martes, 31 de diciembre de 2013

y con éste van tres!



Hace algunos años, saqué esta fotografía en una excursión al Teide, el gran volcán de Tenerife. Esta imagen significa mucho para mi porque transmite una sensación que me acompaña desde hace tiempo. Los últimos tres años han sido muy especiales y muy intensos a la vez. Aunque no me parece fácil mejorar mi situación, cada año que pasa tengo una mejor calidad de vida y disfruto todavía más de lo que me regala todos los días.

Las nubes están muy lejos. tan lejos como el año 1999, año en que toqué fondo. Algún día escribiré sobre la experiencia que viví -y sufrí- hace ya tanto tiempo. Hoy puedo contemplar aquellos días y el año 2006 -año de una tragedia familiar de un sufrimiento extremo- con la serenidad que me transmite este mar de nubes. Mi vida desde hace tiempo es maravillosa, y lo seguirá siendo mientras me respete. Me sacudió demasiado fuerte, y quién soy y lo que hago no deja de ser una excepción en muchos sentidos. No soy una persona excepcional , pero sí mi vida ha sido demasiado excepcional.

En realidad, eso es lo de menos hoy mismo y desde hace mucho tiempo. Lo que realmente me importa es convertir lo amargo en dulce. No en mi vida, que ya lo logré hace tres años, sino en la vida de los demás.  También lo he logrado con algunas personas que me aprecian y confían en mi, todos ellos ya son más que amigos. Sé cómo hacerlo y lo voy a seguir haciendo muy posiblemente mientras viva y tenga la salud suficiente para continuar.

Como tú hay personas que han visitado este blog muchas veces. Muchísimas diría yo. Como es el último día del año, te voy a pedir un favor, si eres uno de los lectores que han encontrado utilidad a este blog que es mucho más que un diario. Un comentario de tres líneas, o más si estás hoy expansivo :)), contando qué te ha parecido más útil de lo aquí escrito para que los demás puedan leerlo.

Aquí hay ciencia. Se puede hacer ciencia sin ser un científico de la misma forma que uno puede cocinar muy bien sin ser un cocinero profesional. Lo que distingue la ciencia son los resultados. La asociación Esperanza Bipolar de Bilbao es un buen ejemplo de lo que he logrado con mi trabajo enfocado a las personas que sufren o padecen el trastorno bipolar. No todo es de color de rosa, desgraciadamente también hay personas en el hospital. Sin embargo, te puedo contar que a una de cada dos personas, pasar por la asociacion les ha cambiado la vida. Teniendo en cuenta que el trastorno bipolar está considerada como una enfermedad mental grave, yo estoy mucho más que satisfecho. En realidad, estoy muy ilusionado y con ganas de continuar mejorando la vida de los demás.

Y, antes de que se me olvide, feliz año nuevo :))

martes, 24 de diciembre de 2013

un año más de blog contigo



Escribir en este blog, para mi es un placer. Uno de tantos. Aunque no te conozco, ya me puedes considerar casi un amigo. Hace mucho tiempo dejé un comentario invitándote a conocernos, y ahora vuelvo a invitarte. En verano o vacaciones, si vienes al norte y te apetece, podemos charlar de lo que quieras. Si tienes alguna duda o quieres que te cuente qué es para mi lo más importante que he aprendido respecto a esta enfermedad que ya no padezco, yo encantado de pasar unas horas contigo y charlar sobre el tema. Ya habrás visto que aquí voy dejando muchas de las cosas que considero más importantes respecto al trastorno bipolar. Algunas de ellas puede que no te hayan ayudado, espero que otras sí lo hayan hecho.

Cuando termina un año, todos estamos predispuestos a hacer balance. Yo ya no suelo pensar demasiado en si el año que termina ha sido bueno o podría ser mejor. Tal y como está mi salud física, mejorar mi situación es bastante difícil. Psicológicamente y emocionalmente me encuentro como nunca. Cuando tenía salud física, andaba como vaca sin cencerro. Ahora que me siento bien, el cuerpo no está al cien por cien. Aunque ya no lo estará nunca, he aprendido a vivir con lo que tengo y le saco chispas. En los últimos años, siempre pienso que es difícil que me sienta mejor, y, sin embargo, cada año gano un poco más en calidad de vida. Hay tantas cosas de las que disfruto en la vida, que aquellas que no puedo disfrutar ni las veo. Pasear y ver el mar, cuando pensé que nunca más podría volver a hacerlo, es uno de los mayores placeres que disfruto todos los días. La música, que también me apasiona, es otro de mis grandes placeres. Hace no tanto tiempo que he decidido que no voy a dedicar ni un día de mi vida a algo que no tenga ningún aliciente para mi. Fueron demasiados los años que me dediqué, sin darme cuenta, a un trabajo que tenía el sabor de una sopa sosa. Ahora toca disfrutar de muchas ocupaciones que me saben muy bien.

Me gustaría saber cuál es tu situación ahora mismo. Y más me gustaría que tu situación haya mejorado en este último año. He visto en la asociación de Bilbao personas diagnosticadas con trastorno bipolar que han  mejorado mucho en los tres últimos años, pero también conozco otras con limitaciones o que siguen sin sentirse bien. Sé que a todos no nos afecta, o ha afectado, por igual la enfermedad. A pesar de ello, soy muy optimista con todos ellos. He visto a algunos que estaban sufriendo mucho y han dejado de hacerlo y empiezan a disfrutar de la vida. Si ellos han podido, muchos otros pueden hacerlo. Y, cómo no, tú también.




lunes, 16 de diciembre de 2013

¿te has sentido alguna vez fracasado o fracasada?




La pregunta no tiene mala intención. He pensado en hacer la pregunta para explicar que yo sí me sentí un fracasado durante mucho tiempo y que las depresiones que sufrí tuvieron mucho que ver con el fracaso y la sensación de que no había ninguna salida a mi situación. Cuando leo que la depresión bipolar está relacionada con problemas en los mecanismos reguladores del estado de ánimo de una persona diagnosticada, me pregunto: ¿Y quienes no están diagnosticados con trastorno bipolar? ¿Ellos sí se deprimen por motivos objetivos? Una vez que uno tiene un diagnóstico parece que ya no tiene ni derecho a tener motivos para deprimirse. Se deprime porque la biología lo determina.

Después de sufrir una primera depresión, es muy frecuente sufrir nuevas depresiones. Esto lo desvelan las estadísticas, que son datos moderadamente objetivos. Tampoco es tan raro acabar deprimido sin saber porqué cuando uno lleva mucho tiempo sufriendo. Yo también me he deprimido en alguna ocasión sin saber muy bien porqué. Incluso cuando me ha sucedido, me he tomado la molestia de pensar un tiempo después qué me pudo llevar otra vez allí y siempre he encontrado algo. No siempre ayuda mirar atrás pero muchas veces ayuda a no caer en los mismos errores.

Mi vida profesional podría calificarse de fracaso. Aunque suelo pensar que mejor me hubiera ahorrado algunas cosas, hay quien me dice que seguramente todo lo que he hecho en mi vida me ha ayudado a estar donde estoy y a hacer lo que hago. Y tienen razón. Esforzarme durante mucho tiempo aunque fuese un viaje a ninguna parte, también es parte importante del viaje. Fracasé muchas veces, y busqué otras tantas una salida al fracaso. No acerté ni a la segunda ni a la tercera. Acerté cuando tiré la toalla y me di cuenta de que la vida era algo más que nadar contracorriente. Podría decir que mi vida, en cierta manera, fue un fracaso hasta hace bien poco. Después de conocer el fracaso y su reverso, el bienestar, reconozco que gran parte de lo vivido también tuvo su origen en malas elecciones. Cuando uno anda perdido, no le queda más remedio que hacer elecciones continuamente en busca de algo nuevo a lo que agarrarse. Que yo recuerde, me agarré en falso a tres salvavidas. Ninguno me ayudó a flotar. Me hundí otras tantas veces. Sufrimiento, y hospital y fármacos como mecanismos de rescate. Todo quedó atrás. Ahora ya no necesito más que lo que tengo que es mucho. Siempre tuve mucho, pero tenía la sensación de que me faltaba algo. Si tienes lo que necesitas no te faltará nunca nada. Yo pensaba que necesitaba mucho más que aquello que realmente necesitaba.


domingo, 8 de diciembre de 2013

lo positivo de haber padecido el trastorno bipolar



Sé que para muchos, el trastorno bipolar resulta una condena o, como mínimo, el origen de muchos problemas que nada tienen que ver con la enfermedad en sí, pero afectan a la vida haciéndola más difícil. Yo viví y sufrí muchos de ellos. Si me he decidido a escribir este comentario ha sido por el contraste de la opinión de dos personas en la asociación. Una de ellas, agradecía a la enfermedad el haberla convertido en una persona más comprensiva, más humana según sus propias palabras. La otra, al contrario, comentaba que le había convertido en una persona más desconfiada con los demás. De alguna manera le había llevado a aislarse a pesar de ser una persona aparentemente muy sociable.

Dicen que sólo aquellos que son capaces de encontrar sentido a su sufrimiento, pueden salir fortalecidos de él. Hoy es el día en que le he encontrado tanto sentido que ni siquiera me duele haber sufrido los síntomas. El tiempo diluye los recuerdos y la memoria contribuye a borrar lo más doloroso. Interpretar lo que te ha ocurrido puede ayudarte a dar forma a los recuerdos para suavizar lo menos agradable hasta que a uno mismo deja de parecerle tan agrio como seguramente fue. No se logra en una primera revisión, se necesita recordar la experiencia vivida y expresarlo en voz alta con alguien de confianza varias veces. También lo puede hacer uno a solas sentado en un parque o mirando al mar. En la asociación he visto como personas, después de haberlo hecho durante días, han dejado de sufrir y han vuelto a su vida más ligeros y más felices. Algunos no han vuelto porque ya no lo necesitan.

He podido sacar tantas cosas positivas de la enfermedad que ahora voy a nombrar las primeras que me vienen sin pensar. Quizás la más importante sea que me ha permitido conocerme a mi mismo mucho mejor de como me conocía antes. Si no te conoces, estás perdido. Yo lo estuve durante mucho tiempo, y lo peor de todo, es que iba en la búsqueda del bienestar y la felicidad en la dirección equivocada. Cada vez me sentía peor y cada vez era más infeliz.

La segunda, y más importante quizás, es que la enfermedad me permitió cambiar de vida y encontrar una pasión cuando mi vida había sido una vida de insatisfacción crónica. La insatisfacción deprime. Y la tercera, la oportunidad de poder cambiar la vida de personas como yo, es una motivación que me hace sentir muy bien y me permite seguir aprendiendo. Uno de los motores de mi vida de hoy.

Si quieres dejar un comentario explicando lo que has sacado de positivo de esta enfermedad que tanto puede hacer sufrir, les servirá a otros para pensar sobre su propia experiencia y preguntarse si ellos también podrían encontrar algo que compense tanto sufrimiento vivido.

domingo, 1 de diciembre de 2013

cuando pierdo los estribos



Esta semana me he dado cuenta de que no soy una balsa de aceite. Aunque normalmente soy capaz de mantener la paciencia, no siempre lo consigo. Cuando hago daño a alguien, aunque sea sin intención, después suelo sentirme mal. Aunque cuido mucho las palabras, el tono de mi voz puede resultar agresivo y ofensivo si hay algo que me indigna o me siento muy frustrado. Algo que tiene mucho que ver con las expectativas que pongo en algo o en alguien, aún sin quererlo. Todos somos así, y aunque pretendamos controlar nuestras reacciones muchas son imprevisibles e incontrolables.

De todas formas, hay algo que me ayuda a calmarme y a no preocuparme tanto por mis reacciones. Ser capaz de pedir disculpas si es necesario y, al momento, me ayuda. Darme cuenta de los motivos de mis reacciones también me sirve para no culpabilizarme. No pretendo convertirme en un robot que oye sin escuchar o que ve sin sentir. La verdad es que me encantaría poder reaccionar de forma impasible con todo y con cualquiera. Tratando de sacar lo positivo de mi último calentón he aprendido dos cosas muy importantes. La primera es el tiempo que tardo en recuperar la tranquilidad. No me cuesta más de un par de días. La segunda es tener la oportunidad de aprender algo para la próxima vez, que espero que sea más tarde que pronto.

Nadie tiene la misma paciencia con todo el mundo con el que se relaciona. Puedes consentir mucho a tus hijos y nada a tu pareja o viceversa. Aceptar a un compañero de trabajo lo que no permitirías nunca a tu jefe, o viceversa. Depende de tantas circunstancias, que pensar en ellas puede ayudarte. No todos tenemos las mismas debilidades, ni todos nos desenvolvemos cómodamente en todos los entornos. Hay quien se sube por las paredes cuando cruza la puerta de su casa,  y quien lo hace cuando cruza la puerta de un despacho. O al cruzar cualquier puerta. Tu nivel de exigencia y de tolerancia con los demás, a veces, también dependen de tu nivel de exigencia y tolerancia contigo mismo. Mi nivel de exigencia profesional no era muy saludable, y sin embargo, me costaba mucho ser exigente con las personas con las que trabajaba. Pocas veces tuve problemas en conseguir de los demás aquello que también era mi responsabilidad. El respeto, por lo general, ha sido una de mis virtudes. Sin embargo, me doy cuenta de que todavía hay cosas que me hacen saltar. Quizás afortunadamente, porque reconozco que el día que deje de saltar me habré convertido en una persona que lo traga todo, o en un monje budista. Y no me veo en ninguno de los dos papeles.


domingo, 24 de noviembre de 2013

¿piensas alguna vez sobre lo que te ha sucedido?





Me encanta pensar y no me cuesta de vez en cuando mirar para atrás para revisar mi historia. Haberlo hecho me ha permitido aprender mucho y conocerme mejor, dos ingredientes entre otros muchos que han hecho posible mi recuperación. Aunque no tengas mucho tiempo para pensar, no hacerlo puede costarte caro. Además, no es necesario llegar hasta el fondo de un problema cualquiera para evitar caer en los mismos errores.

Cuanto mejor te conozcas, mejor podrás elegir y tomar decisiones que te lleven a sentirte mejor. No hay nada como perder el norte, porque con él uno se olvida de quién es, dónde está o hacia dónde quiere ir. Yo llegué a un punto en el que iba en dirección a un precipicio y, después de caer en él, volvía a caer en uno mayor. En realidad, el precipicio era el mismo pero cada vez me hacía más daño. Si has leído muchos comentarios de este blog, ya sabrás de qué hablo.

No siempre es fácil llegar a las respuestas, pero si no te planteas ninguna pregunta, es imposible aprender de tu propia experiencia. Las preguntas que más ayudan son las más difíciles. Son aquellas en las que te cuestionas lo que piensas o de lo que estás convencido. Muchas veces creemos saber lo que nos conviene. Estamos convencidos de querer algo que nos perjudica y creemos que necesitamos. Yo estuve muy equivocado durante mucho tiempo, pero también también estaba convencido de que quería hacer algo diferente con mi vida. Algo que me devolviera la ilusión por la vida, me motivara y me hiciera disfrutar. Lo encontré después de buscar durante años en la caja equivocada.

A pesar de que ya no necesito aprender de la experiencia vivida, sigo rescatando algunos recuerdos para aprender más sobre el trastorno bipolar. Me sorprende descubrir todavía algunas cosas cuando leo algunos detalles sobre cómo funciona el cerebro y cómo puede condicionar nuestra vida. Con lo aprendido puedo ayudar a personas que sufren o padecen la enfermedad que yo también sufrí y padecí. Y también a los que se sienten lo suficientemente bien como para mejorar más todavía. Es mi ocupación actual y se ha convertido en una verdadera pasión. Disfruto tanto haciéndolo que cada día pienso en nuevas maneras de aprovechar lo aprendido. La asociación y mi relación fuera de ella con buenos amigos me sirve para seguir aprendiendo y facilitando la recuperación de algunos de ellos. El próximo año he decidido volcarme especialmente en dos personas a las que aprecio como ya he hecho antes con otras.

Si tienes Facebook puedes hacerte amigo de la página Esperanza Bipolar. Allí dejo citas que pueden ayudarte mucho. Todas ellas guardan alguna relación con nuestra forma especial de sentir y de ver el mundo. Una forma que puede conducirnos a sufrir los síntomas si nos dejamos llevar o no aprendemos a cambiar de alguna forma. Ya no pienso como antes ni siento como antes. Pienso mejor y me siento mucho mejor :))


viernes, 15 de noviembre de 2013

las ventajas de ser un "sinvergüenza"



Esta semana he hablado con una persona que aprecio mucho. Aunque no la conozco personalmente, sé que después de llevar bastante tiempo sufriendo ahora es feliz. No lo digo yo, me lo contó ella.
No suelo encontrarme muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar que me digan que son felices, más bien lo contrario. Ser feliz no está al alcance de todos porque, además de muchos recursos, se necesitan circunstancias más o menos favorables. Pocos son quienes, a pesar de un entorno o una situación difícil, son capaces de encontrar la manera de ser felices "a pesar de".

Cuando ella me lo contó, me hizo mucha ilusión. No pude evitar una pregunta después de recibir tan buena noticia: -¿Qué es lo que ha hecho posible un cambio tan radical en tu vida?

Ella se había abierto a sus amigos, perdido la vergüenza, y había sido sincera. Quizás por primera vez.
Cuando alguien logra dar un salto en su vida con un pequeño paso -convertido en un paso de gigante- me sorprende el avance que puede suponer algo aparentemente tan sencillo, y no tan fácil en la práctica.
La vergüenza tiene mucho que ver con el miedo. El miedo a perder algo o a alguien hace que ocultemos algunas cosas a los demás, y aunque no todos los miedos son infundados, muchos sí lo son. Desde mi punto de vista, el miedo más comprensible para ocultar un diagnóstico es el miedo a perder, o a no encontrar, un empleo. Todos los demás no sólo limitan tu vida, te hacen daño. Conozco personas que se avergüenzan de la enfermedad y la mantienen oculta por miedo al rechazo. Aunque lo entiendo perfectamente, veo una ligera tristeza en ellas. Me da la impresión que parte de esa tristeza tiene mucho que ver con no poder mostrarse a los demás sin miedo ni vergüenza.
A mi nunca me ha importado demasiado lo que piensen los demás aunque sentí vergüenza de mi mismo cuando sufría la enfermedad. Me avergonzaba del sufrimiento, no de la enfermedad. Me sentía incapaz de hacer algunas cosas que los demás hacían sin esfuerzo aparente. No avanzaba a pesar de mi esfuerzo, o cuando lo hacía, necesitaba mantener el esfuerzo como si no hubiera avanzado nada en realidad. Perdía la motivación con demasiada frecuencia, y pensaba que rehuía la responsabilidad. Todo aquello quedó atrás hace tiempo.

Ahora sonrío todos los días, y me levanto con ilusión de la cama una vez que dejo el dolor en ella. No me avergüenzo de mi condición, ni de cómo soy, ni de lo que hago. Cuanto mejor me siento, más motivado estoy, y cuanto más motivado estoy, mejor me siento. Cuando logro algo lo disfruto mucho, lo que no logro ni lo veo. He conocido personas que "se crecen" con los logros de los demás cuando son ellas quienes los facilitan. Con el tiempo me he dado cuenta de que soy una de ellas. Crezco y "me crezco" con los logros de los demás. Si te identificas conmigo en cierta manera, podrás aprovechar mucho de este comentario.

En resumen, pierde la vergüenza con quien puedas y quieras perderla. Te sentirás mucho mejor siendo un "sinvergüenza" :)

viernes, 8 de noviembre de 2013

¿causas o desencadenantes del trastorno bipolar?




El otro día leí en el periódico un artículo que me llamó la atención. Un profesional de la salud mental afirmaba que el desahucio no era la causa, sino más bien es el desencadenante del suicidio. No voy a comentar mucho sobre esta afirmación porque creo que no merece la pena entrar en diferencias tan sutiles. Supongo que no es la causa porque uno no quiere establecer una relación directa entre causa y efecto. No todos los desahuciados se suicidan afortunadamente. Ni todas las personas han sufrido los síntomas del trastorno bipolar, también afortunadamente.

Hace ya algún tiempo me llamó la atención un comentario muy parecido. Una persona, profesional de la salud, insistió de tal forma en no relacionar el trastorno bipolar con ninguna causa en concreto que no se me olvidará nunca. Aunque me imagino los motivos, no los comprendo. Si se desconocen las causas, no entiendo porqué se afirma que no hay causas con tanta convicción. Si se conocieran las causas, eliminando las causas se eliminarían los efectos. Me pregunto si hay un interés real y general en que se eliminen los efectos. En pleno siglo veintiuno, con todo lo que se sabe y conoce sobre la enfermedad y sobre el cerebro, ésta no debería estar considerada ni tratada como crónica.

En mi situación tan particular me dedico a hacer lo que puedo con lo que sé. No trabajo con profesionales de la salud porque no coincido con ellos en algo demasiado importante. Para mi, la enfermedad no tiene porqué que ser crónica en todos los casos. Sin embargo, las personas a las que me dedico necesitan tanto de los psiquiatras que les atienden como de la asociación de Bilbao. Trabajo en la misma dirección que ellos sin ellos, con distintos medios y distintos recursos. Así todo, me sorprende que la asociación Esperanza Bipolar marque una gran diferencia en la vida de muchos con un largo historial médico.

El problema no es si existen causas objetivas o no que desencadenan la enfermedad. El verdadero problema es descubrir si uno mismo puede dejar atrás la enfermedad conociendo dichas causas o sin llegar nunca a conocerlas.  Aunque creo que es posible en los dos casos, yo recomiendo dedicarle unas neuronas a los problemas que han complicado tu vida. También hay responsables de la salud que invitan a todo lo contrario, como si pudiera tener efectos secundarios. Son demasiadas cosas las que no comprendo y, lo peor de todo, es que la situación de la mayoría de las personas que conozco es muy mejorable. El único motivo que me anima a seguir haciendo lo que hago.

Déjame un comentario con tu opinión. No sólo a mi, sino a todos los lectores que son muchos :))

jueves, 31 de octubre de 2013

¿Tienes miedo a subir?




Supongo que cuando uno empieza a sentirse mejor después de llevar bastante tiempo sintiéndose deprimido, o con pocas ganas de vivir, el miedo a subir puede limitar su bienestar más de lo necesario. Cualquier miedo es humano y está siempre anclado a un pasado que no tiene porqué repetirse. Con unos buenos hábitos me parece bastante difícil volver a sufrir la euforia, entre otras muchas cosas, porque ser muy consciente de cómo te sientes te ayudará a detectar posibles cambios por pequeños que sean.

Una de las maneras de no sentir miedo a volver a vivir algo que preferirías olvidar es plantar tu campamento base en la tranquilidad. Salgo de él una vez cada quince días y disfruto con mucha intensidad de la experiencia. Llevo instalado en una rutina tranquila los últimos cinco años y, sin embargo, tengo una vida emocionante y con la intensidad suficiente como para levantarme de la cama con ilusión y de buen humor casi todos los días. Simplemente el recuerdo de los muchos años en que necesitaba una grúa para levantarme me hace saborear especialmente mi vida de ahora. Para mi es apasionante lo que hago, aunque para otro podría ser la vida más aburrida del mundo. Si me vieras por un agujero podrías pensar: "este hombre tiene una vida aburridísima". Lo que hace la mayoría del mundo a mi me parecía lo más aburrido del mundo. Habría otras muchas cosas que me harían sentir con más intensidad pero renuncio a ellas porque sé que no serían tan sostenibles como todo lo que hago hoy en día. Si algún día quiero emociones fuertes, me iré a Port Aventura.

Llevando una vida tranquila es difícil desequilibrarse, aunque no te exime de todos los riesgos. Para no correr riesgos, he tenido que cambiar mucho mi  manera de pensar hasta tal punto que nunca más he vuelto a tomar decisiones movido por la impulsividad. Aunque hoy mismo me podría dejar llevar por ella, no lo hago porque sé que lo que estoy consiguiendo en los últimos años quizás no sea tan fácil como me parece.

Perder la perspectiva de cómo te sientes realmente depende del tiempo que haya pasado de tu última crisis o de los años que lleves disfrutando de la vida. Disfrutar de la vida no es sólo disfrutar de la estabilidad. Supone sonreír a menudo y reír de vez en cuando. Me encantaría que este blog te haya ayudado a reencontrarte con quien eres, porque todo lo que aquí escribo simplemente son pistas que indican la forma en que yo encontré mucho más que la estabilidad. En realidad, lo único que tenemos, de verdad, es esta vida y cuando se acerque el final ya no será un buen momento para lamentarse por lo que no hicimos :)


martes, 22 de octubre de 2013

¿has pensado alguna vez en los motivos?


Muchas veces he pensado en lo que me ocurrió y cómo pude llegar a sufrir tanto con el trastorno bipolar. Los motivos fueron tantos y tan variados que no caben en este espacio. Muchos de ellos ya los habrás adivinado si llevas tiempo leyendo este blog porque a partir de ellos extraje muchas de las conclusiones que me han permitido recuperar mi salud y volver a disfrutar de la vida.

Con el trastorno bipolar me parece más importante saber aquello que conviene evitar que aquello que conviene hacer. Especialmente para evitar la euforia. Por este motivo, mi primer libro se titula "Los 21 malos hábitos". No se trata de un libro que proponga restringir tu vida sino todo lo contrario. Se trata de restringir algunos hábitos para disfrutar más de la vida. Todos suman y no tienen efectos secundarios. La mayoría de ellos están tan arraigados en nosotros que lo más que podemos llegar a hacer es atenuarlos. Yo llevo insistiendo en todos ellos durante los últimos años y  me funciona. Antes no era capaz de quitarme de encima los síntomas y hacía, precisamente, justo lo contrario.

Aunque el origen de tu sufrimiento no tenga nada que ver con el mío, al escribir generalizo mi experiencia para abarcar muchos de los problemas que me cuentan mis amigos de la asociación. Estamos todos cortados por el mismo patrón y nuestra forma de ver el mundo, y de sentir, nos condiciona tanto que nos hace más vulnerables. Aunque ya no sufro el trastorno bipolar y espero no sufrirlo nunca más, sí que estoy condicionado por cómo soy y mi vida actual refleja muchas de mis limitaciones. He tratado de aprovechar mi limitación principal para fomentar otras cualidades que me eran ajenas. Mi limitación no es otra que soportar la rutina en la vida. Nada más y nada menos, una limitación que puede hacer sufrir mucho. Afortunadamente, ya no siento que mi vida sea rutinaria sino todo lo contrario. Me resulta muy estimulante. Estoy convencido de que puedes hacer lo mismo, si descubres antes qué es lo que te mueve en la vida.

El motivo principal del trastorno bipolar nos obliga a buscar aquello que nos hace sentir bien todos los días, aunque encontrarlo no siempre resulta tan fácil. A mi me costó mucho tiempo y no acerté a la primera ni a la segunda. De hecho, todo lo que hice antes nada tiene que ver con lo que hago ahora. Y seguramente muchas de las cosas que hago ahora, dejaré de hacerlas algún día para hacer otras nuevas. Siento que necesito renovar mis ilusiones cuando se van apagando, aunque muchas de mis actuales ilusiones tienen cuerda para rato. He encontrado la forma de sentirme bien y sé cómo mantenerla. De momento, como todo en esta vida. Este comentario, aunque pueda parecer que no dice mucho, permite leer entre líneas algo muy importante que nos afecta a todos :)

martes, 15 de octubre de 2013

si despiertas no hagas mucho ruido



Cuando uno empieza a sentirse mejor después de recuperarse de la muerte en vida, lo habitual es que comience a poner piedra sobre piedra lentamente o, los menos, volver a su vida como si nada hubiera pasado. He conocido personas que han pasado por distintos procesos, no todos con la misma suerte. Después de pensar en ellos, me he dado cuenta de que tu entorno puede influir en tu bienestar tanto o más que lo que tú hagas por ti mismo. En otros casos, puede perjudicarte tanto que sea más un obstáculo que una ayuda, incluso pretendiendo cuidar de ti o actuando "por tu bien". Cuando alguien pretende hacer algo por mi bien, me hecho a temblar. Resulta tan difícil saber cómo poder ayudar a los demás que, en la práctica, hay realmente pocas personas que pueden servirme de apoyo. Con la mejor de las intenciones, muchos no son capaces de comprender a la persona que somos y toman unas precauciones excesivas que frenan nuestra vida.

De todas formas, me siento muy afortunado por contar con personas que me comprenden y respetan. Sé que no todos tienen la misma suerte y, por este motivo, escribo este comentario. Si has comenzado a andar y alguien te quita las muletas pensando que vas a salir volando, ten mucha precaución. A veces, dar demasiadas explicaciones cuando nadie te las pide es contraproducente. Si estás despertando no hagas mucho ruido para no despertar a los demás. El miedo en los demás puede ser, además de infundado, paralizante si alguien lo traslada a tu vida. Tomar tus propias precauciones resulta más útil que tener que depender de lo que los demás piensen sobre ti. Nadie mejor que tú mismo, si te sientes realmente bien, puede saber lo que te conviene. Sentirse bien no es sentirse equilibrado ni estable. Sentirse bien es otra cosa muy diferente que reconocerás perfectamente porque es una sensación que no se olvida. Todos nos hemos sentido bien alguna vez. LLevo sintiéndome bien tres años, y sé que es posible. Para llegar hasta aquí, se necesitan muchos recursos y un entorno que te ayude y no sea un freno o un jarro de agua fría en un cuerpo que ha comenzado a sentir el calor. Este blog no es más que un recurso que pongo a tu disposición desde hace tiempo. Si eres capaz de trasladar a tu vida algunos de mis comentarios, tu vida puede cambiar a mejor. Suponiendo que no lo haya hecho ya.

Contar lo que haces a todo el mundo no siempre ayuda. Contar lo que haces a quienes pueden ayudarte ayuda siempre. Descubrir quiénes son estos últimos puede cambiar tu vida. De hecho, ellos pueden hacer tanto por ti que pueden resultar imprescindibles para tu bienestar. Tener en cuenta lo que ellos puedan llegar a ver, y tú no, es un cinturón de seguridad que no aprieta. A pesar de que yo no crea ya necesitarlo, lo acepto de buen gusto :)

martes, 8 de octubre de 2013

¿qué tal duermes?




Antes del verano encontré, en una de las webs más interesantes que sigo, una aplicación muy útil para registrar tu rutina de sueño. Si tienes un smartphone puede ayudarte especialmente cuando veas que tu sueño se ha visto alterado a saber porqué. Muchas veces, ni uno mismo puede saber qué es lo que te ha hecho despertarte a las tres de la mañana como si hubieras dormido ya lo suficiente. A mi me pasa muy de vez en cuando.

Este verano registré durante varios días mis horas de sueño y he vuelto a hacerlo esta semana. Si te decides a instalar una aplicación de este tipo como Sleep Time, ten en cuenta que es una aplicación para saber cuánto duermes y cómo es la calidad de tu sueño. En el enlace encontrarás la versión para Android, si tienes un iphone te costará poco, aunque dispones de una versión gratuita de prueba.Te recomiendo la aplicación para que duermas mejor o preveas los riesgos de no dormir bien, no para que te desveles con ella :)

Aunque los programas de psicoeducación sobre el trastorno bipolar son muy útliles, no estoy de acuerdo con todo lo que proponen. El que incluyan la palabra psico en el programa me parece un gran avance de la ciencia. Por ejemplo, no recomiendan mirar el reloj cuando te despiertas en mitad de la noche con la intención de que te mantengas relajado si no estás durmiendo bien. Mi experiencia me dice que una de las situaciones más estresantes es pasar por el hospital que atiende los problemas del piso de arriba. Como llegué a esa conclusión hace mucho tiempo, si me despierto en mitad de la noche miro el reloj siempre. Y me aseguro de saber bien cuántas horas he dormido y si las he dormido de un tirón o no.

Hace no mucho tiempo leí que en el futuro los médicos se formarán para diagnosticar el trastorno bipolar con una aplicación informática que simula a un paciente virtual. Cada vez me sorprendo más de la dirección que toma la ciencia para avanzar. Desconozco si la ciencia ha recomendado esta aplicación. Las cosas de palacio van despacio. Como yo soy paciente, y no médico, te invito a que aproveches la tecnología disponible para todos. No tiene contraindicaciones. Al menos, yo todavía no las he sentido.

Si no tienes un smartphone, papel y bolígrafo. De la tecnología se puede prescindir mucho más de lo que parece. La imagen es de mi móvil pero no duermo más de nueve horas de media al día. Ya me gustaría. Estoy buscando las ocho :)



lunes, 30 de septiembre de 2013

¿quieres ayudarme a ayudar a los demás?




Este verano pensé que podía ser un buen momento para aprovechar la experiencia de la asociación Esperanza Bipolar. Ya son más de cuatro años los que llevo aprendiendo con las personas del grupo que nos reunimos en Bilbao, y me encanta ver que a algunas personas haber asistido a las reuniones les ha cambiado la vida.

Además, me resulta muy sorprendente que con tan poco se pueda lograr tanto. Se necesitan sólo sillas y personas. Muchos hablan y todos escuchan. Todos aprendemos de las experiencias de los demás. Algo que me llamó la atención, casi desde el principio, es que algunos dijeran que habían aprendido lo que es la enfermedad después de haber asistido a las reuniones del grupo y no antes. Personas que llevan o llevaban tiempo sufriéndola, al verse reflejados en otros, habían comprendido mejor lo que habían vivido. Personas que finalmente comprendían lo que es el trastorno bipolar con personas como ellas. Otras, descubrían que al explicar a los demás situaciones personales muy duras, se habían liberado de ellas para dejarlas atrás y no volver a vivirlas como una carga.

También disfruto mucho viendo cómo personas que antes sufrían, han dejado de hacerlo. Y al dejar de hacerlo, ayudan con sus comentarios y su experiencia a otros que llegan en una situación parecida, años después. Curiosamente, la mayoria se sienten mejor después de estar juntos un par de horas cada quince días.

Personalmente creo que el término enfermedad debería ser vivido con el significado de vulnerabilidad. Ser vulnerable a vivir la euforia o la depresión no es lo mismo que ser un enfermo. Se pueden hacer tantas cosas por evitar los síntomas que nunca habrá espacio suficiente en este blog para contarlas todas. Desde que te levantas hasta que te acuestas. Algunas muy sencillas, otras no tanto.

Si quieres formar un grupo en tu ciudad, tengo tiempo y me haría ilusión ayudarte. Además, te echaría una mano con lo que he aprendido no sólo en la asociación, sino de tú a tú, con mi experiencia personal.

¿Y cuál es la forma en que Esperanza Bipolar ayuda a sentirse mejor a través de los grupos?
Simplemente reuniéndose personas que se tratan como personas que comparten una circunstancia de vida y aprenden de los demás. Al final, un grupo de "más que amigos" :)

domingo, 22 de septiembre de 2013

aquellos días en los que comí lengua





Han pasado muchos años desde que tengo el siguiente recuerdo. Más de diez y menos de quince. Me sucedió al menos en dos ocasiones sin saber que aquello correspondía a una palabra conocida en la terminologia médica como manía. He recordado aquellos días porque hace poco tiempo he podido comprobar cómo dos personas, una de ellas bipolar y la otra no, responden a la necesidad de descanso. En muchas ocasiones, cuando una persona no duerme bien responde al cansancio con una mayor activación. La semana pasada, uno de mis hermanos que padece apnea me hablaba sin parar después de dos noches sin dormir lo suficiente.

-"¿Has comido lengua, hijo? Solían decir a los pequeños que no callaban cuando yo era niño.

La falta de sueño parece ser combatida por nuestro cuerpo con una respuesta contraria a la fatiga como la lógica nos podría hacer pensar. Mi hermano, desde luego, me explicaba con todo lujo de detalles algo que otro día cualquiera me hubiera resumido con dos frases. Como un coche sin frenos o una locomotora vomitando humo por la chimenea. Si mi hermano fuera bipolar como yo, hubiera acabado en el andén de un psiquiatra. Afortunadamente no lo es, otros corrimos peor suerte. A pesar de ello, creo que para volver a vivir la euforia, Beyoncé me tendría que invitar a un helado de chocolate. Algo bastante improbable.

Recientemente he estado con personas que he conocido a través de la asociación en un estado tan solo ligeramente parecido. Basta con cruzar una línea invisible a la que muchos se refieren como "click" para terminar diagnosticado con trastorno bipolar. Personalmente, nunca lo viví como un click. Quizás la imagen que me viene a la cabeza tendría más similitud con una salida de Fórmula 1, no con el lanzamiento de un cohete. Mi intuición me dice que el proceso comienza a un nivel inconsciente y, por este motivo, se puede vivir como un click.

Aunque últimamente estoy durmiendo un poco peor, estoy muy tranquilo. Hoy en día, hay pastillas que dormirían a un caballo. Ya son siete años desde que vivo con dolor y, además de los fármacos que obligan a dormir y necesito de cuando en cuando, cuento con muchos recursos para no perder la tranquilidad. No hay mal que por bien no venga, aunque puestos elegir prescindiría del mal hoy mismo :)

viernes, 13 de septiembre de 2013

mi médico



Antes del verano tuve consulta con mi médico y la conversación fue digna de una película de Woody Allen. Él me habló de una vaca tudanca rica en Omega3, y yo le hablé del trastorno bipolar. El mundo al revés, una situación bastante curiosa que dice mucho de la relación entre él y yo. Lo que más me llamó la atención es la curiosidad que demostró cuando le pregunté si quería que le comentara una conclusión a la que llegué respecto a la enfermedad hace varios años. Si muchos médicos mostraran su curiosidad ante la enfermedad, la enfermedad dejaría de hacer sufrir a quienes todavía sufren con ella. Al acabar la consulta, dijo que quería volver a verme. Yo creo que se asustó, y no es para menos. Que un paciente, ingeniero, le hable del cerebro a su psiquiatra es para preocupar a cualquiera. Menos a mi.

Después me dijo que todavía tenía dudas respecto a mi diagnóstico. Ahora soy yo, el que me voy a preocupar. Me da la sensación, y tengo casi la certeza, de que no soy un falso positivo. Entre otras muchas cosas, porque si no lo pensara no me dedicaría a lo que me dedico. La próxima consulta va a ser todavía más graciosa. El enfermo tratando de convencer al médico de que es un enfermo. En realidad, creo que ya no lo soy. Simplemente soy una persona diagnosticada con trastorno bipolar, que no es poco a juzgar lo que la enfermedad supone para muchas personas que conozco de la asociación y fuera de ella y lo que supuso para mi durante más de seis años.

Voy a volver a un comentario anterior para contradecirme. No me importa contradecirme en este caso porque es cierto que he tratado de comprender la enfermedad desde la experiencia. Mi propia experiencia y la de otros. ¿Subjetiva? Las conclusiones pueden ser subjetivas, pero nunca la experiencia. Y como subjetivas, pueden ser discutibles o incluso equivocadas. Todas ellas han contribuido a mi bienestar y me mantienen alejado de los síntomas de momento. Las comparto porque creo que merece la pena que lo haga. Puse en marcha la asociación Esperanza Bipolar en Bilbao, y me dedico a escribir y pensar sobre la enfermedad también por el mismo motivo. LLevo seis años dedicando una parte muy importante de mi vida a esto, y disfruto mucho viendo que mi ocupación beneficia a otros. Soy consciente de que muchas casualidades me han ayudado a aprender lo que he aprendido. He dedicado más de nueve mil horas a pensar exclusivamente en el trastorno bipolar. Sin embargo, mi mayor mérito no es éste. Es seguir sintiéndome bien después de lo que me tocó vivir. Que no es poco.

Ahora tienes la oportunidad de contradecirme tú también. Aprenderé mucho con ello. Lo que nadie me puede negar es la buena intención :)

viernes, 6 de septiembre de 2013

y después de las vacaciones?



Desde que sufrí el accidente, acabo las vacaciones siempre muy cansado. Las disfruto mucho porque puedo hacer algunas cosas que en invierno no puedo hacer; como andar en bicicleta, pasear por la playa acompañado por el calor del sol o ver a mis hijos disfrutar de los días sin colegio. El otro día, mi hija me dijo que había sido el mejor verano de su vida. Oirlo, después de saber lo que le he tocado vivir y haberlo sufrido junto a ella, me hace sentir muy feliz. Mi hijo es feliz todos los días del año, por lo que las vacaciones son más de lo mismo para él. Para mi, este verano también ha sido uno de los mejores que recuerdo de los últimos años, y el año que comienza se presenta muy bien.

Ayer tuvimos la primera reunión de la asociación y, a pesar de haber surgido un conflicto entre dos personas, aprendí mucho especialmente de una persona que vino por primera vez. Entre otras cosas, me di cuenta una vez más, de que las circunstancias personales y el entorno pueden derrumbar a una persona que podría tener una vida como los demás. También pude ver cómo el amor incondicional puede ayudar a alguien a sobrellevar unas circunstancias muy difíciles, como es el paso por un hospital psiquiátrico y lo que siempre espera a la salida de él: una cuesta arriba que requiere de mucho más que paciencia. En todas las reuniones aprendo algo nuevo que compensa el esfuerzo que me supone exponerme al sufrimiento de los demás. Sin embargo, me alegra ver que cada día son más los que contagian sus ganas de vivir y de no dejarse vencer por una enfermedad que no tiene porqué dominar nuestra vida. Sigo escuchando a personas que piensan que la enfermedad es imprevisible y puede poner tu vida patas arriba en cualquier momento. Aunque estoy de acuerdo con lo segundo, estoy convencido de que la enfermedad se manifiesta en circunstancias muy concretas y que uno puede aprender mucho para mantenerse alejado de ella. Y aunque no todos seamos igual de vulnerables, todos podemos hacer mucho por sentirnos cada día un poco mejor. Yo encontré la forma de ayudarme a mi mismo, y otros están empezando a sentir que es posible. Siempre hay obstáculos, porque en la vida de cualquier persona también los hay, pero uno aprende a convivir con ellos. Yo mismo, aunque pueda parecer que ya no me enfrento a ninguno, me encuentro con ellos a menudo. Algunas veces paso por encima de ellos, otras los evito, y lo que sí tengo claro es que no me van a parar.  Aunque así sea, mi vida no es una carrera de obstáculos, es un paseo agradable por la vida, a pesar del dolor. Y el motivo por el que hago lo que hago es doble. Me apena ver lo que veo y me siento muy bien al ver lo que puedo hacer para disfrutar de los cambios en los demás :)

miércoles, 21 de agosto de 2013

stop




Aunque este comentario quedó pendiente porque estaba escrito hace más de una semana, hoy vuelve a la actualidad. Desgraciadamente. En los últimos días, he tenido que romperme la cabeza para mantener un buen clima en casa pero ha llegado el momento de parar. Después de una discusión con mi mujer sobre algo que no acabamos de arreglar, mi hijo empezó a decir después de la cena: "Stop, stop". Como suele ocurrir siempre, los niños ven más que los mayores.

Cuando terminamos le pregunté a Roberto qué hay que hacer para dejar de discutir y sus ojos azules no supieron responderme al momento. Después quise saber qué hacía él con sus amigos del colegio cuando discutía, y me contestó: "Esperar al día siguiente. Siempre se pasa al día siguiente". Cuando me lo dijo, me di cuenta de que la regla de las 24 horas suele funcionar pero esta vez me está empezando a fallar. Mi mujer es muy diferente a mi, y hay cosas que están empezando a saturarme. Llevo demasiado tiempo haciendo el esfuerzo de calmar las aguas por el bien de todos y hoy he decidido que se acabó. Voy a tomarme unas vacaciones mentales. Que cada palo aguante su vela. Tengo la sensación de que ya es hora de descansar. Estoy cansado y me rindo. Creo que mi mujer no valora lo que hago por ella y por mis hijos. Lo único que hace es darle al raca-raca y conozco demasiado bien donde se termina con esa manera de rayarse. No lo quiero para mi,  yo ya tuve bastante. Desde luego, no seré yo quien vuelva al psicólogo.

En realidad, Roberto sí sabía qué hay que hacer para parar una discusión. Sus primeras palabras tenían la solución: "Stop, stop". Aprender a parar no es fácil, quizás simplemente haya que hacerlo sin pensar. Puede que creas que este comentario no tiene nada que ver con el trastorno bipolar. No habla de síntomas. Sin embargo, no voy a permitir que nada altere mi rutina de sueño. Dormir bien con dolor crónico no es fácil y llevo más de cinco años haciendo el pino con las orejas para lograrlo.

¿Cuál va a ser mi remedio para los próximos días? Una frase de mi cuñado, una persona muy inteligente para todo: "Estoy en un momento muy importante de mi vida porque... paso de todo, colega". Tiene sesenta años.Y si no paso, voy a intentarlo con todas mis fuerzas :)

viernes, 9 de agosto de 2013

pensar en grande



Hoy he desayunado con una cita del filósofo José Ortega y Gasset que dice:
"Solo cabe progresar cuando se piensa en grande, solo es posible avanzar cuando se mira lejos".

Casi se me indigesta la fruta. Cuando leo algo que me chirría porque me trae recuerdos de la época en que estaba como las maracas de Machín, algo salta dentro de mi. La cita aparecía en el muro de una persona bipolar como yo, que educadamente me dijo que a él le había ayudado mucho.Tras pensar un rato sobre ella, el estómago sigue diciéndome que si eres bipolar, evita pensar en grande y mirar a lo lejos. Muchos hábitos y formas de pensar que sirven para la mayoría de los mortales, a nosotros nos pueden perjudicar mucho más de lo que nos pueden beneficiar. Habrá excepciones, como siempre, pero escribo teniendo en mente no sólo lo que he vivido, sino lo que he escuchado en conversaciones con buenos amigos. No lo hagas, y si lo has hecho una vez y te ha funcionado sigue haciéndolo.

Me gustan las citas de Ortega y Gasset, hace tiempo que tengo apuntado su nombre en la lista de libros pendientes. Sin embargo, y con todo el respeto que se merece su pensamiento y su persona, escribo mi versión adaptada:.

"Se puede progresar más pensando en pequeño todos los días, que viviendo pensando en grande".

Abandonaba el hospital y no tardaba mucho tiempo en volver a pensar en grande. Muy en grande. Terco como un burro. También sufría en grande. Decepciones y fracasos. Y viajes en globo. Ahora pienso en pequeño y los resultados son muy diferentes. Disfruto en grande y avanzo diez veces más. Hay algo que no puedo pasar por alto: "no dedicándome a lo mismo que me dedicaba antes". Si hubiera pensado en pequeño tampoco hubiera avanzado mucho más. O sí, quién sabe. Pero me temo que no. En cualquiera de los dos casos, intuyo que una buena parte de los problemas que sufría se tradujeron en síntomas, y tenían mucho que ver con esta forma de pensar. Estilo cognitivo, lo llaman los expertos. Me encantaría explicarte en qué se traduce  este estilo cognitivo a nivel biológico, pero bastante tiene mi mujer con aguantarme para que lo tengas que hacer tú también.

Este comentario daría mucho que hablar. Cuando decidí escribir mi primer libro pensé en grande. Estoy escribiendo el tercero. Ha sido la única vez que he pensado en grande hasta ahora, y han pasado ya ocho años. Cuando comencé un taller de escritura y le dije a mi profesora que iba a escribir un libro, no recuerdo lo que me dijo exactamente, pero me miró con la clásica mirada "estenosabeloquedice". Cuando comencé a trabajar en la asociación sin apoyo de profesionales de la salud, a médicos me refiero, actué en grande. Sin pensar. Cuando comencé a buscar explicaciones a esta enfermedad considerada como crónica, no pensé en grande. Empecé a leer como si no hubiera nada más interesante en el mundo que el trastorno bipolar. De hecho, sigo teniendo la misma sensación. Simplemente me dejé llevar por la misma curiosidad e interés que mueve a un niño. Y disfrutando como un niño. Y lo que me queda.
Me equivocaré más de una vez, pero siempre intento pensar bien las cosas antes de actuar. Pensar bien, no en grande. Con este comentario me interesa especialmente tu opinión. Para seguir aprendiendo, que es de lo que se trata..

sábado, 3 de agosto de 2013

la espada de Damocles



Las sensaciones muchas veces dicen más que las propias palabras. Ayer leí un comentario de una persona en el muro de un grupo de bipolares como yo, que hablaba de la sensación de vivir con una espada de Damocles permanente sobre ella. Yo ya no vivo con esa sensación, pero no olvido la espada ni tengo intención de olvidarla nunca. Aunque hacerlo no me garantice el bienestar, no hacerlo puede suponerme una recaída. No tengo miedo pero prefiero no olvidar del todo. Aunque mi vida gire alrededor del trastorno bipolar, bien podría olvidar mis propios riesgos. Tenerlos presentes y seguir escuchando a mi cuerpo es mi forma actual de cuidar de mi.

Hace ya algún tiempo, escuché un comentario a una persona en la asociación que habló de polvorín. Como ejemplo, me pareció muy gráfico y creo que puede representar muy bien la realidad de muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar. Descubrir aquello que puede "encender" tu polvorín pude ayudarte mucho. Personalmente creo que hacerlo tampoco garantiza tu bienestar futuro pero sí estoy convencido de que es un paso muy importante en la recuperación. El trastorno bipolar, todavía hoy en día, está considerada como una enfermedad mental grave y potencialmente muy discapacitante. No voy a negar esta realidad, pero sí me voy a dedicar a intentar que la situación de algunas personas cambie a mejor. LLevo más de cuatro años haciéndolo y las posibilidades de mejora son muchas. En el próximo comentario, hablaré de una encuesta de la asociación Esperanza Bipolar de Bilbao para invitarte a participar en un proyecto. Basta con que estés diagnosticado con trastorno bipolar y te gusten las personas. Al hacerlo, te acompañaré y haré todo lo posible para que te sientas todavía mejor.

Y para terminar, una invitación y un gracias. Gracias a Neus, Ana, Fernando, Isabel, Itzia, Javier, Juanma y Cristina por haberme ayudado a publicar el libro. Si me he olvidado de algún donante anónimo, también gracias. Como las aportaciones no han sido muy numerosas, he donado a la asociación la cantidad suficiente para imprimir mi primer libro titulado: "Bipolar. Los 21 malos hábitos". Si quieres ayudarme, puedes entrar en www.esperanzabipolar.org y hacer tu donativo. Todos los fondos se utilizarán en la promoción online del libro, y los ingresos derivados de su venta se destinarán al mantenimiendo y desarrollo de las actividades de Esperanza Bipolar, hoy en Bilbao, y me gustaría que algún día, en tu ciudad :)

jueves, 25 de julio de 2013

airear



Últimamente pienso sobre conversaciones recientes que he mantenido con amigos que están diagnosticados con trastorno bipolar y me doy cuenta de muchas cosas que, aunque muchos saben, para otros pueden pasar desapercibidas. Aunque todos sabemos que es importante no guardar aquello que nos puede hacer daño no ventilando el "piso de arriba", tampoco es tan raro encontrar situaciones en las que podemos llegar a no hacerlo por motivos personales que justifican, muchas veces equivocadamente, nuestro silencio.

Hace tiempo tuve un problema grave que duró años y no sabía cómo solucionar. Aunque yo conocía muy bien cuál era el problema, no lo comentaba con nadie a pesar de que el desgaste cada vez era mayor y la solución no parecía llegar nunca. El problema tenía nombre y apellidos: "insatisfacción laboral". Emocionalmente me sentía vacío en el terreno profesional y mi relación con el trabajo tenía el mismo sabor que el de un matrimonio o pareja que comparte techo y nada más. Desde entonces, nunca más he vuelto a "guardarme" algo con la intención de no molestar o preocupar a alguien. Si lo piensas bien, la mayoría de las personas emocionalmente equilibradas suelen ser extrovertidas y no suelen vivir hacia dentro. Por algo será. Nuestro mundo emocional se regula en la interacción y quien no comparte acaba convirtiendo un maravilloso estanque en agua turbia y estancada. Los niveles de estrés y la posibilidad de perder el control sobre uno mismo crecen cuando uno evita una conversación no siempre agradable. No se trata simplemente de desahogarse, aunque hacerlo tampoco es ningún delito. Se trata de expresar abiertamente y en palabras lo que ebulle dentro y puede acabar por reventar en el momento más inoportuno. No enfrentarse a las situaciones o las personas aunque parezca una garantía para permanecer en puerto seguro resulta ser todo lo contrario. Suele suponer preparar una tormenta cuando la lluvia siempre moja menos.

Pocas veces en los últimos años he visto la "luz amarilla" de precaución. Si he llegado a verla o he intuido que algo me podría acercar a una situación de riesgo, no he dudado en comentarlo rápidamente con una persona de confianza. La última vez fue hace más de un año,  y tomé una decisión con la ayuda de un amigo que me quiere y sabe bien cómo cuidarme. Si no me hubiera preocupado de "airear" quizás estaría otra vez sufriendo los síntomas del trastorno bipolar. Además he encontrado el placer en confiar mis dudas con las personas que quiero y me quieren, cuando algo me huele a riesgo. Tengo muchas personas que me conocen bien y saben cómo cuidar de mi. No me siento más débil que los demás ni un incapacitado por hacerlo. Al contrario, me siento muy bien y tengo la sensación de que las personas en las que confío se sienten bien ayudándome. Te lo recomiendo. Busca un equipo de tres. Si son personas con cualidades diferentes, mucho mejor. Así podrás ver y preveer desde distintos puntos de vista.

martes, 16 de julio de 2013

mi experiencia



Hoy he puesto mi foto de Facebook porque quería comentar algo respecto a mi experiencia. He leído en un blog que también se llama Esperanza Bipolar y que han actualizado recientemente lo siguiente:
"Manteniendo la intención de comprender la enfermedad desde la experiencia subjetiva".

En realidad, no me importa quién está detrás de este blog ni su intención. Sólo voy a aprovechar su comentario para hablar de mi experiencia para aclarar quién es el blogger que te escribe y a qué se dedica. Las experiencias no son objetivas ni subjetivas, son experiencias. Sin embargo, sí que es verdad que traté de comprender qué se escondía detrás de mi enfermedad y encontré muchos porqués. Para saber lo que realmente importa hay que escuchar a quien padece la enfermedad. Pocos lo hacen. Durante el mismo tiempo me dediqué a leer y aprender a través de la lectura y las personas diagnosticadas con trastorno bipolar. Lectura de libros de neurociencia, entre otros muchos. Me siento un aprendiz y el interés por aprender me llevó a la fuente. Más tarde me dediqué, y sigo haciéndolo, a ayudar a personas que padecen o sufren la enfermedad.

Hablar de experiencia subjetiva huele a "ciencia". A veces, la ciencia también tiene sus miedos. Miedo a lo que no lo es, y puede ser tan útil como lo que sí lo es. Incluso más. En nombre de la ciencia, también se hacen muchas cosas todavía al revés. Evidentemente no es mi responsabilidad, cada cual ejerce la suya. Quien tiene miedo no evoluciona. La ciencia no debería tener miedo si quiere evolucionar. Ni soy médico ni voy a curar a nadie. Hablar de curación en una enfermedad mental es como hablar de las magdalenas con mayonesa. No sirve de mucho y es imposible sacar un buen sabor de ese debate. Siendo más práctico, me dedico a sacar muy buenos sabores de lo que hago y de las personas que me rodean diagnosticadas con esta enfermedad.

Hablar de experiencia subjetiva es como hablar de enfermedad mental objetiva. ¿Sirve de algo? Me temo que no. Sólo para ahuyentar miedos. Hay muchas frases de este comentario que sí puedes considerar como opiniones subjetivas. Leo a diario en prensa tantas opiniones subjetivas de expertos sobre la enfermedad, que no voy a dedicar este blog a comentarlas. Soy constructivo. Simplemente me he permitido el lujo de dejar aquí un comentario más personal. ¿Subjetivo? La subjetividad la valora siempre el lector. Es decir, tú :)

miércoles, 10 de julio de 2013

sobrecargarse



Hace un mes estuve con una persona que no me conoce mucho, pero quizás más de lo que yo creo. No es tan raro que las intuiciones o sensaciones que tienen los demás sobre uno mismo sean más objetivas que las que uno mismo tiene sobre su "mecanismo". Aprovecho la oportunidad para recomendarte que aproveches siempre que puedas la oportunidad de aprender de lo que los demás ven en ti. No es difícil descubrir siempre algo nuevo, especialmente con las personas que te conocen bien y tienen mucha relación contigo. Yo lo acabo de hacer con mi mujer, y aunque ella no lo sepa todavía, suelo tener en cuenta lo que me dice cuando me ve enfadado y tengo que soltar presión.

Volviendo a la persona que me ha provocado escribir este comentario, su frase decía algo así como: "Ah, tienes que evitar sobrecargarte". Cuando la escuché me sorprendió y pensé, como suelo hacer a menudo, que sobrecargarse es una expresión demasiado genérica. Sin embargo, pensándolo bien, creo que se comprende muy bien y seguro que la entiendes. Mi "sobrecarga" siempre vino por una mezcla de ansiedad por disfrutar de lo que hacía al límite - o al menos intentarlo- y las muchas dificultades que acababa siempre por encontrarme. Ir ciego a por el logro sin disfrutar del día a día. Aunque si volviera a mi profesión, sé que seguiría siendo incapaz de disfrutar de la actividad profesional que desempeñaba. Lo que sí creo es que ahora sabría mucho mejor cómo enfocarme porque me conozco mucho mejor.

Mi experiencia es muy posible que no tenga nada que ver con la tuya. Aunque así sea, he encontrado rasgos comunes entre muchas historias -vidas- que conozco. Incluso en el caso de que no te sientas identificado con este comentario, creo que uno siempre puede aprender "algo" de la experiencia de los demás. Siempre trato de sacar la esencia de mi experiencia sin entrar en detalles para que sea más fácil de transmitir. No resulta tan difícil proyectar algunas de las conclusiones a la experiencia personal, sea cual sea el "problema" en cuestión. No quiero decir con esto que el trastorno bipolar sea un "problema" como otro cualquiera, pero sí que detrás de los síntomas se pueden esconder muchos problemas que uno debe ir resolviendo para sentirse mejor.

Puedes pensar en lo que te sobrecarga, no es difícil descubrirlo. Aprender cómo superarlo o prescindir de ello son dos posibilidades. Tan válidas la primera como la segunda. Para no sobrecargarme necesito dedicar dos horas de descanso por cada hora de actividad. Pero estoy igualmente ocupado sábado y domingo. Siento que mi salud lo merece, y además, me doy cuenta de que cada año hago siempre un poco más. Me siento muy bien dando lo mejor de mi mismo, y algo que nunca he vuelto a hacer es darme un "atracón " sin pensármelo antes. No dos veces, sino cuatro.

Me encantaría que me comentaras qué te gusta del blog y lo que no. Antes de final de año, tengo pensada una sorpresa para ti que espero te guste. No es márketing, es una sorpresa :)


miércoles, 3 de julio de 2013

ser feliz





El último día una persona en la asociación hablo de ser feliz con la enfermedad. Y yo pensé que es imposible ser feliz con la enfermedad cuando el trastorno bipolar se sufre o se padece. En ese caso, supongo que lo que uno puede intentar es tratar de ser feliz a pesar de la enfermedad.

Cuando sufrí la enfermedad, tampoco era feliz. Y el motivo principal no era el trastorno bipolar sino uno muy diferente. Mi día a día no me resultaba estimulante, me faltaba ilusión y no sabía cómo superar mis dificultades diarias. Ahora soy feliz porque disfruto de todo lo que hago y de las personas con las que convivo o me relaciono. Mi vida es mucho mejor de lo que nunca antes pudiera haber imaginado. Sé que mi vida se ha revalorizado, como diría mi amigo Pablo, porque estuve a punto de perderla y ser un superviviente marca una vida. De todas formas, para el tema de hoy, creo que esta circunstancia vital no tiene mucho que ver con mi felicidad.

Sin alcanzar la estabilidad emocional la vida te golpea cada vez con más fuerza. No es necesario ser bipolar para saberlo bien. Y sin alcanzar la estabilidad emocional, resulta también imposible vivir  feliz. Uno puede disfrutar de momentos felices, pero no suelen durar mucho. Recuperar mi salud mental no creo que haya sido un camino fácil ni difícil. Se lo debo a lo que hago y a las personas que me rodean. A las personas que me han ayudado y a las que todavía lo siguen haciendo. No soy una persona a quien le guste pedir, y pedir ayuda en esta vida no es signo de debilidad sino de inteligencia. Mi médico y mi psicóloga me prestaron hace tiempo la mejor de las posibles, y supongo que yo hice el resto, lo que me correspondía para sentirme cada día mejor. Otras muchas personas me siguen ayudando y a todas les estoy muy agradecido. En especial a mi mujer, quien me ha regalado parte de su vida para que yo pueda cumplir muchos de mis sueños.

Cuando llegué al quinto, me di cuenta que ahora mis sueños son los sueños de los demás. Disfruto tanto al ver que con mi trabajo hay personas que están empezando a vivir una nueva vida, que dedicarme a otra cosa sería perderme algo demasiado importante para mi. No se trata de responsabilidad moral, sino de enriquecer mi vida. La asociación y lo que se vive dentro del grupo es una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido hasta ahora. Y las personas que me prestan su ayuda tan importantes para el bienestar de los demás como lo que yo pueda aportar. Y para cerrar el comentario, me gustaría volver a la montaña de problemas. Si uno nunca asciende la montaña o aprende a rodearla, creo que es imposible llegar a ser feliz. No soy tan inocente como para pensar que todos los problemas tienen solución. Sin embargo, muchos de ellos sí que requieren de alternativas. La vida no siempre es alpinismo :)

jueves, 27 de junio de 2013

el fantasma



Una conversación reciente me ha recordado una situación que viví hace cuatro años. Problemas con mi mujer que me subieron por las paredes despertaron un fantasma dormido a mi alrededor que me hizo comprobar que tu pasado puede condicionar tu futuro de una forma muy diferente a quienes tienen un historial médico limpio. Tu futuro no sólo lo construyes tú, lo construimos siempre con nuestro entorno más cercano. Me refiero al "piso de arriba", al órgano de kilo y medio que puede haber sufrido por circunstancias tan variadas como uno pueda llegar a imaginar. Desequilibrios electroquímicos asociados a una vulnerabilidad que conllevan situaciones límite y dejan secuelas no sólo en uno mismo sino en todo aquel que es o fue testigo de nuestras cimas y simas en un tiempo récord. O viceversa. Situaciones límites que conllevan desequilibrios que pueden llegar a enfermar a una persona sana hasta que deja de serlo.

Contemplar en los demás que la función  no ha terminado cuando el drama se recuerda pero ya no se siente, es uno de los recuerdos más tristes que guardo de la enfermedad. Ver a las personas que más quieres llorando delante de ti cuando han llegado a conclusiones equivocadas por una enfermedad en la distancia, duele especialmente porque uno se siente víctima de los recuerdos que dan más miedo a los demás que los fantasmas a los niños cuando apagan las luces de su habitación.

He de reconocer que si te sientes identificado con este comentario es buena señal. Aunque duela. Darse cuenta de que para los demás la enfermedad todavía está viva cuando uno mismo siente que está dormida o en coma conviene tomárselo como un verdadero privilegio porque constituye un síntoma de buena salud. Aunque me temo que hay que estar realmente bien para que una situación así no encienda la mecha porque emocionalmente es muy doloroso que los demás te anclen a un pasado que puede -o no- repetirse.

¿Cómo intuir si los demás pueden estar viendo sólo fantasmas o verdaderos pródromos, es decir, los síntomas previos a la euforia?

La irritabilidad podría ser una buena señal para parar y pensar. Yo no la sufrí porque no tenía ninguna duda de que lo que estaba sucediendo era una situación ajena al trastorno bipolar. Si te surgen dudas en una situación parecida puede ser conveniente que para despejarlas lo comentes con una persona que te quiera y te conozca bien. Ambas circunstancias suelen ir bastante unidas. Despejadas las dudas, a seguir avanzando :)



sábado, 15 de junio de 2013

la montaña





Puede que te estés preguntando qué tiene que ver el trastorno bipolar con una montaña, y no me extraña.

Este comentario, aunque parezca demasiado evidente, quizás no lo sea tanto. Cuando empecé a sufrir los síntomas del trastorno bipolar tenía ante mi una montaña de problemas. Algunos de ellos me parecían difíciles de resolver, otros imposibles. Con el añadido del sufrimiento emocional que suponen los síntomas, que no es decir poco.

Aunque fui superando algunos de mis problemas algunos quedaron sin resolver. De hecho siguen sin estar resueltos porque en mi vida actual puedo convivir con ellos. El principal tiene que ver con mi estilo de vida, muy condicionado por el dolor crónico y una rutina imprescindible para llevarme bien con él. Aunque mi situación fuera distinta, es muy posible que seguiría teniendo dificultades con algunas de mis debilidades para mantener una rutina no creativa. Quien vive una vida creativa, sabe bien a qué me refiero. Problemas con mayúsculas para repetir una actividad monótona donde una tarea, una vez resuelta, ha perdido gran parte del sabor. Una carencia demasiado importante para poder ejercer la inmensa mayoría de las profesiones en la sociedad actual sin morir en el intento. Si tuviera que ejercer una profesión hoy en día, encontraría la forma de ejercerla de forma flexible. Es la manera en la que llevo viviendo los últimos años desarrollando todas las actividades en la asociación y el entorno digital. Ahora dispongo de  recursos que hace diez años no sabía ni que existían. Y no me refiero a recursos técnicos, sino a una madurez personal que me ha costado alcanzar media vida y mucho sufrimiento extremo. No te imagines nada espectacular, se trata de recursos emocionales y sociales bastante básicos. No todos, pero sí muchos de ellos.

Si tuviera que empezar por el principio, volvería a hacerlo de la misma forma. Si tengo un problema, busco una alternativa, que no una solución. Cuando uno conoce la solución no se puede hablar de problema, sino de reto. Desde hace tiempo me enfrento a más retos que problemas. Siempre resulta más fácil encontrar alternativas que soluciones. Con suerte, encontrarás alternativas a tus problemas cuando no seas capaz de afrontar los cambios necesarios para que dejen de ser problemas. No siempre es fácil encontrar alternativas, pero casi siempre hay alguna. Con suerte, las alternativas te llevarán a sentirte más ligero de equipaje, y en el trayecto, surgirán otras nuevas y nuevas habilidades. No volverás a ser el mismo porque las huellas de tus pasos siempre imprimen carácter y te convierten en una persona diferente. Ligeramente diferente o radicalmente diferente. No siempre los cambios radicales dan resultados, pero yo no los descartaría. En mi caso particular, un cambio radical fue el primer paso hacia el bienestar. La montaña de problemas empezó a diluirse con él aunque la vida me volvió a frenar en seco. Desgraciadamente, cuando estaba empezando a caminar, estuve a punto de no volver a hacerlo nunca más.

martes, 4 de junio de 2013

los 21 malos hábitos




Más de dos años escribiendo para ti. Ahora ha llegado el momento de publicar mi primer libro y voy a necesitar tu ayuda. El título del libro "Bipolar. Los 21 malos hábitos" no parece ser un gran título desde el punto de vista del marketing. La verdad es que el marketing me interesa bien poco. Se titula de esta forma porque en el trastorno bipolar puede ser tan importante lo que no conviene hacer que aquello que todos sabemos es muy saludable. A nadie nos gusta que nos digan lo que tenemos o no tenemos que hacer. El libro no es un atrevimiento sino una propuesta.

Como ya sabes, si llevas tiempo leyéndome, fundé hace ya casi dos años una asociación llamada Esperanza Bipolar que desarrolla sus actividades en Bilbao. A ella voy a dedicar una parte importante de mi vida. Una gran parte también de lo que has leído en este blog sobre el trastorno bipolar corresponde a una dedicación bastante intensa durante mis últimos cinco años. Henry Ford decía que pensar es el trabajo más importante. Yo he pensado mucho para escribir los comentarios que he dejado aquí y que espero te resulten útiles para alcanzar el bienestar. Tan útiles como lo han sido para mi para recuperar la salud, mantener la estabilidad emocional y ser feliz. Mi único propósito al escribir este libro o en este blog, de hecho, es intentar que te sirvan de ayuda.

Todos los derechos y beneficios de la venta del libro irán a la asociación que presido y me gustaría contar con tu donativo para imprimir los primeros ejemplares. Todos los donativos se dedicarán exclusivamente a la impresión del libro. Basta con acercarte a una sucursal del BBVA y hacerme el regalo. Soy una persona que no me gusta pedir pero el motivo lo merece. Si no puedes hacer ninguna aportación, no te preocupes, yo correré con los gastos iniciales que no queden cubiertos por los donativos. Espero y deseo que puedas adquirir el libro este mismo año. Cien personas como tú, donando 30 euros, serán suficientes.

Nº cuenta Asociación Esperanza Bipolar: BBVA 0182-0450-14-0201626697

La ilustración pertenece al libro y al autor: Jorge Ibañez Mestre. Un buen amigo y una gran persona.


viernes, 31 de mayo de 2013

la diabetes





Una buena amiga que voy a conocer muy pronto me ha inspirado el comentario de hoy. Todavía no lo sabe, ahora sí.

No es la primera vez que alguien compara el trastorno bipolar con la diabetes, ni seguramente será la última. Comprendo que sirva a algunos como ejemplo, aunque como dice el dicho "las comparaciones son odiosas". Especialmente las comparaciones equivocadas o que pueden llevar a equivocaciones. Comparar una enfermedad mental con una enfermedad con un origen biológico conocido y visible  es como comparar un coche con un avión. Viajando en los dos puedes sufrir una desgracia, pero las diferencias son tan importantes como las similitudes.

LLevo casi cinco años viendo la evolución de algunas de las personas de la asociación a las que me dedico, dentro y fuera de ella, y si fuesen diabéticos no podría escribir lo que voy a escribir a continuación. Algunos están empezando a descubrir una nueva vida, con la que quizá antes nunca habían soñado. Tienen menos limitaciones que antes, se sienten mejor, empiezan a disfrutar de la vida y ven el futuro de un color muy diferente a como lo veían la primera vez que cruzaron la puerta de la sala del centro cívico de Deusto.
Si fuesen diabéticos, seguirían teniendo las mismas limitaciones. Nada de pasteles con azúcar, por ejemplo. Sus expectativas de futuro no creo que hubieran cambiado mucho, tampoco. Puede que te parezca algo normal, y si hubieras leido algo sobre nuestro cerebro, te extrañaría menos todavía.Yo he leído bastante, y, sin embargo, me extraña que con tan poco se pueda lograr tanto. Si una enfermedad mental considerada como muy grave, puede dejar de sentirse como tal, quizás no sea tan grave como aparenta ser. Entiendo que un profesional de la salud centrado en la enfermedad, no esté de acuerdo con esta afirmación. Yo acepto muchas afirmaciones que leo aunque no las comparta. Lo que me cuesta tragar más es la desinformación.

El trastorno bipolar, enfermedad mental grave con los recursos que se emplean y que pocos cuestionan. El sufrimiento ya tiene nombre y tratamiento. Con los profesionales de la salud que tenemos y las deficiencias del sistema sanitario tan mejorables. Una vez alguien me dijo que la salud mental es un tema en el que nadie quiere meter mano. En aquel momento me sorprendió, quizás ahora ya no me sorprenda tanto. Yo no he decidido meter mano, he metido el cuerpo entero con la mejor de las intenciones. Y si no lo veo, no lo creo :))

sábado, 25 de mayo de 2013

la fiesta




He pensado en escribir este comentario únicamente para continuar con el anterior y explicar a qué me refiero con la fiesta. He sufrido mucho, como tú, hasta llegar hasta aquí. He tenido una gran ayuda que quizás tú no has tenido la fortuna de contar con ella, y sigo contando con personas que me siguen prestando su ayuda para sentirme bien. Sin embargo, me doy también cuenta de que me he convertido más en un donante que en un receptor. No sólo con las personas diagnosticadas con trastorno bipolar a las que dedico mucho más que mi tiempo, sino también otras personas que no se encuentran en su mejor momento y trato de contagiarles mi ánimo.

Nunca antes hubiera pensado que iba a poder disfrutar de la vida como lo hago, dolor crónico y trastorno bipolar incluido. No soy ningún superhéroe pero he ido aprendiendo mucho del sufrimiento propio y del de los demás. He aprendido tanto que me ha servido para encontrar mucho más que la estabilidad.
En realidad, siento que tengo muchos más recursos que con los que nunca antes había contado. La vida que me ha tocado sufrir desde los treinta hasta los cuarenta años, ahora no ha dejado rastro aparente ni en mi salud ni en mi felicidad. Añado la palabra "aparente" porque todo queda pegado a nuestra biología como Mara Dierssen conoce bien.

Esta semana estuve en una conferencia de la investigadora celebrada en Bilbao dentro de la semana mundial dedicada al cerebro. Me llamaron la atención muchas de las conclusiones de las investigaciones dirigidas por esta mujer de sonrisa amable. También me llamó la atención uno de sus comentarios al comenzar la conferencia. Nacida es Santander, se quedó sorprendida por lo "bonita" que es la ciudad de Bilbao. Yo, nacido en Bilbao, hace quince años me quedé sorprendido de lo "bonita" que es la bahía y la ciudad de Santander. No sé si son rarezas o me lo parecen. Quizás no lo sean tanto en un año en el que las dos ciudades colaboran para promocionar el turismo en el eje cantábrico. A mi también me gustan las personas como a ella. A ella le apasiona el cerebro. A mi simplemente me gusta. Puestos a elegir, sigo prefiriendo a las personas :))

jueves, 16 de mayo de 2013

el trastorno bipolar y la libertad




Hoy he elegido una palabra que para algunos tiene mucho significado y para otros no significa gran cosa. Sin querer profundizar demasiado en el tema de la libertad, tomaré prestada la palabra para hablar de mi experiencia con los problemas que tuve hace mucho tiempo para decidir libremente.

En realidad soy ingeniero por vocación paterna. Dicho de otra manera, nunca hubiera sido ingeniero si, en su momento, hubiera podido elegir libremente. Ejercí durante mucho tiempo una profesión que no era para mi, y a la que me costó adaptarme mucho más de lo que se puede considerar como saludable. Responsabilizar a una profesión equivocada de los síntomas que sufrí durante demasiado tiempo sería simplificar demasiado. Pocos problemas responden a una única causa, pero algunos problemas derivan de una única causa. La mayoría de las situaciones que supusieron, en ocasiones, una presión más que insoportable tuvieron mucho que ver con dónde estaba, lo que hacía y cómo me enfrentaba a lo que la propia situación demandaba de mi en aquel momento. Afortunadamente no todos nos tenemos que enfrentar a situaciones que nos pueden llegar a desbordar ni todos somos vulnerables a sufrir en el mismo grado por las presiones del entorno. Hablando de estrés laboral únicamente podría justificar los primeros años de mayor sufrimiento y dejaría de lado demasiados detalles tan importantes, o incluso más, en mi experiencia con la enfermedad. Pensar en si hubiera sufrido los síntomas en otras circunstancias no sirve de mucho, sin embargo, creo que posiblemente no hubiera sido así.

Permitir que los demás tomen decisiones que te corresponden suele ser una opción demasiado tentadora cuando uno no está seguro de lo que quiere o se muestra inseguro a la hora de tener que plantarse frente a las imposiciones. Yo no lo hice y estoy arrepentido de no haberlo hecho. Aunque al final pude adaptarme con muchas dificultades a mi profesión, nunca hubiera podido ser feliz ejerciéndola. Plantarse casi en los cuarenta años en la situación en la que yo me encontraba no sólo fue desperdiciar demasiados años de mi vida. Gran parte del sufrimiento hubiera sido evitable. O quizás no. O quizás no sería quien soy si no hubiera sufrido el trastorno bipolar como lo sufrí, especialmente durante los primeros cinco años. Con toda seguridad no podría dedicarme a lo que me dedico ni hubiera podido aprender tanto si no hubiera visto las tripas a la enfermedad. Tampoco si no hubiera conocido al excepcional médico y mejor persona  que me devolvió a la vida hace ya diez años. Ni tampoco estarías leyendo estas líneas si no hubiera sobrevivido hace seis años a una negligencia profesional que casi nos cuesta la vida a toda la familia. Todo lo que sé, y todo lo que he aprendido, hoy en día lo comparto contigo con la ilusión de que te sirva de alguna ayuda. Y he tenido la inmensa fortuna de comprobar con mis propios ojos, cómo la vida de algunos ha cambiado a mejor. Una nueva vida que me invita a pensar que la fiesta no ha hecho más que empezar :)

jueves, 9 de mayo de 2013

el infierno



El otro día me llamó una persona a la asociación y me dijo que estaba viviendo un infierno. Después de hablar con él, empezó a calmarse y a sentirse mejor. Ojalá venga algún día para conocernos a todos los que formamos el grupo.

Después de hablar con él, recordé lo que hace sufrir el trastorno bipolar en los primeros golpes a la línea de flotación de nuestra salud. Ahora voy a tratar de recordar algunos de esos momentos de mi vida, que si no fueron los más dramáticos, sí fueron los más dolorosos emocionalmente hablando. Si conocieras lo que tuve que sufrir hace seis años, te costaría comprender esta última frase. Si has sufrido el trastorno bipolar con toda su intensidad, puede que entenderías muy bien a qué me refiero.

En el año 99 toqué literalmente fondo. Ha pasado mucho tiempo y muchas experiencias en mi vida como para sufrir todavía las secuelas de algo más que un ingreso psiquiátrico. Los hospitales pueden ser lo de menos cuando lo que se sufre por dentro se parece más a un tsunami emocional que a una bonita ola que surfear. Aunque visto desde fuera alguien pueda pensar que la fiesta pueda tener cierta gracia, para el protagonista suele tener un final más cercano al drama. No sólo por lo que uno vive y cómo lo vive, sino por cómo lo viven y les afecta a las personas más queridas. Visto con perspectiva, me puedo incluso reir de mi mismo con las personas de confianza. Si no lo hago es porque sé cómo puede afectar a quienes todavía sufren con la enfermedad que me hizo sufrir tanto, y la salud es un tema demasiado delicado como para relativizar. Últimamente he hablado con varias personas que están sufriendo en el presente y son una oportunidad para regalarme a ellas. Me hace una ilusión especial ver que todas las personas del grupo hacen lo mismo con los recién llegados.

Cuando escribo nunca sé si quien me va a leer o me lee habitualmente, se siente mal, regular o bien. Si hace poco que ha sufrido o han pasado años desde la última depresión o la última euforia. No suelo llamarle manía porque no soy médico y me gusta más la palabra euforia. La palabra sí, no lo que representa para una persona bipolar.Si quieres contarme cuánto tiempo ha pasado desde tu infierno y cómo te sientes, todos los lectores del blog aprenderán algo de tu experiencia. En mi caso, 14 años. Ya no siento el calor :)



jueves, 2 de mayo de 2013

el trastorno bipolar y los logros





A todos nos gusta alcanzar logros. Muchos viven cautivos de los logros. Ni hace falta alcanzar grandes logros para sentirse bien, ni es necesario lograr todo aquello que uno se propone para no frustrarse. Conozco muy bien todas las sensaciones asociadas a los logros porque experimenté todas ellas, incluida la depresión como cara amarga del no-logro.

Hace más de diez años que no dependo de mis propios logros. En realidad, no me parece tan importante la dimensión de un logro. Una persona puede frustrarse con el mismo logro con el que otra estaría más que satisfecho. Soy consciente de que he logrado en los últimos años muchas de las cosas que antes eran inaccesibles para mi. Uno de los principales motivos por el que he podido hacerlo, es porque me siento bien. En apariencia, así de sencillo. Entre otras ilusiones conquistadas he logrado algo que siempre ambicioné: ser feliz. Ser feliz con dolor crónico es todo un reto. A diario me enfrento a él.

Aunque siempre se puede dar la vuelta a la tortilla, sé que sin logros mi vida no sería tan satisfactoria como es. Pequeños o grandes, lo importante realmente es que tus logros sean importantes para ti. En mi profesión, lo que motivaba a muchos a mi alrededor, a mi me sabía a harina cruda. Lo que me motiva ahora y me hace muy feliz, a muchos les sabría a rayos. Buscar lo que es dulce para ti siempre es importante. Encontrarlo resulta una amable obligación si no quieres caer en la apatía. Hagas lo que hagas, ten cuidado con lo que eliges. Muchos acaban bebiendo todos los días Coca-Cola. Aunque no sea sano, ni recomendable.

Dedicado a Roberto. Un buen amigo que colecciona futuros logros en cajas de cartón :))

sábado, 27 de abril de 2013

el trastorno bipolar y la vida




Como me gusta pensar y escribir, hoy voy a dejar un comentario para proponerte algo que te puede ayudar a valorar cómo vives el trastorno bipolar. Es una forma muy sencilla de representar tu situación en un papel con dos círculos. Uno de ellos representaría tu vida, en un color cualquiera, y el otro la enfermedad de la que estás diagnosticado, padeces o sufres. Aunque las tres opciones parezcan lo mismo, son muy diferentes. Yo hace más de diez años sufrí la enfermedad. Durante largas temporadas, la padecí. Hoy en día, sólo estoy diagnosticado y ni la sufro ni la padezco. Los círculos pueden tener un tamaño mayor o menor en función de la situación de tu salud. Los círculos pueden estar incluídos uno dentro del otro o no, si la enfermedad ya no afecta a tu vida. Representar estos círculos en una hoja con la fecha de hoy, puede ayudarte a ser más consciente de tu evolución. Puedes hacer este ejercicio de ancla una vez al año, o cuando lo creas oportuno y te apetezca hacerlo. No olvides de anotar siempre la fecha.

Cuando pensé en los círculos me di cuenta de que mi vida es un gran círculo y el trastorno bipolar es uno tan pequeño que ni siquiera afecta a mi vida. Por este motivo, el círculo pequeño está fuera del círculo grande. No afecta a mi vida, ni la limita. Mi vida está mucho más limitada por el dolor crónico que padezco, especialmente me impone limitaciones físicas y me obliga a una rutina más que saludable. Descanso y  ejercicio físico moderado a diario. Una alimentación bastante sana porque desde hace seis años, año en que sufrí el accidente, tengo que cuidarme para no sufrir pesadas digestiones o una gastritis crónica que también padecí durante algún tiempo.

Represento el trastorno bipolar con un círculo pequeño porque la enfermedad todavía significa algo en mi vida. Y no me refiero únicamente a todas las actividades que desarrollo con el nombre de Esperanza Bipolar a través de la asociación de Bilbao y en la red. Me estoy refiriendo especialmente a los límites que me impongo para vivir como vivo y no tentar a los síntomas. Si me olvidara de ellos, correría un riesgo que no estoy dispuesto a correr. Aunque ahora piense que podría prescindir de ellos no lo voy a hacer nunca. Son la base de mi bienestar y no tengo ninguna intención de dejarme llevar. Estoy convencido de que he encontrado mi ritmo y la tranquilidad que necesito para sentirme bien. No voy a cambiarla por el brillo de ninguna ilusión prescindible hoy en día. Tengo tantas ilusiones que no me gustaría empacharme con la avaricia de sentir con más intensidad. La intensidad de la serenidad para una persona como yo, que ha conocido los extremos, ya es lo suficientemente intensa como para necesitar más. No echo de menos la euforia ni mi vida de antes. Aquella fiesta ya la viví y no quiero volver a pasar la resaca. Es bueno que sepas que el deterioro de tu salud será mayor si no das la importancia que se merecen a cada una de las fiestas que suelen acabar con mucho dolor a tu alrededor. Además del que uno sufre por dentro cuando se apagan las luces.