jueves, 9 de mayo de 2013

el infierno



El otro día me llamó una persona a la asociación y me dijo que estaba viviendo un infierno. Después de hablar con él, empezó a calmarse y a sentirse mejor. Ojalá venga algún día para conocernos a todos los que formamos el grupo.

Después de hablar con él, recordé lo que hace sufrir el trastorno bipolar en los primeros golpes a la línea de flotación de nuestra salud. Ahora voy a tratar de recordar algunos de esos momentos de mi vida, que si no fueron los más dramáticos, sí fueron los más dolorosos emocionalmente hablando. Si conocieras lo que tuve que sufrir hace seis años, te costaría comprender esta última frase. Si has sufrido el trastorno bipolar con toda su intensidad, puede que entenderías muy bien a qué me refiero.

En el año 99 toqué literalmente fondo. Ha pasado mucho tiempo y muchas experiencias en mi vida como para sufrir todavía las secuelas de algo más que un ingreso psiquiátrico. Los hospitales pueden ser lo de menos cuando lo que se sufre por dentro se parece más a un tsunami emocional que a una bonita ola que surfear. Aunque visto desde fuera alguien pueda pensar que la fiesta pueda tener cierta gracia, para el protagonista suele tener un final más cercano al drama. No sólo por lo que uno vive y cómo lo vive, sino por cómo lo viven y les afecta a las personas más queridas. Visto con perspectiva, me puedo incluso reir de mi mismo con las personas de confianza. Si no lo hago es porque sé cómo puede afectar a quienes todavía sufren con la enfermedad que me hizo sufrir tanto, y la salud es un tema demasiado delicado como para relativizar. Últimamente he hablado con varias personas que están sufriendo en el presente y son una oportunidad para regalarme a ellas. Me hace una ilusión especial ver que todas las personas del grupo hacen lo mismo con los recién llegados.

Cuando escribo nunca sé si quien me va a leer o me lee habitualmente, se siente mal, regular o bien. Si hace poco que ha sufrido o han pasado años desde la última depresión o la última euforia. No suelo llamarle manía porque no soy médico y me gusta más la palabra euforia. La palabra sí, no lo que representa para una persona bipolar.Si quieres contarme cuánto tiempo ha pasado desde tu infierno y cómo te sientes, todos los lectores del blog aprenderán algo de tu experiencia. En mi caso, 14 años. Ya no siento el calor :)



11 comentarios:

  1. Existe el INFIERNO, y tb el infierno de creerse que de aqui no se sale.
    El primero no me gusta recordarlo, y el segundo procuro no perderle de vista.
    Gracias Alberto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ana, yo el segundo infierno ya lo olvidé. Que existe el infierno con mayúsculas no puedo olvidarlo porque en la asociación veo el sufrimiento muy a menudo. Y aunque no fuera así, trataría de no olvidarlo. Creo que es importante no hacerlo, porque puede ayudarte a no caer en él.

      Eliminar
  2. En uno de mis episodios viví el infierno o cuando menos la idea que mi mente creó de él, de una manera totalmente exagerada.
    Un día en el que mi trastorno ya era patente, me llegué hasta la Renfe y compulsivamente cogí un billete del primer tren que salía. Era ya de noche y el traqueteo era paralelo a mi exagerada inquietud. No me costó mucho asociar ese tren con el tren de la muerte. Muertos vivientes directos al infierno.
    En el compartimento una gigantesca serpiente amenazaba con tragarme por entero. El revisor sólo me advirtió de esta forma: Usted viaje y deje viajar. Cuando compulsivamente me bajé en una estación aún era de noche. La ciudad estaba desolada. Curiosamente asocié que en esa ciudad del infierno la gente dormía sólo para comenzar a trabajar de sol a sol. Pasaron más cosas. Deambulé ansiando un amanecer que me sacara de allí. Cuando por fin comenzó a amanecer creí haber pasado lo peor y me fui quitando de lo que llevaba abandonándolo o arrojándolo a algún contenedor. Primero fue el macuto junto con la cartera, luego parte de la ropa hasta quedarme en pantalones, camisa y zapatos. El reloj siguió el mismo camino. De esta forma creía estar pagando mi cuota de salida del infierno, pensando que lo peor había pasado. La ciudad en la que estaba me era totalmente ajena y desconocida pero sin saber muy bien cómo me llegué nuevamente a la estación de ferrocarril.
    Los andenes de las estaciones tienen cierto parecido, pues bien mi mente quiso reordenar ese particular paisaje y transformarlo en el de mi ciudad. Sólo de esta forma podía escapar de ese infierno. Ante la imposibilidad de ello monté en otro tren. Al no tener billete me bajaron en otra ciudad y una pareja de policias me retuvieron hasta dejarme suelto. No debieron detectar que andaba mal de la olla o no se quisieron molestar más, así que deambulé todo el día mientras mi mente hacía asociaciones imposibles. Por suerte acabé en una calle cuyo nombre era calle de los dialectos. Fue allí donde me derrumbé. En esa calle de Babel comencé a gritar una y otra vez el nombre de la única persona que podía rescatarme. Alguien debió llamar a la policía. Sin ninguna violencia me metieron al jeep y me llevaron a un hospital. En la sala de espera había urgencias de distinto tipo. Un chico con la pierna escayolada hacía bromitas con su chica mientras me miraban. Me quité los zapatos y los tiré a una papelera.
    Lo siguiente que recuerdo es estar comiendo en la planta siquiátrica. Luego ya todo es confuso pues debieron meterme el cóctel de bienvenida. Andaba con unas calzas por los pasillos intentando saber dónde me hallaba. Un paciente debió de apiadarse y me ofreció un cigarrillo. En la habitación estaba sólo y sin recordarlo del todo rezaba el padre nuestro, sentándome a la derecha de la cama como si fuera su hijo. La verdad no sé cuánto tiempo pasó hasta que pude dar el teléfono de contacto necesario para que mi familia viniera a rescatarme. Supongo que dos o tres días, pero no lo sé a ciencia cierta porque no lo he cotejado con mi familia.
    He vivenciado otros pequeños infiernos, pero este se llevó la palma. De alguna manera fué el más grave y sobreviví a él.
    Cada cual crea su propio infierno particular así como su cielo. En el que he esbozado hubo muy poco cielo. Una lástima.
    Ya han pasado muchos años de aquello, pero no deja de ser un recuerdo doloroso que hoy me he permitido expresar.
    Que tengas un lindo día y yo lo disfrute también.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tu particular infierno dice mucho de ti, Theo. Gracias por compartir algo tan íntimo con todos. Algún día, describiré los míos con más detalle para que me conozcas mejor :))

      Eliminar
  3. El infierno para mí es cuando tocas fondo y te encamas unos días y luego mediante cócteles de lo más variopinto, y darte cuenta que te estás jodiendo la vida , la salud, y a la familia, empiezas poco a poco a remontar. El infierno también es para mí, darte cuenta que esto lo padecerás posiblemente toda la vida, aunke tengas fases de equilibrio pero el Infierno, puede estar esperándote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo, yo también he vivido ese infierno que describes más de una vez. Sin embargo, creo que ningún infierno está esperándome, simplemente me siento en cierta manera más vulnerable a volver a sufrir que aquellos que no están diagnosticados con trastorno bipolar como nosotros. Y además, me siento cada día menos vulnerable.

      Eliminar
    2. Te comprendo perfectamente. Yo tengo además añadido la incomprensión familiar. Mucha fuerza.

      Eliminar
  4. Euforia, disforia, depresión o aun los espacios de "estabilidad" entre esos estados son un infierno. Cuando estoy "estable" es que veo las consecuencias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Julio, nunca había pensado en que la estabilidad también puede convertirse en un infierno si uno ha atropellado a alguien con su velocidad. Siento que lo sientas así.

      Eliminar
  5. No se como expresar lo que se define como infierno ni quiero tampoco extrapolarlo a nuestra situación. En particular sufría depresiones desde que tengo unos 14 años, a día de hoy con 48 años me han diagnosticado tb y TDAH. Mi infierno comenzó con un padre bipolar al que solamente veía cuando venia a expulsar su fase explosiva con alguno de sus hijos, lógicamente la salida de alguno de mis hermanos y mía fue la droga, así durante más de 30 años he convivido con el hachís, anfetaminas, cocaína y sobretodo el alcohol.Como herencia a esta falsa ilusión de las drogas heredé una hepatitis C, la cual ha derivado en cirrosis hepática con sus complicaciones adyacentes. La cuestión es que aún así logré sacar mi carrera universitaria y trabajar durante más de 17 años, hasta que el Estado se hartó de dar jubilaciones falsas y me adjudicó una pensión de mierda. No sabía lo que eran las manías pero si las depresiones, en una de las cuales intenté suicidarme. La cosa no pasaría de ahí sino tuviera que convivir contigo mi mujer y mis 2 hijas o sea 3 ángeles, que no tuvieron otra culpa que dar con una persona como yo.Como era una persona bastante extrovertida y trabajaba muchísimo aunque me preguntaba de donde venían estos ataques de cansancio y estos pensamientos casi psicóticos de grandeza creyendo que era capaz de todo. El ifierno comenzó en el 2010 donde entré en una depresión y un cansancio tan grande e inexplicable que casi me deja tirado en una cama, no se como aunque sé que gracias a los 3 ángeles logré medio sobrepoerme, aunque el infierno no hizo más que comenzar, y los ataques de manía ya no eran meras borracheras, se transformaron en verdaderas locuras, algunas de las cuales estuvieron no solo a punto de matarme, sino de producir graves consecuencias a mi familia, y ahí viene lo peor, soportas el daño propio pero ya no soportas el que le produces a los que más quieres. He empezado a tomar litio y tranqulizantes para dormir, pero el sutil velo de la manía no perdona y cuando menos te lo esperas te dice vamos alla, y ya te preguntas que lo produce y la respuesta es tú mismo.Hoy por hoy no hay nada que te cure, es quizás de las enfermedades más injustas, pues te invalidan como persona y como ser humano frente a los demás que solamente ven un "loco más". Pierdes no solo el ánimo sino la dignidad y la esperanza de un futuro medianamene estable. En fin me he propuesto estudiar bioquímica para ver si puedo no dejarlo a medias e intentar encontrar algo que bloquee nuestras malditas neuronas. No nos engañemos, no existe nada para la felicidad, pero puede que haya algo que permita una cierta calidad de vida. Por cierto mi infierno ha aumentado debido a la presunción de que uno de mis ángeles pueda heredar esta mierda, solo espero que Dios expire todo el dolor en mí.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Has vivido un infierno y parece que no has salido de él. De verdad que lo siento, ojalá algún día puedas dejarlo atrás.

      Eliminar