jueves, 24 de enero de 2013

el trastorno bipolar y la expansividad





El comentario de hoy está escrito especialmente para ti si tienes la fortuna de llevar una vida como los demás. Ayer cumplí cuarenta y seis años y me encuentro tan bien que el cuerpo me pide un poco más. Las personas expansivas como yo podemos tener un problema si no somos capaces de limitarnos a nosotros mismos por el bien de nuestra salud. Aunque llevo una vida muy tranquila, la expansividad es una característica intelectual que te invita siempre a hacer algo nuevo o a ir un poco más allá de tus propios límites. Vivir nuevas experiencias es algo muy sano, y hace un par de meses he comenzado un taller de voz para aprender a comunicarme mejor. Aunque tengo más facilidad para la palabra escrita, he logrado mejorar mi capacidad de comunicarme. De niño era lo más parecido al cartón-piedra, con lo que el cambio ha tenido que ser bastante radical.

Aunque me siento bastante seguro, me cuido mucho y no voy a dejar de hacerlo nunca porque he llegado a la conclusión de que merece la pena. Tengo siempre tres ases que no abandono ni voy a abandonar nunca porque me hacen sentir muy bien. Son tres actividades que se ajustan perfectamente a mis inquietudes, mi rutina y mi ritmo. Si has tenido la suerte de encontrar tus pequeños trucos para disfrutar de la vida, enhorabuena. Me da la sensación de que no es fácil llegar a descubrir lo mínimo imprescindible que acaba por reportarte el máximo de salud.

Una forma de evitar la expansividad consiste en pensar en lo que vas a dejar por el camino si te vas a dejar llevar por demasiados estímulos. Concentrar el esfuerzo una vez descubierto dónde quieres enfocarlo es la base que te permitirá crecer. En abril decidí abandonar una actividad relacionada con el marketing digital porque quería construir una pirámide más alta en la mayor de mis pasiones: el trastorno bipolar. Siento que se trate de una enfermedad que hace sufrir tanto pero quizás ese uno de los motivos por el que me he decidido a continuar con esta actividad para subir cada día un peldaño en el conocimiento. Cuando leas los comentarios de este blog, tan sólo piensa que son los comentarios de una persona con la experiencia de haber sufrido los síntomas y que ha dedicado gran parte de los últimos cuatro años de su vida a un propósito: comprender. Ahora que ya he llegado a un punto en el que los avances son más difíciles me dedicaré más a fondo a la labor social desde la asociación Esperanza Bipolar de Bilbao. Es lo que me pide el cuerpo, y al cuerpo hay que hacerle caso cuando la cabeza está en su sitio.

Puedes contarme algo de ti, o sugerirme cualquier tema y encantado escribiré sobre él :)

viernes, 18 de enero de 2013

el trastorno bipolar y los límites





Hace no tanto tiempo hablaba con un amigo respecto a los límites que todos tenemos o creemos tener. Es una cuestión que todavía no tengo muy clara pero mantiene mi curiosidad. Ayer participé en un acto de la Universidad de Deusto que cerraba un curso de ocio universitario. Dos horas compartidas para volcar mi tristeza y la de Ester -a quien no me gustaría perder después de nuestro primer encuentro- e invitado por Pablo a quien me ofrecí voluntariamente esta misma semana. Pablo es la clase de persona que asume riesgos para dar siempre lo mejor y a quien estoy muy agradecido por su colaboración desinteresada en la asociación Esperanza Bipolar. Después de traer su ilusión y contagiarla en las actividades del año pasado, este año nos va a invitar a nuevas experiencias para generar una conversación que servirá de aprendizaje para todos.

Antes de comenzar el acto pensé que no lloraría. Dos dias antes, la tristeza empezó a aparecer al forzar mi memoria seis años atrás. Ayer, las lágrimas de los recuerdos y el temblor de mis manos, los largos silencios para poner orden en un relato inundado por las emociones y los sentimientos de un año marcado por la experiencia más traumática de mi vida, fueron los protagonistas de una ilusión por cumplir que imaginé hace algunos meses. El acto de ayer no fue motivado por una necesidad ni tampoco se trató de un reto. Bien es verdad que una persona tímida de nacimiento como yo tiene que romper muchas barreras para ser capaz de enfrentarse a una situación emocionalmente tan intensa como la de ayer. Un acto que, finalmente y sin quererlo, se convirtió en un homenaje a mi madre y la madre de mis hijos que ya no está con nosotros. Mi madre, madre de mis hijos durante más de un año en unas circunstancias muy dramáticas, sigue siendo mi mayor ejemplo vital y nunca dejará de serlo. Su serenidad, su dulzura, su capacidad de perdonar y el amor que irradia, me sigue sorprendiendo todavía hoy. Lo que hice ayer fue un acto de amor hacia ella, y hacia todos los que allí estaban aunque acabara provocando las lágrimas de más de una persona.

Todos tenemos límites, afortunadamente. Que ayer pudiera enfrentarme sin miedo a recuerdos tan dolorosos me invita a pensar que muchos de los límites que creemos tener pueden ser temporales. Tampoco se trata de llegar siempre un poco más allá. O sí, todo  depende del nivel de bienestar psicológico que puedas llegar a alcanzar y lo más importante quizás sea no compararse nunca con los demás. Si te conviertes en tu propia unidad de medida todo te resultará más fácil. Tú eres tu única referencia. Si el año que viene puedes hacer un poco más de lo que haces hoy habrás dado un paso de gigante porque es muy posible que el año que viene batas una nueva marca. Con la tranquilidad de que no necesitas llegar ni donde los demás llegan ni en el mismo que tiempo que los demás tardan en llegar. Mantener el ritmo es mucho más importante que la velocidad y la velocidad puede llevarte a tener que volver a comenzar la carrera con una fuerza cada vez más debilitada. No forzar la máquina es una de las claves. Que puedas alcanzar la velocidad de un fórmula uno no te garantiza el primer premio y dosificarte siempre es lo más inteligente. El dolor me obliga a no forzar porque me supone un desgaste diario. Mi inteligencia me invita a que seas tú mismo quien te obligues a no hacerlo porque así puedes evitar correr algunos riesgos innecesarios.

jueves, 10 de enero de 2013

el trastorno bipolar y los neurotransmisores





El otro día leí en un comentario de las redes sociales algo que vi hace tiempo en una página web y no sé si me hizo gracia o me dio ganas de llorar. Hablaba de neurotransmisores averiaditos, como si el trastorno bipolar tuviera algo que ver con una avería de una máquina. Comparar el cuerpo y una máquina es siempre una tentacíón - y más para la ciencia - porque sólo aquello que se puede categorizar, observar y medir resulta asumido finalmente como una verdad científica. En realidad, no tengo ni idea de quién pone en circulación este tipo de mensajes pero dudo mucho de que reflejen ninguna verdad.

Cuando los estados de ánimo de una persona exceden los límites de lo que puede considerarse "sano" necesitamos buscar explicaciones para poner remedios. Todo ello muy entendible teniendo en cuenta las graves consecuencias que pueden derivarse de las crisis maníacas o de las depresiones tales como el deterioro general de la salud, las consecuencias psicosociales, familiares o laborales. Lo que no acabo de comprender es que se hable de los mecanismos que regulan nuestro estado del ánimo como causa determinista del trastorno bipolar. Escribo desde una cierta ignorancia, pero se me ocurren tantas variables que afectan el estado de ánimo y circunstancias vitales tan extremas -o subjetivamente difíciles- que simplificar tanto me parece muy perjudicial.  La neuroplasticidad y la epigenética afirman que lo que está fuera de la máquina influye en la máquina. No voy a escribir aquí sobre las causas del trastorno bipolar porque ya las tomé prestadas de una fuente oficial en un comentario reciente.

El problema de atribuir en la práctica a una única causa una enfermedad considerada como crónica es doble. Por un lado, las personas afectadas se pueden sentir impotentes y pueden llegar a pensar que no tienen ningún control sobre la enfermedad. Muchos comentarios de personas que sufren el trastorno bipolar me transmiten esta sensación tan triste y que puede provocar la pasividad, el mayor de los males. Como si uno mismo pensara que sus neurotransmisores fuesen algo así como una manifestación de señores con sombrero que se despiertan con uno por la mañana y empiezan el día con ganas de Ibiza o de cama sin contar con nada ni nadie. Estos señores se alegran o entristecen con la luz del sol, el sexo, la tranquilidad o el ruido del mar, la música dance o la ópera, la sonrisa de tu vecin@, las palabras de tu jefe, el placer de una tortilla de patatas o tus propios pensamientos. Por otro lado, si se desconocen las causas no entiendo porqué se habla tanto de las causas. Más coherente me parece decir: "No sabemos lo suficiente de momento". Entiendo que se considere crónico un problema de salud grave- como puede llegar a serlo el trastorno bipolar- si no se conocen las causas pero sí se conocen algunas posibles consecuencias, todas ellas muy tristes o incluso dramáticas.

¿Dónde está lo positivo de este comentario?
En el final. Todo depende más de ti de lo que pueda parecer en un principio. Sobre todo si cuentas con la ayuda de un buen médico y de un mejor psicólogo. Dicho sea de paso, dos recursos necesarios e imprescindibles para recuperar la salud en un tiempo razonable.

El próximo comentario será más práctico aunque creo que éste también lo es. Una vez más te animo a dejar tu comentario con tu experiencia, la mía quizás no sea muy representativa y este blog se enriquecerá con la variedad :)

lunes, 7 de enero de 2013

el trastorno bipolar y el armario





Muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar tienen un problema común con aquellos que de alguna forma se sienten diferentes. En algunos casos, el problema es añadido por el estigma que rodea a las personas que sufren una enfermedad mental y, por ignorancia, son vistos como personas diferentes. Aunque un día escribiré sobre el estigma, aquí me voy a centrar en la duda que muchos tienen sobre salir o no del armario y algunos problemas que conlleva una situación tan incómoda. Personalmente, siento que ocultar algo ante los demás es imponerme límites que no necesito. Por este motivo no oculto mi diagnostico -ni a lo que me dedico- cuando estoy con la persona adecuada y creo que es el momento de hablar sin miedo a lo que los demás puedan pensar. Es mi manera personal de luchar contra el estigma.

En realidad, tanto el estigma como tu libertad para hablar de tu condición dependen sobre todo de ti. Que los demás tengan un problema no te obliga a compartir el mismo problema. No hay nada mejor manera de distinguir a las personas que sabiendo si ellas te distinguirían de los demás por un diagnóstico.

El verdadero problema para mi fue tratar de pasar desapercibido y aparentar no tener ningún problema cuando, en realidad, estaba sufriendo por dentro. De esto hace ya más de diez años y ahora, que ya no sufro ni padezco, no tengo ningún problema en hablar abiertamente con nadie. Bien es verdad, que dedicándome a lo que me dedico no podría hacerlo de otra forma, pero también es cierto que me importa bien poco lo que piensen los demás. Bastante tengo con mi opinión sobre mi mismo como para que me preocupe la de los demás. Con el añadido de que cada vez me doy más cuenta de que hay menos dignidad en algunos del gremio de los supuestamente sanos que en muchos otros de los teóricamente enfermos.
Evidentemente, si no me encontrara bien tendería a esconderme de los demás y ocultaría mi diagnóstico porque me avergonzaría de mi situación– lo que antes hacía- , pero si tienes la inmensa fortuna de haber encontrado el bienestar hablar abiertamente de tu condición es muy posible que te ayude más de lo que te pueda perjudicar. Cuantas más personas conozco con trastorno bipolar, más me sorprendo de las muchas virtudes que esconden la mayoría de ellos y de su potencial de bienestar. Personas de buen corazón, preocupadas por los demás – incluso más que por ellas mismas- empáticas y muy inteligentes. Con muchos rasgos psicológicos comunes, siendo el más común de todos ellos el haber sufrido mucho por circunstancias de la vida, por ser como son o pensar como piensan.

Mi ocupación desde hace más de tres años no es “normalizar” el trastorno bipolar en la sociedad, sino normalizar la vida de las personas diagnosticadas con esta enfermedad. Dicho sea de paso, algo que me entristece un poco y me alegra mucho al mismo tiempo. Me entristece porque no puedo entender que -en pleno siglo veintiuno- con tan poco se pueda lograr tanto, y me alegra porque me siento parte de lo que veo a mi alrededor. Acompañar a personas como yo a subir los peldaños de la escalera del bienestar se ha convertido en una parte importante de mi vida. Disfruto mucho haciendo lo que hago y algunas personas que se han acercado a la asociación de Bilbao se sienten mucho mejor al ver que lo antes imposible puede dejar de serlo :)