miércoles, 26 de octubre de 2011

el trastorno bipolar y la impulsividad





En realidad no creo que todas las personas diagnosticadas con trastorno bipolar sean impulsivas pero la impulsividad sí que puede ser un rasgo común cuando nos vemos abocados a la euforia. Si fuesemos capaces de darnos cuenta del aumento de revoluciones a tiempo, es muy posible que pudiéramos frenar el aumento de actividad que conlleva el agarrarse a un globo que uno no sabe nunca donde va a aterrizar. De hecho, dentro de los programas de psicoeducación para el trastorno bipolar se da una importancia especial a la identificación de los síntomas previos como el no dormir lo suficiente, la irritabilidad, no callar ni debajo del agua o hacer amigos hasta en el supermercado.

Si eres capaz de ser consciente de darte cuenta de estos u otros detalles, incluso tú mismo puedes imponerte una rutina para esquivar lo peor. Empezar a relajarte cuando el cuerpo te pide lo contrario, limitar las actividades cuando lo que realmente te apetece es no parar, obligarte a estar solo cuando te gustaría disfrutar de todos tus amigos e incluso de tu suegra, al principio, no es fácil. Sin embargo, creo que si eres capaz de conseguirlo habrás dado un paso de gigante para tu recuperación.

Pensar "no hagas hoy lo que puedas dejar para mañana" es lo más apropiado si tienes la sensación de que no puedes perder el tiempo y debes aprovechar esa energía que empieza a desbordarte. De esta impulsividad quería hablar en esta publicación, porque es una impulsividad que se puede domesticar y mantener a raya por el bien de nuestra salud. Sé tan bien como tú que la euforia es placentera pero también sé que no compensa por los riesgos que implica y de los que hablaré en próximos comentarios.

La impulsividad tiene un origen psicológico y es un mecanismo de reacción automática a una emoción o estado de ánimo. Aprendiendo a reconocer tus propias reacciones puedes llegar a reconducirlas y sacar partido de ellas. No se trata de tratar de anular tus reacciones ni de convertirse en un espantapájaros sin vida, sino de aumentar tu nivel de consciencia. Una de las grandes ventajas de ser más consciente es que nos permitirá tomar mejores decisiones y evitar situaciones que se pueden repetir y corren el riesgo de acabar formando parte de tu personalidad.


miércoles, 19 de octubre de 2011

el trastorno bipolar y la paciencia








Hace tiempo una persona me dijo que alguien llamaba al trastorno bipolar como la enfermedad de la paciencia infinita. No sé muy bien a qué se refería con esta afirmación, quizás que haya que tener mucha paciencia para soportar las crisis y síntomas que se sufren. Pero aquí voy a hablar de la paciencia en otro sentido, porque me parece también importante. Durante mucho tiempo sufrí de ansiedad al ver que no evolucionaba en el terreno profesional al ritmo que me hubiera gustado. Cuando uno no logra aquello que persigue, lógicamente uno se siente impaciente aumentando la presión que ejerces sobre ti mismo. En algunos casos, esta situación puede provocar una actitud impulsiva y desproporcionada en la que el desgaste es asegurado. Si salpicas con agresividad a tu entorno recibirás más agresividad o alejamiento, si reprimes el malestar también puedes acabar estallando al más mínimo contratiempo.

Aunque más de una vez tu reacción pueda estar justificada es necesario saber pararse a tiempo. Como todo en la vida, requiere de práctica, y una vez que logras la primera vez frenar tu impulsividad, puedes acabar por dominarla. Los beneficios son muchos, el mayor de los riesgos que acabes convirtiéndote en un buda impasible e inmutable. No te preocupes porque no llegarás a ese extremo por mucho que lo intentes. Hay reacciones humanas imposibles de parar, simplemente se trata de modular tu respuesta ante aquello que te molesta, te ofende o te saca de quicio. Llegar a ser consciente de tus propias reacciones puede resultar hasta divertido. Muchas veces me rio de mi mismo recordando momentos en los que me he subido por las paredes, dicho sea de paso, cada vez me resulta más difícil subirme por las paredes. Puede ser una manera, como otra cualquiera, de que tomes perspectiva y acabes convirtiéndote en un maestro del arte de hablar claro sin herir, de defender tu postura sin pisar la contraria, de hacerte respetar sin dominar.

La sumisión como actitud para evitar el enfrentamiento o la cobardía para evitar ser juzgado por los demás es más dañina que el mayor de los enfados. Reivindica el derecho a enfadarte si es tu caso. Lo que no conviene olvidar es que no podemos esperar que nos traten nunca mejor que la forma en que nosotros tratamos a los demás. Si eres capaz de lograrlo sólo lo conseguirás a través del miedo o porque has tenido la fortuna de encontrar a alguien capaz de dar olvidando lo que recibe. La primera de las opciones es avergonzante y la segunda nos haría un regalo que no nos mereceríamos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

el trastorno bipolar y la psicoterapia





Conozco muchas personas diagnosticadas con trastorno bipolar que no siguen psicoterapia por distintos motivos. Algunos, después de haber sido ayudados por un psicólogo, han llegado a la conclusión de que ya han agotado esa posibilidad, de alguna manera, para siempre. Mi opinión personal es que encontrar la estabilidad sin la ayuda de un buen psicólogo es practicamente imposible. Por este motivo, no la considero recomendable, sino imprescindible. Renunciar a esta posibilidad cuando todos los recursos son necesarios puede ser prescindir de un auténtico salvavidas. Resignarse, con la convicción de que nadie podrá ayudarte, no merece la pena.
He sido tratado por dos psicólogas en mi vida, y, la última, particularmente, me cambió la vida. Es una forma de hablar, porque lógicamente tu vida sólo la puedes cambiar tú. Seis años de psicoterapia en la que el punto de partida era el de una persona que sufre. Cuando el deterioro de la salud ha llegado a un extremo aparentemente sin retorno, se necesita de una ayuda profesional muy eficiente para llegar a recuperarse.

Siempre he pensado que, tras el sufrimiento, siempre se esconde algún motivo. Uno principal y muchos secundarios, algunos propios y otros circunstanciales, algunos sin solución aparente y muchos emocionalmente difíciles afrontar.

Aparentemente pequeños problemas pueden convertirse en graves problemas, dificultades insalvables para algunos, pueden parecer ridículas para otros. Todo se complica cuando uno ni siquiera sabe qué es lo que le hace sufrir. En este punto es necesario parar y tomarse un tiempo para despejar la confusión. Esto es exactamente lo que tuve que hacer, hace ya más de cinco años.

Un buen psicólogo, entre otras muchas cosas, es aquel capaz de lograr que, finalmente, seas capaz de ayudarte a ti mismo. No es una labor nada fácil, cuando los recursos personales de cada uno de nosotros son insuficientes, especialmente en las circunstancias más extremas o de mayor sufrimiento.
Una de las mayores fortunas de mi vida, fue encontrar la psicóloga que hizo posible todas estas líneas y el bienestar necesario para poder escribirlas. Sentirse dueño de la propia vida es una sensación desconocida para quien sufre los síntomas del trastorno bipolar en primera persona. Es una sensación tan agradable como la sensación de serenidad, alcanzables sólo cuando uno se reencuentra con el bienestar psicológico.

viernes, 7 de octubre de 2011

el trastorno bipolar y el historial médico





No sé si es lo habitual o no, pero cuando empecé a conocer lo que es el sufrimiento emocional con mayúsculas, en primera persona, no podía imaginar lo que estaba por venir. Cuando los informes médicos, tras un ingreso psiquiátrico o varios, como fue mi caso particular, dejan constancia de síntomas y diagnósticos, no es de extrañar que aparezca la preocupación y su hermano mayor: el miedo.

Un historial médico, como su nombre indica, sólo refleja una historia y nunca puede negar un futuro. Si tomas tu propio historial como un punto de partida, y no como un destino final, podrás adoptar la actitud necesaria para comenzar a desandar el camino del bienestar al sufrimiento.

No se trata de restar importancia a un diagnóstico, sino de darle la importancia que le corresponde y no más; no vivirlo como una cadena perpetua al sufrimiento porque no lo es.
Según mi opinión, es más positivo tomarlo como una oportunidad para que tu conciencia despierte y una llamada de aviso a tu persona: quizás una invitación a la reflexión sobre tu vida o la necesidad de un cambio dentro o fuera de ti.

Una buena forma de aceptar un diagnóstico es reconocer la realidad de que uno necesita ayuda médica profesional. La responsabilidad de los profesionales de salud debería ser la misma que la tuya: velar por tu salud. Si tú pones todo de tu parte y tu salud no responde, quizás quien vela por tu salud no ha sabido cómo ayudarte. Las enfermedades mentales, aunque implican a nuestra biología, requieren de un tratamiento integral en el que hasta el más mínimo detalle es importante. Por este motivo, buscar al profesional que sea capaz de volver a hacerte sentir, en el sentido más amplio de la palabra, es la única opción de reencontrarte con tu salud.

El trastorno bipolar es un trastorno grave, en el que se necesitan poner los mejores medios que puedas encontrar a tu disposición. Personalmente, si durante los últimos tres años, tu salud no ha experimentado ninguna mejoria o, incluso, ha empeorado, cambiar de psiquiatra y/o psicólogo es darte una nueva oportunidad. Y nunca lo tomes como un fracaso personal, sino como la búsqueda de un futuro mejor y de una vida más saludable.