domingo, 24 de abril de 2011

el trastorno bipolar y la autoestima IV




Nunca sé muy bien cómo continuar estas pequeñas series sobre el trastorno bipolar y su posible relación con cuestiones que nos afectan a todos como personas. En esta ocasión, releer el último comentario y reflexionar sobre él ha sido suficiente para volver a derramar palabras que te invito a leer.

Hablar de mediocridad o virtuosismo es, de alguna forma, tomar como referencia dos polos que se encuentran en los extremos. Quizás por este motivo me diagnosticaron con trastorno bipolar. Y reducir la realidad a los extremos, también puede contribuir a hundir nuestra autoestima sin darnos cuenta. Si no me considero virtuoso en ninguna disciplina, habilidad o desempeño me coloco en el grupo de los mediocres. Insatisfacción y contemplación de las virtudes de los demás para menosprecio de nosotros mismos nos esperan. Es muy posible que debamos cambiar la forma de clasificar todo con adjetivos o nombres situados en los extremos de un abanico mucho más amplio.

¿Por qué no empezamos a hablar de competencia? Todos somos individualmente competentes dependiendo de nuestras capacidades y habilidades. Especialmente éstas pueden brillar en los entornos más apropiados y en las circunstancias más favorables. No todas las flores germinan en las mismas condiciones de temperatura o humedad. Ni agradecen las mismas condiciones del sustrato. Sin embargo, se puede contemplar su belleza en lugares donde nadie podría esperar encontrarse una.

Muchas veces nos damos cuenta de la incompetencia de los demás, incluso en actividades profesionales aparentemente sencillas. Realmente es una buena noticia. Nuestra competencia puede crecer día a día sea cual sea nuestro lugar en el mundo. No es necesario ocupar lo que se conocen como puestos de responsabilidad porque todos ocupamos uno. El puesto de responsabilidad de nuestra vida y nuestros propios actos. La responsabilidad de velar por nuestra propia salud y colaborar, en la medida de lo posible, en el bienestar de los demás.

Desde que decidí que una de mis mayores responsabilidades es esta última, mi salud ha mejorado llamativamente. Aunque estés diagnosticado con trastorno bipolar puedes intentarlo. Y puede que te sorprendas de la evolución de tu propia salud. Ójala así sea. Y si dejas unas líneas escritas enriquecerás el blog con tu punto de vista. :)

lunes, 11 de abril de 2011

el trastorno bipolar y la autoestima III




Vamos a ver cómo seguimos con esta serie sobre trastorno bipolar y autoestima. Hace no mucho tiempo, compartí horas y horas de charla con un amigo diagnosticado con trastorno bipolar, al igual que yo. Hablando precisamente sobre este tema y comentando experiencias llegamos a una conclusión que nos sorprendió. Tanto él como yo, habíamos crecido en un ambiente familiar donde uno de nuestros padres representaban lo que nosotros considerábamos personas con una autoestima, a nuestro entender, exagerada. Es muy lógico pensar que un gran ego, con mayúsculas, pueda debilitar la autoestima circundante. Un árbol frondoso y de un gran tamaño, proyecta una sombra bajo la cual, sólo pueden crecer pequeñas setas que no necesitan enraizar. Las raíces de un gran árbol, dificultarían que uno de un tamaño considerable pudiera crecer a su lado, y mucho menos, a su abrigo.

Desconozco si la inteligencia, en el caso de que pudiera medirse en todas sus formas, es heredable. Las habilidades, destrezas y aptitudes parecen depender más del hábito, la repetición y la insistencia. Incluso la actitud. Si nos miramos en nuestro espejo y queremos ver quienes no somos mal vamos. Si, para colmo de males, queremos ver  reflejado en ese mismo espejo la imagen de aquel que corre más rápido, sube más alto o lava más blanco, la decepción está asegurada. Y tras la decepción continuada llega la frustración. Y tras la frustación, el desprecio a uno mismo. Si, por el contrario, nos empeñamos en lavarnos la cara, peinarnos un poco y sonreirnos, será difícil que lleguemos a despreciarnos.

 No hay belleza universal ni inteligencia absoluta, todos somos mediocres en casi todo y virtuosos en casi nada. Si tienes la inmensa fortuna de descubrir en lo que es "casi nada" para ti, tu otra mediocridad te importará lo mismo que una pequeña nube en un día soleado. Estoy diagnosticado con trastorno bipolar y esta reflexión la dejo para que seas tú mismo quien descubra si mis palabras reflejan de alguna forma tu situación. Me encantaría que no lo hicieran, y si lo hicieran, que les encontraras alguna utilidad. Y si me escribes, comenzaremos una pequeña conversación. :)