miércoles, 27 de junio de 2012

el trastorno bipolar y la euforia



Mi mayor interés en los últimos años ha estado centrado en descubrir lo que se podía esconder tras los episodios de euforia que viví hace ya más de diez años. Aunque manía es el término médico que se utiliza para describir un estado de desequilibrio temporal en el que las sensaciones son difíciles de describir, el pensamiento rebasa los límites de velocidad, y la atención se dispersa en exceso, prefiero hablar de euforia porque es una palabra que todos conocemos.

Las conclusiones han tardado en llegar pero, como dice el dicho, nunca es tarde si la dicha es buena. El estado de ánimo de una persona más o menos saludable fluctúa  sin llegar a tocar los extremos que los bipolares conocemos muy bien. Independientemente de la vulnerabilidad genética que podamos llevar escrita o no, muchos factores ambientales diferentes suelen desencadenar los episodios de euforia. Escuchando las experiencias de muchos amigos bipolares, y contrastándolas con mi propia experiencia, he llegado a reconocer varios rasgos psicológicos comunes a muchos de nosotros que pueden también predisponernos a ser más vulnerables a sufrir la euforia.

El proceso que me condujo a las conclusiones más importantes requirió de cientos de horas de lectura y reflexión y muchas conversaciones con personas que han vivido experiencias límite como algunas que todavía recuerdo con mucho detalle. El proceso creativo continúa y con toda seguridad continuará durante los próximos años. Una vez alcanzado el bienestar psicológico y con una dedicación casi exclusiva, logré ordenar las piezas del puzzle y ver la imagen completa que durante mucho tiempo estuvo desenfocada. Sólo puedo recomendarte que, aunque pueda resultarte doloroso, busques entre los restos de algunos recuerdos muchas de las pistas que pueden ayudarte a no repetir viejos esquemas o a no cometer los mismos errores. Las respuestas no llegan de inmediato, pero si regresas de vez en cuando a echar un vistazo a tu historia personal, puede que llegues a comprender muchas de las situaciones vividas. Situándote en el espacio y en el tiempo de los peores momentos, y retrocediendo un poco más en el tiempo, podrás identificar algunos de los detonantes que pueden ser auténticos salvavidas para evitar algunas situaciones que dejan una huella neurológica difícil de borrar.

Si estuviera en tu lugar, me impondría como obligación reflexionar un poco todos los días. De esta forma convertirás el hábito en una de las fuentes de sabiduría más útiles. Conocerte cada día un poco mejor para llevar una vida cada día más saludable.

miércoles, 20 de junio de 2012

el trastorno bipolar y las ofensas




Después de haber hablado de lo importante que es no tragarse las emociones para evitar una indigestión, en este comentario voy a hablar justamente de lo contrario. Ser capaz de regular la respuesta a una agresión o una ofensa constituye una asignatura completa y, a veces, se convierte en el "más difícil todavía". Me refiero no sólo a las ofensas y agresiones deliberadas, que también existen, sino a aquellas que pueden hacer emocionalmente el mismo daño sin ninguna intención.

Si dominar una de las dos artes se puede considerar un reto difícil, hacerlo en las dos situaciones resulta casi inhumano. Hay quien es capaz de esbozar una sonrisa ante el mayor de los ataques, cyborgs de última generación impasibles ante cualquier agresión o atropello. Suelen ser personas excesivamente seguras de sí mismas y emocionalmente pobres. Desgraciadamente, y como cualquiera, he sufrido agresiones más o menos directas que psicológicamente me hicieron mucho daño. Afortunadamente, son heridas ya cicatrizadas.

Las personas diagnosticadas con trastorno bipolar, en general, somos sensibles y por lo tanto más vulnerables que muchas personas de nuestro entorno. Hace mucho tiempo una simple opinión podía herirme, ahora son necesarios muchos requisitos para llegarme al corazón. El primero de ellos es muy importante tenerlo en cuenta y es una cuestión de filtro. Solo una persona a la que quiero y me quiere me puede ofender o herir con una palabra o un hecho. Me sobran dedos de las manos para contarlas, como a cualquiera que se pare a pensar un poco en este doble filtro. Si coges un bolígrafo y un papel para escribir la lista te darás cuenta, al menos, de dos cosas.

Primeramente, te darás cuenta de que puedes querer a muchas personas que, el tiempo o los hechos, te han venido a demostrar que tu amor no fue correspondido. La primera sorpresa es bastante desagradable, pero te ayudará a reducir tu círculo de personas capaces de ofenderte. En segundo lugar, te darás cuenta de que hay personas que te importan y a las que importas. Esta segunda conclusión es más gratificante y te servirá para centrar tu tiempo y elegir con quién compartirlo.

Hablar de ofensas siempre lleva a hablar de egos, generosidad o perdón. Hoy elegi un ejercicio más práctico porque la teoría la conocemos todos bastante bien :)

miércoles, 13 de junio de 2012

el trastorno bipolar y la contención emocional




Este es un comentario que voy a imprimir para leerlo cuando lo necesite. Hace mucho tiempo, cuando sufría los síntomas del trastorno bipolar, era una persona encerrada tras una puerta de hierro que no dejaba entrar ni salir las emociones. Mucho tiempo después me di cuenta de que es la mejor forma de sufrir el estrés con la misma fuerza que un huracán mientras los demás creen que has nacido con cara de palo. Ser una persona tranquila, como soy yo, no implica que tengas que ser una balsa de aceite desde que te levantas hasta que te acuestas. Hacerlo, si padeces el trastorno bipolar, puede acabar por convertirte en una persona depresiva y, como diría el cocinero Jose Andrés: "Eso no queremos".

Si te pisan un pie, y reaccionas como si no te hubiera dolido, te dolerá más. Si alguien te ofende y quieres reaccionar como un budista siendo mediterráneo, pasarás por una farmacia a menudo antes de apuntarte a clases de yoga. Con esto no quiero decir que sea necesario que te subas por las paredes, sino que no trates de ocultar lo que hierve dentro de ti. Quien esté leyendo este comentario, y no se haya contenido nunca, escribiré la próxima semana uno para él o ella.

Las personas necesitamos válvulas de escape como las ollas a presión. Puedes dedicarte a correr todos los días para poder participar algún día en una marathon, pero quizás no te veas capaz de verte reflejado en semejante esfuerzo. Ni motivado a ir a clases de yoga, ni lo suficientemente sereno para contar hasta diez antes de hablar, ni dispuesto a elegir entre tantas y tantas maneras de aprender a relajarse. Si crees que necesitas aprender a relajarte, busca en la librería el libro "Con rumbo propio" de Andrés Martín Asuero. Si eres capaz de llevar a la práctica la teoría, empezarás a sentir que habitas en un mundo nuevo. Aprenderás a desenchufarte con la misma facilidad con la que desenchufas una batidora. La ventaja es que aprenderás también a dejar de hacer girar "la batidora de los pensamientos".

Volviendo al tema de las emociones, si estás enfadado y te tragas el enfado como lo harías con un jarabe con sabor a rayos, acabarás con gastritis crónica, colón irritable o úlcera. No son palabras que suenen muy bien, quienes las eligieron consiguieron que su sonido nos provoque mayor dolor en el órgano del cuerpo que nos gustaría que nos extirparan. Hoy elegí el lenguaje directo para que tengas claro lo que te propongo. Lo conozco muy bien porque lo he sufrido en primera persona - como todo lo que escribo aquí - y porque "el no contenerse emocionalmente" lo sabían hasta los indios cuando gritaban a los vaqueros. Y para terminar una sonrisa :)

miércoles, 6 de junio de 2012

el trastorno bipolar y la velocidad de crucero





Una de las cuestiones que no olvido nunca es mantener desde hace mucho tiempo una velocidad de crucero que el tiempo y mi salud han confirmado como mi velocidad. Bien es verdad, que como bipolar, hay ocasiones en las que puedo comprobar en mi propio cuerpo que la he excedido sin darme cuenta. Una noche de mal dormir, por ejemplo, o un pequeño nudo de ansiedad en mi garganta pueden advertirme de los riesgos. Días contados en el año, en los que vuelvo al equilibrio sin dificultades. Conviene que no olvides nunca que tu cuerpo es tu termómetro y siempre avisa de las agresiones en forma de síntomas. El estrés, los excesos y olvidarte de tus límites pueden ser algunas de las agresiones más frecuentes.

He podido comprobar que, con el tiempo, he aprendido a funcionar a dos velocidades. Nada de particular, porque casi todo el mundo puede hacerlo, pero quizás no tan sencillo para quienes tenemos el diagnóstico de trastorno bipolar. No te recomendaría que trataras de hacerlo antes de haber consolidado una estabilidad y un bienestar psicológico de años. Por mil y un motivos, me parece más conveniente funcionar al setenta y cinco por ciento de tus posibilidades como velocidad de crucero habitual. El más evidente es que no sufrirás de "la ansiedad de las prisas", y puede que tampoco sufras del "vértigo de la manía". Hay muchos otros, pero estos dos motivos son más que suficientes para tenerlos muy en cuenta. Puedes tener vocación y habilidades para ser astronauta, pero si no has aprendido a pilotar la nave te servirán de bien poco.

En sentido figurado, hace tiempo decidí dejar el coche y pasarme a la bicicleta. Se disfruta mucho más y se corren menos riesgos. Conozco personas que, tras una grave crisis, han querido continuar con su vida como si nada hubiera sucedido, cuando es del todo imposible. Retomar tu trabajo o tu vida del antes para tratar de olvidar lo que pasó aquellos días inolvidables. Es una opción como otra cualquiera, pero yo no la recomendaría porque no suele dar buenos resultados. Imagina que has sufrido un ataque al corazón y regresas a tu trabajo con la misma rutina que tenías antes del aviso de tu cuerpo. Días de trabajo de catorce horas, seis días por semana. Aeropuertos, reuniones, y tu smartphone como hijo predilecto. Lo puedes hacer, es tu decisión.

En el caso del trastorno bipolar, puedes olvidarte de tu salud si tienes mucha suerte, pero las estadísticas están en tu contra. Si eres bipolar y la vida te ha frenado no te despistes. Es una señal más que importante, un aviso vital de que algo tendrás que cambiar.

Si quieres dejar un comentario sobre tu velocidad óptima, aprenderemos de ti :)