sábado, 27 de abril de 2013

el trastorno bipolar y la vida




Como me gusta pensar y escribir, hoy voy a dejar un comentario para proponerte algo que te puede ayudar a valorar cómo vives el trastorno bipolar. Es una forma muy sencilla de representar tu situación en un papel con dos círculos. Uno de ellos representaría tu vida, en un color cualquiera, y el otro la enfermedad de la que estás diagnosticado, padeces o sufres. Aunque las tres opciones parezcan lo mismo, son muy diferentes. Yo hace más de diez años sufrí la enfermedad. Durante largas temporadas, la padecí. Hoy en día, sólo estoy diagnosticado y ni la sufro ni la padezco. Los círculos pueden tener un tamaño mayor o menor en función de la situación de tu salud. Los círculos pueden estar incluídos uno dentro del otro o no, si la enfermedad ya no afecta a tu vida. Representar estos círculos en una hoja con la fecha de hoy, puede ayudarte a ser más consciente de tu evolución. Puedes hacer este ejercicio de ancla una vez al año, o cuando lo creas oportuno y te apetezca hacerlo. No olvides de anotar siempre la fecha.

Cuando pensé en los círculos me di cuenta de que mi vida es un gran círculo y el trastorno bipolar es uno tan pequeño que ni siquiera afecta a mi vida. Por este motivo, el círculo pequeño está fuera del círculo grande. No afecta a mi vida, ni la limita. Mi vida está mucho más limitada por el dolor crónico que padezco, especialmente me impone limitaciones físicas y me obliga a una rutina más que saludable. Descanso y  ejercicio físico moderado a diario. Una alimentación bastante sana porque desde hace seis años, año en que sufrí el accidente, tengo que cuidarme para no sufrir pesadas digestiones o una gastritis crónica que también padecí durante algún tiempo.

Represento el trastorno bipolar con un círculo pequeño porque la enfermedad todavía significa algo en mi vida. Y no me refiero únicamente a todas las actividades que desarrollo con el nombre de Esperanza Bipolar a través de la asociación de Bilbao y en la red. Me estoy refiriendo especialmente a los límites que me impongo para vivir como vivo y no tentar a los síntomas. Si me olvidara de ellos, correría un riesgo que no estoy dispuesto a correr. Aunque ahora piense que podría prescindir de ellos no lo voy a hacer nunca. Son la base de mi bienestar y no tengo ninguna intención de dejarme llevar. Estoy convencido de que he encontrado mi ritmo y la tranquilidad que necesito para sentirme bien. No voy a cambiarla por el brillo de ninguna ilusión prescindible hoy en día. Tengo tantas ilusiones que no me gustaría empacharme con la avaricia de sentir con más intensidad. La intensidad de la serenidad para una persona como yo, que ha conocido los extremos, ya es lo suficientemente intensa como para necesitar más. No echo de menos la euforia ni mi vida de antes. Aquella fiesta ya la viví y no quiero volver a pasar la resaca. Es bueno que sepas que el deterioro de tu salud será mayor si no das la importancia que se merecen a cada una de las fiestas que suelen acabar con mucho dolor a tu alrededor. Además del que uno sufre por dentro cuando se apagan las luces.

jueves, 18 de abril de 2013

el trastorno bipolar y la atención plena



Hace algún tiempo compré un libro pensando en mis compañeros del grupo de Esperanza Bipolar en Bilbao. Hoy le he puesto un sello para que lo comience a leer quien tenga interés en el tema. Su título es "Practica la inteligencia emocional plena" de Natalia Ramos, Olivia Recondo y Héctor Enriquez, editado por Kairós.

La atención plena tiene mucho que ver con la capacidad de vivir el momento presente con intensidad y no estar dándoles vueltas al pasado o viajando al futuro sin máquina del tiempo. Investigaciones recientes estiman que nos pasamos casi la mitad del tiempo fuera del ahora. Pensar en el ayer o en el mañana es no vivir en el ahora.Y no me refiero a las personas diagnosticadas con trastorno bipolar, sino a todo el mundo. Si alguien me preguntara qué es lo que más me está ayudando en la actualidad a sentirme bien, esta capacidad estaría entre las diez primeras. Aunque pueda parecer fácil, no lo es. De hecho, todavía tengo mucho que trabajar en este sentido para que se convierta en un hábito todavía más consolidado. Encontrar actividades que te ayuden a estar centrado, concentrado e inmerso en la tarea, es fundamental para vivir el hoy y disfrutar de él como se merece.

Aunque el libro que recomiendo en este post es muy práctico, te recomiendo que lo compres especialmente si tienes problemas de ansiedad o estrés. Ejercicios sencillos de respiración y visualización que puedes practicar periódicamente o cuando no te sientas tranquilo o relajado, te ayudarán a sentirte al menos, un poco mejor. Nunca he practicado los ejercicios que propone el libro porque dispongo de tiempo suficiente para relajarme con otras actividades que me mantienen en el presente. Escribir en este blog, por ejemplo, es una de ellas. Antes de que compres el libro te advierto de algo importante. Aprender a relajarse ni es divertido ni te hace sentir bien el primer día. Dependiendo de tu nivel de ansiedad necesitarás semanas o meses para sentir los cambios. Si tienes la suerte y la paciencia de sentirte mejor después de poner los ejercicios en práctica, ya tienes un recurso más para echar mano de él cuando lo vuelvas a necesitar.

Te contaría mucho más sobre la importancia que tiene para nosotros vivir el presente. Pero no lo voy a hacer porque te aburriría. Al menos de momento, quizás algún día vuelva a hablar sobre ello. Este comentario te resultará de especial utilidad si ya te sientes lo suficientemente bien como aprovechar estas técnicas de reducción de estrés con una historia milenaria. Actualizada a los tiempos que vivimos, en los que las prisas, a veces, son inevitables :)


miércoles, 10 de abril de 2013

el trastorno bipolar y el sentido



Al dejar un comentario esta semana en redes sociales sobre el comentario anterior me di cuenta que la palabra vacío apareció en él sin quererlo. Aunque muchos de los problemas que tuve hace tiempo no tuvieron mucho que ver con la ausencia de sentido de mi trabajo anterior, sí que tengo el recuerdo de haber llegado a pensar que no había encontrado sentido a mi vida.

Aunque la palabra sentido suene demasiado fuerte, me da la sensación de que cuando no encuentras sentido a tu vida es porque te queda algo por vivir. Con toda seguridad no siempre es así, porque también es muy frecuente llegar a la misma conclusión cuando el sufrimiento emocional es límite. En ese caso, puede tratarse de un pensamiento tan equivocado como cualquier otro de los muchos que se le pueden pasar por la cabeza a uno cuando está deprimido o sufriendo demasiado.

Si eres el tipo de persona que necesite dar sentido a su vida, no te puedo dar la enhorabuena. Me identifico contigo y aunque ahora disfrute mucho, si no hubiera necesitado tanto en mi vida tampoco hubiera sufrido tanto. Simplemente hago lo que puedo porque me siento un auténtico privilegiado por poder hacer lo que hago. Aunque la asociación Esperanza Bipolar de Bilbao, este blog personal y un grupo y una página de Facebook con el mismo nombre que administro me llenan mucho, no son el sentido de mi vida. Mi familia, el periódico de cada mañana, los libros por leer, la fruta del desayuno, el calor del sol o el viento frío, son tan importantes en mi bienestar  como las actividades relacionadas con el trastorno bipolar que son mi ocupación principal ahora mismo y para los próximos veinte años, si los vivo.

El sentido de una vida se puede encontrar en cualquier momento y en cualquier lugar. Basta con estar bien atento y no perderse detalle. La sonrisa de tu hijo, la risa de un amigo, las olas del mar, la voz de tu madre o el amor de cualquiera, puedes ser suficientes para ir ganando terreno a la ilusión. No es necesario ni ser el más generoso, ni el más capaz. No hace falta tenerlo todo ni en todo momento. Basta con tener lo que es importante para ti y sacarle chispas hasta que la alegría empiece a aparecer en tu vida. No siempre es fácil, ni mucho menos posible, pero si uno no hace todo lo que está en su mano por encontrar el bienestar, el bienestar nunca le encuentra. Con la salvedad, claro está, de aquellos días en los que los síntomas pueden haber inundado tu cuerpo sin saber ni cómo ni porqué. Porque aunque sea la clase de persona que tiende a pensar que todo tiene un porqué y haya encontrado los porqués a muchos de mis problemas, soy muy consciente de que no tiene que ser siempre así cuando hablamos de enfermedad. En realidad, me alegraría saber que has encontrado aquí, al menos, una pista que rastrear para aprender más sobre ti mismo. Lo que quieres, lo que necesitas o lo que te hizo tanto sufrir.

¿Alguna sugerencia para escribir sobre ella en el futuro? Trataré de hacerlo, como siempre, con la mejor de mis intenciones.

miércoles, 3 de abril de 2013

el trastorno bipolar y el dolor



Aunque el trastorno bipolar y el dolor no tienen ninguna relación, voy a escribir este comentario porque en mi vida vivo con el segundo y estoy diagnosticado con el primero.

Me diagnosticaron con trastorno bipolar hace casi quince años y el dolor forma parte de mi vida desde hace más de seis. Sé que hay personas diagnosticadas que sufren de fibromalgia, un tipo de dolor que tiene el mismo origen que el que yo padezco y puede conducir a quien lo sufre a padecer depresiones más o menos recurrentes, si no crónicas.

En realidad, aprender a vivir con dolor puede que sea uno de mis mayores retos, incluso mayor que el que me ha supuesto ir dejando atrás los síntomas del trastorno bipolar. Mi vida requiere de una rutina bastante exigente en cuanto a descanso, ejercicio físico moderado y actividad intelectual constante. Un estímulo como el dolor, requiere de otro estímulo para distraer la sensación nada agradable que se fija en tu cerebro como un clavo a una pared. Aunque al principio, el dolor me hizo sufrir mucho, hoy es el día que es una circunstancia más en mi vida diferente a otras discapacidades que pueden condicionar tu vida pero también limitante en mayor o menor grado. Durante mucho tiempo, el dolor psicológico fue protagonista de mi vida. Ahora y para siempre, el dolor físico es y será actor secundario hasta que pase a mejor vida.

Cuando alguien me pregunta si el dolor es llevadero o si me he acostumbrado a vivir con él, me doy cuenta de lo difícil que es comprender para los demás lo que es el dolor crónico. Lo comprendo y no me molesta porque soy consciente de lo difícil que es imaginar algo que uno nunca ha vivido, como ser invidente, parapléjico o bipolar. Si dijera que el dolor me ha enseñado mucho, no diría toda la verdad pero tampoco mentiría. Si dijera que el dolor me ha ayudado a tener una vida diferente y, en cierta manera, me ha ayudado a tener una vida más saludable, tampoco faltaría a la verdad. Hábitos muy saludables por obligación, pero al fin y al cabo, hábitos saludables. Ser capaz de mantener una rutina de sueño con el dolor que padezco no es fácil. A veces, yo mismo me sorprendo que lo haya logrado. Las limitaciones físicas que me impone las acepté hace tiempo igual que uno acepta pulpo como animal de compañía. Hace cuatro años me preguntaba si podía existir un dolor insoportable porque lo estaba sufriendo  como insoportable. Cuando me di cuenta de que no hay otra alternativa cuando padeces dolor crónico, aprendí que mientras uno está vivo no te queda otro remedio que hacerlo soportable. Reconozco que no todos tenemos la misma tolerancia al dolor, ni todos sufrimos el dolor con la misma intensidad. Lo que sí sé es que la palabra dolor, acompañada del adjetivo crónico, pueden hacer sufrir mucho si uno no encuentra el cómo. Como tantas otras circunstancias en la vida, o el trastorno bipolar del que en este comentario no he hablado.

Si este comentario no te ha sido muy útil, enhorabuena. Es muy posible que no sufras dolor crónico. Es un tema que da para llenar un libro que escribiré algún día :)