martes, 13 de febrero de 2018

otro día ganado a la tranquilidad es casi una garantía con trastorno bipolar





Una de mis prioridades es la tranquilidad. Con trastorno bipolar, la tranquilidad no significa aburrimiento, es algo muy diferente. He aprendido a mantener la tranquilidad casi todos los días del año y me ha costado media vida conseguirlo.

Antes había tres cosas que me hacían perder la tranquilidad. Tener que hacer algo que me sentía incapaz de hacer me afectó durante años. De esa enfermedad me curé. La segunda situación que me hacía perder la tranquilidad es más típica: cuando algo te hace mucho daño y te saca de quicio. De esa enfermedad estoy curado trescientos sesenta días al año. Creo que los cinco en los que se me va la olla están por debajo de la media del neurotípico (por decir algo). La tercera y más difícil es la pérdida de la tranquilidad derivada del miedo. De esa enfermedad me curé el año pasado.

Ganar la tranquilidad es ganar la salud. Hay mil maneras de ganar un poco de tranquilidad. En pequeños detalles de tu vida puedes ganar grandes dosis de tranquilidad. Yo desde hace mucho tiempo cuido mucho los detalles en mi vida. De no hacerlo, habría sufrido otra vez más los síntomas del trastorno bipolar. Tampoco habría podido escribirte durante los últimos nueve años en este blog sobre la manera en que he logrado recuperarme de la enfermedad. Una buena noticia para mí y otra buena noticia para ti. O dos buenas noticias para los dos :))

lunes, 29 de enero de 2018

la importancia de las prioridades con trastorno bipolar



Si sabes qué es lo más importante en cada momento, puedes comenzar el camino de tu recuperación. Más difícil es que no olvides lo que es importante cuando ya te sientes bien. Para tenerlo en cuenta en tu vida necesitas recordar a menudo. Lo doloroso también.

Hace varios años pasé por una situación de riesgo. La recuerdo tan bien que podría escribir tres páginas con ella. Lo importante es que tú recuerdes tu última situación de riesgo relacionada con el trastorno bipolar. Con el mayor detalle posible. La memoria fija los recuerdos de una manera especial haciendo este pequeño ejercicio. Aquel día me fui a la cama con la cabeza hirviendo café. No podía dormir porque me había metido en un problema yo solo. El clásico problema de una persona bipolar: hacer algo que tiene demasiadas ganas de hacer. 

Hoy, mis prioridades no son mis prioridades de hace un año. Tampoco hago lo que hacía hace cinco, diez o quince años. Hace mucho tiempo leía bastante. Luego me dediqué también a escribir. Siempre dediqué mucho tiempo a recordar y a pensar. Ahora mi prioridad es vivir porque ya no necesito ni leer, ni escribir ni pensar. Lo sigo haciendo, pero por placer la mayoría de las veces. Ya no lo necesito. Nunca conviene hacer cosas sin necesidad. Ahora mi mayor necesidad es disfrutar de la vida. Tengo la sensación de que la vida casi siempre me sonríe desde que aprendí a vivir :))

lunes, 15 de enero de 2018

rico, rico



Lo que hago es como el postre de la fotografía: bonito, dulce y rico. Además, siempre me apetece repetir. Enmarca esta frase porque es muy importante para dejar de sufrir los síntomas del trastorno bipolar. Para llegar a este punto he pasado por distintas etapas que te contaré otro día.

Desde un principio me enganchó. De la misma froma que uno se aficiona al chocolate, no a la cocaína. Es una gran diferencia que tienes que tener en cuenta porque las sensaciones no engañan. Para una persona diagnosticada con trastorno bipolar es mucho mejor un amor gradual y creciente que una pasión desenfrenada. Aplica a personas, actividades y aficiones. Si piensas en un chicle, tendría que tener un sabor que te gusta desde un principio y te apetece comer todos los días. Si el sabor hace que quieras tragártelos de tres en tres, véte pensando en cambiar a otra cosa.

La biología que hay detrás de este ejemplo es aburrida. Para los amantes de la ciencia como yo, no lo es. Lo que te he explicado hoy es mucho más que una opinión. Lo difícil es encontrar el sabor y luego aprender a masticar el chicle. Hoy quédate con la idea porque el chicle me empezó a saber amargo hace dos años y tuve que cambiar la manera de masticarlo. Si no hubiera aprendido cómo hacerlo, ya estaría dedicándome a otra cosa. Me alegro mucho de seguir dedicándome a lo que me dedico. Me encanta lo que hago.

sábado, 6 de enero de 2018

el que recoge la basura se jubila



LLega el frío. Y nunca mejor dicho. Una situación muy dura me ha hecho tomar una decisión. Ya no voy a recoger la basura de los demás.

Con veinte años recogí la basura de mi padre. El tenía mi edad de ahora y para sus cincuenta años debía de haber acumulado bastante porquería, a juzgar por su bilis. Me partió por dentro y se lo perdoné. O lo olvidé, no lo sé muy bien. El año pasado uno de mis hermanos soltó su basura por la boca y se quedó como Dios. Se lo soporté y le perdoné, lo sé muy bien. Para celebrar las fiestas mi otro hermano soltó su basura a mi hija Raquel. Demasiada basura en poco tiempo. 

Me he hartado de ver cosas que duelen mucho. Vivir de la paciencia de los demás no sé si es fácil, comerse la mierda de los demás no lo es. Así que me jubilo. No sé si los demás aprenderán lo que necesitan para no acumular basura, espero que no tengan que sufrir tanto como sufrí yo. Eso no se lo deseo a nadie. También me he dado cuenta de algo muy importante.

Es muy fácil que una persona "normal" como yo acabé en un psiquiátrico por la "gracia" de terceras personas. Me llama la atención que los psicólogos no tengan trabajo. Eso sí, los psiquiátricos están a tope. Parece que nunca llueve a gusto de todos. A mi alrededor unos cuantos necesitarían un buen psicólogo. Si has nacido con el gen de la generosidad ya puedes empezar a poner a trabajar tus neuronas. Si sabes manejarte bastante bien en situaciones complicadas todavía peor: te acompaño en el sentimiento. Vas a sufrir más.  Yo poco puedo cambiar ya, pero sé que voy a cambiar. A peor para los demás, seguramente. Para mí todavía no lo sé.

En unas semanas cumpliré 51 años. Para celebrarlo no lo celebraré. Me iré tranquilamente a dar un paseo con un paraguas. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

genial



Lo ha pasado genial estas Navidades. Me siento genial y he disfrutado a lo grande. La fotografía de hoy son mis pimientos rellenos. Los hago una vez al año y esta fotografía es de hace un año por estas fechas. En Año Nuevo los volveré a hacer para mi familia.

Mi familia política es más familia que política. He tenido mucha suerte con mis cuñados y cuñadas: son maravillosos. A la madre de mi mujer -también llamada suegra- le pongo un 11, como diría ella. He comprado algún regalo para todos: cava, bombones, calendarios, canciones y una PlayStation para Roberto. Isabel y mi madre han necesitado cinco años para que yo me dejara convencer. Cuando me pongo burro no hay quien me gane. Cuando me pongo demasiado burro pienso que es el momento de dejarme ganar. Apunta la frase porque es la que más tiene que ver con el trastorno bipolar del comentario de hoy.

Me gusta mucho cocinar pero no lo hago a menudo. Como ahora voy a tener más tiempo, voy a retomar la cocina. Tengo libros de recetas para llenar un librería. De las grandes. Muchas veces he pensado que hubiera sido un buen cocinero. También un buen psicólogo, un buen científico o un buen investigador. Un buen diseñador, experto en márketing o en finanzas. He tocado todos estos palos de una manera u otra. Pocos piensan que el mejor psicólogo puede ser tu peluquera; o el mejor científico, la persona que acierta nueve de cada diez veces cuando toma decisiones. Me llama la atención que quizás lo que nunca hubiera llegado a ser es un buen ingeniero. Sin embargo, me las ingenio muy bien para disfrutar de la vida a tope estando diagnosticado con trastorno bipolar. Ciencia en mayúsculas.

El reto intelectual de descubrir qué se esconde tras los síntomas y cómo evitarlos ya está alcanzado. Nueve años. Ahora empezaré a utilizar los números. Llegó el momento de las matemáticas. Voy a seguir haciendo lo que hago con las personas que llegan a la asociación y están en un pozo profundo. Algunas empiezan a ver un poco de luz, otras han empezado a sentir cosas nuevas.

Feliz fin de año. El 2018 pinta muy bien para mí.