miércoles, 17 de mayo de 2017

mi ilusión se mantiene y supera a mi ilusión vital antes de sufrir el trastorno bipolar


Hace mucho tiempo fui perdiendo la ilusión día a día hasta caer en una depresión. Me recuperé de ella y volví a mi vida de siempre pero no acabé de encontrar aquello que me hiciera levantarme todas las mañanas con ilusión. Hubo temporadas en las que hacía mi trabajo sin mayores problemas, pero ahora que conozco lo que es la motivación y la ilusión, nunca antes la había sentido a diario como ahora.

Padecí los síntomas del trastorno bipolar durante más de ocho años y también tuve momentos de estabilidad. Había algo que me obsesionaba porque no acababa de encontrar mi sitio en el mundo de la empresa. Recuerdo que en mis últimos años me dediqué a hacer cosas muy diferentes para mantenerme vivo, pero siempre acababa en una especie de callejón sin salida. Eso era antes. Desde hace ocho años es justamente lo contrario. Me levanto por la mañana con ilusión porque todo lo que me espera me gusta y me motiva. Desde que me acuesto hasta que me levanto. Ando todos los días por la mañana y por la tarde. Disfruto aprendiendo y disfruto con mi dedicación a las personas que sufren todavía el trastorno bipolar. Cada vez somos más los que nos reunimos y ya cuento con ayuda de otras dos personas para moderar nuevos grupos. Me imaginaba que iba a suceder así. Y si la situación todavía es manejable, se debe a que la mayoría de los que vienen se recuperan y empiezan a hacer su vida. Pocas personas vienen a las reuniones si no es por necesidad. Me sorprende haber visto personas que han pasado de babear a dar clases particulares de alemán. Otras que han pasado de ser muros de silencio a empezar a hablar y sonreír. Algunas que conocí acababan de salir del hospital y, entre ellas, hay quien está trabajando y estudiando al mismo tiempo. No quiero pintar el cuadro de color de rosa pero estoy convencido de que sin Esperanza Bipolar para muchos no hubiera sido posible. 

Voy a estar bastante ocupado en los próximos años pero no dejaré de escribir en este blog. Los comentarios de los últimos años son interesantes y me encantaría que dejaras hoy aquí el tuyo con tu experiencia. Sea rosa, amarillo o gris. Sé muy bien lo que todavía significa el trastorno bipolar para muchos y por este motivo continúo con mi dedicación. 

martes, 9 de mayo de 2017

cómo aprender a reaccionar ante el estrés con trastorno bipolar me ha permitido avanzar



Se ha escrito mucho sobre el estrés y llegará el momento en que haya más centros de yoga que supermercados. Los únicos libros que se venderán serán mandalas y las terapias naturales dejarán de ser alternativas. Como a los científicos no les interesará demasiado el tema, seguirán mirando para otro lado. Muchas personas que se dedican a la medicina siguen menospreciando desde un punto de vista intelectual a la psicología y miles de personas siguen sufriendo mientras tanto.

El estrés es inevitable dicen los que parecen más inteligentes. No sé si lo son pero me da la sensación de que son unos privilegiados. Son la clase de personas que, o bien son capaces de soportar elevados niveles de estrés, o bien han tenido la fortuna de no conocer lo que es el estrés con mayúsculas. Como yo pertenezco a otro grupo diferente, te diré que el estrés se debe evitar siempre que puedas. Y se puede evitar exponerse a él la mayoría de las veces. Pocas veces es cuestión de vida o muerte aunque siempre tendrás que pasar por situaciones que desborden los límites de tu cuerpo. Tu elección más importante es decidir qué hacer a partir de ese momento. Yo me he visto sometido a estrés varías veces en los últimos años y he tenido que ir tomando decisiones sobre la marcha para soltar presión y no caer en el error de aceptar pulpo como animal de compañía. La primera vez tuve que decir no a algo que me hubiera encantado decir sí. La segunda tuve que decir no a una persona a quien me hubiera encantado tratarle como él me trató a mí y pude evitarlo. La tercera tuve que contenerme para no hacer daño a alguien que me hizo daño y sé que no estaba en su mejor momento. Tres situaciones delicadas que me han permitido aprender a tener un control mucho mayor sobre mis reacciones y frente a las situaciones que me  pueden desbordar en el futuro. Superar una situación crítica supone estar mejor preparado para la siguiente. Sin embargo, sigo manteniendo como mantra principal no someterme a determinadas situaciones que sé que me dañarían si me dejo llevar. 

Si eres capaz de identificar lo que te hace daño con detalle, estarás mejor preparado o preparada para trabajar con ello. Muchas veces el origen principal del estrés no está en la superficie. Casi siempre el estrés tiene que ver con el miedo, la incapacidad, las ofensas o la rabia. No suele estar dentro de uno, sino proyectado en los demás o en el futuro. Las amenazas futuras te paralizan, las personas que se comportan de una manera opuesta a como esperas te desesperan. Desde hace mucho tiempo no sufro el trastorno bipolar. Dejar de sentir estrés ayuda a no sufrir los síntomas. Resulta menos probable deprimirse aunque el estrés no sea el origen de todas las depresiones. También resulta más difícil sufrir un episodio hipomaníaco o maníaco, aunque el estrés tampoco sea el origen de todos los episodios. En mi caso, el estrés estuvo presente en varias situaciones que acabaron con mi salud. Desde fuera, una persona podría pensar que llevo una vida tranquila. Viéndome desde fuera, la vida de muchas personas que conozco es mucho más tranquila que la mía. Yo no soportaría su vida, ellos tampoco soportarían la mía. 

lunes, 1 de mayo de 2017

estar unido a mi pareja me hace sentir muy bien


Convivir con una persona nunca es fácil. Si eres la clase de persona que salta con facilidad resulta el doble de difícil. Yo tuve algunos problemas durante un tiempo porque, a veces, tenía reacciones con mi mujer que eran exageradas. No eran muy a menudo, pero cuando algo me hacía daño yo acababa haciéndola daño.

Adaptarse el uno al otro supone que cambien dos. A mí me costó mucho hacerlo y hoy es el día que me siento más cerca de poder evitar que se me vaya la cabeza. Elevar la voz o arrasar con las palabras cuando he aguantado demasiado tiempo sin desahogarme cada día me pasa menos. Me alegro mucho de que así sea porque me hace sentir muy bien poder tratarla tan bien como ella me ha tratado siempre. Tuve mucha suerte de encontrar una mujer como ella: generosa, paciente y cariñosa. Ella ha hecho mucho porque cada día nuestra relación sea mejor y lo ha conseguido. Mi parte ha sido más fácil porque mi trabajo principal ha sido cambiar aquellas cosas en mí que necesitaba para mejorar la relación. Primero aceptarla como es. Durante muchos años ella se volcó en hacerme feliz dándome todo lo que yo quería. Hace algún tiempo empecé a hacer yo lo mismo y últimamente he tomado decisiones que antes me hubieran resultado imposibles. 

Nunca he sido una persona egoísta. Sin embargo, pienso que con trastorno bipolar es fácil parecerlo en algunas ocasiones. Cuando queremos algo, lo queremos sí o sí. A veces para bien. Otras para mal del otro. Cuando choca lo que yo quiero con lo que quiere el vecino aparece un problema. Cómo llevar esta situación de la mejor manera no supone ceder. A mí me obligó primero a reconocer lo que quiere la otra persona. A pensar si puedo dárselo o no. Aprender a perder algo hoy para ganar mañana.  O para ganar tranquilidad hoy. De esta forma he aprendido a sentirme cada vez más unido a mi pareja, a disfrutar más juntos y a quererla más. Nos casamos hace casi seis años. Ella podría haberme dejado más de una vez por mis reacciones; reacciones que no me gustaba tener y ya no tengo casi nunca. Ella ha hecho mucho porque hoy la quiera como la quiero. Hace poco, me di cuenta de que había llegado el momento de hacer cosas importantes por ella. Ese tipo de cosas que son muy importantes para el otro y que a nosotros nos cuesta hacer. Ese tipo de cosas que, diagnosticado con trastorno bipolar, a veces resultan imposibles. Me alegro de seguir insistiendo. Insistir casi siempre me ha llevado lejos. Y el amor lo cura todo. 

lunes, 24 de abril de 2017

la manera en que llegué a sentirme satisfecho con mi vida después de sufrir la insatisfacción y el trastorno bipolar




Para combatir la insatisfacción con trastorno bipolar tuve que cambiar de vida de una manera radical. Normalmente, lo que te provoca satisfacción suele ser aquello que te hace sentir bien cuando te dedicas a algo. Para mí es muy importante para qué hago algo y me he dado cuenta de este detalle después de haber encontrado a qué dedicarme hace seis años.

Para encontrar algo que te apasione y tenga sentido para ti, tienes que hacer lo mismo que harías para encontrar el sabor de tu helado favorito: probar. Yo probé por lo menos tres sabores antes de quedarme con el que más me gusta. Primero estuve trabajando como ingeniero durante seis años y no le cogí gusto a mi profesión. Por el camino, probé otros dos sabores y, aunque uno de ellos me gustó mucho, no estaba preparado y me indigesté. Me faltaba confianza en mí mismo y tenía un miedo dentro que no me dejó terminar lo que empecé y me hubiera gustado continuar. Tenía una ambición de logro descontrolada y no era consciente de ella. Lo que pudo ser no fue a causa de una depresión, y el mayor problema de las depresiones es que tienden a agravar los miedos. El fracaso tiende a provocar mayor miedo al fracaso en cualquier faceta de tu vida: en el trabajo, en el amor, en las relaciones con los demás o en cualquier dificultad que tenga su origen en una debilidad personal. Yo me sentí un fracasado varias veces y cuando dejé de sentirme un fracasado me sentí insatisfecho. Tuve la suerte de empezar a hacer algo nuevo con mi vida y acertar. La lección que aprendí es que uno nunca puede saber cómo va a sonar la flauta antes de tocarla. Y después de la flauta, si no te gusta, tienes que probar el tambor.  

Ahora mismo podría cambiar de vida y no lo hago por un motivo sencillo: mi vida sería peor. Disfrutaría menos, me sentiría menos satisfecho y no aprovecharía todo lo que he aprendido hasta ahora respecto al trastorno bipolar para ponerlo al servicio de los demás. Si viviera doscientos años, es difícil que dejara de hacer lo que hago para hacer otra cosa. Y aunque lo que haces es importante, más importante es por qué lo haces. La mayoría de las personas que conozco no soportarían mi rutina ni mis actividades principales. Yo tampoco soportaría las suyas y no es por casualidad. Aunque algunos psiquiatras se empeñan en hablar de llevar una vida normal, si pudiéramos ver la suya con nuestros ojos tampoco nos parecería nada normal. Algunos tienen como afición el psiconálisis, otros las redes sociales y muchos se desahogan con un instrumento musical. Yo no tengo una vida corriente pero sí me considero una persona bastante normal. Lo anormal es sufrir. Y yo ya no lo hago. Lo natural es vivir la vida, y últimamente se me da muy bien.

domingo, 16 de abril de 2017

lo que ha significado el trastorno bipolar en mi vida



Aunque comprimir mi experiencia con el trastorno bipolar no es sencillo, voy a hacerlo en este comentario en el que te contaré lo que considero más importante de mis últimos años. Después de deprimirme cuatro veces en mi vida, siento que todo lo que vivo ahora es maravilloso. El sufrimiento que no tuvo nada que ver con la enfermedad mental también fue muy intenso y tiene mucho que ver con lo feliz que me siento ahora. Aunque no suelo compararme con los demás, me siento un privilegiado porque disfruto mucho y tengo cada vez más posibilidades ante mí. Antes era todo lo contrario. Cada vez me veía con menos opciones y con más limitaciones. 

Para recordar todas las depresiones que he pasado, he tenido que hacer memoria más de una vez. Hace poco tiempo, en una servilleta acabé por recordar escribiendo en qué año las sufrí y qué momento estaba viviendo. También hice lo mismo con mis dos ingresos psiquiátricos. El primero tuvo lugar en Oxford mientras estaba estudiando un máster que terminó en un brote psicótico. El segundo fue un ingreso forzado que nunca debió ocurrir y con el tiempo me ha hecho comprender las debilidades del sistema actual que trata la salud mental. Con la perspectiva del tiempo, pienso que se trató de un episodio de hipomanía con tintes psicóticos. Los médicos nunca lo especificaron de esta manera pero yo me sentía y pensaba de una manera muy diferente. Mi único episodio maníaco me pilló por sorpresa como a todo el mundo. Tenía treinta y seis años y nunca antes me había sentido así. Por suerte, encontré un médico y un equipo que me cambió la vida. Tres años después, la explosión que arrasó a nuestra familia interrumpió mi proceso de recuperación de una forma dramática. Empezaba a sentirme yo mismo después de muchos años de sufrimiento y la vida me volvió a golpear más fuerte que nunca. Han tenido que pasar diez años para recuperar poco a poco mi vida de nuevo. Lo que me sorprende es que sólo el dolor físico me duela hoy de todo aquello. Hoy vuelvo a ser la persona que fui antes del accidente y antes del trastorno bipolar. 

De mis últimos diez años se pueden extraer muchas lecciones. La escritura me salvó la vida a la edad de treinta y siete años. Con cuarenta me volvió a rescatar una vez más. Hoy ya no necesito escribir. Mi vida ya no necesita de la escritura. Si lo hago es para los demás. Tampoco necesito ayudar a los demás. Si lo hago es por los demás. No hay grandes necesidades en mi vida porque tengo lo más importante: la salud. Todos necesitamos muchas cosas para vivir. Sólo me gustaría que te quedaras con lo siguiente. Encuentra aquello que necesitas de verdad porque puede que sólo eso te permita dejar de sufrir. Con suerte, incluso puede que llegues a recuperarte y no vuelvas a sufrir los síntomas del trastorno bipolar. Parece no ser fácil, pero no dudes de que es posible. Si yo no lo tuviera presente todos los días, quizás nunca hubiera llegado a este punto tan dulce. Ni hubiera logrado nada de lo que he conseguido durante los últimos años. Poco a poco y sin grandes esfuerzos. El esfuerzo justo para sentirme cada día un poco mejor. Este año está siendo muy especial. Intenso, pero con el placer y el disfrute de las muchas cosas que me ofrece la vida.