lunes, 11 de diciembre de 2017

fin de semana en el Guggenheim



Este fin de semana lo hemos pasado muy bien con unos amigos. Nunca fui una persona de tener muchos amigos y ahora no me faltan. La mayoría de mis nuevos buenos amigos son bipolares y es uno de los grandes premios de dedicarme a lo que me dedico. En mi último cumpleaños invité a algunos a mi casa y lo pasamos genial. El mes que viene, repetiré.

Antes solía tomarme a mal cuando algún amigo me fallaba. Ahora no te voy a decir que me da igual, pero casi. Aprendí que cuando alguien no quiere compartir tu tiempo contigo es por algo y que hay que respetarlo. No soy una persona para todos los gustos, ni mucho menos. Así que nunca más insisto con las personas que veo que no se sienten atraídas por mí, aunque yo antes sí me haya sentido atraídas por ellas. Cuanto menos me molesta, más amigos tengo. No creo que tenga mucho que ver. O sí, quién sabe.

Me encanta el arte y el sábado estuvimos viendo la exposición de un pintor que me gusta. Me gusta observar los cuadros sin juzgarlos. Es un momento mágico que me hace disfrutar de una manera muy especial. Con el tiempo me he dado cuenta de que hay muchas más cosas que me gustan que cosas que me disgustan. Me bastó con quitarme de encima aquellas que me disgustaban para empezar a sentirme mejor. De eso, hace ya más de diez años. Tuve que descubrir nuevas fuentes de placer cuando mi vida me llevaba de depresión en depresión, y ahora me he convertido en un disfrutón. De la mañana a la noche, de lunes a domingo. 

Ten en cuenta que lo que te gustaba de adolescente, es muy posible que te siga gustando. Quizás simplemente lo hayas abandonado y hayas perdido una posibilidad importante de sentirte bien. En mi caso, yo tenía la música. No hay un sólo día de mi vida que pase sin escuchar música. Piensa en tus favoritos y añade a tu vida tantos como puedas. Como en tu navegador. Si todavía no tienes este blog, puedes añadirle ahora mismo. Te acompañaré por aquí durante el tiempo que quieras. 

domingo, 3 de diciembre de 2017

9



Este año está terminando muy bien para mí. En el cuestionario de once preguntas que he diseñado para valorar el bienestar de una persona bipolar, o neurotípica, me he valorado con un 9. Ha sido el mejor año de mis últimos veinticinco años, edad en la que no sabía lo que era el trastorno bipolar. Muchos son los motivos que me hacen sentir tan bien.

El otro día estuve con Enrique, un amigo al que estoy muy unido. Hace seis años lloré por él. Había dejado de ayudarle porque yo quería dedicar todo mi tiempo a Esperanza Bipolar. Él lo había perdido todo y ahora se ha encontrado con la cara de la moneda. Recibe premios, sale en los periódicos, la televisión y no tiene tiempo ni para quedar conmigo. Ya sabes que soy un egocéntrico, Enrique. Me alegro mucho por ti y por Marta, tu mujer. Casi me haces llorar la semana pasada cuando me hablaste de algunas de tus dificultades de ahora.

Fui a verle hablar de su experiencia en un encuentro para emprendedores. El primer ponente era una persona con nombre y no cabía un alfiler en la sala: todos se sienten atraídos por los hombres mediáticos a quienes escuchan atentos.  A la hora de mi amigo, la sala estaba casi vacía. Cuando llegó el turno de preguntas, se me ocurrió hacer una pregunta a Enrique porque me picaba una curiosidad. Mi amigo Enrique me miró y se empezó a reír antes de que yo hablara. Sólo con verme no podía parar. Me encantó. Unos días antes, dentro de mi coche me explicó que en su "éxito" tuvo que ver mucho lo que él llama "churro". Ahora que no hace previsiones tiene más trabajo del que puede abarcar. Parecido a lo que me pasa a mí. Mierda de éxito :))

jueves, 23 de noviembre de 2017

se acabó



La sensación que más se repite en el último año es nueva para mí. Se llama se acabó. El sufrimiento, los síntomas y el estrés. Los cabreos, la tristeza o la desmotivación. Me encuentro en un momento dulce que voy a estirar todo lo que pueda. Aunque nada pueda compensar todo lo que pasé, me siento un privilegiado en todos los sentidos. Como ya no me queda miedo y he aprendido a que no se me suben las cosas a la cabeza, empiezo nuevos proyectos.

Como no podía ser de otra manera, todos están relacionados con el trastorno bipolar. Ahora estoy enfocado en aplicar métodos estadísticos para hacer un estudio comparativo y compartir las conclusiones que extraiga a través de Internet. He pasado ocho años intensos que darán paso a otros ocho mucho más relajados. He identificado once claves para sentirse bien con bipolaridad y todo mi trabajo futuro irá en la dirección de trabajar para mejorar la vida de las personas. Más de lo mismo, con nuevos recursos. Ya no me enfado con los psiquiatras ni con las opiniones que no comparto respecto a la enfermedad, que son casi todas. No estoy de acuerdo con lo que afirma la ciencia de una manera tan tajante. Trabajaré de forma independiente como lo he hecho hasta ahora y seguiré volcado en iniciativas que puedan permitir que cualquier persona tenga acceso a mi conocimiento. Como sé que llegar donde he llegado es como encontrar un elefante enano, sacaré todo el partido posible a lo aprendido en beneficio de los demás.

Estoy muy agradecido a todas las personas que han hecho posible que yo llegara hasta aquí. Todos los que me valoraron y siguen valorando mi dedicación me ayudan a continuar. A todas las personas que han hecho posible todo lo que he aprendido. Gracias, esto va por vosotros.


jueves, 16 de noviembre de 2017

más relajado




Este año que termina me siento más relajado. Soy una persona tranquila, pero eso no quiere decir que no me haya llevado mucho tiempo aprender a relajarme. Exactamente cincuenta años. Una de las claves para sentirse bien con trastorno bipolar es llegar a dominar este arte tan complicado. Aunque los detalles darían para un libro, te lo cuento en pocas líneas para que te ahorres tiempo y dinero.

Lo más importante, y lo que más me ha costado, es aprender a relajarme después de pasar por una situación en la que la dopamina se me ha subido a la cabeza. Sabrás bien de qué te hablo porque es la clásica sensación en que no puedes dejar de pensar en algo y has perdido la capacidad de prestar atención a nada que no sea tu propio raca-raca. Este último paso tiene bastante dificultad porque depende de muchas cosas. En situaciones de estrés resulta más complicado parar el coco. Cuando te has expuesto a una situación emocional intensa también. He aprendido a no sentirme desbordado y a tomarme todo con la ligereza suficiente como para matar a mi gorila. Siento las cosas pero no me hacen daño. Me puedo llegar a emocionar con algo pero me afecta durante un tiempo limitado. La emoción que más soy capaz de mantener hoy en día es la alegría.

Aunque he tenido que pensar mucho sobre las reacciones que más daño me hacían para reconducirlas, quizás lo más importante haya sido darme cuenta de algo vital. No cedo a lo que los demás puedan querer de mí pero tampoco obligo a nadie a que hagan nada que no quieran. Acepto las reacciones de todo el mundo aunque no las comprenda muchas veces. Respeto las opiniones de todos aunque no las comparta. No malgasto ni una gota de saliva con quien piensa al revés que yo aunque sepa que está equivocado. He perdonado a las personas que más daño me hicieron y me he dado cuenta de que pocas personas tienen mala intención. Algunos hacen daño por ignorancia y otros porque no pueden evitarlo. No tuve suerte en momentos críticos de mi vida, pero me alegro de haber sabido reconducir mi vida. Hoy no te he hablado mucho del trastorno bipolar. O sí. Me sorprende a menudo leer a personas que son capaces de distinguir lo que tiene que ver con el trastorno bipolar y lo que no. Como si en un árbol se pudiera separa la savia del tronco. Aunque a partir de ahora te pareceré una persona cualquiera que escribe en un blog personal. 

martes, 7 de noviembre de 2017

mi miniciencia para recuperarse del trastorno bipolar




Tengo la sensación de que llegué a un tope de conocimiento respecto al trastorno bipolar. Ocho años y nunca antes había tenido esa sensación. Hasta a mí me extraña. Me encanta aprender y no suelo parar hasta llegar al fondo de las cosas. Ya no sufro ni padezco el trastorno bipolar y mi miniciencia ha dado sus resultados. 

He seguido el método científico que puede estar al alcance de una persona cualquiera que ama aprender. También tengo que agradecer a los científicos su conocimiento porque ellos son los que han confirmado muchas de mis intuiciones y me han permitido construir sobre lo que ellos reconocen como válido. Aunque los descubrimientos más importantes son propios, sin su ayuda no hubiera podido llegar. Ahora toca vivir, y seguiré aprendiendo con cuentagotas.

El otro día una mujer me decía en las redes sociales que no hay bipolar estándar. Me hizo gracia la palabra y me he dado cuenta de que muchos piensan que no puede haber algo útil para casi toda la población bipolar. Nadie cuestiona que el zumo de naranja es bueno para casi todos, ni el trabajo, ni el amor. Si te fijas en la playa tampoco hay cuerpos estándar y, sin embargo, hay toneladas de conocimiento  para que las personas adelgacen, o su peso se acerque a lo que la ciencia reconoce como saludable. 

Tengo en mente mi ocupación de los próximos dos años. Si todo sale bien también la de los próximos cuatro, y si mi salud me lo permite, de los veinticinco siguientes que espero alcanzar todavía activo intelectualmente. Siento que el comentario de hoy sea tan poco útil a efectos prácticos. Estoy resfriado y me ha costado un poco ponerme a escribir. Espero recuperarme y te prometo pensar en ti al escribir mi próximo comentario.