miércoles, 12 de febrero de 2020

adaptándome en un tiempo récord




Ha pasado mes y medio desde que mi mujer decidió que nos separáramos. El tiempo me ha enseñado que lo que me parecía tan importante es lo de menos. Hay muchas cosas que han venido de golpe y nada tienen que ver, como suele ocurrir siempre. Te preocupas por un dolor de cabeza y te viene un cáncer.

Lo importante es que después de dos palos en la cabeza bien gordos, he espabilado. Ahora ya sé de qué va esto, al menos de momento. Me siento muy afortunado por varios motivos.

El primero es saber que no le he hecho daño a mi mujer. Si esto me hubiera pasado hace tres años, me habría incendiado contra ella y me habría arrepentido. Haber aprendido antes a no perder la cabeza ha sido clave. Aunque comprendas los motivos por los que alguien hace algo, eso no quiere decir que no te vaya a dañar. Alivia, pero no mucho.

El segundo motivo por el que me siento afortunado es que vuelvo a sentirme bien. Sé que esto no es ninguna garantía de futuro pero ahora mismo me sirve. No puedo pedir mucho más porque hay tantas cosas a mi alrededor que no son como me gustaría que, por una más, no voy a volverme loco.

Intentaré volver a ser la persona que fui en mis últimos años. El que se da a los demás todo lo que puede que es mucho. Aunque muchos ni se enteraran. 


sábado, 1 de febrero de 2020

la música me salva envuelto en sol



Radiohead al sol. En un mundo feliz, las jóvenes promesas de la música están subvencionadas por las farmacéuticas. Si quieren empezar por los escritores no prometedores que me llamen. Los fármacos no son ni buenos ni malos, a veces, y para muchos, son necesarios.

Ahora busco la soledad y encuentro sentado en un banco un motivo para replantearme qué hacer con mi vida a partir de ahora. Tengo varias ideas pero sólo un cuerpo. Como nunca he sido una persona muy adaptable, intentaré explicarte qué voy a hacer con lo poco que sé hacer: escribir, conversar y comunicar seguirán siendo mis tres ases. 

Me motivaría promover que personas con trastorno bipolar se conozcan en su ciudad. Sólo hay un problema: necesito que quieran hacerlo, y eso no depende de mí. Hay una regla universal que no falla: nadie hace lo que no quiere hacer. Si todos la tuviéramos presente -psiquiatras incluidos- , a todos nos crecerían margaritas en los agujeros de la nariz.

Cuanto más normal me siento, más raro me siento. Debe ser la novedad, espero que se me pase. Cada día me importa todo menos, como si me fuera a morir mañana. 

Que la mayoría de las personas hablen como si esto fuera el Sálvame Pepino, ha acabado por contagiarme un poco. También me estoy desenamorando un poco del amor, y eso me pone triste. Aunque creo que por otro lado me viene bien. A la fuerza ahorcan, pareció decir el ahorcado.

Menos mal que me quedan mis amigos. No quiero perder el contacto con mis amigos, tan valiosos y tan diferentes. Especialmente mis amigos con trastorno bipolar. Amo lo diferente, supongo que es la única manera que he encontrado de quererme.