miércoles, 6 de junio de 2012

el trastorno bipolar y la velocidad de crucero





Una de las cuestiones que no olvido nunca es mantener desde hace mucho tiempo una velocidad de crucero que el tiempo y mi salud han confirmado como mi velocidad. Bien es verdad, que como bipolar, hay ocasiones en las que puedo comprobar en mi propio cuerpo que la he excedido sin darme cuenta. Una noche de mal dormir, por ejemplo, o un pequeño nudo de ansiedad en mi garganta pueden advertirme de los riesgos. Días contados en el año, en los que vuelvo al equilibrio sin dificultades. Conviene que no olvides nunca que tu cuerpo es tu termómetro y siempre avisa de las agresiones en forma de síntomas. El estrés, los excesos y olvidarte de tus límites pueden ser algunas de las agresiones más frecuentes.

He podido comprobar que, con el tiempo, he aprendido a funcionar a dos velocidades. Nada de particular, porque casi todo el mundo puede hacerlo, pero quizás no tan sencillo para quienes tenemos el diagnóstico de trastorno bipolar. No te recomendaría que trataras de hacerlo antes de haber consolidado una estabilidad y un bienestar psicológico de años. Por mil y un motivos, me parece más conveniente funcionar al setenta y cinco por ciento de tus posibilidades como velocidad de crucero habitual. El más evidente es que no sufrirás de "la ansiedad de las prisas", y puede que tampoco sufras del "vértigo de la manía". Hay muchos otros, pero estos dos motivos son más que suficientes para tenerlos muy en cuenta. Puedes tener vocación y habilidades para ser astronauta, pero si no has aprendido a pilotar la nave te servirán de bien poco.

En sentido figurado, hace tiempo decidí dejar el coche y pasarme a la bicicleta. Se disfruta mucho más y se corren menos riesgos. Conozco personas que, tras una grave crisis, han querido continuar con su vida como si nada hubiera sucedido, cuando es del todo imposible. Retomar tu trabajo o tu vida del antes para tratar de olvidar lo que pasó aquellos días inolvidables. Es una opción como otra cualquiera, pero yo no la recomendaría porque no suele dar buenos resultados. Imagina que has sufrido un ataque al corazón y regresas a tu trabajo con la misma rutina que tenías antes del aviso de tu cuerpo. Días de trabajo de catorce horas, seis días por semana. Aeropuertos, reuniones, y tu smartphone como hijo predilecto. Lo puedes hacer, es tu decisión.

En el caso del trastorno bipolar, puedes olvidarte de tu salud si tienes mucha suerte, pero las estadísticas están en tu contra. Si eres bipolar y la vida te ha frenado no te despistes. Es una señal más que importante, un aviso vital de que algo tendrás que cambiar.

Si quieres dejar un comentario sobre tu velocidad óptima, aprenderemos de ti :)

6 comentarios:

  1. No tienes que dar tanta importancia a las cosas y dedicarte un rato al día completamente a ti a pensar en tu vida y las cosas que te gustan y en hacer cosas que te distraigan para no tener tanto estrés.

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    1. Tu propuesta es clave para dejar atrás los síntomas, en cuanto a la distracción depende muy mucho de tus niveles de estrés. Un niño se distrae fácilmente, pero un adulto estresado tiene muchas más dificultades. Para reducir el estrés también es muy útil aprender a relajarse. Yo diría que es la base fundamental :)

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  2. En el aprendizaje de la vida las situaciones vienen como vienen, incluyendo aquello que nos enferma. Se dice y se repite que cada cual construye su vida en base a múltiples decisiones, grandes o pequeñas. Pero pienso que en gran medida es la inercia de la propia existencia la que nos lleva y conduce.
    Es por ello por lo que opino que tras el primer o segundo episodio o no importa cuál, uno aún quiere volver a lo que era su vida, al punto de partida antes de esa explosión interna. Y es lógico negar que tanto desbarajuste se haya producido en uno y en su derredor. Esta negación bien pudiera ser la fase depresiva.
    En fin. Pero, ¿cómo no negar este trastorno cuando las enfermedades que se han padecido hasta entonces no te han impedido retomar la vida que llevabas, ni te han producido vergüenza social, ni otros desmanes posibles?. Y ¿cómo aceptar la bipolaridad, si tienes la suerte de conocerla desde el primer episodio, como un algo castrador de lo que has vivido hasta entonces?. Más aún cuando no ves claramente qué la ha producido, qué la ha disparado. Tan ciego anda uno al principio...
    Lo bueno es que el aprendizaje no se detiene o no se debe detener. La búsqueda debe continuar.
    Esa es la que considero una buena y correcta velocidad de crucero. La que no te detiene, la que te corrige, la que te sustenta. Aquella en la que se vislumbra la esperanza, la ilusión y se mantiene el potencial de vivir por encima de las alegrías y pesares. También aquella que compartes con el resto de los sufrientes mortales.
    Cada cual requiere su tiempo para asumir la entrada a la enfermedad mental o para valorar la salud de ésta. Pero antes que nada lo que uno desea es restablecerse y volver a su amada rutina o normalización, ya que es lo más inmediato. En el curso de su enfermedad y puede que gracias a ella, comenzará a entenderla y a entenderse. Aprenderá, corregirá y hasta puede que haga importantes correcciones, pero según mi experiencia llevará tiempo y recidivas. En este proceso uno bien puede ir consolidando ciertas pautas de higiene o seguir dándose batacazos. Pero repito, si el aprendizaje o la búsqueda no se detienen, ten por seguro que vas por buen camino.
    Si estas líneas te han sonado a huecas, quédate con la última.
    Confía en la vida

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    1. Me ha gustado mucho tu comentario. El tiempo para recuperarte y las posibles recaídas no dependen tanto de ti, sino como del equipo médico que te trata. Mi caída duró cinco años, y el regreso a la salud, después de un cambio de médico, sólo tres. Sigo siendo la misma persona que era cuando empecé a sufrir los síntomas y, sin embargo, mi vida no tiene nada que ver con la que recuerdo. Cambié de médico, cambié mi vida y mi nueva vida me cambió :)

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  3. Todo cambia en un instante. En un sólo minuto. Pero con enfermedad o sin ella también todo cambia. Y nos aferramos a las cosas porque no queremos que nada cambie. Nuestro cerebro se resiste al cambio y quiere seguir con las estrategias que le han mantenido con vida hasta ese momento encerrado en esa celda de huesos. El antídoto es que hay que aprender a aceptar lo que no se puede cambiar para minimizar el sufrimiento y además creer fírmemente en que TODO se puede utilizar para avanzar.

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    1. Me ha encantado tu comentario. Estoy tan convencido de tus palabras como tú :)

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