viernes, 31 de mayo de 2013

la diabetes





Una buena amiga que voy a conocer muy pronto me ha inspirado el comentario de hoy. Todavía no lo sabe, ahora sí.

No es la primera vez que alguien compara el trastorno bipolar con la diabetes, ni seguramente será la última. Comprendo que sirva a algunos como ejemplo, aunque como dice el dicho "las comparaciones son odiosas". Especialmente las comparaciones equivocadas o que pueden llevar a equivocaciones. Comparar una enfermedad mental con una enfermedad con un origen biológico conocido y visible  es como comparar un coche con un avión. Viajando en los dos puedes sufrir una desgracia, pero las diferencias son tan importantes como las similitudes.

LLevo casi cinco años viendo la evolución de algunas de las personas de la asociación a las que me dedico, dentro y fuera de ella, y si fuesen diabéticos no podría escribir lo que voy a escribir a continuación. Algunos están empezando a descubrir una nueva vida, con la que quizá antes nunca habían soñado. Tienen menos limitaciones que antes, se sienten mejor, empiezan a disfrutar de la vida y ven el futuro de un color muy diferente a como lo veían la primera vez que cruzaron la puerta de la sala del centro cívico de Deusto.
Si fuesen diabéticos, seguirían teniendo las mismas limitaciones. Nada de pasteles con azúcar, por ejemplo. Sus expectativas de futuro no creo que hubieran cambiado mucho, tampoco. Puede que te parezca algo normal, y si hubieras leido algo sobre nuestro cerebro, te extrañaría menos todavía.Yo he leído bastante, y, sin embargo, me extraña que con tan poco se pueda lograr tanto. Si una enfermedad mental considerada como muy grave, puede dejar de sentirse como tal, quizás no sea tan grave como aparenta ser. Entiendo que un profesional de la salud centrado en la enfermedad, no esté de acuerdo con esta afirmación. Yo acepto muchas afirmaciones que leo aunque no las comparta. Lo que me cuesta tragar más es la desinformación.

El trastorno bipolar, enfermedad mental grave con los recursos que se emplean y que pocos cuestionan. El sufrimiento ya tiene nombre y tratamiento. Con los profesionales de la salud que tenemos y las deficiencias del sistema sanitario tan mejorables. Una vez alguien me dijo que la salud mental es un tema en el que nadie quiere meter mano. En aquel momento me sorprendió, quizás ahora ya no me sorprenda tanto. Yo no he decidido meter mano, he metido el cuerpo entero con la mejor de las intenciones. Y si no lo veo, no lo creo :))

sábado, 25 de mayo de 2013

la fiesta




He pensado en escribir este comentario únicamente para continuar con el anterior y explicar a qué me refiero con la fiesta. He sufrido mucho, como tú, hasta llegar hasta aquí. He tenido una gran ayuda que quizás tú no has tenido la fortuna de contar con ella, y sigo contando con personas que me siguen prestando su ayuda para sentirme bien. Sin embargo, me doy también cuenta de que me he convertido más en un donante que en un receptor. No sólo con las personas diagnosticadas con trastorno bipolar a las que dedico mucho más que mi tiempo, sino también otras personas que no se encuentran en su mejor momento y trato de contagiarles mi ánimo.

Nunca antes hubiera pensado que iba a poder disfrutar de la vida como lo hago, dolor crónico y trastorno bipolar incluido. No soy ningún superhéroe pero he ido aprendiendo mucho del sufrimiento propio y del de los demás. He aprendido tanto que me ha servido para encontrar mucho más que la estabilidad.
En realidad, siento que tengo muchos más recursos que con los que nunca antes había contado. La vida que me ha tocado sufrir desde los treinta hasta los cuarenta años, ahora no ha dejado rastro aparente ni en mi salud ni en mi felicidad. Añado la palabra "aparente" porque todo queda pegado a nuestra biología como Mara Dierssen conoce bien.

Esta semana estuve en una conferencia de la investigadora celebrada en Bilbao dentro de la semana mundial dedicada al cerebro. Me llamaron la atención muchas de las conclusiones de las investigaciones dirigidas por esta mujer de sonrisa amable. También me llamó la atención uno de sus comentarios al comenzar la conferencia. Nacida es Santander, se quedó sorprendida por lo "bonita" que es la ciudad de Bilbao. Yo, nacido en Bilbao, hace quince años me quedé sorprendido de lo "bonita" que es la bahía y la ciudad de Santander. No sé si son rarezas o me lo parecen. Quizás no lo sean tanto en un año en el que las dos ciudades colaboran para promocionar el turismo en el eje cantábrico. A mi también me gustan las personas como a ella. A ella le apasiona el cerebro. A mi simplemente me gusta. Puestos a elegir, sigo prefiriendo a las personas :))

jueves, 16 de mayo de 2013

el trastorno bipolar y la libertad




Hoy he elegido una palabra que para algunos tiene mucho significado y para otros no significa gran cosa. Sin querer profundizar demasiado en el tema de la libertad, tomaré prestada la palabra para hablar de mi experiencia con los problemas que tuve hace mucho tiempo para decidir libremente.

En realidad soy ingeniero por vocación paterna. Dicho de otra manera, nunca hubiera sido ingeniero si, en su momento, hubiera podido elegir libremente. Ejercí durante mucho tiempo una profesión que no era para mi, y a la que me costó adaptarme mucho más de lo que se puede considerar como saludable. Responsabilizar a una profesión equivocada de los síntomas que sufrí durante demasiado tiempo sería simplificar demasiado. Pocos problemas responden a una única causa, pero algunos problemas derivan de una única causa. La mayoría de las situaciones que supusieron, en ocasiones, una presión más que insoportable tuvieron mucho que ver con dónde estaba, lo que hacía y cómo me enfrentaba a lo que la propia situación demandaba de mi en aquel momento. Afortunadamente no todos nos tenemos que enfrentar a situaciones que nos pueden llegar a desbordar ni todos somos vulnerables a sufrir en el mismo grado por las presiones del entorno. Hablando de estrés laboral únicamente podría justificar los primeros años de mayor sufrimiento y dejaría de lado demasiados detalles tan importantes, o incluso más, en mi experiencia con la enfermedad. Pensar en si hubiera sufrido los síntomas en otras circunstancias no sirve de mucho, sin embargo, creo que posiblemente no hubiera sido así.

Permitir que los demás tomen decisiones que te corresponden suele ser una opción demasiado tentadora cuando uno no está seguro de lo que quiere o se muestra inseguro a la hora de tener que plantarse frente a las imposiciones. Yo no lo hice y estoy arrepentido de no haberlo hecho. Aunque al final pude adaptarme con muchas dificultades a mi profesión, nunca hubiera podido ser feliz ejerciéndola. Plantarse casi en los cuarenta años en la situación en la que yo me encontraba no sólo fue desperdiciar demasiados años de mi vida. Gran parte del sufrimiento hubiera sido evitable. O quizás no. O quizás no sería quien soy si no hubiera sufrido el trastorno bipolar como lo sufrí, especialmente durante los primeros cinco años. Con toda seguridad no podría dedicarme a lo que me dedico ni hubiera podido aprender tanto si no hubiera visto las tripas a la enfermedad. Tampoco si no hubiera conocido al excepcional médico y mejor persona  que me devolvió a la vida hace ya diez años. Ni tampoco estarías leyendo estas líneas si no hubiera sobrevivido hace seis años a una negligencia profesional que casi nos cuesta la vida a toda la familia. Todo lo que sé, y todo lo que he aprendido, hoy en día lo comparto contigo con la ilusión de que te sirva de alguna ayuda. Y he tenido la inmensa fortuna de comprobar con mis propios ojos, cómo la vida de algunos ha cambiado a mejor. Una nueva vida que me invita a pensar que la fiesta no ha hecho más que empezar :)

jueves, 9 de mayo de 2013

el infierno



El otro día me llamó una persona a la asociación y me dijo que estaba viviendo un infierno. Después de hablar con él, empezó a calmarse y a sentirse mejor. Ojalá venga algún día para conocernos a todos los que formamos el grupo.

Después de hablar con él, recordé lo que hace sufrir el trastorno bipolar en los primeros golpes a la línea de flotación de nuestra salud. Ahora voy a tratar de recordar algunos de esos momentos de mi vida, que si no fueron los más dramáticos, sí fueron los más dolorosos emocionalmente hablando. Si conocieras lo que tuve que sufrir hace seis años, te costaría comprender esta última frase. Si has sufrido el trastorno bipolar con toda su intensidad, puede que entenderías muy bien a qué me refiero.

En el año 99 toqué literalmente fondo. Ha pasado mucho tiempo y muchas experiencias en mi vida como para sufrir todavía las secuelas de algo más que un ingreso psiquiátrico. Los hospitales pueden ser lo de menos cuando lo que se sufre por dentro se parece más a un tsunami emocional que a una bonita ola que surfear. Aunque visto desde fuera alguien pueda pensar que la fiesta pueda tener cierta gracia, para el protagonista suele tener un final más cercano al drama. No sólo por lo que uno vive y cómo lo vive, sino por cómo lo viven y les afecta a las personas más queridas. Visto con perspectiva, me puedo incluso reir de mi mismo con las personas de confianza. Si no lo hago es porque sé cómo puede afectar a quienes todavía sufren con la enfermedad que me hizo sufrir tanto, y la salud es un tema demasiado delicado como para relativizar. Últimamente he hablado con varias personas que están sufriendo en el presente y son una oportunidad para regalarme a ellas. Me hace una ilusión especial ver que todas las personas del grupo hacen lo mismo con los recién llegados.

Cuando escribo nunca sé si quien me va a leer o me lee habitualmente, se siente mal, regular o bien. Si hace poco que ha sufrido o han pasado años desde la última depresión o la última euforia. No suelo llamarle manía porque no soy médico y me gusta más la palabra euforia. La palabra sí, no lo que representa para una persona bipolar.Si quieres contarme cuánto tiempo ha pasado desde tu infierno y cómo te sientes, todos los lectores del blog aprenderán algo de tu experiencia. En mi caso, 14 años. Ya no siento el calor :)



jueves, 2 de mayo de 2013

el trastorno bipolar y los logros





A todos nos gusta alcanzar logros. Muchos viven cautivos de los logros. Ni hace falta alcanzar grandes logros para sentirse bien, ni es necesario lograr todo aquello que uno se propone para no frustrarse. Conozco muy bien todas las sensaciones asociadas a los logros porque experimenté todas ellas, incluida la depresión como cara amarga del no-logro.

Hace más de diez años que no dependo de mis propios logros. En realidad, no me parece tan importante la dimensión de un logro. Una persona puede frustrarse con el mismo logro con el que otra estaría más que satisfecho. Soy consciente de que he logrado en los últimos años muchas de las cosas que antes eran inaccesibles para mi. Uno de los principales motivos por el que he podido hacerlo, es porque me siento bien. En apariencia, así de sencillo. Entre otras ilusiones conquistadas he logrado algo que siempre ambicioné: ser feliz. Ser feliz con dolor crónico es todo un reto. A diario me enfrento a él.

Aunque siempre se puede dar la vuelta a la tortilla, sé que sin logros mi vida no sería tan satisfactoria como es. Pequeños o grandes, lo importante realmente es que tus logros sean importantes para ti. En mi profesión, lo que motivaba a muchos a mi alrededor, a mi me sabía a harina cruda. Lo que me motiva ahora y me hace muy feliz, a muchos les sabría a rayos. Buscar lo que es dulce para ti siempre es importante. Encontrarlo resulta una amable obligación si no quieres caer en la apatía. Hagas lo que hagas, ten cuidado con lo que eliges. Muchos acaban bebiendo todos los días Coca-Cola. Aunque no sea sano, ni recomendable.

Dedicado a Roberto. Un buen amigo que colecciona futuros logros en cajas de cartón :))