividad profesional que desempeñaba. Lo que sí creo es que ahora sabría mucho mejor cómo enfocarme porque me conozco mucho mejor.

Mi experiencia es muy posible que no tenga nada que ver con la tuya. Aunque así sea, he encontrado rasgos comunes entre muchas historias -vidas- que conozco. Incluso en el caso de que no te sientas identificado con este comentario, creo que uno siempre puede aprender "algo" de la experiencia de los demás. Siempre trato de sacar la esencia de mi experiencia sin entrar en detalles para que sea más fácil de transmitir. No resulta tan difícil proyectar algunas de las conclusiones a la experiencia personal, sea cual sea el "problema" en cuestión. No quiero decir con esto que el trastorno bipolar sea un "problema" como otro cualquiera, pero sí que detrás de los síntomas se pueden esconder muchos problemas que uno debe ir resolviendo para sentirse mejor.

Puedes pensar en lo que te sobrecarga, no es difícil descubrirlo. Aprender cómo superarlo o prescindir de ello son dos posibilidades. Tan válidas la primera como la segunda. Para no sobrecargarme necesito dedicar dos horas de descanso por cada hora de actividad. Pero estoy igualmente ocupado sábado y domingo. Siento que mi salud lo merece, y además, me doy cuenta de que cada año hago siempre un poco más. Me siento muy bien dando lo mejor de mi mismo, y algo que nunca he vuelto a hacer es darme un "atracón " sin pensármelo antes. No dos veces, sino cuatro.

Me encantaría que me comentaras qué te gusta del blog y lo que no. Antes de final de año, tengo pensada una sorpresa para ti que espero te guste. No es márketing, es una sorpresa :)


miércoles, 3 de julio de 2013

ser feliz





El último día una persona en la asociación hablo de ser feliz con la enfermedad. Y yo pensé que es imposible ser feliz con la enfermedad cuando el trastorno bipolar se sufre o se padece. En ese caso, supongo que lo que uno puede intentar es tratar de ser feliz a pesar de la enfermedad.

Cuando sufrí la enfermedad, tampoco era feliz. Y el motivo principal no era el trastorno bipolar sino uno muy diferente. Mi día a día no me resultaba estimulante, me faltaba ilusión y no sabía cómo superar mis dificultades diarias. Ahora soy feliz porque disfruto de todo lo que hago y de las personas con las que convivo o me relaciono. Mi vida es mucho mejor de lo que nunca antes pudiera haber imaginado. Sé que mi vida se ha revalorizado, como diría mi amigo Pablo, porque estuve a punto de perderla y ser un superviviente marca una vida. De todas formas, para el tema de hoy, creo que esta circunstancia vital no tiene mucho que ver con mi felicidad.

Sin alcanzar la estabilidad emocional la vida te golpea cada vez con más fuerza. No es necesario ser bipolar para saberlo bien. Y sin alcanzar la estabilidad emocional, resulta también imposible vivir  feliz. Uno puede disfrutar de momentos felices, pero no suelen durar mucho. Recuperar mi salud mental no creo que haya sido un camino fácil ni difícil. Se lo debo a lo que hago y a las personas que me rodean. A las personas que me han ayudado y a las que todavía lo siguen haciendo. No soy una persona a quien le guste pedir, y pedir ayuda en esta vida no es signo de debilidad sino de inteligencia. Mi médico y mi psicóloga me prestaron hace tiempo la mejor de las posibles, y supongo que yo hice el resto, lo que me correspondía para sentirme cada día mejor. Otras muchas personas me siguen ayudando y a todas les estoy muy agradecido. En especial a mi mujer, quien me ha regalado parte de su vida para que yo pueda cumplir muchos de mis sueños.

Cuando llegué al quinto, me di cuenta que ahora mis sueños son los sueños de los demás. Disfruto tanto al ver que con mi trabajo hay personas que están empezando a vivir una nueva vida, que dedicarme a otra cosa sería perderme algo demasiado importante para mi. No se trata de responsabilidad moral, sino de enriquecer mi vida. La asociación y lo que se vive dentro del grupo es una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido hasta ahora. Y las personas que me prestan su ayuda tan importantes para el bienestar de los demás como lo que yo pueda aportar. Y para cerrar el comentario, me gustaría volver a la montaña de problemas. Si uno nunca asciende la montaña o aprende a rodearla, creo que es imposible llegar a ser feliz. No soy tan inocente como para pensar que todos los problemas tienen solución. Sin embargo, muchos de ellos sí que requieren de alternativas. La vida no siempre es alpinismo :)