domingo, 24 de febrero de 2013

el trastorno bipolar y los errores




Aprender de los propios errores no siempre resulta sencillo. Reconocer el tipo de situaciones que perjudicaban mi salud es una de las cosas que me ha ayudado para seguir avanzando pero no ha sido el único peldaño de la escalera. Reflexionar sobre mis propias reacciones al entorno, cuando comenzaban o ya se habían instalado los síntomas, ha sido posible años después de haber alcanzado el bienestar psicológico. LLegar a conclusiones sobre mi historia personal también me ha facilitado mi vida actual porque ahora comprendo muchas de las circunstancias que me llevaron a sufrir. Gracias a lo que he aprendido soy capaz de reaccionar de una forma diferente y he dejado de sufrir. Y después de dejar de sufrir, he aprendido a disfrutar. He aprendido de los errores que cometí en mis peores años y tengo la sensación de que en mi sufrimiento emocional influyeron circunstancias personales de una forma determinante.

El trastorno bipolar puede hacer sufrir especialmente si uno no es capaz de aprender de errores pasados. Las consecuencias de olvidar cuestiones importantes relativas a los síntomas suelen ser demasiado graves. Conocerlas es importante, no olvidarlas, vital. Algunas son bien conocidas, otras no parecen tan evidentes. Aunque he escrito en este blog  sobre muchas, sigo teniéndolas presentes en mi vida porque reconozco en ellas un puerto seguro. Todos cometemos errores aunque no aprendamos a la primera. La buena noticia es que si no lo hemos hecho todavía, acabaremos por hacerlo. Aunque  prefiero hablar de equivocaciones que de errores, he elegido esta palabra porque Shelly la mencionó invitándome a escribir.

Si cometes equivocaciones estás en la buena dirección. Si no lo haces, es muy posible que te encuentres dentro de un círculo demasiado limitado como para crecer. Yo estuve durante años dentro de un círculo del tamaño de una moneda y no salir de él fue mi mayor equivocación. Pensar que hay líneas que uno no puede cruzar es tan humano como el miedo. De hecho, se trata de sus muchas consecuencias. El miedo a lo desconocido no debe paralizarte cuando lo conocido es aterrador. Puede que cometas una equivocación al cruzar una línea pero nunca lo sabrás antes de cruzarla. Teniendo en cuenta los riesgos las equivocaciones nunca son irreversibles. Hace ocho años crucé una línea y, de no haberlo hecho, mi situación personal apenas habría cambiado. Todo lo que hago me ilusiona y todo lo que me puede ilusionar acabo por hacerlo. Sin prisas y disfrutando de la ilusión del hoy porque la ilusión de mañana siempre llega al día siguiente. Todo esto después de haber sufrido la desilusión, la frustración y la decepción en todas sus formas.

Tu comentario me ayudará a escribir un nuevo post. El trastorno bipolar me invita a escribir pero las personas como tú dirigen mejor mis palabras :)

viernes, 15 de febrero de 2013

el trastorno bipolar y la memoria





En un comentario anterior, una persona me pidió que escribiera una publicación sobre mi experiencia con la memoria. Voy a hacerlo en el día de hoy por si te puede servir, en algún sentido, la forma en que yo he logrado recuperar muchas facultades que había perdido.

Los síntomas que sufren o han sufrido las personas que padecen o han padecido el trastorno bipolar suelen conducir a algunas personas a cierto deterioro, sin afectar a todos en el mismo grado ni de la misma forma. Conozco personas que después de una crisis siguen teniendo mucha lucidez y claridad a la hora de expresarse, y otras que no pueden hacerlo con la misma claridad o lo hacen con un exceso de velocidad poco recomendable. Aunque los estudios parecen constatar que el deterioro suele ser creciente con las recaídas, siempre hay excepciones. La memoria, la capacidad de atención y la claridad a la hora de pensar o tomar decisiones dependen de tantos factores que aquí sólo voy a enumerar algunos, de entre los muchos, que me han ayudado en los últimos años.

Cuando mi vida estaba dominada por la insatisfacción y dedicada a una rutina muy alejada del tipo de estimulación que necesito, mi capacidad estaba muy limitada porque no encontraba la forma de desarrollarla. Tanto el entorno profesional como el tipo de actividades a las que dedicaba mi tiempo, tuvieron mucho que ver con la mayoría de las limitaciones o las dificultades para desarrollar nuevas habilidades. La mayoría de las habilidades que ahora disfruto han sido consecuencia del cambio en mi estilo de vida y mi nueva ocupación. Antes, no sólo no podía expresarme con claridad, ni siquiera podía pensar en otra cosa que no fuera el mantenimiento de una rutina que no me permitía avanzar. Aunque fui recuperando poco a poco la sensación de capacidad hasta acabar por sentirme capaz en mi último año de profesión, soy el primer sorprendido en la mejoría que he experimentado a todos los niveles en los últimos tres años. Después del tiempo transcurrido y la experiencia acumulada, mi conclusión personal es doble.

Por un lado, la posibilidad de llevar una vida anclada a la tranquilidad y alejada del estrés diario me ha permitido recuperar el bienestar psicológico: la base de la recuperación de la memoria, la capacidad de atención y comprensión, y la inteligencia necesaria para tomar decisiones saludables. En segundo lugar, la actividad a la que me dedico a contribuido en este proceso de una manera especial. Durante los últimos cinco años he dedicado a la lectura y el aprendizaje gran parte de mi rutina diaria. Con la escritura como complemento y la actividad social que desarrollo en la asociación de Bilbao, he logrado desplegar muchas habilidades tan recientes como bien asentadas. Grandes enemigos de la memoria son el aislamiento, dejar vagar los pensamientos sin dirección o cualquier actividad pasiva como ver demasiado la televisión. Todo lo que hagas a diario, aunque te suponga mayor esfuerzo que a los demás, te ayudará a fortalecer tu memoria. Aprender a relajarte te resultará tan útil como cualquier ocupación o actividad profesional. Tan sólo se requiere tiempo, paciencia, e insistencia. El hábito acabará por cambiar tu biología y, como somos biología, acabará por cambiarte a ti :)

miércoles, 6 de febrero de 2013

el trastorno bipolar y los estímulos




Cuando empecé a pensar sobre el trastorno bipolar, lo hice enfocándome en la euforia porque la depresión ya solemos saber de dónde viene. Al menos, al principio tenemos la claridad suficiente para intuir el porqué nos hemos podido deprimir. Las depresiones recurrentes ya no resultan tan evidentes y supongo que se activan sin motivo aparente porque la recurrencia siempre supone una mayor vulnerabilidad. Las estadísticas así lo reflejan y los números no suelen dar mucho margen a la discusión.

Pensando sobre mis depresiones, muchas de ellas ya muy lejanas en el tiempo, me doy cuenta de que tuvieron un mismo origen. La sensación de incapacidad, mantenida en el tiempo, me condujo hasta la sensación de inutilidad. Sentir que uno no sirve para nada, aunque no sea verdad, es deprimente. La sensación de insatisfacción también puede provocarte una depresión si llega a contagiar a todos los niveles de tu vida. La insatisfacción profesional también me llevó a la depresión y, desde entonces, busco satisfacción sobre todas las cosas.

Mi mayor interés, sin embargo, siempre estuvo centrado en los estímulos que me llevaron a conocer la euforia. Siempre pensé que aquello que vivi de forma tan intensa tenía que tener alguna explicación más allá de haber nacido vulnerable. Te lo cuento porque creo que es muy saludable que te hagas tus propias preguntas porque cada experiencia es diferente. Desde hace ya mucho tiempo, tengo la sensación de que tenemos mucho en común a pesar de ser aparentemente todos muy diferentes. Este blog, entre otras cosas, trata de mostrar aquello que puede resultar útil tener en cuenta para no correr riesgos. 

Todas las ocasiones en las que viví la euforia, el patrón fue el mismo. El mismo estímulo estaba detrás de los síntomas y descubrí cuál era tras pensar mucho y después de mantenerme alejado de el propio estímulo durante varios años. No pretendo decir con esto que ningún otro estímulo pudiera desequilibrarme en el futuro, pero mantener a cualquier enemigo a distancia es importante. Por si acaso, nunca más me he vuelto a exponer a él ni tengo intención de volver a hacerlo. Ahora trato de llegar allí donde quiero llegar viajando de valle en valle. Seguro que has visto más de una vez cómo suben los ciclistas los puertos de montaña y cómo los bajan. Las caídas siempre son más dolorosas a mayor velocidad. Un buen ejemplo para mi siempre ha sido la velocidad de crucero de los grandes transatlánticos. Si tu ritmo natural te empuja a la actividad incesante o tu entorno te exige velocidad, te resultará más difícil adaptarte al ritmo que tu salud agradecería. Así todo, yo no dejaría de intentarlo.

A veces, no queda otra opción que andar un poco más deprisa pero fíjate bien en el estímulo que te hace acelerar el paso. Muchas veces, ni es necesario acelerarlo ni el estímulo va a conducirte a ningún paraíso que no pueda esperar :)

viernes, 1 de febrero de 2013

el trastorno bipolar y lo imposible





Cuando uno comienza a sufrir los síntomas no sabe ni lo que le sucede ni cuál puede ser su futuro. La sensación de que uno ha perdido el control para siempre, depende principalmente de la gravedad y el número de recaídas. Los ingresos hospitalarios también dejan sus secuelas porque la salud mental se encuentra a años luz de lo que debería ser un verdadero sistema promotor de salud. Sea cual sea tu situación ahora te voy a hablar de mi experiencia personal, como siempre.

Hace trece años toqué fondo. Hace ya más de ocho que mi vida empezó a recuperar su color. Hace seis sufrí la mayor desgracia de mi vida. Hace dos, mi vida nada tiene que ver con la que muchos podrían imaginar - ni yo mismo- después de haber sufrido tanto. Las explicaciones tienen mucho que ver con lo que he ido contando en este blog hasta el momento, aunque siempre quedan muchas por escribir.

Siempre viví el trastorno bipolar como un problema grave de salud, nunca como una enfermedad. De no haberlo hecho, no hubiera llegado hasta aquí de la forma en que lo he hecho. Una sana rebeldía constituyó para mi la actitud adecuada para tomar decisiones importantes de cambio que fueron vitales para la mejoría de mi salud. En mi actividad en la asociación Esperanza Bipolar de Bilbao, me doy cuenta de que muchos todavía se sienten muy vulnerables y otros tenían la sensación de que el bienestar tiene un recorrido que poco tiene que ver con lo que hagan con su vida, su capacidad para adquirir nuevo hábitos, o su crecimiento como persona. Muchos expertos encontrarían estas palabras huecas porque la enfermedad es enfermedad y no da muchas opciones. Tengo la sensación de que este mensaje ha calado tan hondo en la sociedad, las personas diagnosticadas y sus familiares, que la situación de las personas afectadas se ve agravada, limitando las posibilidades reales de mejoría de muchos. Aún llamando a las cosas por su nombre, el trastorno bipolar seguiría siendo una enfermedad grave para muchos. Personalmente encuentro en el exceso de celo y el miedo de muchos profesionales un hándicap añadido a pesar de ser comprensible. Aunque empiezan a oirse cantos de sirena, los hechos deberían acompañar a las palabras y el sufrimiento humano es incontenible a pesar de todos los esfuerzos por erradicarlo.

Puede parecer un tópico, pero he logrado lo imposible porque nunca lo consideré imposible. Una sana ambición por mejorar siempre tu salud es imprescindible para alcanzar el bienestar. Cuando alguien me pregunta si estoy en tratamiento, me doy cuenta de que hay un problema de importancia excesivamente focalizado en los fármacos. En lugar de interesarte por la respuesta a la misma pregunta, te recomiendo que leas este blog con frecuencia. En especial, si lo encuentras útil y te ayuda a pensar. Hay personas que todavía no se encuentran bien, y se preocupan por el tratamiento en lugar de preocuparse por su bienestar. Hay personas que se encuentran bien y parecen atribuir toda la importancia al tratamiento. Como no soy la persona responsable de su salud, pero sí de su bienestar, hago lo que puedo con lo que he aprendido. LLevo un tiempo dándome cuenta del potencial de bienestar de las personas a las que dedico mi tiempo porque la atención de muchos por parte del sistema de salud es claramente insuficiente. Y ejerzo mi responsabilidad con mucha prudencia y muy buenas intenciones :))