viernes, 30 de noviembre de 2012

el trastorno bipolar y la tranquilidad





La tranquilidad. Una palabra que basta con leerla para tranquilizarse un poco.  Hace ya mucho tiempo mi vida se parecía a mi vida actual como un huevo a una castaña. Los síntomas del trastorno bipolar que sufrí hace más de diez años estaban muy ligados a mi entorno profesional, y uno de los motivos más importantes de mi malestar era la dificultad para adaptarme al mundo de la empresa, una dificultad unida a muchas carencias. Aunque finalmente logré superar la mayoría de ellas, abandonar mi profesión devolvió la tranquilidad a mi vida. Algunas investigaciones más recientes afirman que el entorno llega a modificar, de alguna forma, tu biología. Nuestro cerebro es plástico -como un tetra-brik- y la epigenética nos enseña que incluso nuestro ADN es permeable al intercambio de nuestro cuerpo con el entorno. Los cambios se producen siempre de forma progresiva, al igual que uno descubre la sensación de que ha recobrado la salud.  No voy a negar que siempre he sido una persona tranquila, y por lo tanto menos vulnerable que una persona con un carácter más inquieto, pero también me considero una persona activa y con muchas inquietudes. Todas ellas las abordo de una forma tranquila porque he aprendido a librarme, poco a poco, de la importancia.

Lo que sí recuerdo bien es que al abandonar mi profesión pensé: "Habrá que probar a renunciar a lo que intuyo es el origen de muchos de mis problemas para ver qué pasa con mi salud". Renunciar a lo que para ti es tóxico puede traer el bienestar suficiente para empezar a ver la vida de otra manera y ampliar la perspectiva. El sufrimiento, cuando está ligado al entorno, no permite ver nada "fuera del túnel". Las opciones siempre están fuera de él y mientras uno permanezca sumido en la oscuridad no podrá ver nada.

Sea cual sea tu situación, valorar las posibilidades cuando uno parece enfrentarse a un callejón sin salida es la única forma de seguir caminando. Ahora mismo, me parece increíble levantarme todos los días con ilusión cuando hace quince años no tenía ni idea de cómo salir de la situación en la que me encontraba. Una situación que me desgastaba diariamente donde mi actitud decía "hay que seguir" y mi cuerpo decía "hay que parar". Sin embargo, ahora mismo puedo reconocer muchas experiencias que me ayudaron, al menos, a conocerme mejor para aprender a decidir mejor. Mi forma de vida nada tiene que ver con la forma de vida de mi etapa profesional. Todos tenemos que aprender a manejar las situaciones de estrés, pero también tenemos que aprender dónde está el límite y si un nuevo entorno puede ayudarnos a recomponer nuestras vidas. Iba a escribir sobre tranquilidad y he acabado haciéndolo del entorno. El motivo es que, en mi vida, han tenido mucho que ver.

Reserva en tu vida una parcela para la tranquilidad. Reserva parte de tu rutina diaria a cultivar actividades que te proporcionen tranquilidad. Rodéate de personas que te hagan sentir bien y preocúpate de que ellas se sientan bien contigo. La tranquilidad es tan contagiosa como la sonrisa. De hecho, la sonrisa es la risa tranquila :)


viernes, 23 de noviembre de 2012

el trastorno bipolar y las causas




Aunque hoy es el día en que se desconocen las causas del trastorno bipolar, algunas fuentes afirman que confluyen causas bioquímicas, ambientales y genéticas en la aparición de los síntomas. No soy quién para dudar de que así sea, pero me gustaría añadir que estoy plenamente convencido de que también se pueden reconocer rasgos psicológicos comunes en quienes padecen o han padecido la enfermedad. En realidad, mi ocupación desde hace ya cinco años consiste en desvelar algunos de estos rasgos que son más que evidentes cuando comparto tiempo y conversación con personas diagnosticadas como yo.

Muchos de los comentarios de este blog, dejan constancia de algunas cuestiones que yo tengo muy en cuenta desde hace ya mucho tiempo. Una de ellas, la primera conclusión importante surgió hace ya mucho tiempo reflexionando sobre mi propia experiencia. Desde el bienestar, se pueden llegar a reconocer y comprender determinados hábitos relacionados con el cognitivo -el mundo de los pensamientos- que pueden tener mucho que ver con el trastorno bipolar. No me refiero únicamente a las distorsiones cognitivas conocidas por los psicólogos, sino otras muchas tendencias, hábitos recurrentes o estilos de pensamiento que quedan patentes en las reuniones que mantengo en la asociación Esperanza Bipolar de Bilbao con todas aquellas personas a las que acompaño para tratar de que dejen atrás los síntomas.

Concretamente, creo que hay algunas cuestiones que ya están escritas en este blog que pueden ayudarte a evitar algunas situaciones. Una cosa es saberlas, otra distinta, ser capaz de ponerlas en práctica y no olvidarlas. Son rasgos muy humanos y no tan fáciles de modular porque evolutivamente estamos condicionados por el deseo y las expectativas. Yo estuve girando en la rueda durante mucho tiempo y ahora sonrío al verla girar desde fuera. Hace falta salir de uno mismo para darse cuenta de aquello que te está perjudicando para poder poner remedio a algunas situaciones recurrentes por falta de conciencia. El mundo emocional que todos albergamos tiene mucho que ver con las reacciones de nuestro cuerpo al entorno más cercano, a la interpretación que hacemos de él, nuestra relación con este mismo entorno, y a la visión que tenemos de nosotros mismos. 

Resumiendo, y como conclusión personal: predisposición genética a la vulnerabilidad, causas ambientales, las causas bioquímicas -supongo que referidas a una mayor vulnerabilidad tras los primeros síntomas- y, por último, el estilo cognitivo. En este blog, hablaré a título personal de las causas ambientales y el estilo cognitivo. Del resto, me dedicaré a resumir la información disponible y no siempre fácil de encontrar.

Cada día un poco más denso. En el próximo comentario volveré al estilo más informal :)

jueves, 15 de noviembre de 2012

el trastorno bipolar y la vocación




Cuando sufría con los síntomas del trastorno bipolar, también tenía un problema vocacional importante. La palabra vocación me parece que pertenece a lo que me gusta llamar vocabulario bipolar. Refleja y representa un extremo dentro de los posibles. Te recomiendo que lo evites siempre porque suele perjudicar mucho nuestra salud. Pocos saben realmente lo que es la vocación. Desafortunadamente, la mayoría dejan este mundo sin conocer su sabor porque deben confluir demasiadas circunstancias para que una persona encuentre su verdadera vocación. En realidad, se utiliza la palabra vocación para camuflar la palabra disfrute, una palabra que parece no tener tan buena prensa. Aquí si alguien disfruta, siempre sospechamos alguna trampa o engaño. La realidad no está para disfrutar, excepto en los anuncios publicitarios.

Si quieres descubrir tu vocación, antes tienes que descubrir el disfrute. Si no hay atajo sin trabajo, tampoco hay vocación sin disfrute. Dicen las malas lenguas que sólo veinte de cada cien trabajadores van al trabajo en cuerpo y alma. El resto sólo llevan el cuerpo. Mal dato, si hablamos de disfrute. Para poder disfrutar con aquello a lo que te dedicas, antes has de saber cuáles son tus cualidades o habilidades. El que quiera encontrar la vocación a través de la transpiración, puede aspirar a ser corredor de marathon. El que quiera encontrar la vocación a través del disfrute, puede aspirar a ser lo que ya es. Parece un trabalenguas pero no lo es.

Y ya voy a abandonar la palabra vocacion para siempre. He decidido borrarla de mi diccionario. Ahora me gusta hablar de disfrute, habilidades o cualidades. Mucho ojo con los "dones", porque aunque existen, también pertenecen al vocabulario bipolar. Los dones, en la mayoría de los casos, son los genes. Esa predisposición genética que mostramos con nuestras tendencias, nuestra maneras de pensar, nuestra actitud o nuestra forma de ser. Todo el tiempo que dediques a moldear las tres, será tiempo bien empleado. Especialmente, si tienes la sensación de que te dificultan la vida, las relaciones con los demás o tu bienestar. LLevo haciéndolo mucho tiempo y quizás haya sido una de las claves para explicar mi situación actual. Siempre que termino un comentario, me da la sensación de que dejo algo inacabado. Lo siento, es una de las mayores virtudes de las palabras. Pero también una de las mayores limitaciones :)

Por cierto, si vives en Vitoria y quieres acudir a reuniones en un espacio donde compartir tu experiencia como persona diagnosticada con trastorno bipolar y aprender de la de los demás, una persona que aprecio mucho se va a ocupar de coordinarlo todo. Puedes llamar al teléfono de la asociación Esperanza Bipolar para darte más detalles.

jueves, 8 de noviembre de 2012

el trastorno bipolar y el cerebro




No suelo leer información relacionada con el trastorno bipolar con frecuencia, y cuando lo hago, no dejo de sorprenderme. Lo último que he leído en dos fuentes psiquiátricas es que el trastorno bipolar es una enfermedad cerebral. Hace poco, debido al comentario que dejó una persona en este blog respecto a la estructura del cerebro de la persona diagnosticada busqué información al respecto. Una persona que sembró la curiosidad y me invitó a aprender. Parece ser que determinadas pruebas clínicas dejan evidencia de que los síntomas modifican la anatomía del cerebro de determinadas personas que han sufrido los síntomas de la enfermedad. Bien. Mi pregunta es: ¿causa o consecuencia? ¿en todos los casos? ¿modificaciones permanentes?. Entiendo que la ciencia requiere de tiempo para validar pero, en mi humilde opinión, se puede tardar una eternidad en encontrar los calcetines en el cajón de las camisas. Mientras tanto el sufrimiento de muchas personas espera una respuesta, que, desgraciadamente, no encuentra.

El trastorno bipolar está considerado una enfermedad mental y es tratado, principalmente, por psiquiatras. Las enfermedades del cerebro son tratadas por neurólogos. Calificar el trastorno bipolar como enfermedad cerebral es confundir, al menos de momento, deseo con realidad. Si algún experto me puede explicar y aclarar esta confusión, yo encantado. No me gustaría prescindir de la experiencia de los psiquiatras para seguir aprendiendo pero me apena darme cuenta de que cada vez me interesa menos recurrir a determinadas fuentes de información.

Ahora mismo estoy terminando un libro de Christophe André titulado "Los estados de ánimo. El aprendizaje de la serenidad"; el tipo de libro que te puede enseñar a vivir mejor y comprender muchas cosas que quizás nunca hayas pensado. He aprendido mucho de  libros de psicología o de la no siempre bien considerada categoría de la "autoayuda". Sobre todo, a comprender. Cuando uno comprende, se disuelven muchos de los miedos y se ve más claro. Lógicamente, luego hay que actuar. Bien es verdad que dispongo de todo el tiempo del mundo para aprender, un lujo no al alcance de cualquiera. Sin embargo, creo que una hora de lectura diaria está al alcance de muchos y cuenta con muchos beneficios. Si has sufrido los síntomas y todavía no has recuperado tus capacidades, o quieres seguir desarrollándolas, la lectura cambia tu biología. Al igual que un paseo por el parque, una conversación, o una buena película. Lógicamente, no de un día para otro. Yo llevo más de siete años practicando con regularidad la vida relajada y tranquila. Más activo que nunca, aunque visto desde fuera pueda parecer todo lo contrario. Hace no mucho tiempo, me encontré con un amigo muy inquieto por la calle y me dijo: "Pareces Kung Fu" :)

domingo, 4 de noviembre de 2012

el trastorno bipolar y la gravedad



Muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar como yo se han sentido impotentes al pensar que tenían una enfermedad crónica que les iba a acompañar toda su vida con el sufrimiento que conllevan las crisis y la temida depresión. En realidad, la realidad es más variada de lo que parece aunque mayoritariamente el panorama parece bastante desolador. Muchas veces me pregunto porqué es así y las respuestas que encuentro son más bien pesimistas. Teniendo en cuenta que no todo el mundo puede permitirse contar con un psicólogo que le trate, y que encontrar un buen psicólogo que sea capaz de ver lo que tú no eres capaz de ver no siempre es fácil, el tratamiento que uno puede recibir puede resultar insuficiente. Conozco tantas personas con tantas dificultades objetivas o subjetivas, pero siempre reales, que hablar de enfermedad cuando uno está sumido en la inconsciencia o la incapacidad de resolver situaciones vitales no siempre sencillas me parece una forma de tratar de abordar un problema olvidando detalles demasiado importantes. El origen o la raíz no suele ser una única causa- tal y como la ciencia atribuye a la vulnerabilidad- y el sustrato psicológico puede ser tan importante como tu biología.

Preguntarse el porqué, en un principio, no resulta demasiado útil. Preguntarse por el cómo siempre plantea contemplar alternativas invitando a la acción. Creer que no hay ninguna posibilidad ni margen de maniobra es un engaño al que nos sometemos nosotros mismos cuando hemos fracasado más de una vez en el intento. Los estados de ánimo, sobre todo en las primeras variaciones extremas, responden a circunstancias vitales concretas y a  nuestra respuesta ante ellos. Si has recuperado el bienestar suficiente para reflexionar sobre esta cuestión, te recomiendo que lo hagas. De vez en cuando y sin obsesionarme, fui adquiriendo la costumbre de pensar en lo que me ocurrió y porqué me pudo ocurrir, aprendiendo de esta forma a conocerme mejor y a encontrar una manera de decidir y elegir que ya he convertido en hábito. El aprendizaje no termina nunca porque, si no permaneces estancado, siempre tendrás la oportunidad de aprender más de ti a partir de las nuevas situaciones a las que te enfrentas.

El trastorno bipolar está considerada una enfermedad crónica. Teniendo en cuenta la atención que reciben la mayoría de los pacientes, con toda seguridad, es mejor que así sea. Los riesgos, aún contando con la atención de un psiquiatra que se ocupe de tu tratamiento, son elevados. Las precauciones a tener en cuenta son tantas y tan fáciles de olvidar que para mi siguen siendo una prioridad. Algunos mensajes optimistas ante una realidad bastante descorazonadora reflejan una situación muy mejorable desde el punto de vista de la atención médica. En la asociación me he dado cuenta de que muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar que sienten apoyo social y comprensión, dejan de sufrir. Esta impresión es incompatible con una enfermedad mental grave y me hace replantearme constantemente si realmente el trastorno bipolar es tan grave, o lo que es grave es la situación a la que se enfrenta una persona que ha sufrido en su propia carne los extremos y ha acabado asustado, paralizado, aislado y retraído. Una vez aceptado el hecho de que mi biología me diferencia convirtiéndome en más vulnerable a determinados estímulos, sólo me preocupo por lo que está en mi mano para disfrutar de la vida sin correr riesgos innecesarios. Incluso renunciando, a veces, a algunas cosas que pueden llegar a atraerme. ¿Lo has hecho tú alguna vez? ¿Te resultó difícil? :)