jueves, 16 de noviembre de 2017

más relajado




Este año que termina me siento más relajado. Soy una persona tranquila, pero eso no quiere decir que no me haya llevado mucho tiempo aprender a relajarme. Exactamente cincuenta años. Una de las claves para sentirse bien con trastorno bipolar es llegar a dominar este arte tan complicado. Aunque los detalles darían para un libro, te lo cuento en pocas líneas para que te ahorres tiempo y dinero.

Lo más importante, y lo que más me ha costado, es aprender a relajarme después de pasar por una situación en la que la dopamina se me ha subido a la cabeza. Sabrás bien de qué te hablo porque es la clásica sensación en que no puedes dejar de pensar en algo y has perdido la capacidad de prestar atención a nada que no sea tu propio raca-raca. Este último paso tiene bastante dificultad porque depende de muchas cosas. En situaciones de estrés resulta más complicado parar el coco. Cuando te has expuesto a una situación emocional intensa también. He aprendido a no sentirme desbordado y a tomarme todo con la ligereza suficiente como para matar a mi gorila. Siento las cosas pero no me hacen daño. Me puedo llegar a emocionar con algo pero me afecta durante un tiempo limitado. La emoción que más soy capaz de mantener hoy en día es la alegría.

Aunque he tenido que pensar mucho sobre las reacciones que más daño me hacían para reconducirlas, quizás lo más importante haya sido darme cuenta de algo vital. No cedo a lo que los demás puedan querer de mí pero tampoco obligo a nadie a que hagan nada que no quieran. Acepto las reacciones de todo el mundo aunque no las comprenda muchas veces. Respeto las opiniones de todos aunque no las comparta. No malgasto ni una gota de saliva con quien piensa al revés que yo aunque sepa que está equivocado. He perdonado a las personas que más daño me hicieron y me he dado cuenta de que pocas personas tienen mala intención. Algunos hacen daño por ignorancia y otros porque no pueden evitarlo. No tuve suerte en momentos críticos de mi vida, pero me alegro de haber sabido reconducir mi vida. Hoy no te he hablado mucho del trastorno bipolar. O sí. Me sorprende a menudo leer a personas que son capaces de distinguir lo que tiene que ver con el trastorno bipolar y lo que no. Como si en un árbol se pudiera separa la savia del tronco. Aunque a partir de ahora te pareceré una persona cualquiera que escribe en un blog personal. 

martes, 7 de noviembre de 2017

mi miniciencia para recuperarse del trastorno bipolar




Tengo la sensación de que llegué a un tope de conocimiento respecto al trastorno bipolar. Ocho años y nunca antes había tenido esa sensación. Hasta a mí me extraña. Me encanta aprender y no suelo parar hasta llegar al fondo de las cosas. Ya no sufro ni padezco el trastorno bipolar y mi miniciencia ha dado sus resultados. 

He seguido el método científico que puede estar al alcance de una persona cualquiera que ama aprender. También tengo que agradecer a los científicos su conocimiento porque ellos son los que han confirmado muchas de mis intuiciones y me han permitido construir sobre lo que ellos reconocen como válido. Aunque los descubrimientos más importantes son propios, sin su ayuda no hubiera podido llegar. Ahora toca vivir, y seguiré aprendiendo con cuentagotas.

El otro día una mujer me decía en las redes sociales que no hay bipolar estándar. Me hizo gracia la palabra y me he dado cuenta de que muchos piensan que no puede haber algo útil para casi toda la población bipolar. Nadie cuestiona que el zumo de naranja es bueno para casi todos, ni el trabajo, ni el amor. Si te fijas en la playa tampoco hay cuerpos estándar y, sin embargo, hay toneladas de conocimiento  para que las personas adelgacen, o su peso se acerque a lo que la ciencia reconoce como saludable. 

Tengo en mente mi ocupación de los próximos dos años. Si todo sale bien también la de los próximos cuatro, y si mi salud me lo permite, de los veinticinco siguientes que espero alcanzar todavía activo intelectualmente. Siento que el comentario de hoy sea tan poco útil a efectos prácticos. Estoy resfriado y me ha costado un poco ponerme a escribir. Espero recuperarme y te prometo pensar en ti al escribir mi próximo comentario.

martes, 31 de octubre de 2017

mi gorila ha muerto



Hoy tengo algo que celebrar. Mi gorila ha muerto. Veinte años ha convivido conmigo a ratos, y no tengo ni la más remota idea de cómo se ha ido al otro barrio. Raro, raro, en un pensador como yo.

Me da la sensación de que se ha muerto poco a poco, como nos acabamos por morir todos. Quizás la diferencia es que yo quería matar a mi gorila y ahora tengo más ganas de vivir que nunca. Mi gorila me visitaba un par de veces al año. A veces, acompañado por mi padre. Las menos por mi hermano y las más por mi mujer, Isabel. Ampliando el círculo de acompañantes de mi gorila estaba mi vecina, mi fisioterapeuta y un banco de los que no sirven para sentarse. También un psiquiatra, los psiquiatras que no falten. Me resulta gracioso darme cuenta de lo tonto que he sido durante años. Si lo llego a saber antes, me cargo a mi gorila el primer día. Todos llevamos un gorila dentro, de ahí la facilidad que tenemos de engorilarnos en algunas circunstancias. Y si se juntan dos gorilas, todavía peor.

Llegar a este punto me ha costado cuatro libros, diez años y millones de neuronas. Todo ha merecido la alegría. Para celebrar el entierro de mi gorila, quiero hacer el boca a boca a mi oso de peluche. Me voy a arriesgar y continuaré por este camino hasta donde me lleve. Eso sí, me cuidaré de los gorilas, no sea que ellos no sepan jugar con mi osito.

Venga, vale. Te voy a desvelar un secreto. Mi gorila no ha muerto. Me ha abandonado rendido ante tu amor, Isabel. Gracias, cariño.

miércoles, 25 de octubre de 2017

un vacío que llenar





Hay quien piensa que todos tenemos un vacío que llenar. Aunque es una forma de hablar, puedo identificarme con el pensamiento recordando mi pasado. Hace veinte años tenía muchos vacíos que llenar. Me sentía un inútil y no era capaz de disfrutar con lo que hacía. Me sentía solo y me faltaba valor para enfrentar algunos problemas y abrirme a los demás. Todo es pasado y el cambio se refleja en mi salud y en mi felicidad.

Aunque puede haber quien no sienta vacíos, pensar de esta manera puede ayudarte a identificar mejor tus problemas. Llenar huecos de tu vida siempre te va a hacer sentir mejor. Ahora mismo yo no siento que me falte nada importante y no hay sensación más agradable que no echar nada en falta. En lo últimos años he tenido que aprender a dejar de ser yo mismo tres veces. Ahora quiero reposar todo lo aprendido para ser más yo mismo. Cuando se habla de desaprender, se trata de tirar a la basura lo que fue útil alguna vez y ya no lo es. Darse cuenta y hacer limpieza es imprescindible para andar ligero y seguir caminando. Como no hay mayor peso que el miedo, y me deshice de esa carga hace un año, puedo disfrutar ahora de una manera muy especial de mi vida.

Este blog sobre el trastorno bipolar ha mudado de piel en los últimos años. Si vas a los primeros comentarios verás que mi evolución ha tenido algunos momentos difíciles como la vida de cualquier persona. Mi debilidades hasta ahora eran las propias de una persona bipolar. Ahora son muchas menos y la mayoría no son limitantes. Veo más posibilidades que problemas y me siento tranquilo. Creo que no hay mejor señal de que voy a por el buen camino. 

Ya no me estresa casi nada. Cuando siento una pequeña señal de estrés sé cómo parar las sensaciones. Cuando tengo alguna dificultad para dormir, sé cómo recuperar el sueño. Cuando tengo un problema con alguien, sé cómo reconducirlo. Muchas cosas las he aprendido hace poco tiempo. Las más importantes me acompañan desde hace más de siete años. El mismo tiempo que llevo sin padecer los síntomas del trastorno bipolar.

lunes, 16 de octubre de 2017

8 años dirigiendo grupos



A veces me gusta echar un vistazo a mis agendas. El otro día encontré una en la que estaba anotada la fecha de mi primera reunión con personas diagnosticadas con trastorno bipolar. Todavía no había fundado Esperanza Bipolar y no tenía mucho conocimiento respecto a la enfermedad. Simplemente quería hacer algo por los demás y con eso fue más que suficiente. De las personas que empezaron conmigo, ya sólo quedan dos que todavía vienen a algunas reuniones. El resto, unas diez personas, son grupos establecidos ya hace tiempo. Este año han comenzado a venir algunas por primera vez. 

Ocho años han dado para mucho, pero son sólo el principio de lo que me gustaría hacer en el futuro. Para algunos ha sido el final, porque han dejado de venir en el momento en que ya no lo necesitaban. Para los que sigan viniendo tengo intención de seguir reforzando algunas cosas y compartiendo otras nuevas que he aprendido en los últimos años. No conozco mayor placer que ver cómo muchos se han recuperado gracias a lo que hacemos en las reuniones. Personas de todas las edades. Algunas que llevaban sufriendo media vida. Otras que acababan de salir del hospital. Me acuerdo de todas y me siento muy feliz de haber podido hacer algo por ellas.

Si cuando empecé sabía poco, ahora he aprendido mucho más de lo que nunca esperé. Tampoco me extraña porque he dedicado muchas horas al tema. Dicen que hay que dedicar más de diez mil para dominar cualquier cosa. Aunque no deja de ser una referencia, yo me he pasado ya de largo de esa cantidad. Ahora es el momento de ir reposando todo lo aprendido y de continuar permitiendo que tú lo aproveches si lo encuentras útil.

Soy muy consciente de que también he sido muy afortunado en el proceso de aprendizaje. He llegado a conclusiones que es muy difícil que otra persona pueda llegar. Ni bipolar ni neurotípica. LLevar el laboratorio encima y tener la luz de mi oficina encendida todos los días está al alcance de pocos. Nací pensador, curioso y observador. Las tres cualidades han permitido mi remisión, junto con otras muchas cosas que me facilitan tener una vida sana.